Watching TV with Spike

Giles: I watched Passions with Spike. Let us never speak of it. (5x02 The Real me)



Mediodía.
Pasiones. Capítulo 325.


—¡Date prisa, va a empezar Pasiones!
Giles se quita las gafas, y con el mismo movimiento se lleva la mano a la frente, que se masajea lentamente. Empieza a sentir un cierto dolor de cabeza. Puede ser porque ha dormido poco, o por las preocupaciones de esos días. Aunque más probablemente sea por los berridos impenitentes de Spike desde el baño del apartamento pidiendo que le ponga la tele.
—¡Vamos, hombre, no quiero perdérmelo!— grita Spike, como leyéndole el pensamiento, Giles se asoma al cuarto de baño.
—No te pienso poner la televisión de ninguna de las maneras— le repite—¡Ya te lo he dicho!
—¿Por qué?—pregunta Spike
Giles se pone las gafas
—Porque eres un prisionero.
Spike se remueve, haciendo resonar las cadenas.
—¡Pero Timmy se ha caído a un pozo!—le dice, como si eso lo explicase todo. Giles no se inmuta.
—Ya te he oído antes. Y me da lo mismo.
Spike lo mira desde la bañera, con los ojos muy abiertos.
—¡¡No tienes corazón!!—exclama, ardorosamente, y Giles no sabe si lo dice por no ponerle la tele, o por su evidente indiferencia ante las rocambolescas desgracias del tal Timmy, pero en cualquiera de los casos la situación es tan alucinante que a duras penas logra contener la risa. Spike por su parte deja caer las manos encadenadas y la cabeza con abatimiento y hace un puchero y a Giles le parece de repente tan sólo un crío, con esa palidez extrema y esas ojeras marcadas. Sabe perfectamente lo que Spike es, pero eso no le quita la molesta sensación de que está maltratándolo innecesariamente.
Al fin y al cabo sólo es un programa de televisión.
—Maldita sea—murmura, y se acerca a la bañera para desatarlo de los anclajes.
Sin soltarle las muñecas de las esposas, lo conduce más o menos empujándolo hasta el salón. Spike se deja caer sentado en el sofá.
—En qué canal la echan—pregunta Giles
—En el 99, por cable—dice Spike— Tendrás tele por cable, espero.
—La tiene el edificio, sí—dice Giles— Eso creo
Tarda un poco en localizar el mando bajo una pila de libros y revistas de arqueología. Otro poco en encontrar en canal. Con una empalagosa y estruendosa música de violines y lo que parece órgano electrónico de fondo, y una pantalla como las de los seriales de los 70, aparece el título “Pasiones” en enormes letras góticas de color morado. Spike se remueve en el sofá, inclinándose hacia el televisor.
—Increíble— suspira Giles
—¿Tienes palomitas?—pregunta Spike
—No—gruñe Giles
Se sienta en el sofá sin ninguna intención en absoluto de ver semejante bodrio. Sólo es que no se fía de dejar a Spike sin vigilancia. Coge un libro de la mesa y comienza a ojearlo, mientras en la pantalla del televisor comienza la escena de lo que parece un intento de salvamento con policía, bomberos y equipo de minería, y un montón de gente—entre ellos varias mujeres— que lloran y dicen insensateces a diestro y siniestro.
—Esa es la novia de Timmy—dice Spike, sin que Giles le pregunte. Y añade— Antes estaba liada con su hermano, pero cuando éste fue devorado por los caníbales de Papua Nueva Guinea en su despedida de soltero, Timmy estuvo consolándola  y se enamoraron, claro. Era inevitable. Un argumento clásico.
Giles se queda mirando a Spike.
—Ya que nombras a los clásicos— le dice— Francamente querido, me importa un bledo.
Spike hace otro puchero. No le cuenta nada más. Giles vuelve a su libro.
De tanto en tanto echa una ojeada hacia la pantalla, pero sólo por ver si el serial ha terminado y puede apagar ya el televisor.


Tarde.
Pasiones. Capítulo 328.


Giles sentado en el sofá de la sala, mientras comienza Pasiones. Mira tanto en tanto, pero sólo porque no tiene nada mejor que hacer y el libro que ha cogido de la librería es aburrido y no le apetece levantarse a cambiarlo por otro. Spike también está en el sofá, removiéndose ansioso mientras pasan los créditos iniciales. En la pantalla el ya familiar equipo de salvamento, los focos, los vehículos y maquinaria. El pozo con el infeliz Timmy dentro.
Un impass de flashbacks mientras el protagonista semiinconsciente por las penalidades recuerda momentos más felices, algo de correr por unos campos floridos con su perro con música de los Beach boys.
—¿Me haces palomitas?— pregunta Spike. Giles suspira hondamente.
—Está bien—dice. Pero sólo las hace porque a él también le apetecen.
Trastea un rato en el microondas y luego vuelve al salón. Spike empieza a comer del bol de palomitas cuando se sienta junto a él. Giles mira la pantalla. Parece el mismo episodio del día anterior. En cierto modo también el del anterior a ése. Y el del...otro.
Bien, no es que tenga nada en contra de las historias contadas pausadamente, o sea, le gusta Bergman. Pero... no está muy seguro de si esto es normal.
—¿Cuánto... tiempo va a estar Timmy dentro de ese pozo?—pregunta no sin acidez, Spike lo mira, encoge los hombros.
—No sé—dice. Se queda un momento pensando y añade— El año pasado la doctora Hopkins (Amanda Vanessa) se pegó diecisiete capítulos atendiendo el mismo parto.
—Oh. Pues...bien, me hago una idea— dice Giles, y retoma su libro mientras coge distraídamente un puñado de snacks del cuenco.
El equipo de salvamento comienza a subir a Timmy del fondo del pozo por medio de un complicado torno que pende de una grúa amarilla. Spike y Giles (que casualmente estaba mirando en ese momento) se inclinan hacia la pantalla y contienen el aliento a la vez, con los carrillos llenos de palomitas. El torno gira muy despacio y de repente, con un chirrido ominoso, comienza a temblequear. Giles y Spike tragan sus bolas de palomitas, presas de intensa preocupación.
Un primer plano de la gruesa cuerda, el inevitable sonido de fibras soltándose, la cuerda que sube a Timmy que se rompe con un chasquido seco.
—¡Oh, no!—gime Spike— ¡La cuerda se ha roto!
Del fondo del pozo les llega (en perfecto sonido dolby surround) el grito de dolor de Timmy.
—¡Y seguro que se ha roto también una pierna!— añade Giles, apartando el libro a un lado definitivamente.
—Espero que no sea la que lleva los cinco clavos de titanio, con lo que sufrió con la rehabilitación.—dice Spike. Vuelve la cara hacia Giles— Fue la temporada pasada, lo atropelló un rinoceronte.
—Oh ¿en Africa?
—No, en un parque temático. Había ido a llevar a unos niños huérfanos. Es que hace labores sociales.
Giles asiente con gravedad.
—Siempre les pasan estas cosas a los mejores.
Spike asiente con la cabeza, muy seriamente.
—Sí, como cuando te coge una organización de gobierno y te pone un chip. ¡Es una injusticia!—exclama.
Giles lo mira, de reojo. Spike aprieta los labios, enfurruñado. En la pantalla un grupo de doctores muestran oportunas radiografías de la pierna de Timmy, cruzada de clavos ortopédicos.



Mediodía.
Pasiones. Capítulo 330.


—He hecho palomitas—dice Giles
—¡Genial!—dice Spike. El vigilante rodea el sofá, deja el bol de palomitas sobre la revista de programación televisiva que ha comprado esa misma mañana, porque es una vergüenza cómo cambian los horarios de Pasiones como les da la gana por culpa de cualquier estúpida retransmisión como la final de béisbol o la toma de posesión de un presidente estatal, si te descuidas te lo pierdes. Giles piensa escribir a los responsables de la cadena 99 y se va a quedar muy a gusto con todo lo que les diga acerca de su informalidad.
En la pantalla una imágenes del interior de una casa tipo Beberly Hills, grande, rica y hortera. Una conversación telefónica de alguien muy trajeado con pinta de magnate con su abogado.
—¡Desde luego, hace falta ser cruel!— protesta Spike—¿Tú te crees que es el momento de desheredarlo?
—¡Qué miserable insensible!— dice Giles — ¡El pobre chico está dentro de ese pozo!
—Además, si quizás se va a morir, qué mas le daba esperarse un poco ¿no?—dice Spike—No tiene hijos para reclamar la herencia de todos modos.
—¿El hijo de Stella Mary no era suyo finalmente?
—No qué va, era del jardinero ucraniano.
De nuevo la pantalla muestra el foco de la acción, en las afueras, donde se encuentran Timmy y el equipo de salvamento que lucha por sacarlo de su encierro. Los bomberos descartando cavar un túnel lateral por el peligro de derrumbamientos, diciendo que el tiempo se les acaba, buscando la manera de sacar (de una vez) al chico del agujero. Primer plano del hoyo, desde el que se escuchan los débiles gemidos de Timmy.
Una gruesa rata, obviamente veterana de la televisión, se queda mirando a cámara un momento y luego procede a saltar dentro del pozo con un brinquito desganado. Giles y Spike gritan a la vez.
—¡¡Oh no, le atacan las ratas!!
Sus manos se juntan y casi se entrelazan dentro del bol semivacío, por el temor y el nerviosismo. Las sacan los dos a la vez, algo azorados, llenas de los restos de palomitas que quedaban por el fondo del recipiente. Se los comen compulsivamente, sin apartar los ojos de la pantalla.



Tarde.
Pasiones. Capítulo 333


En los días que Spike ha estado fuera Giles no ha visto ese odioso serial. No... exactamente. O sea, sí lo ha visto. Pero es porque su amiga puso la televisión y se había quedado puesto el canal 99.
De todos modos tuvo que dejar el último episodio sin finalizar porque ella lo estaba llamando desde la cama y claro, habría sido feo hacerla esperar más.
A lo mejor Spike sí lo vio en casa de Xander y puede decirle luego si los bomberos le pudieron meter a Timmy esa bolsa con bocadillos y la cantimplora con sus medicinas para la alergia.
—¡Oh, no, ha empezado a llover!—está diciendo Spike desde el salón. Giles se apresura con las palomitas y literalmente salta al sofá, realizando un prodigioso malabar para que no se le caiga el recipiente de snacks que sujeta contra el pecho y las dos cervezas que lleva en la otra mano. Por suerte Spike está al quite y le coge las latas antes de que se derramen, bebiendo a toda prisa la espuma que empieza a salirse de la abertura de ambas. Luego le da la suya a Giles, que echa un trago ansioso.
—¡Qué...barbaridad! ¡Si parece un monzón!—dice, mirando la torrencial lluvia que oscurece la pantalla, y para la cual sin duda los de efectos especiales han dejado sin agua a toda Santa Bárbara.
Imágenes del suelo árido donde está la maquinaria, en el que empiezan a formarse borboteantes riachuelos de lluvia. Todos parecen converger hacia el hoyo iluminado por los focos.
—¡Oh no, el pozo va a inundarse!—exclama Spike— ¡Timmy se ahogará!
— ¡Rápido!¡Que le echen un flotador, un chaleco salvavidas! ¿Cómo no se les ocurre? ¿Qué clase de jefe de bomberos tienen en ese jodido pueblo?
Pffff... ¡americanos! —dice Spike, despectivamente— ¡Muchos medios mucho equipo pero les falta lo principal, el jodido cerebro!
—¡Y que lo digas!—asiente Giles, y luego añade, rencorosamente:— ¡Jodidos colonos!
En la pantalla la lluvia arrecia de repente, oleadas de barro corren por el suelo cayendo furiosamente hacia el pequeño pozo, que comienza a tragar agua como un aliviadero. La cámara enfoca la figura del cautivo en su interior, luchando por mantenerse con vida mientras el agua le cae encima como desde una cascada.
—¡Dios mío! ¡El nivel del agua ya le rebasa el cuello! —gime Giles
—¡POBRE TIMMY!!—gime Spike, pegándose a Giles. Se quedan los dos muy juntos, hombro contra hombro, compungidos de terror.



Noche.
Pasiones. Capítulo 335


—¡Date prisa, va a empezar Pasiones!
—¡Ya voy, joder, qué plasta eres!
—¡Que te vas a perder el principio! ¡Van a sacar a Timmy del jodido pozo!
—¡Joder! —Spike llega a la carrera con un enorme bol de palomitas humeantes cogido en las dos manos
—¿Les has echado sal?—pregunta Giles
—Claro que si, tío—dice Spike, sentándose de golpe, las palomitas saltan y vuelven a caer (afortunadamente) en el recipiente. No obstante Giles se las apaña para coger un puñado al vuelo, que se lleva nerviosamente a la boca. Spike lo imita en cuanto se sienta, masticando compulsivamente mientras clava los ojos en el serial.
En la pantalla la tensión es insoportable. Después de bajar un mono tití amaestrado con una cámara en un pequeño casco y una mochilita con alimentos de primeros auxilios, y una vez comprobado que Timmy seguía vivo pese a que llevaba dos días sin emitir sonidos (los mensajes de angustia de los fans a la emisora —varios de ellos de Giles y Spike desde el ordenador que se dejó la otra tarde Willow—llegaron a colapsarles el servidor) el avezado equipo de salvamento finalmente ha conseguido que el joven se ponga un arnés y están izándolo de nuevo. Esta vez con un sistema de triple cuerda de seguridad y un enorme torno que es imposible que se rompa. Aún así el nerviosismo es tangible y traspasa la pantalla, haciendo que el corazón de Giles lata aceleradamente. El de Spike no porque es un vampiro, pero latiría también si pudiera, eso es seguro.
Finalmente, entre la lluvia que no deja de caer, contra un fondo de relámpagos y mientras la banda sonora romántica y pastelosa sube de tono, Timmy hace su aparición fuera del pozo colgando del arnés de poleas, una figura maltrecha, cubierta de barro, con unos ojos muy blancos entre la suciedad y el pelo marrón y aplastado por la tierra.
La grúa que lo lleva colgando se gira y lo deposita en el suelo, casi entre los brazos de su amada, que lo recoge con un gemido que grita su nombre a los cuatro vientos.
—¡Timmy, Timmy, Timmy!—exclama la llorosa joven.
Timmy y la chica se abrazan los dos, besándose enamorados. En la pantalla, en solidaridad con ellos, los bomberos, policías y la multitud acompañante se abrazan a su vez unos a otros contra un fondo de aparatosa lluvia y truenos ensordecedores. Transidos de emoción Giles y Spike se abrazan también.
Y justo están a punto de besarse apasionadamente cuando resuena un último trueno estropeando el romanticismo del momento, y Giles y Spike respingan sobresaltados y luego se quedan muy quietos, mirándose fijamente a los ojos.
Torpemente deshacen el abrazo y se separan cohibidos, evitando mirarse de nuevo.
En la pantalla, un esperanzador rayo de sol marca el final del episodio.

 

 


FIN

(chaaaannn chaaaan chhhaaaaaaaannnnn....)