Home, Sweet Home


Mañana

Spike se despierta sobresaltado al oír el chirrido de la puerta, se levanta de golpe, tambaleante, sube a toda prisa la improvisada escalera que lleva a la parte de arriba de la cripta justo para darse casi de bruces contra un Giles perfectamente vestido y arreglado, con un periódico bajo el brazo.
—Buenos días—dice el Vigilante, Spike parpadea incrédulo.
—¡Dios! ¿Sabes qué hora es? ¡Eres un jodido sádico!
—Las siete y media son una hora muy razonable de levantarse—dice Giles
—Si bueno, para un bibliotecario jubilado, no para un vampiro
Giles mira a su alrededor, ignorando las rencorosas palabras de Spike, la luz tamizada por los cristales velados y sucios por el tiempo, las columnas, las tumbas, algunos muebles y cachivaches que Spike ha llevado ya a la cripta y que curiosamente, ya han adquirido la misma capa de polvo de siglos que el resto de la cripta.
—Estaba dando un paseo y...
—¿Echabas de menos verme?—gruñe Spike.
—No—suspira Giles, lo mira, de reojo—Y ciertamente no eh... desnudo.
Spike lo mira, ojos muy grandes. Luego baja un poco la mirada y se mira a sí mismo y aprieta los labios en un puchero. Sin decir nada da media vuelta y abre uno de los ataúdes, al fondo de la cripta, de los que saca unos pantalones, que se pone rápidamente. Las botas.
—Es que ahora tengo cama, abajo—murmura, mirando de reojo a Giles—No me iba a tirar la no-vida echado en una lápida como un vampiro de película de serie B
—No digo nada.
—Bien. Mejor. Porque no te he pedido opinión.
—Desde luego.
Spike vigila a Giles por el rabillo del ojo, mientras se abrocha los cordones de las botas. El vigilante camina por la cripta polvorienta, curioseando un jarrón, una inscripción, una voluta de adorno en un relieve. Spike gruñe una palabrota por lo bajo
—Dime qué me impide morderte—pregunta.
—El chip de la Iniciativa.
—Mierda.
—Yo lo habría dicho con mas elegancia, pero no más claro. –Giles deja el periódico sobre una cripta alta, se apoya contra ella levantando una pequeña tormenta de polvo con el movimiento. Spike lo mira de reojo, mientras se abotona una camisa.
—Bueno y a qué has venido. ¿A traerme la prensa?
—Pues...no. En realidad a pedirte ayuda.
—No pienso ayudaros más, ya te lo dije, puedes decirle a Buffy que se busque a otro imbécil que...
—Es sólo para una tontería personal.
—Si te han endemoniado otra vez, te buscas la vida, Rupert. Joder, ¿es que no aprendes? te vas de copas con cualquiera y...
—Sólo he perdido el reloj. Creo que debió de caérseme por aquí la otra noche, la noche que...Ethan me convirtió en demonio feoral.
—Ya bueno y... ¿por aquí? ¿Qué tiene que ver todo eso con mi casa?—gruñe Spike.
—Casualmente ésta es la cripta donde apareció Ethan.
—Oh—Spike lo mira, parpadea—No jodas.
—Pues... sí. Quiero decir... nos encontramos aquí, antes de todo ese asunto del conjuro. ¿No lo habrás visto por casualidad?
Spike coge un cigarrillo de la cajetilla que hay sobre el televisor, lo enciende con el mechero de gasolina, da una larga bocanada.
—No lo sé, no he barrido—dice. Giles echa una mirada reprobatoria a su alrededor.
—Eso ya lo veo—dice.
—Si quieres hacer limpieza, Mary...
—Con encontrar el reloj me bastará.
Spike alza los ojos al cielo, gruñe que está bien. Se ponen los dos a buscar por el suelo de la cripta, apartando ocasionalmente un ataúd, un montón de cajas o de trastos. En una ocasión un sorprendente montón de libros que dejan a Giles bastante perplejo y que Spike se lleva sin decir palabra a la parte de abajo. Al cabo de un rato Spike le dice, desde el fondo de la cripta:
—¿El reloj vale pasta?
—No, sólo posee un valor sentimental—dice Giles.
—Ah, pues entonces lo he encontrado—dice Spike, y se agacha en un rincón, luego le tiende el objeto al vigilante— ¿Cómo se te cayó?
—Oh...—Giles se remueve, incómodo, mientras se lo pone—. Tuve un...pequeño forcejeo con Ethan Rayne.
—Joder. Pues debió ser un buen izquierdazo.
—Ya lo creo—sonríe Giles, rememorando.
—Joder—sonríe Spike, con la misma cara ansiosa, se miran los dos, se separan bruscamente, poniéndose serios al tiempo— Bueno pues ya puedes largarte.
—Es lo que iba a hacer.
Giles sale de la cripta, cerrando tras de sí. Spike coge el periódico, espera junto a la entrada y empieza a contar. Aún o ha llegado al nueve cuando Giles llama, con los nudillos.
—Me he dejado el...
Spike abre, le empuja el periódico contra el pecho y cierra de nuevo, bruscamente.


Tarde

Spike no esta muy seguro de cómo ha empezado todo, pero si de que la cosa cada vez parece ir a peor. Bueno a lo mejor ha empezado cuado esa mañana se ha topado con Giles, pero decididamente empeora cuando al subir del sótano donde ha estado apartando viejos ataúdes se encuentra a Willow en medio de la cripta.
La bruja pelirroja lo mira y le sonríe, saludándolo con un agitar de mano infantil. Spike está a punto de devolvérselo pero por suerte lleva las dos manos ocupadas con una caja y no pude hacerlo.
—¡Hey, Spike!—dice Willow, acercándose unos pasos. Lleva un jersey rosa y unas medias de rayas, y una bolsa de lana que aunque las medias son como un arco iris, consigue no pegar con absolutamente ninguna de las bandas de color. Spike parpadea, confuso.
—¿Ocurre algo?—pregunta—¿Buffy...?
—No, solo es que pasaba por aquí y... bueno, parece que has encontrado un lugar donde vivir.
—Pues sí. Una cripta.
—Claro. Como es un cementerio.
—Pues...sí. Hay muchas.
—Claro, genial. Quiero decir...como eres un vampiro, big bad y eso.
—Y no lo olvides—gruñe Spike, mirándola de reojo, mientras transporta la caja hacia la parte lateral, donde ha colocado una vieja nevera. Deja la caja en el suelo y abre la puerta del aparato, comprobando que está frío. Bien, parece que algo empieza a funcionar en su vida. Lo de las neveras al menos, no lo de estar solo y tranquilo sin scoobies.
—¡Tienes nevera!—exclama Willow, tan cerca que Spike respinga, sobresaltado, Willow se está asomando al interior del electrodoméstico prácticamente por encima de su hombro. Spike puede oler su perfume, algo empalagoso con toques de caramelo y ¿melocotón? Una mezcla tan extraña como su ropa. Y el de su piel, joven y fragante, que hace que su estómago se encoja, recordándole que hace rato que debería de haber comido. Se ha entretenido intentando adecentar el sótano, y colocando ese cartel de LARGO DE AQUÍ para que los demonios borgosh de la humedad no se le metan a anidar en el cuarto que va a usar para la bañera. Hay muchos en la zona. Son pequeñitos e inofensivos, pero son un verdadero incordio, y a nadie le gusta agarrar una de esas cosas en vez de la pastilla de jabón.
—Necesito mantener la sangre fresca, ya que no puedo usar el envase tradicional—dice, malhumorado, la joven pelirroja asiente, comprensiva, incorporándose a la vez que él. Spike la mira por el rabillo del ojo, intentando que se sienta incómoda pero está claro que no tiene éxito porque Willow le dedica una sonrisita tímida y encantadora que lo desarma. Está claro que no se va a marchar, así que saca un tarro de sangre, coge un vaso y se sirve una generosa ración.
—Y de dónde sacas la electricidad?—pregunta ella.
—La robo del tendido—murmura Spike, dejando el tarro en la nevera—¿Qué? Soy malo.
—No digo nada, Spike—susurra Willow—De todos modos el ayuntamiento se lo merece. Mi madre recoge firmas contra ellos casi todas las semanas.
—Genial—Spike menea la cabeza, mirando dubitativo su vaso de sangre. Willow sigue a su lado, como si tal cosa.
—¿has probado a echarle canela?—dice—. La canela tiene que darle un gusto especial ¿no crees?
—No—murmura Spike.
—A lo mejor un puntito de clavo...me encantan las especias. Bueno, como parte de todo esto de la magia se aprende un montón de cocina, claro—ríe nerviosamente— ¿Te gusta la cocina?
—No. Soy un vampiro.
—Bueno...claro.
—Tengo que...—la mira, de reojo—. Estoy hambriento.
—Ah, ya. Bueno, por mi no te preocupes. Pienso que cada cual es muy libre de elegir su dieta. Diga lo que diga mi padre—suspira.Spike espera un momento, luego suspira también y echa un trago largo de sangre. Su rostro se transforma en vampiro de manera involuntaria porque joder, sí que tenía mucho hambre. Willow lo mira por el rabillo del ojo y Spike de repente sabe que está pensando en aquella vez en que la secuestró en la vieja fábrica y la...secuestró, y en esa otra que intentó morderle en su cama y...morderle e intenta disimular el nerviosismo echando otro trago, pero no funciona, y baja la cabeza cohibido.
Se quedan largo rato los dos callados, muy juntos, mirándose sus propios pies.
—Está bien.—dice Spike, al fin— cruzando los brazos—. Dime a qué has venido.
—A nada—dice Willow, parpadeando—Sólo pasaba por aquí y...
Spike la mira, fijamente. Willow se sonroja un poco. Luego toma aliento.
—Está bien. Es que no me fiaba de que...No intentarás estacarte a ti mismo de nuevo ¿verdad?
—No—Spike la mira, alucinado.
—¿De verdad?
—De verdad.
—¿Estás seguro?
—Seguro.
—Si necesitas hablar de algo o apoyo de alguna clase yo...
—Estoy bien.
—¿De verdad?
—Que sí.
—¿No vas a hacerlo más?
Spike ladea la cara.
—Ya llevo ropa normal y ya no tengo que aguantar paletos.
Willow lo mira, muy seria.
—O sea, no.—dice Spike.
—Ah, estupendo entonces—Willow sonríe, satisfecha, mientras Spike sacude la cabeza, súbitamente mareado, Willow le provoca a veces esa sensación de confusión mental.
—Pues entonces ya me quedo más tranquila—dice la bruja—. Me marcho, tengo que pasar por la biblioteca.
—Genial, que te diviertas.
Willow da media vuelta, y cuando ya está en la puerta se detiene de repente, como si recordase algo y saca un paquete de su bolsa morada de lana.
—¡Casi me olvido! Te he traído una vela—dice, sacando una horrorosa vela naranja y rosa en forma de melocotón, que Spike simplemente no se puede creer— Es hogareña, sirve para dar buenas vibraciones. De hogar.
Spike la mira entrecerrando los ojos, en lo que espera que sea una mezcla de mirada amenazante de William the Bloody y de puro y absoluto odio hacia la vela. Mientras se da cuenta de que el empalagoso aroma a melocotón que había notado no procedía del perfume de la muchacha, sino de ese engendro que llevaba en la bolsa. Pero Willow es absolutamente inmune a las indirectas, a las directas y a todo lo que hay entre ambas, y tras mirar a su alrededor coloca la vela redonda, enorme y anaranjada en una de las hornacinas de la pared, haciendo un poco a un lado unas flores marchitas.
—Aquí irá estupendamente—dice.
—Si. Genial.—suspira Spike.
—Bueno pues...me voy.
—Adiós—Spike la mira, baja la mirada—. Y gracias por la vela.


Noche

Spike se lleva los dedos a la frente súbitamente agotado. Porque por una parte es que no se lo puede creer y por la otra, es una de esas cosas que tenían que pasar. Un cosa de esas cósmica. Luego toma aliento, camina hacia la entrada de la cripta y abre la puerta, de golpe, para quedarse mirando la cara sobresaltada de Buffy Summers. Ella parpadea, un par de veces, él ladea la cabeza.
—¿Qué, de visita?—pregunta Spike ¿O esperando el autobús? La parada está quinientos metros más allá.
—No venía... aquí—dice Buffy, rápidamente—. Sólo pasaba por aquí y me he parado...aquí. Tu cripta esta entre unos sitios y otros sitios. Del cementerio.
—Giles tiene que estar realmente orgulloso de tu dominio del inglés hablado.
—No sé por qué lo dices—murmura Buffy, y da un paso decidido hacia Spike. Spike se aparta, sobresaltado, y la cazadora entra en la cripta. El vampiro jura por lo bajo mientras la menuda joven camina por el lugar, mirando de reojo a un lado y a otro. De tanto en tanto a Spike. Que es...una vergüenza que vaya por ahí sin camiseta. Vale, se supone que es su casa pero podría ponerse algo decente. De...manga larga. Ella no se había fijado nunca en que tuviera esos pectorales y ese...estómago con ese..ombligo. Qué...barbaridad.
—Así que vas a vivir aquí.—dice, para disimular el calor que le ha entrado de repente.—O no—vivir, lo que sea.
—Pues sí, si me dejan en paz algunos pesados—Buffy lo mira, sin darse por aludida—. Soy malo, y os odio. ¿Es que os voy a tener que hacer un memorandum?
Buffy resopla despectivamente, estirando el cuello hacia el agujero del sótano.
—¿Y qué tienes abajo? No tendrás alguna pobre chica encadenada
—Todavía no—dice Spike, sacando un poco la lengua, Buffy lo mira, indignada, luego se sonroja violentamente.
—Cerdo—dice, dándose la vuelta airada. Se pone a mirar la tele, el video, los trastos amontonados encima de un ataúd.
—Aún hay...alguien ahí dentro?—pregunta.
—No sé, mira a ver.
—Mejor no—gruñe Buffy, Spike va cambiando cajas y muebles de un sitio a otro. Cuando coge alguna cosa pesada los músculos de sus brazos musculosos se marcan de una manera increíble. Buffy ha repetido lo de musculosos, ese degenerado va a tener razón con lo del inglés...si la oyera Giles. Mira de nuevo la cripta, las velas, los muebles desvencijados obviamente encontrados por ahí en algún vertedero, una alfombra, un sillón. Un póster en la parte de atrás, que no alcanza a distinguir. Todo eso desde luego es muy raro. No es ni medio normal que Spike tenga esas espaldas y esa nuca, y ese...culo tan redondito, por Dios.
—¿Y aparte de a perder el tiempo y no hacer tu trabajo, has venido a algo?—pregunta Spike, encendiéndose un cigarrillo, Buffy se queda mirando el modo como se hunden sus pómulos al dar una calada, tiene unos pómulos increíbles el muy...asqueroso. Y esas pestañas oscuras, largas, cuando baja la mirada hacia el encendedor. Lleva el pelo revuelto por el trajín de arreglar la cripta – si es que se le puede llamar arreglo a lo que está haciendo— y está increíblemente atractivo. Repugnante, quiere decir. Increíblemente repugnante. Buffy traga saliva, la boca súbitamente seca, mientras Spike da unas caladas cogiendo el cigarrillo con esas manos fuertes, varoniles, de uñas malpintadas de negro.
—Sólo pasaba por aquí. Estoy de patrulla.
—Ya, ya lo veo—Spike la mira, de reojo—. No tengo más que sangre, o bourbon. Si quieres algo de las dos cosas...—Buffy hace una mueca de asco, Spike encoge los hombros—. Tú misma
El vampiro termina el cigarrillo, lo tira al suelo ya bastante sucio de la cripta. Buffy lo mira inclinarse a coger una nueva caja, de madera, de la que salen esas pajitas doradas que indican que lleva algo frágil en el interior, posiblemente vasos. Spike camina hacia donde está ella con la caja entre los brazos marcando de nuevo incitantemente esos brazos y hombros musculosos. Y lo bajos que lleva los pantalones, si parece que los lleva sujetos con la ..el...los...la...qué bar-ba-ri-dad.
Dios mío, es todo culpa suya, que le hace pensar esas cosas indecentes que desde luego no piensa nunca jamás. Todo es culpa de Spike. Buffy contiene el aliento intentando no mirar más a ese maldito vampiro que es una cosa asquerosa y maligna sin camiseta....quiere decir sin alma, y pone tanto empeño en no mirarlo que al apartarse su camino choca contra uno de los ataúdes desvencijados, tropieza, y cae agitando los brazos. Spike no puede evitar el reflejo de agarrarla, lo que da como resultado que ambos caigan al suelo, y la caja de vasos y copas vuele por los aires. Impulsada por la fuerza de vampiro de Spike la caja sube muy alto, casi hasta el techo abovedado. Spike da con sus huesos de espaldas contra el suelo de la cripta, Buffy encima de él todo lo larga que es, haciendo que Spike se quede sin aliento en un jadeo en el que resuena un bloody hell ahogado. A su alrededor llueven los vasos y copas de vidrio, deshaciéndose en añicos contra el suelo. Spike cubre la cabeza de Buffy con las manos, contra su hombro, la cazadora grita. Acto seguido le mete un rodillazo que falla sus genitales por centímetros.
—¡Suéltame, pervertido!
—¡Joder!—protesta Spike—¡Encima me sacude!
Buffy se incorpora, apoyando las manos en su pecho desnudo.
—Ha sido un acto...reflejo— gime— La fuerza de la costumbre.
—¿Lo de pegarme o lo de meterme mano?
—¿Pero qué dices? Si no me acercaría a ti aunque me fuera la vida en ello y...
Buffy se queda muy callada echada sobre el cuerpo delgado, musculoso de Spike. Sintiendo su piel suave, tibia bajo las manos, ese pecho fuerte, las tetillas deliciosas, el duro estómago desnudo contra el suyo. La hebilla de su cinturón. Sus abultados pantalones contra su vientre. Lo bien que huele el muy maldito. Un extraño calor que no sabe de dónde le viene, sofocándola.
—Summers...—sisea Spike, cerrando los ojos, Buffy vuelve en sí y se levanta todo lo rápido que puede, roja como la grana. Spike la imita, entre los restos de su vajilla, mirándola con todo el odio de que es capaz.
—Sinceramente, pet, creo que tienes un serio problema con lo de cerca-lejos. A lo mejor deberías revisionarte Barrio Sésamo.
—Ha sido un tropezón—gime Buffy.
—Ni te voy a contestar—gruñe Spike, señalando la puerta. Buffy se sacude el polvo de la ropa, y echa a andar hacia la salida, muy erguida. Esquivando los cristales mientras se marcha.
—No se por qué te pones tan quisquilloso—dice, antes de salir—¡Oh, bonita vela! Muy hogareña.
Spike suelta un juramento. Buffy huye de la cripta, cerrando tras de sí. Spike estampa uno de los vasos rotos contra la puerta.


Más de noche

Spike pasa un rato discutiendo el pago con el vampiro fontanero, que es un chupasangre pero de los chorizos entre otras cosas, pero que ha hecho su trabajo y dejado bastante decente algo parecido a un cuarto de baño. Cuando al fin se queda solo enciende unas velas, ninguna de ellas ni remotamente parecida a un melocotón monstruoso, y desde luego con ningún tipo de aroma dulzón, y echa del cuarto tres demonios que o no saben leer o han decidido arriesgarse y no tomarse en serio su clarísimo aviso de no pasar. A uno de ellos lo lanza literalmente diez metros de una patada por los túneles, hasta hacerlo chocar contra un muro donde se queda pegado. Bien, a lo mejor ese aviso es más eficaz que el otro. Y no queda mal como decoración, tampoco.
Luego se desnuda y se da un largo y relajante baño en su bañera algo estropeada pero que cumple su función, y que joder cómo pesaba la muy maldita para traerla desde ese antiguo hotel abandonado de las afueras. Se siente bastante mejor cuando consigue quitarse los dos dedos de polvo que será muy bonito como atrezzo vampírico y esas cosas, pero molesta y pica y es una guarrería. No quiere ni pensar en el que se ha tragado todo el día trasteando de aquí par allá adecentando la cripta.
En el baño hay un espejo roto que no lo refleja, pero lo Spike lo ha puesto por el efecto que hace con las velas, siempre le ha gustado. Además, en los baños hay espejo, le pareció... bien ponerlo. Una de esas cosas que hay que tener, y bueno, también por si alguna chica que no sea vampiro casualmente quiere bajar a retocarse el maquillaje o a peinarse los rizos dorados de champú. Se remueve, nervioso, secándose con la toalla. O...pelirrojos o morenos o castaños, no tiene por qué ser rubia, no sabe por qué ha pensado en eso. Puede ser una morena perfectamente. Hay muchas chicas morenas en el mundo, y no hace falta que sean cazadoras para ser apetecibles.
—Joder—gruñe, envolviéndose la toalla en la cintura.
Quita el agua de la bañera comprobando que el desagüe funciona, apaga las velas y sube a la parte de arriba de la cripta. Todo está silencioso en el cementerio, como debe de ser. O sea, es un cementerio. Se quita la toalla y se seca el pelo, luego se pone unos pantalones limpios y las botas de nuevo, porque no se fía mucho de ir descalzo auque ha recogido los cristales del estropicio de los vasos. Joder, por culpa de Buffy se ha visto obligado a barrer todo el suelo, no se lo perdonará nunca. Se pone una camisa que se deja sin abrochar. Mira a su alrededor, la cripta ya parece más habitable. Iluminada por velas (menos la de melocotón) con su tele en la que enseguida empezará una peli de miedo y el sillón y la mesita podría decirse que incluso se ve acogedora.
Spike se sirve un vaso de bourbon...bueno, una taza porque no le ha quedado ni un solo vaso por culpa de esa maldita Buffy Summers y el calentón que le ha dado...quiere decir el empujón, y está a punto de sentarse en el sillón cuando se escuchan tres golpecitos en la puerta metálica de la cripta.
Spike se queda muy quieto, labios apretados, ojos muy grandes hacia la puerta. A lo mejor ha sido una polilla, que ha chocado. Una...un poco gorda, acorazada.
Los golpecitos se repiten.
¿Una muy insistente?
Deja la taza en la mesita y se acerca a la puerta. Duda un momento y al final abre.
—¿Qué demonios te pasa, estás sordo?—protesta Xander, poniendo los brazos en jarras— ¡Llevo media hora llamando!
—No—dice Spike, muy serio—. O sea NO, esto no puede estar pasando.
—¿Te estabas dando un baño de espuma o qué?
Spike abre la boca, la cierra. Xander entra en la cripta prácticamente pasándole por encima. Spike va a gritarle que son las once de la noche y luego a cogerlo y a sacarlo a empujones sin más contemplaciones cuando repara en que el chico lleva una bolsa de deporte al hombro, que deja en el suelo.
—¿De qué va esto?—alcanza a preguntar—¿Qué llevas ahí, una bomba?
—No, el pijama—dice Xander—. Han fumigado mi sótano y como comprenderás no voy a subir arriba a dormir con mis padres—lo mira, cruzando los brazos muy serio—. Espero recibir de ti la misma hospitalidad que te brindé.
—¡¡QUÉ!!—jadea Spike, abriendo mucho los ojos— ¡Ni lo sueñes! Vete a casa de Giles.
—¿Crees que eres mi primera opción, vampiro descolorido?—dice Xander—Ya he pasado por allí.
—Y te ha echado, ya.
—No—gruñe Xander—Estaba con un amigo raro de Inglaterra o no se qué. Hablaba igual de raro que él y estaban muy juntos haciendo cosas raras
—Oh...¡no jodas!—murmura Spike—¿Quieres decir de follar?
—¿Qué? ¡No!—Xander lo mira con cara de asco—Intentaré hacer como que no te he oído porque joder qué grima... me refería a cosas de esas de libros y de magia...¡Dios, Spike, eres un pervertido!
—Ya sí, seguro—Spike se apoya contra una de las criptas de piedra, se queda mirando a Xander— Así que pretendes pasar la noche aquí.
—Pues sí.—dice Xander, luego lo señala con el dedo—Me la debes. Yo te dejé dormir en mi sótano.
—Eso es verdad—dice Spike.
—Pues eso.
—Está bien. Vale. De acuerdo—Spike asiente, con la cabeza—Habrás traído una cuerda
—¿Cuerda? ¿Para qué?
—Para atarte. Comprenderás que no te voy a dejar por la noche sin atar.
—¡Eres un vengativo!
—Eh, que soy malo—gruñe Spike—No se cómo os lo voy a tener que decir ya.
Xander lo mira horrorizado, mira a su alrededor, por un momento parece sopesar las posibilidades que tiene, pero desde luego no deben de ser muchas. Spike también preferiría dormir en cualquier lado antes que en el piso de los padres de Xander.
—Maldita sea—gruñe Xander, luego se agacha y saca de la bolsa un pijama blanco con dibujos de hortalizas de colores, que se pone rápidamente. Spike sacude la cabeza, incrédulo.
—Arrebatador—gruñe.
—Bien, mañana madrugo ¿dónde duermo?
Spike se muerde el labio y le sonríe malévolamente, luego se da el gusto de sacrificar su cómodo sillón de ver la tele para empujar a él a Xander, y luego saca un lío de cuerda de uno de las cajas que tiene para tirar.
—¡No lo dirás en serio!—jadea Xander.
—¿Tú que crees, subnormal?—pregunta Spike—Además no me fío de ti, me mirabas mucho.
Comienza a atar a Xander al sillón, el muchacho lo mira boquiabierto y alucinado, mientras Spike lo rodea diestra y rápidamente con la cuerda, asegurándolo al sillón tapizado.
—¡La cuerda pica!—gime Xander
—Ah, se siente
—¡Me corta la circulación!
—No haber tenido.
Spike termina su obra, se incorpora, camina por la cripta, coge la cajetilla de marlboro de encima de una mesilla desvencijada y enciende un cigarrillo. Xander forcejea inútilmente con las cuerdas, moviendo el sillón por el suelo de la cripta.
—Si te caes al suelo no te pienso levantar, te lo aviso—gruñe Spike—. Y hay ratas.
—¡Ahhhhh!—gime Xander, mirándolo horrorizado, Spike se encoge de hombros.
—¿Qué? Estaban aquí primero.
Xander le dedica una retahíla de insultos a cuál más elaborado. Spike hace como que no lo oye. Recupera su whisky y sin prestarle mas atención baja al piso de abajo, se acomoda encima de la cama y coge una revista. Silencio.
Pero claro, por supuesto, la venganza a veces no sale como uno lo esperaba A él no. A el nunca. Joder, a él no le sale nunca nada, y menos en Sunnydale. Por eso cuando va por la mitad del primer artículo la voz chillona e indignada de Xander empieza a resonar entre las columna de la cripta y Spike ya sabe que va a ser una noche muy larga. Porque aunque se encuentra en el sótano de abajo realmente entre la reverberación de la sala de arriba y su oído de vampiro, es como si tuviera a Xander justo ahí al lado.
—¡Soy ciudadano norteamericano y tengo mis derechos! ¿Me oyes, jodido muerto maligno? –está gritando Xander a pleno pulmón—Y estoy casi seguro de que Inglaterra es de la ONU. O a lo mejor no, no lo sé. ¡Opresores, eso es lo que sois! Angel me cae fatal y es más aburrido que estudiar la tabla periódica, pero estoy seguro de que me habría tratado mejor. Al menos, seguro que no me habría atado a un sillón horrible y apolillado con una cuerda que pica y me corta la circulación—Spike se lleva las manos a las sienes, mareado—. Y ahora que lo pienso...¡Viva Irlanda Libreeeeee!

 

 

FIN