Tres días en Sunnydale

Durante el episodio Pangs


Angel está a punto de marcharse al hotel, como llevaba previsto. Una ducha caliente, un tazón de sangre, un poco de sueño reparador, quizás un whisky en ese garito de vampiros gay tan discreto de la quinta avenida. Y una llamada a Buffy.Tiene un par de días en los que pensaba quedar con ella, dar un paseo, tener una charla cordial.
Pero hay algo raro que le molesta, una sensación insistente de alerta en sus sentidos de vampiro. El olor de algo conocido, peligroso, y a la vez dulce y atrayente, el desasosiego que siente cuando...
No puede ser.
Da media vuelta cuando ya casi cruzaba las puertas exteriores del patio de Giles y regresa junto a la casa. Duda un momento, luego se asoma a una de las ventanas del salón.
Adentro han terminado de cenar están recogiendo las cosas de la mesa. Xander y Anya están fregando los platos en la pequeña cocina, Giles y Willow mirando algo en un grueso libro. Buffy está sentada a la mesa todavía, poniendo una taza de loza llena de lo que parece sangre frente a Spike.
Angel abre la boca y se queda así hasta que la lengua se le seca. Entonces la cierra con un doloroso crujido.
En el salón de Giles, un Spike atado a una silla absorbe la sangre de la taza con una pajita, ruidosamente. Buffy protesta de que haga ruido y él la mira con odio, sobre sus profundas ojeras. Ella menea la cabeza pero sigue sosteniéndole la taza. El sigue chupando con ansia.

Angel simplemente no se lo puede creer.

¿Spike se les ha metido en casa? ¿Pero acaso no saben lo que están haciendo? ¿No ven lo terrible de la situación? ¿No se dan cuenta de lo peligroso que es Spike? Spike es... inteligente, manipulador, aprovechado ¡es...totalmente incontrolable! Además es un...impertinente y un jodido plasta... si hubiera sabido lo tocanarices que iba a ser, habría cogido aquella noche a Drusilla y la habría llevado a rastras a la otra punta del jodido Londres. ¡Desde luego no la habría dejado meterse en ese maldito establo!
Tiene una súbita visión de William triste, pucheroso, con sus rizos rubios y sus gafitas, y algo da un extraño vuelco en sus pantalones.
¡Ah!—jadea, sobresaltado, mintras mira a un lado y a otro. Pero nadie lo ha visto, está solo. Solo en la oscuridad, subido a un árbol en el patio de Giles.
Lo que... no deja de ser un poco extraño. Pero es por el bien de todo ellos, se dice. No saben al peligro al que se están exponiendo habiendo dejado entrar en la casa a un elemento como Spike. Es imposible que eso acabe bien. Puede pasar cualquier cosa, el Apocalipsis, el Armaggedon, Spike es capaz de derrumbar Sunnydale entera si le dan un poco de tiempo.


Es muy extraño: Angel no recuerda haber hablado prácticamente nunca con Willow, por ejemplo, y hace años que la conoce. Claro, él es un hombre serio, adusto, callado, misterioso. No le gusta mucho relacionarse. Pero además ¿no se supone que la pelirroja es tímida? Entonces, qué hace largando con Spike? ¿Y de qué se rien? ¿Y por qué le pone esa sonrisita boba y esos ojitos de cordera degollada? Y ...¿tiene que meterle una chocolatina en la boca? Bueno, Spike está atado y no puede cogerla él pero ¡es un vampiro, se supone que no come! ¡El no come chocolatinas! ¡Spike no debería comerlas tampoco!
Va a pasar algo grave, lo presiente. algo terrible ominoso, terrorífico, aterrador, irreparable.
Y esa Anya...¿no tiene otro sitio en toda la casa en el que sentarse? Si casi está sentada encima de Spike. Que a juzgar por cómo lo mira la muy fresca, posiblemente es lo que está deseando. Angel se remueve en su percha cual águila acechante, molesto. Xander Harris y su gran aptitud eligiendo mujeres.
Y Buffy, ¿cuántas veces tiene que comprobar las cuerdas de Spike? ¿Está tonta o algo? Si hasta al propio Spike se lo ha dicho de tan evidente que es la cosa. Bueno, Spike en realidad le ha dicho qué pasa rubia no puedes estar cinco minutos sin catar la mercancía, pero eso es porque es un guarro y un provocador. Y Buffy se ha sonrojado pero con ese morrito de boca pequeña que A EL NO SE LO PONÍA.
¿Qué le pasa a Buffy con su Spike? Con el Spike de Dru. De su señora madre que en paz descanse. Con...el Spike de quien sea.
¡Esto es muy raro, hay mucho peligro! A lo mejro se trata de algún conjuro de idiotez generalizada. Angel no se siente bien marchándose todavía y dejando a Spike expuesto a esa extraña situación.
Quiere decir, dejando expuestos a Buffy y a sus amigos.
Angel toma una decisión: tendrá que quedarse a vigilar.


Se queda mirando la figura muy quieta del vampiro rubio, atado a la silla de salón. Lleva unas cuerdas alrededor del cuerpo, ciñéndole apretadamente la cintura. Lleva unos vaqueros también muy...apretados. Angel es consciente por unos momentos de que no sabe por qué sus pantalones de 200 dolares de repente también le aprietan un poco.
Será por estar a horcajadas en ese jodido árbol, vaya cosa incómoda y molesta.
Se remueve intentando acomodarse, aunque es mas bien inútil.
Giles se acerca a Spike y comienza a desatarle las cuerdas. Angel se inclina hacia la ventana, alerta: no quiere que ese peligroso Spike vaya a hacerle nada malo a Giles.
Del bolsillo trasero del pantalón el vigilante saca unas esposas, que seguramente habrá ido a comprar de propio porque Giles no puede tener algo semejante, es el mentor de Buffy, es un hombre decente, es...
¿Pero qué se supone que está haciendo ese vigilante degenerado? ¿Para ponerle las esposas tiene que acercársele tanto? Bueno, las esposas se ponen en las muñecas, una cierta proximidad física es...inevitable, aunque también se las podía poner con un palo largo de dos metros o algo. Pero...¡le ha tocado la tripita esa...tripita dura incitante, con esos abdominales perfectos y  ese ombligo que... ... ¡ya sabía él que Giles no era trigo limpio, con ese sospechoso gesto de limpiarse las gafas con el pañuelo una y otra vez.
Angel saca su pañuelo de seda oscuro. Se los bordan en la tienda del señor Liu, totalmente personalizados con el anagrama del grifo de su espalda. Se seca la frente. Eso de que los vampiro no sudan que leyó una vez... lo debieron escribir en Rumania en invierno porque en California y mirando...mirando...¡toda la culpa es de Spike!
El vigilante ya ha dado por terminada la faena y dejado al vampiro rubio esposado al radiador. Ahora le está poniendo delante un pulcro salvamanteles de cáñamo de bastante buen gusto, y al lado doblada una servilleta gris. Angel escucha decir a Spike que si le va a servir sangre o jodido shushi. Giles le responde que si no se calla, nada. Spike hace un puchero y dice que en esa casa lo están maltratando todo el rato. Giles trae una taza amarilla en la que se lee besa al blbliotecario. Angel abre mucho los ojos, indignado ante la obscena y evidente insinuación, pero Spike o parece darse cuenta de lo que pone, sólo coge la taza y empieza a beberse la sangre con avidez.
A Angel el estómago le lanza un airado gruñido y cae en la cuenta de que lleva todo el día sin comer. Mete la mano en el bolsillo del abrigo y saca una bolsa de plasma, que abre con los dientes.
Apoyado en el alfeizar, el cuerpo contra el tronco del árbol, se toma su racion de sangre a temperatura ambiente mientras Spike se bebe la suya, arreglándoselas mientras traga para protestar de la temperatura, del recipiente hortera amarillo, del salvamanteles de nuevo, y de que la sangre no tiene grumitos de cereales.
Angel pone cara de asco, Giles también.
Pero cuando ve a Giles ir al armario de la cocina y regresar con la caja de los cereales, Angel se dice que no puede irse todavía.


Spike sigue encadenado en la bañera. Angel todavía no se ha recuperado de la impresión de ver a Giles revisarle las al parecer varias heridas de flecha. Tampoco se ha recuperado del trastazo que se ha metido cayéndose del árbol cuando Giles se ha agachado delante de un Spike con los pantalones bajados y sin calzoncillos, el muy degenerado. Spike. Giles. Los dos.
No obstante ha vuelto a subir a su puesto de observación a la velocidad del rayo y está casi seguro de que a ese pervertido del vigilante no le ha dado tiempo de hacer nada más que usar el alcohol y las tiritas.
Espera que a Spike le haya dolido de la muerte.
Se lleva la mano a la abollada frente, mareado por el golpetazo. La imagen del trasero redondo, musculoso, blanco de Spike sigue fija en sus retinas, negándose a marcharse.
Ahora el vampiro rubio está encadenado a esa bañera, berreando a voz en grito que está incómodo, que le duele la espalda, que tiene frío y que se aburre.
Lleva así cosa de una hora.
El propio Angel va a romper la ventana, entrar y estrangularlo para que se calle cuando la puerta del baño se abre de golpe y aparece Giles. Por su mirada turbia y su aspecto general Angel teme ir a ver la segunda parte de la película XXX Daddy dice que has sido malo, con opción a spanking y cadenas. Pero Giles se limita a usar el retrete, lavarse las manos, y luego desencadena a Spike. El vampiro está muy callado, con esa habilidad suya para saber cuándo más le vale estar muy muy formalito que ahora que lo piensa, también usaba con él.


Angel se remueve dolorosamente en el árbol mientras se dice que el interior de sus Calvin Klein está ya totalmente cuadrado de estar en la dichosa posturita a horcajadas en la rama. A la derecha, un pequeño mochuelo lo mira conmiserativamente, con curiosidad.
—¿Y tú que miras, idiota?—le pregunta Angel, el ave no se inmuta. Angel mira de nuevo por la ventana del baño, para descubrir que los otros dos han desaparecido.
Poniéndose depié tan trabajosamente como un vampiro reumático que llevara tres horas ahorcajado en la misma rama, consigue trepar hasta la ventana del dormitorio, presa de terribles sospechas y gran desasosiego.
Pero Spike y Giles no están en el dormitorio. Así que con un gruñido de resignación punteado por el débil ulular burlón del mochuelo, vuelve a descender hasta su observatorio del salón.
Sí, ahí están. Se acerca todo lo posible a la ventana, y lo que ve lo hace palidecer. Spike está sentado frente a la barra de la pequeña kitchenette. Lleva las esposas en las muñecas, y entre las manos una taza de algo humeante, posiblemente té.
El rostro de Angel pasa de la palidez más extrema a la incredulidad más absoluta, luego a una máscara de rabia feroz, las sienes le empiezan a latir avisándole del peligro terrible, total, inmediato, y su rostro se transforma en vampiro mientras aferra con fuerza la endeble rama a la que se agarra:
Giles-le-está-haciendo-una-tostada
—¡Jodido inglés....—exclama, y justo en ese momento cae en la cuenta de que ha apretado la rama con demasiada fuerza y que el crujido que acaba de escuchar es de que se ha partido, y que si se ha partido ya no está apoyada contra el muro, y que si no lo está, difícilmente va a poder con sus más de 100 kilos, y justo tiene tiempo de gemir
—....pervertidooooo!
Antes de meterse el segundo costalazo de la noche

Se queda patas arriba metro y medio más abajo, sintiendo una gran sensación de ridículo. Con tantas subidas y bajadas en la oscuridad, ha perdido la orientación y no recordaba que estaba en la planta baja. Hasta el mochuelo dueño del árbol se estará riendo de su sobresalto de caerse a la tremenda altura de dos palmos.
De todos modos se ha dado contra un repelente gnomo de jardín en el costado y se ha hecho daño, y además se le ha chafado el móvil.
Sacude el aparatito descacharrado, tirándolo entre los macizos de flores del jardincillo, mientras se dice que quizás debería olvidarse de todo y marcharse de una vez.
Pero... ¡la situación es de tanto peligro! ¡Tan insostenible, tan peligrosa, tan aterradora! ¿Y si Giles intenta algo en la cocina, con intimidad el te calentito y la conocida excusa de la tostada?
Vuelve a trepar al alfeizar, animosamente, dispuesto a help the helpless y a lo que haga falta.
Porque está claro que después de lo que acaba de ver, se tiene que quedar más tiempo.

Totalmente decididos a darle esquinazo cada vez que deja de mirar, cuando Angel se asoma de nuevo los dos jodidos ingleses han desaparecido de la cocina. Bien. Probablemente Giles ha vuelto a encadenar a ese impresentable vampiro en la bañera, donde debe estar, una vez que lo ha hecho callar metiendole algo en la boca. O sea, dándole la...taza...de...té.
Angel se remueve, incómodo, y vuelve a secarse la frente.
Se asoma al baño, que está a oscuras. Pero Spike, cuyo pelo radiactivo sería visible hasta en un apagón general, no se encuentra ahí.
Presa de terribles sospechas, ominosos presentimientos y además palpitaciones, Angel trepa por el árbol de nuevo, hasta el segundo piso, hasta apoyar la nariz contra la ventana del dormitorio de Giles.
—¡Oh Dios mío, no!—gime angustiosamente—¡No he llegado a tiempo, es demasiado tarde!

Giles y Spike están en la misma cama.
Angel se queda mirando aterrado el horrible cuadro que se presenta ante su angustiada vista. El vigilante está leyendo una revista a la luz de la mesita de noche. A su izquierda está echado Spike, de costado, todavía esposado, dormido como un tronco, todo pestañas oscuras y rubios rizos revueltos.
Tiene la cara contra el hombro del vigilante, que parece no inmutarse.
¡Pero a Angel la estampa de paz no le engaña! ¡Él está acostumbrado a vislumbrar la oscura presencia del mal allí donde más profundamente parece ocultarse! Seguramente cuando el sueño de Spike parezca más profundo todo estallará  con nocturnidad y alevosía de la manera más terrible e inesperada.
No va a poder marcharse de ahí en toda la noche.
Angel, con el alma llena de desasosiego y presa de nerviosismo absoluto, se acomoda como puede en la rama más incómoda del mundo sin dejar de mirar fijamente hacia la cama de Giles, presto a intervenir a la menor señal de peligro. Spike es un vampiro, una bestia asesina, un demonio sin alma, letal e impredecible: ¡como a Giles se le ocurra tocarle un pelo, entrará por la ventana y ese vigilante degenerado se va a enterar de lo que vale un peine!




Angel se despierta por puro instinto cuando faltan escasos minutos para el amanecer, lo que le salva de convertirse en un bonito adorno de navidad achicharrado un mes antes de la fecha. Tras echar una rápida y aprensiva mirada al interior del dormitorio y mientras se llena de recriminaciones (Dios mío cómo he podido quedarme dormido, a saber lo que podía haber pasado, un desastre, una masacre, una matanza, un baño de sangre, Giles metiéndole mano a Spike hasta en el carné de Eton) que le informa de que ambos englishmen duermen como angelitos...bueno, lo mas alejado a dos angelitos que logra imaginar, pero muy profundamente, Angel se desliza a toda velocidad árbol abajo y consigue meterse en el cuarto de calderas. Un lugar bastante asqueroso, sucio e incómodo donde pasar el día, pero al abrigo del sol que ya empieza a asomar.
En un rincón encuentra una mantita raída y rota que extrañamente le huele bastante a Spike, no imagina por qué, y se arrebuja con ella en un rincón, encima de un montón de periódicos, como el gato más enorme y más tristón del mundo. Mientras se dice que mataría por un trago de whisky y que tiene frío y hambre, no deja de pensar en todas las desgracias que pueden ocurrir en la casa de Giles con ese peligro público suelto por ahí, con ese gamberro, con ese bicho tan poco de fiar, con ese degenerado... y también con Spike.

Angel se arrebuja en la mata cochambrosa mientras se dice que ante una situación tan espantosa y llegados a ese punto, debe quedarse a vigilar todo el tiempo que haga falta.

 

 

Pasa los siguientes  dos noches subiendo y bajando del árbol y espiando por todas las ventanas, cerraduras y resquicios de la casa de Giles. Todo es un sinvivir de subidas, bajadas, sobresaltos y alguna caída estrepitosa que por suerte nadie ve aparte del pesadito mochuelo que nada consigue espantar del árbol. Spike parece campar por la casa más o menos a sus anchas, airosamente, expuesto a todo tipo de peligros... quiere decir... exponiendo a los demás a todo tipo de peligros, provocando a todo el que lo mire con ese cuepecito prieto, delgado, musculoso...o sea provocando todo tipo de situaciones peligrosas... ¡lo que sea!
Es increíble cómo le sientan los vaqueros al muy condenado.
Angel también pasa bastante tiempo secándose el sudor con el pañuelito bordado en la tienda del Sr. Liu, intentando que sus propios pantalones dejen de incomodarle, y que sus partes pudendas dejen de ser cuadradas, pero eso es bien difícil cuando te has tirado casi tres días perchado a horcajadas en la jodida rama de un magnolio.
Hay momentos en los que de manera totalmente irresponsable e increíble Giles hasta deja a Spike solo en la casa. El vampiro rubio los aprovecha, extrañamente, para leer tranquila y silenciosamente y para dormir en el sofá de la sala mientras mira alguna película en la televisión. Pero Angel no se fía y lo vigila también.
Porque a Angel no lo engaña con esa apariencia pacifica: conoce a su childe, sabe el demonio que lleva dentro. Al contrario que esa pandilla de scoobies infantiles y atontolinados, él conoce el poder de las fuerzas malignas y oscuras y los terribles peligros del mundo de los vampiros.
Angel no bajará la guardia: es plenamente consciente de que con Spike ahí, en cualquier momento puede suceder un terrible culo.
Peligro. Cosa.
Lo que sea.

 

 

Durante el día hace lo que puede desde la rendija de la puerta del cuarto de calderas, y valiéndose de su super oido de vampiro y de una trompetilla que se ha fabricado con un trozo de tubería de PVC siguiendo los pasos que vio hacer una vez en un episodio de McGyver.
Que gran programa, se dice, sonriendo con aire soñador, pero casi enseguida vuelve a la realidad y frunce el ceño, la estampa del héroe decidido a triunfar sobre el mal, las adversidades de la vida y los inconvenientes de la intolerancia a la luz solar.
A Angel lo ponen muy nervioso los ruidos extraños y retazos de conversaciones que le llegan de manera intermitente y zumbona a través de los ladrillos los cimientos y del tubo gris de plástico, pero todo sea por ayudar y por impedir que ocurra un desastre.
Básicamente los sonidos se componen de Spike protestando de todo y pegando gritos para que le pongan la tele, le quiten las esposas, lo saquen de la bañera, le desaten las cuerdas porque pican, le compren más cereales, más galletas, más cortezas, café de otra marca y galletas en forma de cerdito, y Giles gruñendo bloody hell y amenazándolo de forma muy cruel pero totalmente comprensible, con clavarle una estaca. A Angel no le gusta el tono libidinoso con el que Giles pronuncia lo de clavársela, pero bueno, puede ser distorsión del PVC. O el acento inglés, que ya es bastante mariquita de por sí.
Angel toma aliento y mientras avanza la tarde y del otro lado del muro le llega la musiquilla zumbona de Pasiones, apoya la improvisada trompetilla contra la pared húmeda y escucha atentamente. Vigilará el tiempo que haga falta. A él no le importa pasar penurias, incomodidades y lo que sea necesario con tal de proteger a los desamparados de los terribles peligros de las sombras, de las acechanzas del mal, de las fuerzas de la oscuridad. Porque cuánto más tiempo controla la casa, más peligroso le parece ese jodido Giles.


Angel se dice una vez más que tiene que marcharse, que su avión está a punto de salir y apenas va a llegar al aeropuerto. Tras echar una última mirada al interior de la casa y asegurarse de que todo está tranquilo, con Giles leyendo en el sofá y Spike a su lado (un poco demasiado cerca) leyendo también y llenando todo de migas de galletas de chocolate, Angel comienza a bajar del árbol. Cuando ya está en el suelo cierra los ojos, cuenta hasta diez, se quita del hombro el mochuelo y lo deposita cuidadosamente en una rama baja lanzándole una mirada asesina. El animalito le dedica un parpadeo amistoso, esperanzado, que Angel se niega a devolverle.
Luego Angel echa a andar a paso rápido aunque algo despatarrado hacia el centro de la ciudad, en busca de un taxi que lo acerque al aeropuerto, mientras rumia por lo bajo contra los vampiros ingleses puñeteros e impertinentes e impredecibles y los vigilantes degenerados y pervertidos también ingleses que los acogen en sus casas con oscuras intenciones.
Todavía sigue rumiando sobre ello cuando el vuelo nocturno despega y se da cuenta de que finalmente no ha ido al hotel, no se ha tomado esa ducha reparadora, no se ha tomado esa copa en su garito preferido, y por encima de todo no ha ido a ver a Buffy como pensaba hacer en su visita de tres días a Sunnydale.
Y que no tiene ni la más remota idea de cómo va a explicárselo, si ella se entera.
Y de que como siempre, desde que el jodido chico entró en su vida, la culpa de todo la tiene Spike.



FIN