Consejos de amor

En torno al spisodio "Superstar"

Jonathan abre la puerta principal, Spike se queda parado en la entrada mirándolo dubitativamente. Jonathan enseguida puede ver que algo no le marcha bien: está decaído, con los hombros abatidos, la cabeza baja, lleva profundas ojeras y un gesto triste en el rostro anguloso.
—¿Qué quieres, Spike?—le pregunta, a bocajarro, alzando la cabeza para mirarlo. Spike duda un momento, luego habla, pero sin la causticidad con que acostumbra a acompañar sus palabras.
—Necesito tu ayuda—dice.
Jonathan disimula la sorpresa con su proverbial autodominio aprendido tras innumerables horas de recitar koanas zen.
—No se si debería ayudarte...eres un muerto maligno.—dice— Pero por otra parte siempre he sospechado que a lo mejor tienes alguna posibilidad de redención.
Spike no dice nada a eso. Jonathan lo estudia en silencio. Ya es muy tarde, pero su labor siempre ha sido Help the helpless y a fe que ese vampiro, con ese abrigo que le viene grande y ese aspecto abatido parece necesitar su ayuda de verdad.
—De acuerdo. Habla—le dice, aunque sin brusquedad. Spike se remueve sobre las botas polvorientas, evidentemente nervioso.
—Es sobre...un asunto amoroso—dice.
Jonathan se queda mirándolo, muy serio. Luego dulcifica el semblante, como comprendiéndolo todo, y asiente con la cabeza.
—Está bien—le dice, franqueándole la entrada—Adelante.

 

Spike entra en la casa. Jonathan lo conduce a un gran salón muy lujoso, lleno de libros y con una gran chimenea encendida. Luego pasa por su lado, hasta llegar a una mesita baja donde sirve con ademanes mesurados dos tazas de té aromatizado con bergamota. Spike acepta la taza con un gracias cohibido. Jonathan le señala los sofás, el vampiro duda un momento, luego toma asiento, en el borde del sofá, sentándose muy recatado. Bebe un sorbo de la taza mientras mira a Jonathan beber también con el dedo meñique extendido amaneradamente. Spike se percata de que su propio dedo pequeño se ha quedado tieso por simpatía como el de un dandy mariquita del XIX y lo recoge, removiéndose nervioso.
—¿Tienes bastante azúcar?—pregunta Jonathan—Te he puesto dos terrones
—Está bien—dice Spike
Beben un rato, silenciosos. Luego dejan los platitos con las tazas sobre la mesa.
—Bueno, pues cuéntame en qué puedo ayudarte—dice Jonathan al fin, mirándolo con interés.
—Spike toma aliento.
—Yo...creo que me he enamorado.—murmura
—Comprendo—dice Jonathan
—Creía que nos odiábamos. Pero en realidad no logro pensar en otra cosa..—Spike toma aliento de nuevo— Es...alguien de tu grupo.
Jonathan lo mira, seriamente. Luego lo mira a los ojos.
—Pues... no diré que me sorprenda, Spike.
—¿Te... habías dado cuenta? – pregunta el vampiro, boquiabierto. Jonathan asiente con la cabeza
—Era bastante evidente
Spike esboza una sonrisita cohibida, junta más las rodillas.
—Imagino que para ti sí—murmura, admirativo
—Bueno, mis capacidades de observación son mucho mayores que la media, es cierto—dice Jonathan—Pero en realidad es que saltaba a la vista.
—Oh
—Esa manera de...odiaros tan...intensa.
—Oh
—Esas miradas de reojo... encendidas de pasión
Oh
—Estaba ¿cómo decirlo? Cantado.
Spike deja salir el aire que había estado conteniendo.
—Bueno pues...si ya lo sabes...yo...
Jonathan se recuesta en el sofá, mira fijamente al vampiro, invitándolo a hablar. Spike toma aliento.
—Yo....le he escrito un...poema de amor. Iba a escribirle algo épico, ya sabes, de ocho mil versos, pero me ha parecido un poco extenso que a lo mejor se aburriría o algo y al final le he escrito un soneto shakesperiano, aunque nunca me he sentido muy cómodo con el final en pareado y ...
—Tranquilo, Spike. Seguro que es estupendo. El soneto inglés es una composición muy elegante. Lo  sabrá apreciar.
Spike mira a Jonathan, quizás esperando ver algún atisbo de burla en su semblante, pero sólo encuentra una paternal, casi eclesiástica comprensión en el rostro pulcramente afeitado del joven, y un sincero interés en sus ojos azules.
—¿Tú crees?—pregunta, en voz baja— ¿No le parecerá...cursi?
Jonathan niega con la cabeza
—Estoy seguro de que no.
Spike suspira, hondamente, visiblemente nervioso. Entonces Jonathan se inclina un poco hacia él, entrecruzando los dedos entre las rodillas para hablarle de manera más confidencial.
—Esta...persona también ha venido a hablarme de ti, William.
—S...¿si?
—Si. Siente un gran...interés romántico por ti.
—¿Sí?
—Un interés decididamente amoroso.
Oh
—Me ha pedido que interceda en su favor.
—Oh...Dios ¿De verdad? ¿Entonces...?
El joven moreno asiente con la cabeza.
—No te preocupes. Tú también le gustas.–le dice
—No pensaba... como siempre me está pegando.
—Lo he oído de sus propios labios.
—Dios...—Spike lo mira, emocionado—¿Y qué me aconsejas que haga?
—Simplemente ve y díselo—Jonathan se inclina más hacia Spike y le pone la mano en el hombro, amablemente— Mira, si te da corte, simplemente ve a ese pub donde suele tocar la guitarra los sábados por la noche y espéralo a la salida.
Spike lo mira, muy serio, ojos muy grandes.
—No se...trata de Giles.—musita. Jonathan lo mira, extrañado.
—¿Ah, no?
—No.
—Vaya, pensé...como siempre os miráis de ese modo lascivo. Si me permites la observación.
—No jodas—murmura Spike.
—¿De verdad que no...?
—Que no.
—Estas...cosas pasan. No es nada de lo que avergonzarse.
—Que no es Giles
Jonathan lo mira, parpadeando.
—Está bien. ¿Y no le has...notado nada?
—No.
—Bueno.
Spike sigue mirándolo, con los ojos muy abiertos
—Dime que Giles no ha venido a pedirte consejo sobre cómo ligar conmigo
—Bien... se trata de algo confidencial, no voy a hablarte de ello.
—Oh Dios....—Spike cierra los ojos, los abre—Mira, olvidemos las...fantasías pervertidas de Giles. Se trata de la Cazadora. De Betty.
Jonathan se endereza en el sofá, parpadea.
—Buffy. Se llama Buffy.
—Esa, sí. La rubia.—dice Spike, luego suspira hondamente—Dios, no hago más que pensar en su estúpido pelo de champú.
Jonathan asiente con la cabeza, como valorando la situación. Luego se levanta, y del mueble bar saca una botella de Glennlivet de 12 años que descorcha, y con la que sirve dos vasos bajos, labrados, sin hielo. Regresa junto a Spike, le tiende el vaso.
—La situación es grave—dice.
—Creo que sí—dice Spike, aceptando el whisky. Beben los dos en silencio, pensativos.
—¿Y sabes lo que siente ella?—inquiere Jonathan.
—Bueno, está claro que atracción por mi cuerpo frío y musculoso—dice Spike, con tristeza—Les pasa a las cazadoras, no pueden evitarlo.
—Y aparte de...esa pasión física por tu cuerpo innegablemente atractivo—dice Jonathan—¿sabes si siente algo más?
—Sí—dice Spike, y suspira hondamente—Me odia.
Jonathan asiente de nuevo.
—La situación es seria—dice.
Spike hace un puchero. Luego se bebe el whisky de golpe y se levanta. Jonathan se levanta también.
—Ayúdame, Jonathan, estoy desesperado—murmura Spike, en voz baja.—¿Le...darás el poema a Betty?
—A Buffy.
—Sí, eso—Spike lo mira, angustiado, Jonathan asiente, muy serio, mirando hacia arriba.
—Por supuesto que se lo daré—dice— Yo nunca me niego a ayudar a alguien que sufre en los embates del amor.
Spike hace otro puchero tembloroso, los ojos se le llenan de lágrimas de emoción, toma aliento trabajosamente.

—Gracias, Jonathan. Eres un amigo—dice, con la voz entrecortada. Luego se echa contra el joven y se le abraza. Jonathan le da unas palmadas viriles, consoladoras en la espalda, hasta que se calma.


Jonathan sale a despedirlo a la puerta de la casa. Le repite que entregará el poema, y Spike vuelve a darle las gracias. Es muy avanzada la noche y todo está muy silencioso.
—Y si te...sale mal. —dice Jonathan, cogiéndole amistosamente del brazo—No te desanimes. El mundo no se acaba porque tengas un pequeño fracaso ¿de acuerdo?
—Bueno—dice Spike, sonríe tímidamente. Gracias
— La no vida no se termina con Buffy Summers.
—Sí...vale. De acuerdo.
—Recuerda que siempre te queda la otra opción.
Spike parpadea, ojos muy grandes.
—¿Cual?
Jonathan le sonríe afablemente y desliza entre sus dedos un papelito doblado. Spike lo desdobla y se encuentra mirando, serio, alucinando, un poema de ardiente amor firmado por Rupert Giles.
Jonathan le da unas palmaditas en el hombro.
—El sofá y los brazos del Vigilante te están esperando— le dice

 


Epílogo

Spike entra en su cripta con la cabeza llena de confusión y el corazón de emociones encontradas. Todavía está en ello cuando el hechizo de magnificación se desvanece, como una sacudida de luz y de sombras que lo tambalean, dejándole la sensación de haber sido golpeado en el estómago y luego una fuerte náusea. Pasa un rato apoyado contra la pared de la cripta, sin saber muy bien ni cómo se llama, ni si es de día o de noche, ni que demonios andaba haciendo. Luego, sacude la cabeza e intenta concentrarse y da unos pasos dubitativos por el suelo polvoriento. Tarda todavía u rato en comprender qué es lo que ha pasado, y otro más largo en pasar más o menos revista a la situación y al final suspira, comprobando que no ha sido tan terrible esta vez, y que al menos no ha ocurrido nada muy grave.
Busca a tientas el paquete de cigarrillos en el bolsillo de los vaqueros y mientras lo enciende, ve caer un papel doblado.
Spike se queda mirando de reojo el papelito, con los ojos muy grandes.

 

 

FIN