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A New  Man

Tras el capítulo 4X12 A New man

Casa de Giles
Cocina


Giles se prepara una segunda taza de té. Todavía tiene el estómago un poco descompuesto a causa de la endemoniada borrachera que cogió hace un par de noches. Endemoniada literalmente, claro. Por culpa de Ethan Rayne.
Gruñe una palabrota por lo bajo mientras se echa los terrones de azúcar a la taza y les da vueltas, sin prestar mucha atención a lo que hace. Casi toda esa noche permanece en una bruma densa, impenetrable por el alcohol.
Por ejemplo, no recuerda muy bien haber salido del último local. Sí recuerda ir caminando por la calle, tambaleante, apoyado contra Ethan. ¿O era Ethan contra él? Probablemente los dos necesitaban apoyarse en el hombro de alguien. Ya no tienen años para estos excesos.
Giles echa un trago de su té, fuerte y dulce, reconfortante.
Tampoco recuerda cómo demonios logró llegar a casa (posiblemente también tambaleándose) y mucho menos cómo logró subir las escaleras del dormitorio. Quizás de nuevo apoyado contra Ethan, que también llevaba lo suyo.
Menea la cabeza. ¿Cuándo le haría Ethan el conjuro? Convertir a un ser humano en demonio feoral no es cosa de un pase y dos polvos –se distrae un poco al pensar esto último, y se quita y se pone las gafas, azorado- sino algo bastante más complejo. Ethan siempre ha sido un... excelente brujo, mal que le pese reconocerlo. Maligno, y del lado de Caos, pero excelente. Pero aún así, necesitaría un poco de tiempo.
Bien, pudo ser entre el primer polvo y el segundo, después de todo, suspira Giles. Cuando él bajó a la cocina a por... algo de fumar. No encontraba la maldita marihuana entre los tarros de hinojo y laurel del armario de las especias. A causa de la borrachera, claro, porque la tiene perfectamente etiquetada en un bote que pone “milenrama”.
Giles suspira de nuevo, mirando la taza de té. Estaba muy borracho esa noche. Pero... por Dios, qué... polvazos. Al menos le queda el consuelo de que ese remilgado de Ethan Rayne no va a poder sentarse en una semana.



Salón

La puerta del apartamento se abre de súbito, sobresaltando a Giles, que casi derrama lo que le queda del té. Ya ha anochecido, y desde luego no esperaba a nadie.
Es Spike. Giles parpadea incrédulo mientras el vampiro se apoya un momento contra la puerta, pelo platino más o menos hacia atrás, el abrigo de cuero, manos en los bolsillos. Luego entra, mirando a su alrededor.
—Hola—dice— ¿Qué, sigues siendo humano?
—Pues...—murmura Giles, dejando la taza sobre la mesita. Spike mira de nuevo a su alrededor.
—Ha estado Buffy—dice. Giles se cruza de brazos.
—Aparte de... olfatear a mi Cazadora—parpadea—. Lo que es francamente perturbador. ¿Qué se te ha perdido por aquí, Spike?
—Bueno, me debes pasta—dice Spike. Giles deja caer los brazos a los costados.
—Te la daré mañana, no he ido a por dinero.
—Bien. Pero que no se te olvide—gruñe Spike. No obstante, no se marcha, sino que camina por el salón. Coge un libro de encima de la mesa auxiliar, le mira el título, lo deja. Pasa los dedos por el teléfono nuevo.
—También venía a devolverte esto— dice, y le tiende a Giles las llaves del Citröen. Del coche que ha terminado en el desguace municipal de Sunnydale, California.
Giles lo mira fijamente.
—Eres un...—comienza.
—Son tuyas ¿no?—dice Spike, vuelve a tenderle las llaves—. Oye, fue idea tuya huir con tu coche. Si hubieras querido, yo podría haber robado uno.
—Dios mío.
Spike lo mira, de reojo.
—Seguramente tú también. Ripper.
Giles se quitas las gafas, hace un gesto con ellas hacia Spike.
—Bueno, con esas manos de demonio feoral habría sido muy complic...— el vigilante abre mucho los ojos—. ¡Claro que no!—exclama. Spike saca un poco la lengua. Sonríe, pestañeando.
—Puedo darme una ducha?—pregunta.
Giles parpadea también, pillado en fuera de juego.
—QUÉ— alcanza a gemir.
—Eh, me has interrumpido mis tareas e impedido encontrar una vivienda adecuada. Me debes algo.
Giles lo mira, atónito.
—Me has... roto el coche—dice.
—Pero si era una mierda de coche—dice Spike.
—¡ME HAS ROTO EL COCHE!
—Si pero por tu culpa, me incitabas a correr—. Spike hace un puchero resentido—. Eres una mala influencia, Rupert.
Giles no puede ni decir nada a eso. Spike pasa por su lado muy digno, hacia las escaleras del dormitorio.

 

Dormitorio

Giles parpadea alucinado desde el centro de su habitación, mientras se sube mejor las gafas.
—Ciérrate la puerta de la ducha, maldito—dice.
Spike resopla una palabrota que no se entiende por el ruido del agua. Giles se vuelve para otro lado. Spike no se refleja en el espejo sobre la cómoda. Porque es un vampiro, claro. Aunque no es que Giles esté mirando, no tiene interés en mirar su perfecta espalda masculina, o ese.... culo redondo y musculoso. Ese...ombligo intolerablemente incitante sobre los abdominales suavemente marcados. El modo cómo se pasa las manos por el pecho, enjabonándose sensualmente.
No es normal que alguien se enjabone de ese modo, ese maldito lo tiene que hacer a posta, es un provocador.
La ducha se cierra. Giles deja salir el aire que ha estado conteniendo sin saber muy bien por qué. Spike sale al poco, con el pelo mojado hecho un revuelto de rizos rubios, los vaqueros medio abrochados, las botas militares. Lleva un aparatoso morado en el pecho, hacia el costado.
—¿Qué es eso?—pregunta Giles, un poco por disimular la turbación. Spike se mira a sí mismo, encoge los hombros.
—Me clavé el volante del coche cuando choqué contra esa pared.
—Oh—Giles frunce el ceño—. Tendrías que haberte puesto el cinturón.
—¿Qué dices? Yo no llevo de eso, soy malo ¿recuerdas?
Giles menea la cabeza.
—¿Quieres que te ponga algo?
Spike lo mira, de reojo. Ojos muy grandes. Niega con la cabeza.
—Estoy bien—murmura.
Giles no dice nada. Entra al baño y recoge la toalla que Spike ha dejado tirada –el vampiro le repite que es malo, desde el dormitorio, y que no recoge las toallas mojadas- y la echa al cesto de ropa para lavar.

 

Salón

—Bueno ¿quién era esa tía a la que has perseguido, alguna ex que te ha puesto los cuernos?—pregunta Spike, burlonamente—. Aparte de los que tenías no metafóricos, quiero decir.
—No...¡No, por Dios!—jadea Giles—Es una...impresentable y una grosera. Y creo... no, estoy convencido de que es malvada.
—Oh—Spike se recuesta en el sofá, mano en el estómago. Una cerveza de la nevera de Giles en la otra—. Las chicas malas suelen ser... interesantes. O sea en la cama, ya me entiendes.
—¡No es ninguna ex! Sólo una... profesora de... Buffy absolutamente maleducada e insoportable— Giles menea la cabeza—. Es además... la jefa de ese Riley, de los comandos de la Iniciativa.
Spike frunce el ceño, bebe furiosamente de su lata de cerveza.
—Entonces hiciste bien en darle un susto. ¡Le tenías que haber mordido!
—Bueno...
—¡Haberle echado un moco!
—¡Dios mío!—gime Giles, horrorizado. Spike parpadea.
—Uno de esos de... cemento paralizantes de feoral— aclara. Giles deja salir el aire, algo aliviado. Luego se levanta, va a la mesita del fondo y se pone un whisky corto. Se sienta en el sillón, frente a Spike.
—Dijo que estaba claro que Buffy carecía de... Que yo era una... figura masculina ausente—murmura.
—¡Joder! ¡Será zorra! —dice Spike—. Esa tía no sabe de lo que habla. Además, tú eres un tío muy... masculino.
Giles se ahueca sin poder evitarlo.
—Oh. ¿Sí?
—Ya lo creo. Eso es innegable.
—Oh. Vaya.
—Puedoquedarmeadormir.
Giles cierra los ojos, los abre. Se lleva las manos a la frente.
—Pero qué... rastrero puedes llegar a ser, Spike— murmura.
—Sí, es verdad. Lo reconozco—suspira Spike—. ¿Pero puedo? Me jodiste la noche yendo de aquí para allá y no he encontrado ninguna cripta decente.
Giles suspira hondo.
—Yo vi una cripta bastante buena en el cementerio—dice—. Ya te diré donde era.
—Estupendo—asiente Spike—Espero que tenga vistas. Y que esté cerca del tendido eléctrico, no quiero tener que echar demasiado cableado.
—¡Encima con exigencias!—parpadea Giles. Spike se muerde el labio, divertido.
—¿Pero puedo quedarme?—dice poniendo un morrito. Giles alza los ojos al cielo.
—Está bien.
—De verdad eres masculino. Y atractivo y esas cosas.
—Spike...
—Es que algunas mujeres no saben distinguir un hombre de verdad cuando lo tienen cerca—dice Spike—. Como Buffy, por ejemplo. Tiene un gusto pésimo con los novios. A quién se le ocurre liarse con ese... Actionman, es casi tan cabezón como Angel.
—Oh.
—Podría aspirar a más ¿no crees?
—Pues...
—Podría buscarse... un hombre de verdad. Con experiencia, para empezar. Y con siniestro atractivo.
Giles lo mira, incrédulo. Incrédulo porque no quiere creerse lo que está oyendo, y que encaja, más tristememente que otra cosa, con lo que viene sospechando hace tiempo acerca de Spike y Buffy.
Spike malinterpreta su mirada y saca del bolsillo de los vaqueros un llavero de cuero, que le tiende.
—¿Quieres las llaves del desastre total o no? Digo del Citröen
—¡No me lo recuerdes o duermes en el patio!—exclama Giles—.Y ya verás cuando amanezca.
Spike encoge los hombros, deja las llaves por ahí, la cerveza vacía, y luego se tumba en el sofá, ahuecando los cojines.
—Joder qué genio—murmura por lo bajo. Giles no le contesta.



Dormitorio

Giles apenas ha comenzado a dormirse cuando por supuesto Spike le aparece en el dormitorio. Una figura delgada recortándose en el hueco de la puerta que permanece quieta un momento, como habituándose a la penumbra, y luego se acerca a la cama.
—Qué... haces aquí Spike—murmura Giles. Spike pone un puchero, visible a la escasa luz que entra por la ventana entreabierta.
—No quiero dormir en ese sofá desvencijado. Además abajo hace frío.
Giles no dice nada mientras Spike se quita los pantalones y se cuela en el otro lado de la cama. Tibio, fragante a gel de ducha, tan guapo con ese pelo revuelto.
Y...desnudo. Oh dear god.
Tiene que ser por lo de...Ethan. Hacía mucho tiempo que no tenía pensamientos de esa...clase. Ethan Rayne ha pasado una vez más por su tranquila nueva vida –tranquila al menos en algunos sentidos- revolviéndolo todo. Haciendo salir sus más... bajos instintos. Haciéndolo recordar los viejos tiempos.
Haciéndole desearlos de nuevo.
—¿Dormiste solo anoche?—pregunta Spike, en voz baja. Giles contiene el aliento, sobresaltado. Ha cambiado las sábanas esa mañana, por supuesto, pero aún así... ese maldito Spike posiblemente puede sentir algo. Los vampiros notan esas cosas. Pueden olerlas.
—Spike... duérmete—le dice.
—Vale—dice Spike. Giles se da la vuelta. Pero puede sentir los ojos de Spike clavados en la nuca— ¿Es ese tío amigo tuyo que íbamos buscando?
—¡No es asunto tuyo!—gruñe Giles. Spike no contesta. Al cabo de un rato Giles siente que se pega a él, buscando su calor. Puede sentir sus muslos duros contra los suyos, su pecho contra la espalda, el pómulo anguloso contra la nuca. Algunas otras cosas que no quiere imaginar.
Un momento más tarde Spike ya está dormido. Se pega todavía más a Giles. Parece muy a gusto, y seguro que un momento a otro le va a llenar de babas el pijama de seda. Lo que será el final ideal para esos días endemoniados.
Giles está a punto de meterle un codazo para que se aparte, pero por alguna razón que no quiere investigar demasiado, no se decide a hacerlo.

 

FIN