Viejos amigos

Inmediatamente al final de In the Dark

Cordelia abre la puerta, gruñendo porque el suelo desigual del descansillo le estropea los tacones, entra en el sótano de Angel que se niega a llamar apartamento porque no tiene vistas, cierra tras de sí.
—Angel, dónde te has metido, llevas tres días sin aparecer por la oficina, no coges el teléfono, la correspondencia te llega hasta el techo y no pienso molestarme en...
—Hola, Cordelia—dice Spike, Cordelia cierra la boca, lo mira, alucinada
—Spike—la joven da un paso atrás, entrecierra los ojos, lo mira despectivamente en su mejor cara de arpía—Qué haces aquí.
—Nada—dice Spike, se remueve, inquieto.
—Bien—dice Cordelia, apuntándolo con el dedo—Espero que ya se te haya pasado esa tontera de querer matarnos.
—Eh...sí—murmura Spike, baja un poco la cabeza.
—Mejor, porque llevo una estaca en el bolso y agua bendita y todo lo que tiene que llevar una chica para protegerse.
—Oh—murmura Spike.
—De los...vampiros—añade Cordelia, se acerca, un poco—No estás en Sunnydale, aquí no puedes ir haciendo el gamberro y asaltando institutos como un delincuente. Hay...policía de verdad y además está...Angel Investigaciones.
—No me jodas—suspira Spike, Cordelia cruza los brazos, lo mira fijamente.
—Llevas un...pijama...y...de...animalitos, qué espanto.
—Bueno, sí.
—Es...horroroso.
—Si, bueno, ya—Spike se remueve de nuevo, toma aliento—Es de Angel. ¿Qué te puedes esperar de alguien como él?
—Sí, pero hasta ahora creía...que sabía vestir—suspira—Un tanto...gay, pero...
—Y...qué te trae por aquí, buscas al capullo de Angel—suspira Spike
—Pues...sí, en realidad. ¿No está?
—No sé cuándo se ha ido—gruñe Spike—ya lo conoces...siempre haciéndose el misterioso, menudo plasta. ¿No puede hacer ruido al levantarse como todo el mundo?
Cordelia camina por la sala, mira de nuevo al vampiro, parpadea.
—¿Has dormido aquí?
—No—gime Spike.
—Oh—Cordelia mira de reojo hacia la cama, a Spike de nuevo
—Bueno, sí, en el sofá—murmura Spike.
—¿Y Angel se ha...ido dejando la cama deshecha y las sábanas revueltas?
—No sé ¿Sí?
—Odia las sábanas revueltas, monta un drama si el cobertor le cuelga de una esquina.
—Dios, qué pedazo de gay—gruñe Spike.
—¿Qué?
—Nada, que Angel es un plasta.
Cordelia se queda un momento callada, pensativa. Bueno, la situación es un...tanto extraña, ella ahí en el sótano mugriento de un vampiro y...hablando con otro que además es un...macarra impresentable, y seguro que hasta se droga, pero educación ante todo, aunque sea con el populacho. Sin pasarse, por supuesto, ni darles...confianzas, pero...educación.
Y demostrar de paso quién es la señora de la casa, aunque sea un tugurio.
—¿Quieres café?—dice.
—S..sí, gracias—musita Spike, la sigue con la mirada volviendo la cabeza a su paso. Cordelia camina los escasos metros con sus mejores andares del modelo de pasarela, esos que hacen resaltar sus nalgas y que le costó tanto aprender con los malditos tacones.
Prepara el café, pone dos tazas, las sirve, parpadea mirando de reojo las cervezas vacías que se amontonan por la cocina, las cajas de bombones medio vacías, los ceniceros llenos.
—¡Pero bueno, se ha corrido una juerga!—gruñe, indignada— ¡Por favor! ¡Se supone que tiene que ser amargado y aburrido o estamos en peligro!
—No te preocupes, la...ultima vez que lo he visto tenia la misma expresión de cara, esa que tiene desde hace cien años—la tranquiliza Spike
—Uf, menos mal—suspira Cordelia.
—Es todo mío, bueno, casi todo—dice Spike.
Cordelia lo mira como si tuviera delante algún tipo de animal muerto repugnante, dejando claro lo que opina de los vampiros borrachos y viciosos,  luego  le pone dos terrones en la taza y le dedica una sonrisa reluciente.
—Y...¿has venido a...fastidiar a Angel?
—Bueno, sí.
—Y ¿estabas en Sunnydale?
—Sí.
—Y...¿cómo esta Xander?
—Gordo.
Cordelia parpadea, un par de veces.
—Me alegro—gruñe—Quiero decir...¿está bien?
—No lo sé, francamente espero que no.
Cordelia menea la cabeza, muy seria.
—No se como pude salir con él.
—Bueno, a veces...hacemos cosas incomprensibles. Nos...pasa a todo el mundo—intenta consolarla Spike, Cordelia suspira hondo.
—Sí pero tanto...No hay un perdedor más perdedor en el mundo que ese Harris. Es...es...
—Gilipollas—dice Spike, le sonríe —Excepto en su gusto por las mujeres, claro.
—Oh...gracias.
—Vamos...era como lo de la princesa y el sapo...pero sin convertirlo en príncipe.
Cordelia ríe, se echa el pelo impecable y recién arreglado hacia atrás, mientras repasa con la mirada a Spike, su pecho desnudo, la curva del hombro cuando levanta la taza de café para beber un sorbo
—Estás muy guapa—dice Spike—Esa blusa te queda estupendamente
—Gracias—sonríe Cordelia, incapaz de resistirse a los halagos—Me viene...un poco pequeña.
—Ya me he dado cuenta—dice Spike, sonriendo, Cordelia se sofoca un poco, qué cara de...pervertido por Dios
—Tú también estás...bastante bien para ser un vampiro asesino. Salvo ese pelo punkarras horroroso, claro.
—Gracias—sonríe Spike, Cordelia frunce la nariz en una mueca de asco
—Y las...uñas negras, que eso ya no tiene nombre.
Spike la mira, de soslayo, se levanta, sirve otras dos tazas de café, Cordelia lo vigila por el rabillo del ojo. Cómo le sienta ese...horrible pantalón de animalitos, tiene un buen culo, desde luego...no parecía estar tan bueno con esa ropa desastrosa que lleva siempre. Y los abdominales...uf...hace años que no ve...no, realmente nunca ha visto unos abdominales tan marcados tan de cerca. Y...el resto, qué...barbaridad. Desde luego se le podía...hacer un favor si no fuera un vampiro repugnante. Varios favores, en realidad. Se desabrocha un par de botones de la blusa porque de repente hace demasiado calor en ese sótano, y es curioso porque siempre le ha parecido frío.
—¿Y...vas a darte una vuelta a conocer la ciudad o has venido sólo a cometer fechorías?—le pregunta.
—Bueno, a lo segundo, como soy malo, no como Angel que es un plasta aburrido y no es un auténtico vampiro.
—Claro—dice Cordelia, se acerca un poco más en la mesa, Spike tiene unas manos fuertes, masculinas, huele a gel de ducha y...huele muy bien, desde luego, En otro tiempo ni habría mirado a un bicho con la pintas de Spike, sólo se habría acercado a él para decirle que se cambiara de pelo porque daba pena. Dios, cómo ha decaído su estilo en LA, siente lástima de sí misma. Claro que...tampoco lo había visto...casi desnudo. Puede pasarle a cualquier chica de casa bien, no es culpa suya si el muy asqueroso está...tan bueno. Con esa...ceja partida tan sexy y esa...barbillita.
Spike la mira, de reojo, tiene los ojos azules, muy bonitos.
—Y...¿sigues con esa pirada de Drusilla?—pregunta Cordelia.
—No—musita Spike, baja un poco la cabeza, Cordelia jura para sus adentros, mandamiento numero dos, nunca entristecer a un tío o correrás el riesgo de que no te crea superficial. Cambia de tema rápidamente.
—Y ¿vas a volverte a Sunnydale?
—Creo que sí.
—Podrías morderle el culo a Xander.
—Qu...qué—jadea Spike, arquea las cejas—Ah, en sentido...figurado, claro.
—Claro.
—Porque me da asco solo de pensarlo.
—Oh...sí, da...bastante. No sé como pude...estar con él.
—El amor es una gran putada—suspira Spike.
—Sí—Cordelia suspira también. Dan vueltas a los cafés con sus cucharillas, beben un sorbo, casi a la vez, suspiran de nuevo. Cordelia se queda mirando de soslayo a Spike, sus hombros musculosos, esos brazos, esa tripita tan dura que el pantalón bajo deja ver por completo. Si el pijama se le bajara un centímetro más podría...echar una ojeada a ese culo tan redondito...traga saliva y otro sorbo de café. Tiene un ombligo para comer nata en él, qué bueno está el muy maldito.
—¿Haces gimnasia?—pregunta, parpadeando, Spike la mira, algo incómodo, niega con la cabeza. Cordelia le regala la mejor de sus sonrisas del reina del baile de Sunnydale. El vampiro coge su taza de café y se la toma, muy calladito. Cordelia se levanta, da una vuelta por la sala, luciendo sus tobillos y sus piernas espera, ordena un cojín, la cama más o menos porque por favor cómo puede estar tan revuelta, ni que hubiera pasado por ella una manada de búfalos, pone derecho ese cuadro tan cursi que Angel tiene como si fuera del maldito Louvre, luego regresa junto a Spike y se sienta de nuevo a su lado.
—Cómo puede tener tantas antiguallas, qué horror, no hacen mas que coger polvo.
—A mi el polvo me gusta—la mira—Es tétrico y eso.
—Oh...bueno, claro, estarás acostumbrado a los tugurios más asquerosos, si no hay más que verte.
—Eh...sí—Spike entrecierra los ojos, empieza a entender la expresión la zorra de Cordelia.—Y qué tal jefe es Angel.
—Bueno...no me quejo. No le grita a nadie y no...bueno, en realidad casi no habla.
—¿Y tiene...un despacho y todo eso?
—Pues sí—dice Cordelia, encoge los hombros—Pero pequeño, de momento.
—¿Te gusta?
—¿Qué...?
—Trabajar para Angel.
—Oh...bueno, es por una buena causa y...Sí.—se inclina hacia Spike, con el escote bien por delante, Spike se echa un poco hacia atrás involuntariamente—Y tú...¿no has pensado...en hacer algo de provecho como volverte bueno y quedarte en LA?
—Dios—jadea Spike—¿Como vosotros? Ni se me va a ocurrir. Nunca me juntaría con gente buena y que lucha contra el mal y esa mierda, joder, menudo rollo. Como esa...pesada de Buffy, qué se ha creído, es una zorra y además, ¿por qué me sacude siempre? Bueno...he intentado...matarla un poco pero ese no es motivo para tenerme manía ¿no? y además ¿no te parece que lleva un pelo estúpido?
—Pues...sí, los reflejos rubios no se llevan desde hace siglos.
—Y esos...amigos que tiene por favor, son lo más patético que he visto en cien años.
—Sí, esa...espantosa Willow...inteligente, con ese novio...guitarrista. y Xander, claro. Para ése ya no hay calificativos.
—Bueno, sí, gilipollas. —gruñe Spike—Uf...son una panda de frikis.
—¡Es que son a cada cual peor! Willow, por ejemplo.
—¿La...inteligente?
—Sí, ésa—lo mira, entrecierra los ojos, Spike parpadea, la imagen de la inocencia— Willow...estaba enrollándose con mi novio.
—Joder ¿si?
—Esa...mosquita muerta.
—¿Cuándo?
—En esa fábrica, si la...secuestraste tú, pedazo de...pirado—lo mira, ceñuda— No sé que pudo pasarle mientras estaba contigo.
—Ouh—murmura Spike, se remueve, nervioso—. Pues no sé.
— Parecía tonta y hay que ver...como metía mano.
—Dios, sí—suspira Spike.
—¿Qué?
—Nada, que si, que esas con pinta de inocentes son las peores.
—Pues sí. Por lo menos si es una zorra ladrona de novios, que tenga la decencia de parecerlo.
—Desde luego.
—Son todos ...unos impresentables.
—Sí. Sobre todo Buffy. Es...flacucha y...y...vulgar y poco atractiva. Su madre está diez veces más buena que ella, no se por qué se lo cree tanto y va de...estirada y de estrecha.
—Desde luego. Y ese..Giles, ¿no es demasiado viejo para andar siguiendo mocosos inútiles? Debería de tener...un oficio o algo. O dinero, al menos.
—Y es inglés—dice Spike—Los ingleses no son de fiar.
—Y los...libros ¿qué se puede aprender de bueno entre tantos libros? Y es un...estirado.
—Dios, si, es como Mary Poppins—la mira—No me extrañaría...ya sabes. Que le fuera ese rollo
—¿Cuál?—Cordelia se inclina hacia él, muy cerca.
—Ya...sabes—susurra Spike en tono de confidencia—Eso de las...institutrices y las fustas.
—Ooooohhhhh...—gime Cordelia—Dios mío...pues ahora que lo comentas...tiene  toda la pinta.
—Ya te digo—asiente Spike
—¿Otro café?—pregunta Cordelia.
— Sí—Spike le sonríe—Gracias.
La joven prepara otras dos tazas, Spike mirándola de reojo. Las deja en la mesa, el vampiro rubio le sonríe de nuevo, da un sorbo. Cordelia se sienta al su lado.
—Nunca he visto instituto más lleno de perdedores que el de Sunnydale—suspira, Spike asiente con la cabeza—¿Te acuerdas de Harmony? Dios mío que boba...imitadora y tonta, por favor que poca clase tenía.
—Eh...bueno, un poco boba si que es.
—Es tonta perdida. Copiaba...bueno, pretendía copiar mi estilo...hasta mi estilo con los hombres. Ya sabes. Dominarlos.
—Pues...creo que no le ha salido—dice Spike.
—Claro que no, y además...si no ha tenido novio en la vida. ¿A que descerebrado le iba a gustar?
—Bien, tiene buenas...eh...ya sabes.
—Oh...—parpadea Cordelia—Pues lleva dos tallas menos que yo.
—Y dos mas que Buffy seguro. Dios, esa Cazadora, qué se ha creído, no está buena para nada. Y hay que ser tonta para liarse con...Angel. Con ese pelo...estúpido.
—¿Angel?
—No, Buffy—se queda un momento, pensativo—Bueno, los dos, es igual
—Oh...claro.
—Joder, si Angel es como el jodido batman, menudo rollo, sólo le faltan los leotardos
—Sí. Aunque después de ver ese pijama no me extrañaría que tuviera
—Siempre poniendo cara de héroe y salvando tías moviendo el culo como un maricón, joder, no puede ser más penoso. ¿Y...has visto los discos que tiene? Bloody hell, qué colección más cutre.
—Y...tiene libros en...en...francés. Para qué sirven ¿para leerlos intentando parecer interesante? ¡Seguro que son de guarrerías que no debería leer!
—Y...Buffy no me...gusta nada y la odio y es...imbécil y...no se por qué tiene que sacudirme en cuanto me ve la muy zorra ¿te he dicho lo del pelo estúpido de anuncio de champú?
Cordelia lo mira, alucinada.
—¿Estábamos hablando de Buffy?
—No sé—Spike la mira con unos ojos enormes—¿No?
Cordelia se encoge de hombros, suspira hondamente.
—De todos modos tampoco sé que hago aquí realmente, con...ese pesado de Angel. ¡Si está siempre con la misma expresión de cara! Es...aburrido y...torpe y..y..¡no me interesa si me mira o no!
—Si, pues Buffy es...es...tonta y también me importa una mierda si piensa que soy una cosa asquerosa sin alma y...me da igual porque no pienso preocuparme de lo que diga, porque es una estrecha y una  aburrida y no le haría caso ni aunque se arrastrara delante mío gimiendo de rodillas y...eh...
—Angel es aburrido, mojigato, soso, y no se qué le ven de guapo de verdad y...y...
—Y tonta, Dios, más le valía ser menos estrecha y disfrutar un poco de la vida, joder, y buscarse un tío de verdad que...
Se quedan los dos callados, de repente. Cordelia mira a Spike, Spike a ella. Se quedan mirándose, con los ojos muy abiertos los dos
—A ti te gusta Buffy—susurra ella, horrorizada.
—Y a ti ¿Angel?—jadea Spike.
—¡No!—gime Cordelia.
—¡Dios, no!—gime Spike, niega con la cabeza, se miran de nuevo.
—Oh Dios mío—dice la joven.
—Dios, joder, no—susurra Spike.
Se quedan los dos callados de nuevo, mirándose. Escuchando el ruido del ascensor en el descansillo. El murmullo de los pasos de la gente el edificio. El tic tac del reloj de la cocina.
—Bueno, pues...me marcho ya—dice Cordelia levantándose, Spike se levanta también.
—Sí,  yo me iré enseguida también.
—Adiós.
—Adiós.
Cordelia se apresura hacia la puerta, sin volverse. Spike la mira salir, cerrar la puerta, se remueve un momento, molesto, luego va dejando las tazas vacías en el fregadero.

 

 

Angel está muy nervioso. Tanto que hasta camina hace rato yendo y viniendo por la habitación. Spike lo pone muy nervioso. Hablando, callado, mirándolo y sin mirarlo. Estando cerca ya lo pone de los nervios. Y todavía...siente esa extraña tristeza, esa resaca que le ha dejado su...visita. Haberlo tenido de nuevo, en su cama. Haberlo sentido de nuevo. Hace ya unos días y el apartamento todavía conserva un leve aroma a su cuerpo que no le deja dormir.
Pero no imaginaba que  Cordelia lo fuera a ver allí, desde luego.
Se remueve de nuevo, da vueltas a la taza de sangre entre las enormes manos, bebe un sorbo, se apoya en la mesa del despacho.
—De...qué hablasteis—musita al fin, Cordelia encoge los hombros
—Quién.
—Tú y...Spike. Cuando...lo viste en mi apartamento.
—Oh. De nada, de los viejos amigos de Sunnydale.
Angel se queda un rato callado, pensativo.
—Spike no tiene amigos en Sunnydale.
—Oh...bueno, pues enemigos, si es casi lo mismo.
—Por qué no me extraña oírte eso.
—Y de tu decoración y esos...espantosos trastos viejos que tienes y todo negro, los sillones negros, ufff.
—Es que vosotros no podéis entender una depurada decoración minimalista con toques clásicos—protesta Angel.
—Desde luego que no—gruñe Cordelia—A ver quién normal entiende eso
Angel alza los ojos al cielo, respira hondo. Cordelia se inclina un poco hacia él.
—No me habías dicho que Spike tuviera ese cuerpo—suspira —Engaña con la ropa puesta, está...bien bueno.
—Agh—jadea Angel, frunce el ceño—No sé de qué me hablas.
—Pues es sencillo, está como un bollo, con esos hombros y ésos...y ése...con ese pijama...qué...barbaridad.
—Pues yo creo que está demasiado flaco—gruñe Angel, Cordelia arquea las cejas.
—Qué dices, menudos abdominales—lo mira, de reojo—Oye ¿No deberías de tomar sangre de soja o algo? La de cerdo debe de engordar un montón.
Angel da vueltas de nuevo a la taza entre las manos, mira a Cordelia, la taza, al final la deja sobre la mesa, profundamente deprimido.


 

FIN