La conferencia



Biblioteca
Salón de conferencias


Giles se repite por tercera vez que eso no ha sido buena idea. Pero al menos puede consolarse diciéndose que no ha sido idea suya. Y que en realidad tampoco ha sido una idea, claro, más bien una situación de esas que surgen de repente y en las que te ves arrastrado. De las que no te puedes librar, a no ser que te surja algo realmente oportuno. Como un ataque de peritonitis.
Ha sido agradable dar esa conferencia en la Biblioteca. Y también que asistiera tanta gente, y bueno, uno no publica un libro todos los días, aunque sea uno de escasa tirada y francamente raro sobre apariciones demoníacas en la Alta y Baja Edad Media y sus influencias en la cultura y la imaginería popular.
Y Giles en realidad no esperaba que asistiera Spike. Se ha trabucado un poco al inicio del tercer párrafo, cuando lo ha visto entrar. Con el abrigo de cuero y el pelo platino, visible como un faro en la sala llena de estudiantes, profesores universitarios y unos cuantos ex vigilantes del consejo que Giles ha rezado por que no se dieran cuenta de la presencia de William the Bloody en la última fila.
Aunque lo que más extraño ha sido, pese a la temática del libro en sí, ver entrar en el inicio del pase de las diapositivas a un ex-dios demonio Antiguo de ojos azules y otro demonio absolutamente verde, con sombrero a lo años 30, la verdad. Y entremedias de ambos, serio, impasible y discreto como un armario ropero, al mismísimo Angelus. Bueno, Angel, pero Giles ya se entiende. Nadie habría dejado de reparar en ellos, aunque Angel no se hubiera tropezado con el cable del proyector cayendo encima de esas pobres señoras mayores de la Asociación de Ciencias Ocultas.
Tras la ronda de preguntas, muy interesantes y entretenidas, excepto la de Spike acerca de las tendencias homosexuales de santo Tomás de Aquino y si tendrían algo que ver con las visitas nocturnas de algún vampiro sexy, a lo mejor rubio platino, que han alborotado absolutamente la sala (sobre todo a las estudiantes de sexo femenino, y curiosamente a Mr. Smith, el decano de literatura inglesa, que parecía el pobre al borde del infarto) la conferencia ha terminado al fin. Y todo ha resultado salir bien. Mejor de lo que Giles había esperado.
Salvo por el asuntillo de la trouppe demoníaca de la tercera fila que seguían ahí, claro. Que no ha podido evitar saludar, y bueno, ya que habían venido, invitar a cenar-al menos los que comieran-y a tomar unos whiskys a su casa.
Así que bueno, quizás si que después de todo ha sido idea suya. Aunque totalmente obligado por los hados y el destino.
Es un triste consuelo.


Casa de Giles
Salón

—Y qué tal por Pylea? ¿Te salieron muchos cuernos verdes?—pregunta Spike a Angel. El vampiro moreno lo mira de reojo, impasible.
—No. Los normales—dice.
—Y qué tal con tu suegra.
—Bien.
—¿Ya no te quiere cortar la polla?
—¡Spike!—gime Lorne.
—No—dice Angel—Bueno, no sé. No nos quedamos tanto. ¿Y tú qué tal con Buffy, Willow, Dawn, Samantha, Riley y las otras que te dejan tirado?
—Eh, no te pases, membrillo.
—Me limito a constatar un hecho.
—¿Sabes qué otra malaputa me dejó tirado?—gruñe Spike.
—Darla—dice Angel. Spike parpadea, confuso.
—Darla no... está—murmura.
—Perdón, ha sido por lo de malaputa. Sigue con tu miseria, no te cortes.
—¿No está el ambiente un poco frío?—pregunta Lorne.
—No sé a qué te refieres—dice Angel.
—Ni yo, desde luego—dice Spike por lo bajo—Zorra verde ladrona.
Lorne se sofoca visiblemente tomando un color oliváceo. Se termina el whisky de golpe.
—Más bien gélido—suspira.
—¿Enciendo la chimenea?—pregunta Giles.
—Mejor un poco de té—dice Angel— ¿No es eso lo que Spike decía que hacías siempre para calentarte? ¿Tomar té? ¿Lo único, de hecho?
—Eh....—murmura Giles
—Parece que las cosas han cambiado últimamente ¿no?—gruñe Angel
—Yo te ayudo con el té—dice Lorne, y se levanta tirando del vigilante hacia la cocina.


Casa de Giles
Cocina

—Es una casa muy agradable—dice Lorne—La has decorado muy bien. Muy... watcher. Y en la cocina tienes de todo.
—Gracias-dice Giles.
—Y parece... bien, todo está bien. Tú estás bien. Spike está bien. Todo es chachi piruli ¿no?
—Pues... ¿sí?
Lorne asiente con la cabeza, mientras coloca hábilmente en una bandeja las tazas y platitos, la tetera con el agua caliente. Coge el plato con pastas que Giles le tiende, lo pone en un lado de la bandeja. Lugo se inclina un poco hacia él y le sonríe amistosamente.
—Pues ahora que ya nos conocemos y todas esas cosas hazme un favor, ¿quieres? Mantén a tu sexy pero infiel vampiro apartado del putero del mío. No quiero disgustos, bastantes me he llevado en Pylea con mi jodida familia.
Oh—murmura Giles—Bueno, Spike no es... nada... mío.... en realidad... no...
—Oh, vamos, hombretón—suspira Lorne— Si hay un cepillo de dientes en el baño que pone “Hot Spike” escrito con rotulador permanente.
—Glups.
—Sí, soy observador. Y conozco bastante a la gente. Intento disimularlo porque es un sinvivir, pero es así. Es por eso de ser empático.
Giles se quita las gafas, se las pone. Mira al extraño demonio verde, de aguileñas facciones ojos rojos y pelo tan extraño, con sus mechas y su corte moderno. Suspira hondamente.
—Bien-dice Giles al fin, colocando un montón de servilletas de papel de cuadritos escoceses en la bandeja—Puedo asegurarte que no va a... pasar nada entre... Spike y Angel. Estamos... o sea estamos todos aquí, por Dios. Y además Spike ha terminado con eso. Está... realmente dolido por... y bueno, las cosas han cambiado.
—O.K. Rupert, lo que tú digas-dice Lorne, mirándolo fijamente con sus inquietantes ojos rojos—Pero ten una cosa muy clara. Algunas-cosas-nunca-cambian.
—Oh.—murmura Giles— De acuerdo.
—Gracias. ¿Dónde tienes el azúcar?
Giles abre un armarito, saca un tarro de cerámica lleno de terrones. Lorne lo pone en la bandeja y sale con todo hacia el salón.

 

 

Casa de Giles
Campo de batalla
Salón de nuevo


—Ah, Xander ha llamado para excusarse—dice Giles—Se enteró de la conferencia, parece que pensaba haber asistido.
—¿Qué tripa se le ha roto esta vez?—pregunta Spike.
—Xander tiene algunos... problemas personales—suspira Giles, retomando la conversación. Llena de nuevo las tazas de té, situados alrededor de la bandeja— Según parece ha vuelto con Harmony.
Mon Dieu!—exclama Lorne
—La madre que...—dice Spike.
—¿Pero no estaba con Buffy? ¿de nuevo?—pregunta Lorne, no sin una cierta dosis de veneno en la voz.
—Ha dicho no se qué de que Buffy estaba pensando en meterse monja.
—Joder—jadea Spike. Angel se queda pensativo, mirando al techo.
—Mmmmmm...—susurra—Me gustan las monjas. ¡AAAHHH!—Se vuelve hacia Spike—¿Y esa patada a qué viene?
—Me he resbalado—dice Spike.
—No seas vengativo, Spike.—dice Angel.
—Mira quien habla—dice Lorne —El tipo que le puso la zancadilla a Groosalug durante una cacería de Bestias taladradoras
—¡No empieces con eso, Lorne!-protesta Angel
—¿Un Bur beast no es un demonio como de dos metros carnicero?—pregunta Spike
—No; bueno, sí, en realidad es uno que se aparea furiosamente con cualquier cosa que ve que se mueve—dice Giles.
—¡Joder!—jadea Spike.
—Se la debía por birlarme a Cordelia—dice Angel.
—¡Cuando nos fuimos, Groosalug todavía no se podía sentar!—exclama Lorne, indignado.
—Espero que no pueda en su vida—gruñe Angel—Jodido... Don perfecto Héroe de Pacotilla.
Jo-der—vuelve a decir Spike. Giles sigue boquiabierto mientras toma nota de no ir JAMÁS a cazar demonios Bestia taladradora a los pantanos de Pylea en compañía de Angel.
Pasan unos minutos de silencio, incómodo, espeso. Luego Spike llena los vasos vacíos de whisky.
—Y volviendo a Xander, estaba claro que a la que quería de siempre era a Harmony—dice—Esa fijación por el pelo de champú de Buffy era de lo más rara. Buffy le hacía como de... Harmony-bot.
Los otros lo miran, sin comprender. Salvo Giles que menea la cabeza y opta por trasegarse otro medio vaso de escocés.
—Quién Es Xander—pregunta Illyria, apartando por un momento sus deíficos sentidos del macetero de la entrada. Angel alza el vaso hacia él.
—Uno que no va a venir.—dice—Y mejor. No ha parado de hacerme jodiendas desde que lo conozco.
—Qué rencoroso eres, Angelus—dice Spike.
—Qué va.
—Si bueno, que le pregunten a Groosalug—dice Lorne.
—¡Se lo merecía!—exclama Angel, alterado—¡Se tiraba a mi mujer y se ponía mis camisas!
—¿Alguien quiere más té?—pregunta Giles. Nadie le contesta. Lorne está dando unas palmaditas a Angel en la enorme espalda. El vampiro moreno respira hondamente.
—Xander es gilipollas-termina, cruzando los brazos.
—Vaya—dice Illyria—Pues lástima que no venga, habría estado muy a gusto en esta reunión.
Los otros lo miran, atónitos.
—Porque es una reunión agradable—añade Illyria.
—Ya me extrañaba que hubiera hecho un chiste—suspira Lorne— En fin, el humor está mas allá de sus capacidades.
Illyria no se da por aludido y se acerca a los demás, tomando asiento en uno de los sofás, al lado de Lorne. Coge un vaso cualquiera de whisky, lleno, sin preocuparse de quién era su propietario original y bebe un sorbo. Sus ojos azulados lagrimean un poco.
—Ah, el brebaje ambarino y caliente—dice, y bebe otro— ¿Va a haber preguntas sobre sexo?
Giles y Lorne lo miran, fijamente. Angel y Spike se miran el uno al otro.
—Hoy no, abuela. Nada-de-sexo.—dice Spike.
—En absoluto—asiente Angel— Nadie está pensando en eso.
Illyria no dice nada, ni varía la expresión inmutable, estática, envidia de sus propias y antiguas estatuas.


Casa de Giles
Escaleras


Angel mira a Spike, se acerca un paso más, baja un poco la cabeza.
—Estás... muy guapo—le dice, en voz baja. Spike se muerde el labio, sonríe un poco. Angel se inclina un poco más, hasta rozar la frente con la suya.
—Te has puesto un piercing—susurra. Alza la mano y le pasa suavemente el pulgar por la ceja partida. Spike no dice nada, mete un poco las manos en los bolsillos de los vaqueros, que se le bajan por el gesto, dejando ver su delicioso y perfecto ombligo. Los pantalones de Angel dan un vuelco en respuesta. Spike lo mira, con esos ojos increíblemente azules, resaltados por la pintura oscura algo corrida. Angel siente que se le seca la boca. Su chico, tan cerca. Tan increíblemente atrayente como siempre. Haciendo ese gesto entre tímido y provocador, ese cuerpecito delgado, incitante, inclinado hacia el suyo.
Angel duda un momento. Luego acerca los labios a la boca de Spike mientras tiende los dedos hacia su cintura.
¡AAAHHH, JODER!—exclama Angel, respingando dolorido. Mientras agita vigorosamente la mano derecha.
—Oh, perdón, un accidente—dice Giles, que justo pasaba por su lado—¿Era el frasco del agua bendita? Me he confundido, pensaba que era la soda para el whisky.
—¡Maldita sea!—gime Angel.
—¿Traes esa caja de Glennlivet del sótano, William?—dice Giles. Spike mira a Giles, ojos muy grandes, asiente con la cabeza. Giles sigue su camino hacia el salón.
Angel se queda solo en el pasillo, junto a las escaleras.
—Esto no ha sido buena idea—murmura rencorosamente.


Casa de Giles
Dormitorio


Y después de todo la cosa no ha terminado tan mal. Ese Lorne parece muy joven, y muy... bien, amanerado, pero quizás por eso mismo artes femeninas no le faltan y ya había contratado un hotelito precioso y cuco –según sus palabras— con una espaciosa suite a la que de ninguna de las maneras podían dejar de ir, y se ha llevado más o menos a rastras a Angel al terminar la velada.
Les han dejado al petardo de Illyria en casa, pero una vez acomodado en el sofá del salón el Antiguo no parece ir a dar demasiada guerra. De hecho Giles no nota mucha diferencia de cuando estaba despierto a ahora que parece estar dormido (incluso que tenga los ojos abiertos o cerrados no parece querer decir nada) y se limita a seguir siendo impasible, pero en posición decúbita.
Y al subir al dormitorio Spike está en su cama. Recién duchado, cálido y fragante, con uno de esos pijamas de animalitos absolutamente irresistibles, el pelo húmedo, todo rizos revueltos. Mirándolo con esos ojos invitadores, azules, rasgados. Lleva su libro recién impreso en las mano y está diciéndole no se qué del marica de Santo Tomás de nuevo, y de que si no le parece sospechoso que pasara tanto tiempo con el Obispo San Alberto Magno.
Giles cierra la puerta del dormitorio despacio, mientras se le dibuja en el rostro una sonrisa absolutamente embelesada.
Sí, después de todo la cosa ha terminado realmente bien.

 

 

 

FIN