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Esperando al Consejo

 

 

Casa de Giles
Espera


Giles sigue limpiando la estantería de los libros. Lleva el plumero en la mano izquierda y va quitando el polvo de los variados volúmenes, ya ha terminado el resto del salón, adecentándolo par ala reunión de la tarde. Spike se lo piensa unos instantes, luego vuelve a la carga, acercándose a Giles por detrás.
—Pero a quién esperas—pregunta.
—A...unos amigos. No te iban a gustar.
—Esperas a algún... alumno.
—No.
—Alguno jovencito, guapo, con pantalones de tweed.
—¡Que no!
—A lo mejor te gustan así ahora.
—¡No me gustan los memos con pantalones de tweed!
—Bien, a mi tampoco—Spike lo mira de reojo—.Aunque a ti te quedaban bien.
Giles se ahueca. Luego suspira hondamente, apretándose la frente con los dedos.
—Estás con alguien más—pregunta Spike. Giles menea la cabeza.
—No. Y de todos modos que te importa nada de esto, se supone que no... estamos juntos.
—Es verdad. O sea, no lo estamos para nada.
—Pues eso.
Giles termina de limpiar el polvo de la ultima estantería. Deja el plumero en el cajón.
—No nos hemos jurado fidelidad—dice Spike.
Giles se quita las gafas. Lo mira.
—Tu desde luego no sabrías ni escribir esa palabra—le dice.
El vampiro se remueve, inquieto, mientras Giles pasa por delante de él por el salón hasta llegar a la pequeña cocina. Lo mira trastear por los armarios, un rato. Luego Spike se acerca a la barra y vuelve a insistir.
—Ay Dios, ¿no será tu mujer?—pregunta. Giles boquea, alarmado.
—¡Qué!—jadea.
—¿Te has casado con alguna pelandusca mientras he estado fuera?
—Spike, ¡no estoy casado!
Spike lo mira fijamente, luego aprieta los labios, sospechoso todavía.
—¿Y entonces por qué no puedo estar?
—Si que... puedes, es que te ibas a aburrir—dice Giles. Spike se sienta en una de las banquetas.
—Bueno a lo mejor me apetece aburrirme.
Giles amontona platitos y tazas de té, que va lavando en el fregadero y secando cuidadosamente. Es el juego de té bueno, no el de diario, y tiene muchos servicios.
—Está bien, son unos amigos del... Consejo de Vigilantes. De lo que queda de él—explica. Spike parpadea.
—Oh.
—Ya ves, no es nada interesante.
Spike se queda un momento pensativo. Luego ladea la cara hacia Giles.
—¿Y si sólo es eso por qué no puedo estar?
—Claro que... ¡yo no he dicho que no puedas!
—O sea que sí que puedo.
—¡Dios mío! Claro que puedes estar, Spike.
Spike se cruza de brazos, enfurruñado.
—¡Pero tú no quieres que esté!—pone un puchero. Giles deja de secar platitos, se aprieta la frente con los dedos.
—¡Claro que quiero!—gime.
Spike se retira un poco hacia atrás en el asiento y lo mira, sospechoso.
—Ah. ¿Y por qué quieres?— pregunta— ¿Es que planeas algo? ¡No querrás matarme de nuevo!
—¡Maldición!—grita Giles, dejando violentamente el trapo de cocina en la encimera. Provoca un sonido húmedo y restallante que los sobresalta a ambos.
Spike se queda un rato callado. Unos minutos. Mientras, Giles ha terminado su tarea y sale de la cocina para dirigirse de nuevo al salón, hacia la librería. Spike duda un momento y luego se levanta y lo sigue, muy de cerca.
—En mis fantasías no entra que se me tire todo el jodido Consejo de Vigilantes. Y francamente Rupert, espero que tampoco en las tuyas—dice. Giles vuelve a masajearse la frente, donde hace rato que le late el comienzo de una jaqueca.
—Por dios, Spike, qué...burro eres.
—Aunque a veces eres realmente pervertido.
—¡Solo es una reunión de viejos amigos!
—Ya bueno, espero que no sea como lo de Angel de no, sólo son un club de ancianitos inofensivos, antiguos monaguillos de San Patricio.
Giles lo mira, con la boca muy abierta. Spike se remueve, incómodo.
—Y luego resulta que...bueno, ya sabes.
Giles cierra la boca, con un chasquido.
—Francamente, prefiero que no.
—Bueno, la cosa sí que iba de sujetar cirios, claro.
Oh... my... god—gime Giles. Spike se cruza de brazos.
—Que no me fío nada de ninguno de vosotros—insiste Spike, apretando los labios en un morrito infantil. El Vigilante cierra los ojos, contando hasta diez. Los abre. Luego mira la hora.
—Si vas a... estar en la reunión podrías ir poniendo la tetera—dice.
—Es que no sé si estaré o no—dice Spike.
—¡Pero si eres tu el que quieres quedarte!
—¡Sí pero porque has insistido!
—¡Por Dios bendito!—gime Giles, agotado. Se quita las gafas. Spike lo está mirando con esa cara de preocupación, ojos enormes— ¿Y ahora qué te pasa?
—Pero qué es lo que quieren. O sea... ¿ocurre algo?
—No... no va a pasar nada, Spike, solo vamos a comentar unas cosas de unos... libros recién descubiertos. ¿De acuerdo?
Spike asiente con la cabeza. Al mismo tiempo hace un gesto despectivo con la mano.
—Ah, rollos de libros—dice.
—Si, eh... exactamente.
—Vale—mete las manos en los bolsillos de los vaqueros, que se bajan de cintura dejando ver su incitante ombligo. Giles siente que se le seca la boca e intenta mirar hacia otro lado. Spike se remueve de nuevo
—Es que... ¿no te fías de mí?—pregunta, en voz muy baja. Giles abre la boca para decir algo, la cierra. Lo mira, ahí parado con esa carita preocupada, el gesto cohibido, el pelo platino revuelto. A veces, como ahora mismo, le parece un crío.

—Claro que me...fío, Spike—dice al fin—. Sé que te puedes... portar perfectamente.
Spike asiente con la cabeza, varias veces. Sonriendo un poco, una sonrisa tímida que encoge el corazón de Giles. Lo intenta disimular ordenando una fila de libros, innecesariamente.
—¿Y quién les digo que soy? –pregunta Spike. Y Giles se encuentra recordando aquella lejana ocasión en la que tuvo que ocultar la presencia de William the Bloody en su casa, ante el Consejo, y se le ocurrió decir que era su...hijo. Hace tanto tiempo.
Vuelve a ponerse las gafas mientras selecciona un par de volúmenes de la estantería.
—Ya saben quien eres, Spike—dice, con suavidad. Spike lo mira, ojos muy grandes.
—Oh. Joder. O sea ¿saben que follamos?
—Por...favor. ¡Claro que no!—gime Giles, mientras el grueso libro de referencias que llevaba en la mano se le cae al pie— Saben... que eres... Spike, un vampiro Aurelius con... alma y que... eres un héroe. ¿Te parece poco?
Oh— murmura Spike.
Giles se agacha, recoge el libro -de paso se masajea el pie dolorido por el golpetazo- y lo deja luego sobre la mesa baja. Spike lo sigue esos pocos pasos por el salón.
—¿Y seguro que no saben que follamos?—insiste.
—OH MY GOD, NO!— exclama Giles, dejando el libro de golpe. Luego traga saliva— O sea, espero que no.
Spike va a decir algo más, pero justo entonces llaman a la puerta. Giles se vuelve hacia la entrada.
—Entonces—pregunta Spike, desde detrás de él—¿Me voy o me quedo?
—¡AAAAAAAAGHHHHHHH!—gime Giles, echando fuego por los ojos. —¡¿Quieres callar de una vez y poner a hervir la jodida tetera?!
—Vale—murmura Spike, mirándolo con los ojos muy grandes, y se escabulle hacia la pequeña cocina.



Casa de Giles
Reunión


—¿Y que tal... ese asunto de la Hellmouth de Sunnydale? Debió de ser memorable.
—Si, quedó un agujero realmente enorme—dice Spike—. Les va a costar un huevo taparlo si quieren volver a construir algún jodido pueblo ahí.
Los vigilantes -todos de mediana edad, muy serios, muy correctos- lo miran, parpadeando.
—Aunque bueno, aquí hay mucho territorio, pueden construirlo en otra parte, imagino—sigue Spike, pensativo, mirando hacia el techo— O sea, no es como en la Vieja Inglaterra, que a lo que te descuidas te caes al mar o te topas contra los jodidos escoceses.
—Oh—murmura Mr McAdder (obviamente de ancestros y larga genealogía escocesa, y quizás hasta nacido en Edimburgo)
—O Irlandeses— añade Spike— En mi época ya eran un grano en el culo.
Los visitantes de Giles se remueven, un poco incómodos. Especialmente los de la verde Eire, claro.
—Como Angelus. ¿Saben a quién me refiero? Ese sí era un pedazo de grano irlandés bien gordo— se remueve, luego niega con la cabeza—Bueno, no está gordo, es que es de huesos grandes.
—Oh— murmura el watcher más cercano.
—Es que si le dicen que está gordo se traumatiza.
—Oh—repite, como un eco, otro de los vigilantes, posiblemente ya traumatizado él mismo.
—¿Alguien quiere un poco más de té?—gime Giles desde la cocina.
—¡Espero que hayas cogido el tarro del té y no el de la marihuana!—dice Spike. Giles palidece— Y controla los terrones del azúcar. No creo que a nuestros invitados les apetezca un viaje de ácido a estas horas de la tarde. Daddy.
A Giles se le cae el azucarero al suelo.



Epílogo
Casa de Giles


Giles se queda apoyado contra la puerta cerrada, respirando agitadamente. Mira a Spike fulminándolo con los ojos.
—¡Eres un... CANALLA!— gime. El vampiro se contonea, le sonríe provocadoramente.
—¡Es culpa tuya, por insistir en que me quedara!-dice, sacando un poco la lengua—¿Y qué vas a hacer, Rupert? ¿Azotarme?
Giles lo mira fijamente. Luego mete las gafas cuidadosamente en el bolsillo de la americana.
—¿Sabes? Es una buena idea—susurra.

 

 

FIN


 


Notas: Fic dedicado a Adicta y a follatrolls por su canción favorita de los Clash "Should I Stay Or Should I Go?"