para nycox con cariño

 

Free bird


Giles hacía mucho que no se veía en un escenario. Aunque sea pequeño, en un local casi vacío, tan oscuro que apenas permite ver las mesas. El no puede verlas, en cualquier caso, por los dos deslustrados focos que lo iluminan mientras canta Free bird y rasguea la guitarra, despacio, pausadamente. El ritmo de la música es melancólico y triste.
Se descubre pensando que se está bien ahí, solo en esa isla, en la oscuridad. Mientras más allá en las calles, resuena de fondo la fría lluvia de otoño
Cuando termina de tocar agradece los aplausos con timidez y baja del pequeño escenario de madera. Cegado por las luces de frente, casi tropieza con Spike.
Giles abre la boca, sorprendido. El vampiro se queda mirándolo, la cara levemente ladeada, manos en los bolsillos del abrigo de cuero. Giles le mantiene la mirada, luego se sube un poco las gafas.
—Bien...—dice Spike—. Un poco menos patético que la última vez.
Giles parpadea tras los cristales de las gafas
—Al menos no has gritado.
Giles deja salir el aire en un suspiro. Ha tardado un momento en recordar que Spike se refiere a la otra ocasión en que lo oyó tocar esa canción. En su casa, de noche, cuando entró inadvertidamente y le dio un... tremendo sobresalto vérselo ahí delante, tan de repente, cuando creía estar solo.
Giles pasa por su lado, con la guitarra sujeta contra el pecho. Spike lo sigue, unos pasos.
—¿Has venido a verme?—pregunta Giles, mientras en su mesa comienza a meter la guitarra en la funda.
—No—dice Spike, luego arquea las cejas—Sólo pasaba por aquí.
—Bien.— dice Giles, señalando con la cabeza al fondo del local—. Yo estoy con unos amigos.
—Oh—dice Spike, luego asiente con la cabeza—. Yo también puedo encontrar unos amigos rápidamente.
Spike da media vuelta, hacia la salida. Giles suspira de nuevo, coge la guitarra enfundada y comienza a caminar hacia la parte más oscura del local, donde es más fuerte el olor a tabaco y a marihuana.
Porque es totalmente cierto que está con unos amigos... algunos que han venido a escucharle cantar, otros que han tocado algo hace un momento Gente de su edad, con sus mismos gustos. Nada que ver en absoluto con un vampiro impredecible, punkarras y vicioso y... Dios, tan guapo.
Giles se detiene a mitad de camino. Ya sabe que ha perdido, no sirve de nada negarlo más tiempo.
Sale del local apresuradamente, a la noche de otoño, mirando hacia la entrada del callejón.
—Estoy aquí—dice Spike, saliendo del portal de al lado. Giles lo mira un momento, a la luz de la farola amarillenta. Spike lo mira a él. Sonríen los dos a la vez.
Luego echan a andar hacia la salida del callejón. Despacio, como paseando, sin importarles la fría lluvia.

 

 

FIN