Malo conocido


para todos los frikis del foro WTB

 


Giles mira a su alrededor, aprensivamente. Luego mira a Spike. Como no habiendo procesado realmente lo que ha visto la primera vez, vuelve a mirar de nuevo en derredor.
La cosa no mejora.
Sólo parece todo cada vez más rojo, magenta, azul eléctrico y verde chillón, demasiado cuajado de espejos, piezas robóticas en movimiento y cortinas de pequeñas luces cambiantes agitándose a cada momento. Se quita las gafas, se las limpia. Tras sus ojos cerrados las luces espaciales dibujan telas de arañas blanco brillante. Se pone las gafas de nuevo.
A su lado, en el taburete frente a la larga, elíptica y espejeante barra del bar, Spike suspira hondamente y hace una seña al camarero. En la pista de baile restallan aún más las luces estroboscópicas y los lásers de color rojo y verde. La música electrónica suena a todos gas, robótica y repetitiva.
—Es bueno ir a sitios que no se conocen—dice Spike a su derecha. Giles parpadea tras las gafas—. O sea, está bien probar lugares nuevos—insiste Spike.
—S... sí—murmura al fin Giles. El suelo del local se cubre de hielo seco, dando aspecto de cambiantes hologramas a las ráfagas de luz.
—Salirnos de nuestro ambiente. Se trataba de salirnos de nuestro ambiente ¿no?—insiste Spike.
Giles asiente de nuevo distraídamente. El más bien pensaba en local con música en vivo de los años 70... alguna sala de exposiciones de arte moderno... incluso en un restaurante de moda, de esos que parece que vez de cocina hacen magia. Bueno, mejor no, eso le recuerda demasiado a Ethan Rayne.
Pero un garito llamado The Alien Box lleno de gente obsesiva de las pelis de ciencia ficción... ni pasado de porros se habría imaginado en un local así.
Un señor Spock, de gesto muy serio, casi agrio, se acerca finalmente y les pone un par de cervezas. En el lado de la barra del Capitán Kirk casi todo el mujerío del local ríe alborozado. Saliendo de la puertecita del fondo, un joven Apollo Adama camina muy erguido, llevando airosamente una bandeja con vasos humeantes adornados con luces led.
—No, si está bien. Por... variar—dice Giles.
—Variar de los demonios—dice Spike.
—Si.
—Aquí no hay ningún bicho rar... ningún demonio.
—No. Estoy de acuerdo.
Spike se vuelve hacia su derecha, emite un grito ahogado.
—JODER QUÉ SUSTO—jadea. El tipo alto, fornido, vestido de Predator, menea la alienígena cabeza mientras metiéndose entre Giles y Spike recoge una comanda del camarero vulcano.
La música sube de volumen, la sintonía de alguna teleserie. Los clientes del local enloquecen de repente, saltan de los asientos y comienzan a bailar y cantar la letra en voz alta. Algo de diversión en el sol. Giles y Spike se quedan mirando a la gente que agita los brazos, baila sobre las mesas y canta a pleno pulmón.
—Somos viejos, tío—murmura Spike.
—Va a ser que sí—asiente Giles.
Un camarero con una flamante letra H pegada en la frente se acerca a ellos y les sirve una nueva ronda de cervezas con una sonrisa.
—Invita Número 6—les dice. Giles y Spike se vuelven hacia donde indica su mirada. Una bella cylon, vestido rojo pegado al cuerpo, les sonríe seductoramente. En el pechero lleva una chapita holográfica donde puede verse alternativamente su nombre y el título de Relaciones Públicas del local.
—Joder—murmura Spike.
—Eso mismo iba a decir yo.
Se quedan un momento mirando a la escultural rubia. Luego Spike frunce el ceño y le mete un codazo a Giles.
—Cierra la boca, tío, se te va a caer la dentadura.
Giles traga saliva cerrando los dientes de golpe
—¡Yo no llevo...! —protesta, luego suspira hondamente—Voy un momento al servicio.
Spike se queda solo, bebiendo su cerveza. Mirando de tanto en tanto a su alrededor, con precaución, La música electrónica, robótica, deshumanizada, no deja de sonar ni un momento. Desde el alto techo de la sala, sustituyendo a la  tradicional bola de cristales de discoteca, una animada Estrella de la Muerte lanza estroboscópicos rayos de luz de colores.
Se bebe la cerveza. Un apuesto Han Solo pasa por su lado llevando una botella de champán en una hielera con forma de huevo de Alien.
Giles regesa al poco, sosteniendo un porro sin encender en la mano.
—Me lo ha dado el Sr Spock—murmura. Spike asiente lentamente con la cabeza
—Eso explica muchas cosas de los vulcanos.
Giles se sienta de nuevo frente a la barra. El camarero Kirk está teniendo una agria discusión con el camarero con una letra H pegada en la frente, quizás un asunto de envidia profesional por la cantidad de clientas que se acumulan en el puesto del primero. El camarero con la H, con evidente malestar, se gira de espaldas y con un complicado floreo de la muñeca, comienza a pasar la bayeta por la barra.
—No sé, Spike—suspira Giles—a lo mejor... no ha sido buena idea.
—Bueno...
—No es que esté en contra de... probar ambientes nuevos.
—Ya, lo sé.
—Y vale que... las mesas tengan forma de platillos volantes. Vale que los servicios tengan forma de TARDIS—suspira Giles—. Pero que los taburetes sean Daleks no me parece serio.
Spike asiente con la cabeza dándole la razón. Luego suspira hondamente.
—Y además es peligroso. Casi me he dado en los huevos con el desatascador ese que tienen.
Se quedan los dos callados de nuevo, terminando las consumiciones. La música electrónica atruena sin descanso, las luces láser recorren el local arrancando destellos en cada superficie plateada, robótica, alienígena. En la pista de baile un dorado C3PO baila mecánicamente con un Kryten muy sonriente que reparte tarjetitas del local con consumiciones gratis a todo el que se acerca.
—En el subsuelo de Westminster han abierto un garito unos demonios moteros. De esos que atacaron Sunnydale en el 2001.
—Oh.
—Hay billares. Y pondrán buena música. A lo mejor hasta hay alguna bronca.
Giles y Spike terminan las cervezas. Se miran unos instantes. Luego miran a sus pies, donde el humo del hielo seco se enreda en fríos rizos hacia sus rodillas. Finalmente se levantan (muy cuidadosamente) de los taburetes, y se encaminan a la salida.

 

FIN