la Guia de los vigilantes (abreviada)

Spike cruza la puerta del local, con pasos decididos, casi agresivos. Echa una ojeada a su alrededor. El garito está casi vacío, hace poco que ha anochecido y apenas han llegado unos cuantos clientes, la mayoría vampiros, que se distribuyen por las mesas bajas o los asientos de la barra. Spike elige uno de estos, al fondo del local, se sienta en el taburete de piel artificial negra.
—Qué tal?—pregunta el camarero, un enorme demonio chirrago que Spike conoce de varias otras ocasiones. El vampiro encoge los hombros, acodándose en la barra.
—Eh, ¿dónde está el otro?—pregunta el demonio. Spike frunce el ceño.
—Qué otro.
—Tu daddy, hombre. Ese Giles.
—No es nada mío ni estamos juntos.
—Ya, vale. OK.
Silencio. Espeso e incómodo. Spike se encoge finalmente de hombros.
—Se ha largado a no sé dónde con unos tipos. Algo de Vigilantes. Cogía un avión.
El chirrago asiente con la cabeza, y le guiña uno de sus tres ojos.
—¿Un combinado? Esta semana tenemos unos de granada con sombrilla fosforescente—pregunta, esperanzado, pero Spike le desbarata enseguida las ilusiones.
—Cerveza. Sin nada raro. Y en la botella.
El demonio chirrago resopla despectivamente y abre un botellín, que le pone delante, sobre un posavasos de brillantes tonos psicodélicos. Spike gruñe algo por lo bajo y le da la vuelta sobre la barra.
—Jodidos Vigilantes—masculla por lo bajo. Se enciende un cigarrillo de sospechoso aroma acre—. Yo ya sabía de qué iban los Vigilantes antes de conocer a Rupert Giles ¿eh? O sea me cargué alguno en mis tiempos ¿sabes? En Viena, creo recordar. Nos pillaron a Dru y a mí y bueno, ya sabes, yo me dedicaba a eso ¿no? A eso del mal y la destrucción.
—La cosa destroyer todavía te va, tío.
—Bueno sí, y aún soy un poco malo. Pero no voy destruyendo a gran escala, como entonces. En fin que era lo que yo hacía, no hay más. Soy un vampiro ¿no? Claro que lo que hacían ellos... había algunos bien cabrones. O todos, no sé. ¿Quién puede fiarse de un Vigilante?
—Nadie—dice el demonio, mientras saca brillo a unas copas de cóctel con un trapo muy limpio de gamuza magenta.
—Exacto colega, nadie—dice Spike—. Los Vigilantes son los bichos más peligrosos del universo.
El demonio asiente con la cabeza. Hace una seña a uno de los pocos clientes, cruzan unas palabras, el chirrago se marcha un momento a servirle, luego regresa con toda su masa por la barra y retoma la limpieza de las copas. Spike por su parte retoma su discurso.
—Se merecen todo lo que les pase. Un tipo contra el que luchábamos en Sunnydale voló la sede del Consejo de Vigilantes por los aires con una bomba ¿sabes?
—Qué barbaridad.
—Seguro que algo le habían hecho—gruñe Spike—. O no, no sé, pero que se lo merecían eso sí es seguro.
Bebe de su cerveza, en silencio, un rato, como recordando. Luego señala al demonio con un dedo de uñas malpintada de negro.
—Una vez vinieron unos Vigilantes a mi cripta ¿sabes? En Sunnydale. Apuntándome con ballestas y cosas—resopla despectivamente—. Bah, podía haber acabado con ellos en un santiamén. Lo que pasa es que prefería sacarles información.
—Claro.
—Luego ella... la Vigilante... Lydia, se llamaba. Volvió por la noche a la cripta.
—Dios mío ¿y te hizo algo malo?
Spike se muerde el labio, pensativo.
—Define malo.
El demonio menea la cabeza, dejándolo correr, termina el abrillantado de los vasos y comienza a cortar rodajas de lima sobre una tabla.
—Es que los Vigilantes además de traidores inmundos, cabrones y metomentodo, también son unos pervertidos, está claro—dice Spike. El chirrago lo mira con el ojo izquierdo mientras con los otros presta atención al afilado cuchillo.
—No creas que te estoy hablando de esto porque Giles se haya largado—dice Spike.
—En absoluto.
—Me importa un carajo si se va con sus amigos, con otros Vigilantes, de putas, lo que sea, no es de mi incumbencia.
—Claro.
—Tampoco le importa lo que haga yo, que quede claro.
—Clarísimo.
—Es solo que los Vigilantes... no tienen corazón ¿entiendes? —Spike bebe otro trago—. Se supone que el mío no late. Pues los que no sirven para nada son los de los jodidos Vigilantes. Puro hielo, tío, nada les importa. Ni nadie, por supuesto.
El demonio no contesta, menea la cabeza de nuevo. Spike se termina la cerveza, le da vueltas al botellín entre las manos.
—Por ejemplo, otro Vigilante, Wesley Wyndam Price. Yo conocí a su padre, cuando era más joven claro. También es Vigilante. En Viena ¿he contado ya lo de Viena?
—Creo que si.
—Bien, Wesley. ¿Tú te crees que es ni medio de fiar? La de cosas que le hizo a Angel.
—¿De... esas que te hizo a ti la tal Lydia?
—¡No! Joder— se queda pensando un momento, luego encoge los hombros bajo el abrigo de cuero—. Bueno, quizás alguna vez, no me extraña nada de ninguno de los dos. Pero me refería a que... es otro traidor asqueroso que va solo por la vida. No se preocupa de nadie.
—Salvo para traicionarlo.
—Eso. Eh, mamón, que esto es en serio.
—Perdón perdón. No te cabrees, cuánta testosterona. ¿Un combinado de licor de mora? ¡Con hielo seco! Son súper molones.
—Otra cerveza. En botella, como la de antes.
El demonio gruñe algo en su lengua, saca un botellín de la cámara, lo abre y se lo pone delante. Spike le echa un largo trago. En ese local siempre pide la botella porque obviamente no se fía de los adornos de fantasía que ese demonio pueda ponerle al vaso. Y para dejar claras varias cosas, además. Spike bebe la cerveza en botella como una declaración de actitud y rebeldía, y de que en sus intenciones no hay nada ni remotamente romántico, alegre, cursi ni rosado, eso tiene que quedar muy claro a todo el mundo.
—Si te das la vuelta cinco minutos, ese Wes te estacaría sin pensarlo—continúa—. Lo primero es su rollo de Vigilante. Es que es así para todos ellos. Para Giles también, por supuesto ¿Las Cazadoras? Las conozco bien, tío, me cargué a dos en mis tiempos. Luchan solas, punto. Lo demás no importa. Nadie importa. Pues son demonios empáticos al lado de los malditos Vigilantes.
El demonio chirrago asiente con la cabeza, mientras sigue dedicado a sus preparativos por la barra. Spike se enciende otro porro, con movimientos bruscos, agresivos, cerrando el mechero Zippo con un fuerte chasquido metálico.
—Y son unos jodidos traidores, tío ¿ya lo había dicho? Hasta se traicionan entre ellos. Dejan tirado a cualquiera cuando les conviene. Por ejemplo, el Travers ese despidió a Giles ¿te lo puedes creer? Lo dejó tirado, allá se las apañara. No es que Giles no se lo mereciera, ojo, que es otro cabrón como los demás. Pero eso no se hace.
“Y Wes se cargó a su padre, le metió cuatro tiros a sangre fría. O... caliente, lo que sea. Vale, no era realmente su padre, era un maldito ciborg ¡pero si llega a ser el viejo se lo habría cargado sin dudarlo!
“Y Ethan Rayne, bueno, a Giles le ha hecho todo tipo de canalladas. Lo convirtió en demonio fyarl. Y armó otra buena ¡y en Halloween! Se supone que uno no hace esas cosas en Halloween.
—Indignante.
—Pues eso. Que... seguro que Giles se lo merecía todo, ojo. No me engaño al respecto. A mí me ha hecho alguna faena bien seria.
El demonio chirrago se inclina un poco hacia Spike sobre la barra.
—Tio ¿tú sabes que el consultorio sentimental lo tengo los jueves?—pregunta. Spike bebe otro trago de cerveza.
—No sé de qué me hablas—dice.
—Como quieras—el demonio disimula la sonrisa, se endereza y sigue haciendo sus cosas. Spike gruñe una palabrota por lo bajo.
—Y unos que iban en grupo aparecieron en L.A. a putear a Angel. Secuestraron a Faith ¿sabes quien es Faith?
—Sip. La otra Unica Cazadora ¿no?
—La misma. Pues la secuestraron y querían matarla, y luego la persiguieron hasta Los Angeles y buena la armaron allí con Buffy y Angel. Claro que los jodidos Vigilantes fueron traicionados por Wes, y todo salió bien finalmente.
—Pues entonces bien ¿no?
—Ya pero Wes los traicionó, que quede claro.
Spike sigue bebiendo su cerveza. Luego niega con la cabeza, claramente al hilo de sus propios negros pensamientos.
—Que no me importa que se largue, como si se quiere ir a China.
—¿Quién de todos?
—Giles.
—Ah.
—No tenemos nada entre nosotros.
—Claro, tío— dice el demonio, finge estar muy concentrado en cortar trocitos de fruta escarchada sobre la tabla.
—Además es un cabrón traidor sin entrañas. Como todos los Vigilantes. Hasta intentó matarme—Spike apaga el porro en el cenicero, aplastándolo a conciencia, luego añade:— O sea, Bruto y Casio debían de ser del Consejo.
El demonio no parece pillar la referencia histórica, pero en cualquier caso tampoco está prestando demasiada atención y se limita a sonreír levemente mostrando sus varias filas de dientes.
—Y ese cabrón de Sirk ¿te he hablado la de él? —dice Spike.
—Creo que no.
—Nos engañó bien con el jodido ShanShu y el cáliz ese lleno de Mountain Dew. Bueno, en realidad engañó a Angel, que es un poco corto, pero yo fui allí porque claro, no iba a consentir que llegara él primero.
—Imposible.
—Pues eso. Pero nos engañó bien, y logró que el cabezón de Angel y yo nos diésemos una tunda soberana ¿sabes? Por su culpa casi mato a mi Sire —Spike se queda un momento pensativo, se remueve en el taburete—.Vale, lo he intentado matar varias veces, pero ya me entiendes.
—¿Si?—aventura el chirrago, dejando la fruta azucarada cortada en un pulcro cuenco malva metalizado.
—Son cabrones bien peligrosos, los Vigilantes. Mentirosos, falsos y traidores hasta decir vale. Y te intentan matar cuando más te confías.
—Eso encaja en la parte de traidores ¿no?
—Bueno, si. Pues eso.
El demonio se aleja unos momentos, cobra la consumición a otro de los escasos clientes. Regresa.
—O sea, que a mí los Vigilantes no me las dan, tío. Los conozco bien. —dice Spike, luego echa un trago arreglándoselas para mirar a la cerveza de manera rencorosa—. No es que me guste alardear de ello, pero los conozco. O sea, conozco a las Cazadoras, porque no sé si ya he dicho que conozco bien a las Cazadoras, pero a los Vigilantes también.
—Claro—dice el demonio, mientras alinea los platos con guindas y aceitunas en la barra, cerca de las cocteleras.
—Y desde luego no me voy a colgar por ninguno.
El demonio lo mira de reojo con dos de sus ojos centrales, no dice nada.
—Ni se me va a ocurrir—insiste Spike.
El demonio coloca los palillos junto a la botella de granadina para los adornos de azúcar. Spike se termina la cerveza de golpe, deja la botella en la barra.
—Y ningún jodido Vigilante va a colgarse conmigo tampoco. Porque no tienen corazón—se queda un momento pensativo—. Como ya he explicado antes.
El demonio no dice nada. Abre una de las cámaras y se queda un rato ordenando los refrescos y bebidas frías para los pedidos de la noche, que pronto empezará a moverse. La mayoría de sus clientes llegan pasada la medianoche, y ya casi son las doce. Spike le pide una tercera cerveza y bebe en silencio, murmurando algún bloody hell por lo bajo de tanto en tanto.
A las doce pasadas llega un nutrido grupo de demonios de piel verdosa conversando muy animadamente entre ellos, y el demonio chirrago por fin puede lucirse combinando artísticamente bebidas de todos los colores, cuajadas de adornos y sombrillas y cubitos de hielo en forma de corazón o de ojo. Spike se bebe otra cerveza fumando sombríamente, acodado en su trocito de barra. Y justo la termina cuando Giles entra en el local. Lleva una tres cuartos de cuero, en la mano un grueso libro, y al hombro una mochila de viaje muy usada. Se acerca hasta donde está Spike.
—¿Has perdido el avión?—pregunta el vampiro. Giles niega con la cabeza.
—Si. No. Quiero decir... no lo he cogido.
—Oh—murmura Spike ¿Ha ocurrido algo?
—No, no, sólo...—Giles lo mira, suspira hondamente, baja un poco la mirada—. Simplemente no me apetecía ir en realidad.
—Oh.
—Prefiero... estar aquí.
Oh—Spike lo mira con los ojos muy grandes, luego baja la mirada, como con timidez. Giles suspira hondamente y por un momento parece como que se le doblan las rodillas.
Giles y Spike se quedan uno junto al otro, sin decir nada más, mirándose de reojo. Luego Spike deja unos billetes junto a la cerveza vacía y los dos salen los dos del local.
—Anda que...—murmura el demonio chirrago desde la barra, meneando la cabeza. Luego se gira hacia los clientes, sonriente, y comienza a preparar un primoroso combinado de menta y maracuyá.


 

FIN