El Alfabeto de lo Convencional

La estantería del salón acumula demasiado polvo. Sabe que no limpia sus libros tan a menudo como debería. Por varios motivos. Quizás el más importante sea que limpiarlos lo hace sentir demasiado como un bibliotecario jubilado. Como un jubilado a secas. Giles cree que es todavía demasiado joven para sentirse así, y para hacer esas cosas. Pasear solo por el parque. Visitar bibliotecas recoletas en sábado por la noche. Ir al cine, solo, a ver películas suecas subtituladas.
Leer demasiado, no pensó que se pudiera leer demasiado. No pensó que él pudiera creer en esa posibilidad.
Tiene demasiado tiempo libre y demasiado silencio, por eso está analizando nimiedades absurdas. No limpia los libros, punto. Tampoco es tan raro.
Suspira hondamente, con un movimiento que abate sus hombros. Lo que no tiene ya es propósito, lo tiene claro.

Permanece unos momentos sin moverse, mirando los libros polvorientos. Luego va a por el plumero y comienza a pasarlo lentamente por los volúmenes de la primera estantería.
Su vida nunca iba a ser convencional, no solo por el Consejo. Iba a ser cualquier otra cosa, a lo mejor no tan espléndidamente aventurera o tan alucinantemente gloriosa como deseaba a los veinte años, aunque ha tenido algo de eso viviendo sobre una Hellmouth. Pero convencional seguro que no iba a ser.
Suspira de nuevo. Los libros, tomos variados de todas las épocas y procedencias, la mayoría sobre magia, vampiros y demonios, están ordenados alfabéticamente. No por haber sido bibliotecario, o no exclusivamente... sino porque es un método racional y sencillo. Diga lo que diga ese maldito adorador del Caos metomentodo de Ethan Rayne.

A. A de aburrimiento. Giles menea la cabeza sonriendo un poco. Probablemente sólo por eso está ahora limpiando los malditos libros y no hay que darle más vueltas.
Hay muchos tomos que empiezan por A. A de Amor. Bien, desde luego que no va a pensar en eso, a sus años. No es que no... pudiera, claro, es que... realmente es algo que ya no le interesa hace mucho tiempo.
En ninguna de sus variedades.
Mejor la A de Apocalipsis. Ha tenido varios de esos, los dioses lo saben. Y los Apocalipsis, aunque demasiado numerosos sobre la Hellmouth, no son en absoluto convencionales.
Sonríe un poco y pasa el plumero algo más animado.

B de bibliotecario. Detiene el plumero. Pocas cosas tan convencionales como eso. Salvo que... bueno, ¿ha dicho ya que estaba sobre una Boca del Infierno? Que por cierto también empieza con B. No es que la eche de menos, en absoluto, en realidad es bonito (la be de nuevo) no estar todo el día recibiendo fuertes golpes en la cabeza, siendo secuestrado por vampiros sádicos, o anotando en el calendario de la cocina las conjunciones astrales demoníacas previstas para la semana.
La letra B y todo lo anterior lo llevan, por supuesto y tristemente a la siguiente posibilidad. B de Buffy. No la llama hace demasiado tiempo pero ella tampoco lo hace (o quizás es al revés), aunque Giles realmente la ha querido más que a nadie. Y sabe que los hijos se independizan aunque...
No quiere pensar en Buffy. Duele demasiado estar lejos de ella.

Pasa el plumero por varios estantes, intentando no pensar en nada. Pasa por muchos lomos y cubiertas de libros, y por muchas letras, antes de detenerse al fin en otra fila. La letra M.
M de madurez. De edad mediana. No sabe por qué ambas expresiones le provocan ese sudor tan frío. Mejor piensa en otra cosa.
M de matrimonio. Quizás no haya nada en el mundo más convencional que eso, pero nunca ha entrado en los planes de Giles. En absoluto. Aunque no hubiera sabido desde pequeño que debía ser vigilante del Consejo. Que de todos modos, hay muchos vigilantes casados (generalmente con otros vigilantes). Lo que le lleva a pensar de nuevo en Ethan Rayne. Probablemente lo del matrimonio sí era lo que Ethan quería... sonríe un poco, amargamente, y termina la letra. Ethan no empieza por M y no va a seguir pensando en él.

Limpia un rato, suave pero concienzudamente. Se salta de nuevo un montón de letras sin detenerse, hasta que debe cambiar de estante y llega a la letra P.
P, si es verdad que ha vuelto a consumir demasiados porros. En un intento de ¿qué? ¿de retomar la juventud? ¿La época cuando era libre y salvaje? De la que lo sacaron a la fuerza y si lo piensa gracias a los dioses o sería parte del club de los veintisiete, como Janis Joplin, Morrison o Hendrix. Aunque bueno, tampoco es un músico tan impresionante como ellos, aunque no se puede quejar. Todavía puede dar unos buenos riffs de guitarra si se lo propone.
El caso es que ha vuelto a fumar. Un porrito no hace daño a nadie, qué demonios. O dos... o a lo mejor tres.
Eso no es convencional, piensa animándose de nuevo y pasando el plumero con más gallardía. O ¿sí lo es en alguien que ha sido joven en los 70?

Menea la cabeza. Deja el plumero un momento sobre el estante para limpiarse las gafas, ya polvorientas, se las pone de nuevo. Retoma la limpieza de los libros.
S. S de silencio. S de Soledad. No hay mucho que decir a eso, es consciente de que tiene demasiado de ambos ahora mismo.
Suspira hondamente de nuevo. Sí, sabe que hay otra palabra importante para la letra S. Pero no quiere pensar mucho en Spike. No sabe si el vampiro vive (o su equivalente en criatura de la noche) o no. Y si lo hace, no sabe dónde está. Tampoco cree que vaya a volver a verlo nunca más.

T de tranquilidad. T de tiempo. Tanto tiempo ha pasado, desde que... desde todo, en realidad. Supone que es normal al llegar a esa edad pensar en dónde demonios se ha ido todo tan deprisa.
De todos modos el tiempo en sí es algo que le sobra ahora mismo, por eso está limpiando viejos libros y pensando cosas absurdas y deprimentes. Tonterías, que también empiezan con la letra T.
T de traición. Eso sí que ha habido mucho en su vida. Normalmente –Giles no es engaña- por su parte. Aunque al menos eso no es algo nada vulgar, se dice animándose un poco.

V de Vigilante. V de vampiro.
Lo de vampiro lo hace pensar de nuevo en Spike. En la deuda moral que tiene con él. Por muchos motivos, no sólo por cuando intentó matarlo.
La V lo está poniendo de un humor todavía más triste. Aunque lo tiene bien merecido, por supuesto.
Al menos no hay nada absolutamente convencional en esa jodida letra.

W Willow. Giles suspira, largamente. Pasa el plumero despacio, demorándose en la letra y en unos recuerdos íntimos, profundos, alegres y tristes, agridulces, que no desea sacar más a la superficie.
Pensar en la joven bruja le duele casi más que pensar en Buffy.
Pasa un poco de largo la X de Xander, sin prestarle demasiada atención con la limpieza, y llega enseguida a la Z. pero es que ya se está cansando de pasar el maldito plumero hace rato. La Z es en cualquier caso una letra complicada. Así que prefiere no darle vueltas, y pensar en algo como Led Zeppelin, o Frank Zappa, o los ZZ Top.

Finalmente deja el plumero en el estante y decide obligarse a salir de casa a algún sitio que no sea la biblioteca, el cine de películas clásicas o la tienda coreana de comestibles que abre toda la noche.
Tampoco hace falta nada raro. Ese pub que ya conoce donde hay buena cerveza y precisamente buena música de la que estaba pensando. Quizás hasta tenga suerte y haya concierto en directo.
Con una sonrisa de tristeza, o de añoranza, va hasta el armario del dormitorio y, tras rebuscar un rato en los percheros, se pone su vieja cazadora de cuero sobre la chaqueta de tweed.
Luego baja las escaleras y se encamina hacia ese pub en la parte vieja de la ciudad.


FIN

 

FIN