Cuento (muy cortito) de Navidad

Para todos los del foro ¡que paséis una Feliz Navidad!

 

Arrellanado en el sofá de la sala, Giles casi se había quedado dormido al calor de la chimenea. Pero se levanta sobresaltado cuando en el aire frente a él se materializa un fantasma, de aspecto humano, azulado, translúcido, vestido con una severa levita victoriana con chaleco y arrastrando una pesada cadena.
El fantasma flota por la sala, mirándolo todo el tiempo con sus ojos oscuros como pozos de brea. Luego alza el brazo y lo señala con un índice acusador.
— Rupert Giles!— exclama el aparecido— ¡Soy tu fantasma de la Navidad!
Giles abre la boca, la cierra de golpe. Lo mira fijamente. El fantasma gira de nuevo a su alrededor, envolviéndolo con jirones luminosos como de niebla helada.
— Es Navidad, y debes reflexionar sobre tu oscura y miserable vida pasada— continúa.— Te voy a llevar a visitar tus momentos más terribles de desamor y tración y a...
Giles deja de oir al fantasma, mientras el corazón se acelera en su pecho y rememora, a velocidad vertiginosa, cuando traicionó a Buffy quitándole su poder de Cazadora, cuando traicionó a Spike para que el Director Wood lo matara, cuando traicionó y abandonó a Ethan, cuando traicionó y abandonó a Angel en aquella dimensión, cuando... Giles recuerda todos esos momentos en los que pensó, creyó, que la misión era lo primero y actuó en consecuencia. Sin importarle nada ni nadie. Todos sus años en el consejo de Vigilantes. Toda esa oscuridad. Todas las navidades que ha pasado solo, porque no le quedaba nadie a quien llamar a quien no le hubiera hecho alguna faena.
Todas esas veces, y también esas otras. Y las otras, y las otras, otras...
—¿Pero tú te crees que tengo toda la noche? — le pregunta al fantasma.
—¿Cómo? — parpadea el fantasma, pillado por sorpresa.
Giles saca una navaja de aspecto ominoso, que abre con un rápido movimiento, y la hace girar expertamente en la zurda. Del bolsillo de la vieja chupa de cuero saca un frasco de agua bendita, que destapa con el pulgar amenazadoramente.   
—Es Navidad, y he quedado con alguien —murmura Giles— Algunos tenemos vida, fastasma inoportuno.
El fantasma victoriano mira de reojo el arsenal improvisado de Giles. Luego lo mira unos momentos a los ojos. Giles da un paso hacia él. El fantasma respinga hacia atrás, traga saliva ectoplásmica y luego sale por patas dejando tras de sí una estela parecida a la del fogonazo de un cohete.
Giles suspira hondamente, menea la cabeza y sale hacia el bar donde lo espera Spike.

 

 

FIN