Citas del manual de Vigilantes



Un look interesante para ti. De motero. ¿El Consejo de Vigilantes está intentando una nueva imagen?
Angel a Wesley, 1X10 Parting Gifts


Durante Doomed

Giles entra en el cuarto de baño llevando en una brazada unos cuantos pantalones apilados. No se encuentra nada bien después del maltrato sufrido por esos... jodidos demonios y desde luego no le apetecía andar revolviendo armarios. De hecho los ha revuelto Willow, encontrando una sorprendente colección de pantalones que él ni recordaba que había guardado. Pero le parece más correcto entrar él a dárselos a ese... condenado vampiro que no la joven y por eso está ahora ahí, cojeando y francamente mareado.
Spike se planta frente a el cruzando los brazos sobre esa horrenda camisa hawaiana de Xander con la que ha aparecido en su casa de la manera más sorprendente.
—Bueno, al menos no tienes todo de tweed—dice, absolutamente insensible a su sufrimiento
—Calla, impertinente.
—Es que pensaba que los uniformes de Vigilantes eran de tweed.
—No son de mi... uniforme de Vigilante.
—Bueno ya como te despidieron.
—¡No me...! Bueno, de hecho, sí.
—De todos modos el tweed da mucho calor y es un rollo.
—Spike, no... siempre vestía de tweed— protesta Giles.
—Ya bueno, a veces sería de cuadros príncipe de Gales.
Giles alza los ojos al cielo, empuja contra su cuerpo, con brusquedad, el montón de pantalones vaqueros.
—Mira a ver si te valen algunos.
Spike lo mira, fijamente. Giles se quita las gafas.
—Qué te pasa ahora—pregunta.
—Vas a estar mirando
—¡Claro que no!
Spike pestañea, varias veces, mirando a Giles y a la puerta. Giles alza los ojos al cielo y sale del baño cerrando tras de sí.


 

Giles se aparta la bolsa de hielo de la cabeza mientras se dice que aunque ese condenado Spike se estuviera probando todos los vaqueros de la fábrica de Levi Strauss no podría tardar tanto. Tras cruzar una mirada con Willow, quwe hace un gesto de duda con las manos, se decide al fin y trabajosamente, se levanta y se acerca hasta el cuarto de baño. Giles golpea con los nudillos en la puerta.
—¿Pero por qué tardas tanto?—pregunta
—¡Es que se me ha atascado la cosa esta, no me la puedo bajar!—dice Spike
—Será posible
—Échame una mano, joder
—Esto es increíble—suspira Giles, entrando en el baño. Donde se encuentra los pantalones bermudas de Xander y varios de los suyos tirados de cualquier manera por el suelo, y a Spike con unos vaqueros puestos, haciendo extrañas contorsiones en la bragueta. Giles se asoma inclinándose un poco: la cremallera se ha encallado a la mitad.
—¡Que no puedo quitármelos!— protesta— ¡Maldita...COSA!
—Eso mismo estaba pensando yo—murmura Giles, acercándose— ¿Quieres dejar de tirar así? ¡Vas a partir la patilla!
—A mi me da igual si se rompen, son tus pantalones— dice Spike tirando frenéticamente. Las venas de su cuello resaltan como cuerdas, los labios apretados por el esfuerzo.
—Espera, ¡espera!—Giles suspira hondamente, se inclina hacia Spike—Déjame probar
—Auh, ¡AUH! ¡Ten cuidado joder, que ahí hay material frágil!
—Calla, quejica—Giles da un tirón hacia arriba, Spike se queja de nuevo
—¡Joder! ¡Que me vas a dejar sin huevos!
—Haberlo pensado antes de atascar la cremallera
—¡Yo no he sido, estaría ya jodida!—Giles da otro brusco tirón— Bloody hell!
—¡Pero qué... barbaridad!— dice Giles
—Eh, no te emociones por ahí abajo—gruñe Spike
—¡Me refería al atasco!—Giles lo mira torvamente, le arrea un tirón más fuerte
—¡JOOO—der!— gime Spike, y aprieta los labios.
—Eso, calladito—gruñe Giles.
La cremallera cede con un chasquido, descorriéndose rápidamente hacia abajo. Los pantalones vaqueros se abren y caen, justo en las narices de Giles, que ahoga un grito horrorizado
—Oh, Dios mío—jadea ahogadamente—Por qué no llevas calzoncillos.
—¡Yo que se! –dice Spike, echándose hacia un lado para apartarse del Vigilante —¿Por... rebeldía?
—¿Qué demonios de rebeldía es...esa de llevar todo...colgando?— gime Giles, sofocado, mientras se incorpora tambaleante por el shock. Spike frunce el ceño mientras se quita los vaqueros de la cremallera maldita y se pone otros del montón del suelo.
—Se ve que tú no naciste en la época de los calzoncillos largos –le dice
—Oh. Bueno, si, puede ser—dice Giles, desabrochándose un botón de la camisa porque no sabe por que en ese cuarto de baño de repente hace muchísimo calor y hasta se le han empañado las gafas.
Spike se está subiendo los pantalones, unos vaqueros azules. Le están bastante anchos, pero más o menos le sirven.
—Es cierto que a mi ya no me valen muy bien—dice Giles no sin cierta tristeza— Debe de ser por la comida americana
Spike lo mira de reojo, asiente con la cabeza.
—Es verdad, no comen más que cheetos y porquerías. Se lo noto en la sangre—dice. Luego mira a Giles, se remueve inquieto— Se lo notaba.
Giles no dice nada a eso. Spike se abrocha los vaqueros metiendo la mano por dentro de los pantalones mientras con la otra se sube la bragueta.
El vigilante recoge los pantalones que Spike no se ha puesto. Los horrendos de Xander. Spike los va plegando hasta que quedan en una pila más o menos decente sobre el mueble del baño. Giles menea la cabeza.
—¿Calzoncillos largos?—pregunta al fin, con una sonrisa.
—Ya lo creo, tío—dice Spike— Y en invierno, de franela.
—Pues sí—dice Giles, con una leve sonrisa— Da para rebelarse toda una vida.
—Incluso más de una—suspira Spike.




Tu afecto por tu misión te ha vuelto incapaz de claro e imparcial juicio. Sientes amor paternal por la niña, y esto es inútil para la causa.
Quentin Travers a Giles,  3X12 Helpless


Durante Something blue

Giles camina un par de pasos, dubitativamente. Justo tropieza contra la mesita baja del salón. Enseguida siente una fuerte mano agarrándolo del brazo.
—Cuidado—dice Spike, sujetándolo —No te caigas.
Giles suspira hondo mientras se deja conducir por Spike, que no lo suelta.
—No puedo creerme que me estés cuidando—dice.
—¿Por qué? Si somos casi familia. – Spike sonríe un poco, tímidamente, aunque Giles no puede verlo a causa del hechizo—Ya sabes. Buffy es como tu...hija. Así que ahora eres como mi padre.
Giles traga saliva, alucinado. Se sienta cuidadosamente en el sofá donde Spike lo ha conducido.
—¿Quieres otro trago?—pregunta Spike. Giles, sin salir todavía de su asombro, asiente con la cabeza. Escucha al vampiro servir la bebida. Coge el vaso de whisky que le pone en la mano.
Luego lo escucha caminar por la habitación (es increíble la de cosas que se puede escuchar cuando uno pierde la vista, en fin, ya lo sabía, era algo muy comentado de siempre, pero constatarlo es realmente curioso), lo escucha sacar un libro de la estantería del fondo, pasar las páginas, incluso repasar alguna línea con el dedo. Giles incluso puede oler desde donde está el aroma seco, suave, inconfundible, de las páginas antiguas.
—Qué... estás mirando— pregunta.
—El Codex ....(una parada, imagina que Spike está girando el libro para ver el título) Superbum Tertius Demonicus. Hay contrahechizos—dice Spike—pero no encuentro nada que nos sirva. Será mejor esperar a Buffy.
—Buffy. Dios mío, espero que no le...pase nada por la calle. No está muy en sus cabales.
—¿Por qué dices eso?
—¡Oh por favor!—exclama Giles— ¿A ti te parece que todo esto es normal?
Spike se remueve un poco, cohibido. Giles lo escucha dejar el libro en el estante, caminar acercándose hasta donde está él.
—Bueno, ya. En cierto modo... sí sospecho que a lo mejor puede ser que no veas con buenos ojos mi relación con Buffy— se queda un momento pensativo, luego añade— Bueno, no la ves nada porque estás ciego, claro. Pero aparte de eso, quiero decir que...
—¡Oh por favor!— exclama Giles, masajeándose la frente.
—Es por la... diferencia de edad ¿no?— pregunta Spike, con un tono de angustia en la voz. Giles se queda parado, boquiabierto, sin reaccionar. No se lo puede creer—No tiene... tanta importancia ¿sabes? Quiero decir... bueno, yo no aparento... y realmente...—escucha a Spike removerse inquieto. Lo siente sentarse a su lado, pesadamente, con abatimiento – Mira, yo con las... tías experiencia tengo ... toda ¿vale? Pero nunca he... ya me entiendes.
—Pues... la verdad, no.
—Nunca he tenido una novia.
—Oh, Dios mío.
—O sea, me convirtieron cuando era virg... gilipollas. Y luego ya sabes, lo de ser vampiro, salvaje y follar a lo bestia y todas esas cosas y bueno, yo aun así he intentado tratar a Drusilla lo mejor que he podido, tío (no se lo cuentes a Buffy que me mata) pero ella no está muy allá, no se si te has percatado.
—Me he hecho una idea.
—No me respondía mucho, la verdad. La mayor parte del tiempo ni se acordaba de mi nombre. Y siempre ha estado loca por el cabezón de Angelus, eso lo tengo claro.
—Dios mío ¿Qué clase de... noviazgo es ese?
—¡A eso me refiero!— Spike se queda un momento callado, luego se levanta del sofá, nervioso, y prosigue—Además tú...Buffy... bueno.
—Qué.
—En Sunnydale cuando llegué se rumoreaba que vosotros... bueno.
Qué
—Que estabais liados desde primer curso.
OH MY GOD!
—O sea que tienes que comprender lo de la...diferencia de edad ¿no?
—¡Yo no estaba...! ¡Buffy y yo no...! ¡Ella tenía 16 años, por Dios!
—Pues eso, lo tienes que comprender fijo.
—¡No es por la diferencia de edad!— Giles se lleva la mano a la frente, mareado— Dios mío ¿Estás tonto?
—Bueno, si un poco, lo reconozco. Buffy me está atontando de mala manera con la lista de la boda y el modelo de las invitaciones, ya sabes cómo son las mujeres, pero...
Giles ya no puede aguantarlo por mas tiempo. Tomando aliento se vuelve hacia la izquierda.
—Spike: ¿no te das cuenta de que todo esto es una locura? ¡Pero en qué cabeza cabe! ¡Es totalmente...irracional! ¡Inaudito, impensable, incomprensible! ¡Sois lo más...incompatible que existe sobre la tierra! ¡Es el hechizo, ese maldito hechizo que...!
—Estoy al otro lado—dice Spike, muy serio.
Giles suspira hondamente.
—Sí, ya me parecía a mi que hablaba con la pared—murmura, con abatimiento.


Hasta ahora quizás usted esté acostumbrada a las amenazas vagas y la disciplina descuidada, Miss Summers, pero está tratando con adultos ahora.
Quentin Travers, 5X12 Checkpoint


Durante la Cuarta temporada

—Pero a lo mejor no lo has prometido mucho—dice Spike
—¡Una...promesa es una promesa!—exclama Giles, indignado
—Si bueno, mira las de Margarita Gautier.
—¿Me estas comparando con una... prostituta tuberculosa?
—Bueno, no... ¡pero es que nos pegamos aquí todas las noches como un viejo matrimonio!
—¿Pero qué...dices? ¡Eres mi... prisionero y te estoy vigilando!
—No sé, a lo mejor te gusta pasarte las noches sin salir haciendo punto o algo.
—¡Es una cuestión de deber y de...disciplina!
—Claro que si no tienes nada mejor que hacer que... tomarte otro té. Metido en casa como un jubilado.
—Maldita sea.
—Y conmigo. Tus vecinos ya me tratan como a la señora de la casa.
Aghhrrr
—Antes una me ha pasado a pedir una tacita de azúcar. Y ni siquiera ha preguntado por ti.
Oh my god.
Spike se remueve, apoyado contra el mueble de la cocina. Giles se cruza de brazos. A su derecha el té se ha enfriado y no sabe por qué de repente ha dejado de apetecerle, pese a que es con naranja, de su favorito. Spike vuelve a la carga.
—¿Estás seguro de que lo has prometido mucho? A lo mejor lo has prometido sólo un poco.
—¡SPIKE, NO SE PUEDE PROMETER SÓLO UN POCO!—grita Giles
—Ya bueno si tu lo dices.
Spike lo mira, enfurruñado con ese morrito en forma de puchero. Giles lo mira también, de reojo, mientras deja la taza de té, fría y llena, en el fregadero, al lado de Spike, que no se aparta. ¿Por qué de pronto las cuatro paredes del apartamento se le hacen intolerables como una tumba egipcia?
—¡Maldición!— gruñe el vigilante— Claro que tengo mejores lugares donde estar. Hoy es martes y hay una audición cojon... estupenda de Deep Purple en un garito del puerto.
—¡Genial! –dice Spike, irguiéndose, todo su abatimiento desaparecido como por arte de magia— Ritchie Blackmore es un maestro con la guitarra.
Oh yeah—suspira Giles, luego frunce el ceño— ¡Pero tú no vienes!
—¿Por qué no?
—¡Porque eres un prisionero y le he prometido a Buffy que te mantendría a buen recaudo!
—Ah, vale, genial—dice Spike, cruzando el salón para dejarse caer sentado en el sofá, que chirría en protesta. — Pues entonces no puedes salir porque no puedes dejarme solo sin vigilarme—se cruza de brazos y también cruza las botas, para dar más énfasis a su enfurruñamiento— Marchando otra noche solitaria de La Extraña Pareja.
—¡Maldita sea!— gime Giles, dejando las gafas ruidosamente sobre la barra de la cocina. Luego las mira preocupado por si se le han roto por el golpe, pero los cristales han aguantado. No así una de las varillas, que se ha torcido. Giles la endereza nerviosamente mientras Spike abre la revista de programación de televisión.
—Veamos que dan en la tele— está diciendo con aire de aburrimiento mortal— Cocina para solteros. Un programa religioso mormón. Oh, mira esto, qué educativo: grandes clásicos de la escena teatral, de la BBC. Para morirse.
Giles cierra los ojos, los abre.
—Está bien—claudica—Salgamos. Pero como se lo cuentes a Buffy...
—¿Bromeas?—dice Spike, echando a un lado la revista— Nos estacaría a los dos si se entera de que has faltado a tu promesa.


Hay historias en la Academia de Vigilantes acerca de una prueba. Un reto secreto al que sólo el más astuto puede sobrevivir. Eres encerrado en una casa con un depravado, mortal vampiro, y tú tienes que matarlo antes de que él te mate a ti.
Wesley Wyndam—Price,  4X06 Spin The Bottle

Durante la cuarta temporada

Giles ha pasado muchas pruebas peligrosas en su vida, algunas muy duras. Sobre todo siendo Vigilante. Dedicarse a la lucha contra el mal no es un trabajo del que puedas esperar muchas alegrías, ni desde luego mucha tranquilidad, paz y seguridad.
Pero hay cosas más aterradoras que otras.
Tener a un vampiro con el pelo oxigenado atado en la bañera podría ser una de ellas. Pero tenerlo en el sofá berreando porque empieza el serial de la tarde entra ya en el terreno del gore más absoluto, eso Giles lo tiene claro.
—¡Date prisa, va a empezar Pasiones!—grita Spike, desde el sofá.
Giles se detiene un momento para quitarse las gafas, y cierra los ojos. A veces, como en esos momentos, la sensación de estar viviendo él mismo en alguna especia de extraño, delirante, surrealista serial escrito por alguna mente pervertida que no se toma la medicación a sus horas es realmente intensa.
—¿Pero es que estás plantando el maíz, tío?— berrea Spike— ¡Eres un lento!
Giles suspira hondamente. Se pone las gafas y continúa trasteando en la pequeña cocina. Tras un rato con el microondas, se encamina al salón con un bol lleno de calientes, humeantes palomitas. Spike mete la mano a toda prisa.
—¡Cuidado que..!
—¡AUH!
—..queman.
—¡Joder! –protesta Spike, soplándose en los dedos— ¿Por qué no me has avisado? ¿Quieres matarme?
—¡Pero si no me has dado tiempo!—se defiende Giles, mientras se sienta en el sofá, frente al televisor. Spike lo mira con resentimiento, luego, una vez se ha enfriado un poco el monstruoso puñado de palomitas que ha agarrado, se lo mete en la boca y comienza a masticar a dos carrillos. Giles suspira de nuevo (tiene la sensación de que últimamente su vida se está convirtiendo en un suspiro continuo, en realidad desde que llegó a ese maldito país) y coge también él un montón de palomitas.
—¡Ya emfiefa!—más o menos articula Spike con la boca llena. Giles mira la pantalla  mientras escucha la musiquilla machacona de violines y sintetizador del serial (capítulo 339) y se pregunta de nuevo si podrá sobrevivir a lo increíble y totalmente absurdo de la situación de estar ahí, sentado de nuevo en el sofá junto a Spike, y de nuevo viendo Pasiones.
No sabe muy bien qué responderse.
Al final decide dejarlo estar y coge otro puñado de palomitas mientras la imagen rosada y malva de los créditos se disuelve en un primer plano de la entrada de un moderno hospital, donde se halla internado Timmy después de que la ambulancia que lo transportaba tras sacarlo del pozo tuviera un accidente al chocar con un camión de ovejas.
—¿Creef que Timmy ya fe hafrá recuferado for confleto?—pregunta
—Fí—dice Spike— Amanda Vaneffa se estafa ocufando muy fien de él.
—¡Effufendo!—dice Giles.


No es la política del Consejo curar vampiros...Estamos hablando de leyes que han existido desde antes de la civilización.
Wesley Wyndam—Price,  3X21 Graduation Part I


Durante Bargaining I

Después de lo bien que se ha dado la noche con esa caza en el cementerio, no se esperaban que los vampiros tuvieran amigos, ni que los anduvieran siguiendo, y menos una emboscada justo antes de llegar a casa, cuando Buffybot ya no estaba. Giles y Spike han recibido lo suyo los dos, y en la gresca Spike un tajo muy profundo en el costado, que Giles ha preferido curarle en casa. Ha tenido prácticamente que arrastrarlo dentro, claro, porque pretendía escabullirse con todo eso de que es un vampiro y se cura solo.
—Soy un vampiro y me curo solo—repite Spike, como leyéndole el pensamiento
—Si, si claro. Y tampoco bebes más que sangre—dice Giles sin hacerle caso
—Eso. Bueno, alguna cerveza, un poco de whisky... eso no hace daño a nadie ¿no?
—Unos puntitos de nada tampoco.
—¿Puntos? ¡Joder!—jadea Spike, intentando escurrirse hacia la puerta de salida— ¿Quién ha dicho nada de puntos?
Giles lo agarra de la manga del abrigo de cuero, tira con firmeza de él y lo empuja sin muchas contemplaciones hacia el cuarto de baño.
—No seas cobardica— le va diciendo— William the Bloody, vampiro legendario y toda esa crap. ¿Vas a tener miedo de un poco de desinfectante?
—¿Desinfec...? ¡Joder! –Spike traga saliva— Esto cada vez se pone mejor.
Giles cierra la puerta del baño (más que nada para darse tiempo a parar a Spike si después de todo decide salir huyendo) y saca la caja metálica de galletas donde guarda una suerte de botiquín de campaña que por desgracia tiene que usar bastante a menudo consigo mismo. Spike se ha quitado el dúster de cuero, dejándolo de cualquier manera sobre el inodoro. Empieza a quitarse la camiseta muy despacio, quejándose porque le tajo del costado obviamente le duele con el movimiento.
—Deja que te ayude—dice Giles, y tira de la tela hacia arriba, ayudándolo a sacársela por la cabeza. Spike parece algo mareado, está muy pálido por la pérdida de sangre. A juzgar por el estado de sus pantalones vaqueros la mayor parte ha ido a empapar el dril azul.
Giles coge algodón, el frasco de alcohol.
—Aguanta, allá voy—dice. Giles tiene que disimular el placer que le provoca el rechinar de dientes de Spike cuando le echa el desinfectante en la herida abierta. —¿Duele?—pregunta
—¿Tú que crees? ¡JODER!
Giles termina de limpiar la herida, un tajo limpio, profundo, en el costado izquierdo del vampiro, casi en la cintura. Luego le da el primero de los puntos. Mira un momento hacia arriba para constatar que Spike aprieta  las mandíbulas por el dolor.
Giles se afana un rato, colocando puntos de sutura con pericia. Tira para ajustar el último, Spike jura por lo bajo.
—¡Eres un sádico!—jadea
Giles da un último tirón que hace que el rostro ya de por sí pálido de Spike se vuelva blanco como el papel, luego se incorpora, muy cerca de él.
—¿Qué?—le pregunta en voz baja, flemática— ¿Viendo pasar tu no—vida ante tus ojos? ¿Fastidiando, no callando, fastidiando más y vuelta a empezar?
Spike lo mira, ojos muy grandes sobre unas ojeras oscuras.
—Qué... vengativo eres, Rupert—murmura
—Oh, tengo mis momentos. William—dice Giles, mientras procede a cubrir la herida de Spike con una gasa estéril.


Sirk: No hay Consejo.
Wesley: Ya no, no. Así que has optado por qué, uh, ¿jugar para el otro lado? ¿Cruzar la línea
Sirk: Estos son tiempos complicados. Las líneas se vuelven borrosas. ¿Cómo lo has sabido?
Wesley: Algo acerca de Vigilantes y...bibliotecas.
4X22 Home


Después de las series.

Giles se pregunta, no por primera vez, si en algún momento pudo imaginar en qué iba a terminar derivando su vida. Cómo iba a terminar toda esa...vorágine, todo ese correr sin parar, desde hace tantos años. Esa pequeña, cómoda casa, en esa ciudad tranquila. Una tarde cualquiera de estudio, buscando referencias demoníacas en los libros recogidos en Inglaterra. Bien, sigue habiendo todo eso de los vampiros y demonios pero ya no están justo encima de una Hellmouth y... tiene algo de tiempo para por ejemplo pasar una o dos tardes seguidas haciendo lo que están haciendo ahora.
Geofrey y Ethan Rayne ocupan dos de los sillones, y entre ellos, en una mesa auxiliar hay dos pilas con los libros antiguos que están catalogando ahora mismo. En el suelo, a la derecha de Giles, hay una caja con más libros, y otra con documentos sueltos, pliegos de vitela y pergaminos. Wesley ha venido a ayudarles en la catalogación, lo que es muy de agradecer, y se halla ahora sentado en el sofá, junto a Spike, anotando datos de indexación en una libreta abierta sobre la mesa. Cada cierto tiempo él o Geofrey los pasan a la base de datos del ordenador portátil que hay en un extremo de la mesa.
Del exterior le llega el aroma suave de la lluvia otoñal. El aroma del café desde la bandeja, el del tabaco. Un poco de whisky. La calidez de la chimenea encendida.
Giles termina de mirar su libro, anota en su cuaderno los datos convenientes para la catalogación del volumen, un par de líneas de referencias prolijas y detalladas, según las especificaciones que él mismo, Ethan y Wesley han preparado hace un par de días.
Por la ventana le llega de nuevo el aroma delicioso de la lluvia, que le hace recordar los días que han pasado en la vieja Inglaterra, recogiendo todos esos volúmenes de lo que antaño fueron bibliotecas del Consejo de Vigilantes, ahora abandonadas.
Giles sonríe para sus adentros, mientras recoge de la mesita baja su vaso corto y echa un trago. Se sumerge en el siguiente libro saboreando el whisky, el aroma de los viejos libros, el susurro de las páginas al volverse. El de...Spike tarareando algo de los Clash y de Ethan dándole un pescozón para que se calle. El silencio de nuevo, casi de recogimiento, como si en el fondo nada hubiera cambiado, o hubieran regresado, como por arte de uno de esos conjuros que se hallan en los libros, a cuando era un joven vigilante que estudiaba historia en Oxford.
Se quita las gafas un momento.
—¿Cuántos libros nos quedan?—pregunta.
—Dieciséis cajas—responden a la vez Geofrey y Ethan Rayne. Giles suspira hondamente.
—Willow pasará a ayudarnos en cuanto terminen en casa—dice Geofrey.
—Genial—gruñe Spike— No nos dejará fumar.
—¿Alguna vez os....sorprendéis de cómo han... acabado siendo las cosas?—pregunta Giles, sin poder evitarlo. Ethan Rayne echa una mirada fugaz a su alrededor, por encima de las gafas de lectura.
—Bien—dice, ácidamente —Parece que seguimos en el Consejo de Vigilantes. Más o menos.
Giles menea la cabeza. Wes sonríe, toma un sorbo de café.
—¡Yo no soy un percy Vigilante aburrido!—dice Spike— Y además, me aburro.
—Coge otro libro—dice Giles
—Son todos igual de aburridos.
—Has querido venir tú ¿qué demonios haces aquí?
Spike hace un puchero, coge un nuevo libro del montón, lo abre y empieza a hojearlo.
—Buffy está de limpieza general. Era esto o la aspiradora.
—Me encanta tu intención sincera de ayudar, Spike.
—Eh, que aún soy un poco malo.— murmura Spike— No me fastidies o... —se queda un momento pensativo— Anotaré esto en el índice que no es.
Oh my god—suspira Ethan desde el sofá— Estoy temblando.
—A mí me parece algo bastante terrible—dice Geofrey.
Giles alza los ojos al cielo. Spike mira de reojo a Geofrey, que sigue absorto en su trabajo. Wes acerca el portátil y comienza a meter los últimos datos en el listado.
—Me aburro—dice Spike.
—Piensa en la aspiradora—dice Giles. Spike lo mira rencorosamente, no dice nada.




FIN


 


Notas: los diversos apartados de este fic, como pude verse, corresponden a diferentes temporadas de la serie. Pero finalmente lo he colocado en la "Octava" por el episodio final.

El personaje de Geofrey es mío y es habitual de mi "Octava Temporada" regular.