La llamada



Spike avanza trabajosamente hasta la casa, quejándose por lo bajo, se ha separado de Buffy durante la pelea, que ha sido dura de veras, ella no ha llegado todavía porque no hay luz en las ventanas. Encaja los dientes mientras se aprieta fuerte bajo la cintura, hacia el vientre, donde le han dado esa jodida cuchillada que le ha hecho gritar, siente la sangre resbalar entre los dedos cada vez que se mueve, empapando sus pantalones. Llega a la puerta, sube despacio, dolorosamente los escalones de la entrada.
—Joder, joder, joder—gruñe, mientras se da cuenta de que ha perdido las llaves porque cuándo coño ha tenido que llevar él llaves, es una...criatura de la noche maligna y no necesita jodidas llaves, es normal que las pierda, no es culpa suya. Toma aliento y piensa un momento, echa la mano nerviosamente al bolsillo del abrigo buscando el móvil para avisar a Buffy
—¡JODER!—grita, encajando los dientes por el dolor, el maldito último móvil que le dejó Angel cuando estuvo con él, era imposible que no se estropeara, Spike se queda mirando el triste aparto despachurrado que emite todavía una leve luminosidad naranja. Grita una palabrota y lo estampa contra los escalones, donde se hace pedazos.
—¡¡Puto móvil y...puto cabezón marica!!—grita, se apoya un momento contra el muro, tomando aliento, se encuentra realmente mal, muy débil, no se ve con fuerzas de ponerse a forcejear con la cerradura, y tampoco quiere derribar la puerta. Desanda el camino cojeando, encajando los dientes a cada paso, se queda mirando la puerta de la señora Marple.
—No—murmura, en voz alta, luego niega con la cabeza por si no le había quedado claro a sí mismo y se marcha. La herida le duele condenadamente. Se detiene, respira hondo y regresa sobre sus pasos.
—Joder—musita, y avanza, despacio, hasta detenerse frente a la puerta con ese cristal a modo de mirilla, con una pequeña cortinita absolutamente siniestra. Llama, apenas rozando el timbre. El rectángulo de plástico queda rojo de sangre, Spike se muerde el labio, lo limpia como puede con la manga del abrigo mientras escucha los pasos de la mujer que se acerca por el pasillo. La puerta se abre.
—Oh—parpadea ella, sorprendida—William.
—Buenas...noches Señora Marple—susurra Spike, se remueve, nervioso—¿Podría...usar su teléfono un momento?
—Claro—dice ella, mirándolo con desconfianza porque son más de las tres de la mañana, Spike avanza un poco, ella se aparta, dejándole paso.
Spike entra en el recibidor, toma aliento de nuevo, aprieta los dientes, una punzada de dolor agudo. La señora Marple lo mira, mira al suelo.
—Está usted sangrando—dice, Spike la mira con los ojos enormes, aprieta los labios.
—Luego lo limpio—musita, Mrs Marple no dice nada, echa a andar hacia el interior, Spike duda un momento y la sigue, entra en el salón donde ya ha estado un par de veces, alguna para hacerle los recados porque joder es un gilipollas. Llama al móvil de Buffy, que no lo coge, al de Willow, a quien consigue al fin decir dónde se encuentra. Cuelga el teléfono, se da la vuelta y choca casi de bruces contra la señora Marple.
—¡Dios!—jadea, sobresaltado, ella lo mira, mira el teléfono manchado también de sangre, suspira hondamente, luego alza levemente la comisura de los labios en una sonrisa, como satisfecha de haberlo asustado.
—Luego lo...limpio—murmura Spike, Mrs Marple asiente con la cabeza. Spike murmura que gracias, que tiene que irse ya, intenta escabullirse por la derecha de la mujer pero ella lo agarra del brazo, suave pero firmemente, y lo va llevando más o menos a rastras hacia otra pequeña puerta.
—Tengo que...marcharme a casa—alcanza a protestar Spike
—Después—dice ella, y Spike se encuentra sin saber ni cómo en el pulcro baño de la planta baja de la señora Marple.
Se queda mirándola preocupado mientras ella cierra la puerta,  se quita la chaqueta que deja plegada sobre el inodoro y luego lo observa de arriba abajo.
—Quítese el abrigo—dice.
—Yo...tengo que...
—Y la camisa.
Ah—jadea Spike, ella lo mira, con severidad, quizás con un asomo burlón en la mirada que Spike se niega a reconocer. El vampiro no dice nada más, obedece, trabajosamente porque le duele mucho y además joder se ha quedado helado, la señora Marple lo mira de reojo, severamente, dejando bien claro lo que opina de los gamberros que se meten en trifulcas nocturnas que acaban a navajazos. Spike mira de reojo a su alrededor. Hay toallas de flores con puntillas de tipo antiguo o hippie en los bordes, bolsitas con cosas que huelen bien y jabones, un albornoz de color azul pálido. El espejo está impecable, y no los refleja a ninguno de los dos. La señora Marple le pone las manos en los hombros y lo aparta un poco, con suavidad, haciendo que se apoye contra el mueble del baño. Luego abre un armarito, saca el botiquín, una caja ostentosamente profesional, blanca con su cruz roja en centro.
—Estoy...bien—intenta Spike—Ya...sabe. Vampiro. Se me curará solo. No hace falta que...
—Tonterías—dice ella, Spike la mira, ojos muy abiertos—¿Es una...cuchillada?
—S...sí—musita Spike, sin saber por qué tiene que avergonzarse, porque estaba haciendo su trabajo, no metiéndose en broncas...bueno un poco a lo mejor y Dios, también lo estaba disfrutando, hacía tiempos que no se sacudía con alguien tan a gusto.
—Ha sido una buena pelea—suspira, sonriendo un poco, Mrs Marple lo mira con dureza, resopla despectivamente dejando claro lo que opina de esas diversiones generalmente masculinas. Spike deja de sonreír y aprieta los labios, cohibido. Mrs Marple se inclina hacia él y le palpa suavemente el vientre, cerca de la herida.
—Qué barbaridad—gruñe—Es muy profunda.
—Ay —se queja Spike —De verdad se me curará sola.
Se remueve un poco, intentado apartarse, Mrs Marple lo mira, fijamente.
—No sea cobardica, joven.
Spike parpadea aterrado mientras la señora Marple saca del botiquín un conjunto de suturas, agujas, algodones y frascos de desinfectante que le hacen tragar saliva
—No hace falta que me lo cosa, de verdad.
—No le va a doler. Bueno, no tanto como la cuchillada que le han dado—Mrs Marple lo mira, estudiando la situación, asiente con la cabeza—Bájese los pantalones.
—Es que...es que...no llevo…—murmura Spike mareado, helado, aterrado, la señora Marple frunce el ceño con severidad.
—Hice tres años de enfermería y estoy en la reserva médica del ejército—dice—No tendrá nada que no haya visto ya, querido.
—Oh—murmura Spike, toma aliento y obedece, bajándose los pantalones cabizbajo.
—Bueno...a lo mejor no tan…—murmura ella, apreciativamente, Spike la mira aterrado, y se habría puesto completamente rojo si no hubiera perdido tanta sangre, lo que no le ocurría desde hacia ¿100 años? Intenta una última desesperada vez escapar de la señora Marple y esos ominosos instrumentos de tortura que está preparando en una bandejita plateada
—Se cerrará sola—musita, en un hilo de voz—No es...necesario que...
—Querrá que le queden esos...abdominales como antes, supongo—dice ella, dándole unas suaves palmaditas en el estómago, Spike respinga sobresaltado, se queja de nuevo, deja salir al aire en un jadeo—¿Hace gimnasia, querido?
—¿Qué?—gime Spike, niega con la cabeza—No.
—Vamos, agárrese ahí.
Mrs Marple le coge las manos en las suyas y se las lleva al mueble, Spike obedece mientras se dice que no le habría extrañado que lo esposara y sacara una fusta o algo, ella lo mira, le sonríe, casi con dulzura.
—Sólo será un momento—dice—¿Vendrá Mrs Summers a recogerle?
—Supongo, bueno, o Willow.
—Qué jovencita encantadora—dice la dama, sonríe, levemente—Y es...bueno, bruja, qué...interesante.
—Eh...sí—murmura Spike, sin quietar el ojo a las manos de Mrs Marple, que sigue preparando el material expertamente.
—Miss Summers también es encantadora.
—Sí.
—Aunque...un tanto despistada .
—Bueno...casi mejor ¿no?
Mrs Marple ríe por lo bajo, asiente.
—Sí, desde luego.
Abre un par de botellas de plástico del botiquín, coge gasas, algodón, Spike la vigila todo el rato, de reojo, mientras se teme mucho que la señora lo está distrayendo para hacerle más daño.
—¿Y está a gusto, querido?
—Quiere decir...¿aquí?
—No, en la casa. Lleva ya un tiempo.
—Oh...sí, estoy...muy bien—murmura Spike.
—Excelente—dice ella, y le echa un buen chorro de desinfectante en la herida
—¡Dios!¡Joder!—jadea Spike rechinando los dientes—¡Que no se me iba a infectar!
—Ahora seguro que no—asiente ella, satisfecha.
Spike encaja los dientes mientras Mrs Marple se agacha y termina de limpiar la herida con rapidez, duele como el infierno, aunque menos que cuando le clava la primera puntada con firmeza. Se queda muy quieto, aferrado al mueble de madera blanca, aguantando el dolor y  cerrando los ojos para no ver a la señora Marple trasteando por ahí abajo arrodillada delante de él, porque es lo más aterrador que le ha ocurrido jamás. Se queja de tanto en tanto cuando ella tira apretando los puntos, gruñe un bloody hell ahogado cuando Mrs Marple termina al fin de coser y corta el hilo sobrante con una pequeña tijera, ajustándolo con un tirón firme.
—No hace falta decir palabrotas—dice ella, levantándose, Spike hace un puchero, la mira fugazmente mientras el cuarto de baño comienza a girar preocupantemente a su alrededor. Mrs Marple prepara una gasa estéril, esparadrapo, lo coloca sobre la herida, presionando suavemente con los pulgares, pasa la manos de nuevo por el cuadrado de venda, asiente al fin, satisfecha del resultado.
—Bien, hemos terminado.
—¿Me los puedo subir ya?—musita Spike.
—Yo lo haré...no debe inclinarse ahora.
—Ouh.
Traga saliva mientras la señora Marple le sube los vaqueros, consigue abrochárselos él aunque joder le tiemblan las manos que siente heladas y es una situación absolutamente horrible por qué le tienen que pasar estas cosas a él, es increíble. A Giles nunca le pasan, ni a Angel. No, seguro que al cabezón de Angel no lo agarran señoras vecinas que son vampiros y lo meten al baño para torturarlo y preguntarle si hace gimnasia.
—Esos pantalones están empapados de sangre, seria mejor lavarlos, puedo dejarle...
—NO. No, de...verdad, me... no hace falta.
—Como quiera.
Spike asiente, con la cabeza, la mira de nuevo, baja los ojos.
—Gracias—susurra.
—Por favor, querido. No hay de qué—dice ella.
Spike sale del baño, más o menos empujado por Mrs Marple, pero no logra encaminarse hacia la puerta porque ella lo conduce ineludible y firmemente hasta el salón de nuevo.
—Puedo...esperar a Buffy en casa, yo...—intenta.
—No va a ir a ningún sitio, joven—dice ella, categórica, Spike parpadea—Hasta que Miss Summers venga a recogerlo.
—Es que ya estoy mejor—dice Spike, retrocede un poco, inseguro sobre las botas, golpea con el codo un pequeño jarrón que cae al suelo y se hace añicos. La mira aterrado, aprieta los labios casi en un puchero—Luego lo…recojo.
Mrs Marple toma aliento, lo deja salir muy despacio.
—Siéntese en ese sofá—dice.
Spike obedece, lentamente, mientras Mrs Marple le va dando instrucciones profesionales y precisas sobre lo que no debe hacer con los puntos, lo que le va a pasar si se le saltan, lo que le va a doler, y lo muchísimo más que va a dolerle si tiene que volver a coserle. Spike no se había dado cuenta de lo realmente mareado que estaba hasta que se encuentra en el sofá. La señora Marple sale un momento, regresa con una camisa oscura, de hombre, parecida a las que suele llevar Angel.
—Joder lo que me faltaba—murmura Spike, por lo bajo, mientras ella le ayuda a ponérsela y se la abotona más o menos.
—¿De su...marido?—murmura Spike, la señora Marple disimula una sonrisa pícara.
—No—dice.
Spike la mira con los ojos muy grandes, no dice nada, siente que se sonroja de nuevo, baja la mirada. Se abraza a si mismo, helado todavía, quizás más ahora que es ha quedado quieto. Mira a su alrededor, las estanterías abarrotadas de libros, el sillón de lectura, con una lámpara al lado, la mesa con el ordenador, apagado ahora. Pilas de notas y folios, cuadernos, la señora Marple sigue dando clase a alumnos particulares, como hacía en Sunnydale.
—Quién…quién la…convirtió—pregunta al fin, la señora Marple suspira hondamente.
—Uno de mis alumnos—dice, luego resopla, despectivamente—Si creía que con eso no me iba a entregar el trabajo de fin de curso lo tenía claro. Ya se lo dije: jovencito, basta de tonterías y recuerde que son 40 folios a espacio sencillo.
—Oh—murmura Spike, parpadeando—Y cómo…como lo lleva…lo de…ya sabe.
—Bueno he estado peor —gruñe ella, respirando hondo—En los sesenta en esa maldita comuna del desierto por ejemplo.
—Oh. Y lo de no…tener alma y eso.
—Soy agnóstica, joven—dice ella —No me interesan esas tonterías metafísicas.
Spike la mira, no dice nada más, ella sale hacia la cocina, regresa con un gran vaso de sangre tibia que Spike casi le arrebata de las manos. Ella le sostiene el vaso en su mano mientras se lo bebe ansiosamente, sale una vez más a la cocina llevándose el vaso vacío. Y Spike atrapado en esa casa con esa ex —enfermera del ejercito....nazi, o de salvación o el que sea, helado, mareado, nervioso, que acaba de pasar el peor apuro de su puta vida, se dice que como aparezca ahora con un vaso de leche o un tazón de caldo se va a poner a gritar.
Pero ella regresa, con dos vasos bajos vacíos en la mano, aparta dos gruesos tomos de la estantería y hace aparecer como por arte de magia una botella de bourbon.
—Creo que nos vendrá bien un trago—dice, suavemente, Spike abre la boca para decir que sí, no lo consigue. Al final asiente con la cabeza sin decir nada. La dama sirve dos vasos, el de Spike bastante generoso, se lo tiende. Spike se toma el bourbon casi de un trago, sintiendo el calor reconfortante de la bebida bajarle por el estómago. También se marea más pero bueno, era de esperar. Ella le llena de nuevo el vaso y Spike se lo toma también, casi entero antes de caer dormido. La señora Marple le sonríe con amabilidad, lo tumba cuidadosamente en el sofá y con un elegante, preciso movimiento,  le cubre las rodillas con una mantita de cuadros.

 

 

FIN


 


Nota:
El personaje Mrs. Marple pertenece a Ehiztari. Gracias Sire por cedérmelo.