Viaje de estudios



El avión

En el avión que los lleva a Devon Giles se pregunta de nuevo si habrá sido buena idea traerlos en este viaje. Bueno, hace tiempo que decidió apostar por Ethan Rayne. Buffy apostó por Spike y él...sabe que debería haber apostado también, un poco más. Haberlo...apoyado de algún modo. Ahora se da cuenta de que era tan fácil de llevar a su terreno. Estaba ansioso por pertenecer a cualquier cosa, a ellos, y nunca le dieron la oportunidad. Él no se la dio.
Le ha costado un poco adaptarse a que duerma con Buffy. Pero puede darse cuenta de que son celos...posiblemente de padre. Giles no tiene hijos, que él sepa, desde luego no ha criado a ninguno, aunque quizás sus años agobiado por los scoobies deberían contar en eso.  Está casi seguro que son celos de padre. Hace…muchos años que no piensa en Buffy como mujer.
Suspira hondo mientras Spike se acomoda más en su hombro, dormido. Lleva durmiendo casi desde que ha despegado. Ethan al otro lado de Spike sigue leyendo una revista de arqueología, en silencio. De tanto en tanto echa una ojeada precavida al vampiro. Ethan lleva un tiempo en su casa pero apenas ha tenido contacto con Spike.
Cuando la azafata se acerca y les ofrece café Spike abre los ojos, y pide roncamente uno por favor mientras se incorpora en el asiento, apartándose un poco de Giles. El vigilante le pasa la taza, otra a Ethan. El prefiere té.
Toman las bebidas en silencio, luego Spike se vuelve hacia Ethan.
—Así que tú convertiste  a Giles en un demonio feoral ¿no?
—Pues... sí
—Te lo advierto, no se te ocurra ponerme las manos encima—le dice, Ethan parpadea—Con eso de...la magia, quiero decir. Vale, con lo otro tampoco.
Giles cierra los ojos, los abre, bebe un trago de té, Ethan Rayne no contesta nada, solo bebe también de su taza. Spike murmura que no le gsutan los aviones, y que cuándo van a llegar de una vez.


El hotel

El hotel es antiguo, mantiene todo el sabor del siglo XIX pero con las comodidades de la actualidad, y además parece tranquilo. Giles se alegra de haber encontrado habitación tan cerca del casco histórico donde se encuentra la antigua librería del Consejo, donde van a estar trabajando. La suite, muy espaciosa, tiene un acogedor salón, dos baños, un dormitorio grande y uno mas pequeño, a la derecha del salón. Donde se encuentran ahora, deshaciendo las maletas. La de Giles, pequeña y utilitaria, Spike solo ha traído una bolsa de viaje. Ethan una maleta enorme, por supuesto. Maldito...presumido.
—¿Qué te parece la ciudad, Spike, la conocías?
—Hacía mucho que no estaba—dice el vampiro, apartándose de la ventana—Bueno está bien. Hay...casas, y pubs. Y cosas. Y túneles, esta todo lleno de túneles, eso es bueno.
—Cuida no termines en el río en tus correrías–gruñe Ethan, desempaquetando las camisas cuidadosamente plegadas.
—Nadie va a hacer...correrías—dice Giles—Hemos venido a trabajar
Spike echa una ojeada hacia atrás, hacia la puerta del dormitorio principal
—La cama de matrimonio os la quedáis vosotros ¿no?
Ethan lo mira, de reojo, Giles se quita las gafas, se las pone.
—Pues eh...creía que había encargado tres camas. Habitación para tres.
—Pues te han entendido para matrimonio con niño—dice Spike, echando su bolsa en la cama sencilla desde la puerta—Vale, me quedo ésta.
—La parte derecha del armario es mía—dice Ethan desde el otro cuarto—NO toques mis camisas, Rupert. Han llegado bien planchadas.
—Joder—murmura Spike.
—Bueno pues... no...pasa nada—suspira Giles— Nos arreglaremos. Ethan y yo dormiremos ahí al lado.
—Vale, pero si os ponéis cariñosos no hagáis mucho ruido.
—¡Spike!—jadea Giles, más que harto, el vampiro le dedica ese gesto burlón sacando un poco la lengua que lo pone de los nervios.
—Que nadie toque mi neceser—gruñe Ethan, desde el baño grande—Odio que toquen mis cosas.
Giles toma aliento, lo deja ir, súbitamente cansado. Puede imaginarse cómo será la mañana siguiente, con Ethan protestando del té que no está a su gusto, acaparando el periódico. Con Spike en la ducha con la puerta abierta, dejando la toalla tirada por el suelo. Sin agua caliente porque entre los dos se la han acabado.
—Bloody hell—murmura.


La biblioteca

El móvil suena de nuevo, Giles maldice por lo bajo, lleva dos libros enormes en cada mano y no puede coger ahora el infernal aparatito. Spike está abajo, Ethan demasiado lejos, Giles desiste de poder cogerlo y baja las escaleras y consigue llegar a la gran mesa y depositar los libros sin que se le caigan. Luego saca el teléfono móvil del bolsillo y mira las llamadas perdidas. Es el número de Wolfram y Hart.
Giles parpadea, confundido. Realmente no entiende por qué Angel, con el que ha hablado un total de tres veces en la vida y todas por emergencias apocalípticas, lo está llamando esa semana 6 veces al día para las cosas más insustanciales. Alguna de las veces incluso ha llegado a decir que se había equivocado de número.
—¡Oh por favor, qué maravilla!—exclama Ethan desde el piso superior, sacándolo de su ensimismamiento, Giles sube de nuevo la antigua escalera de madera para ver qué ha encontrado el ex —vigilante—¡Magia negra del Conde de Melbrough, con todos los conjuros de demonios esclavos, riquezas sin límites, atracción sexual y venganza sangrienta! Qué...maravilla.
—No...necesitamos eso, Ethan—suspira Giles, Ethan Rayne lo mira, de reojo
—Eso siempre es necesario, Rupert. En algunos casos es hasta imprescindible.
Giles le mantiene la mirada y niega con la cabeza.
—Al menos deja que me copie los de la parte de fornicación salvaje—insiste Ethan.
—No.
—Dios, eres un aguafiestas—gruñe Spike desde abajo—Pareces un marido gruñón, deja que lo copie.
—He dicho que no.
—Yo también quiero ver lo de la fornicación ésa.
—Por favor, ya basta los dos—gime Giles—Y buscad lo que hemos venido a buscar. Libros que nos sirvan para reconstruir una biblioteca decente de vigilantes.
—Más les valdría pensar menos en la decencia y aprender un poco más de la fornicación—murmura Ethan, en tono apenas audible pero que Giles escucha perfectamente. Spike también, porque murmura que es verdad, desde su mesa.
—Y de todos modos no sé si es buena idea reconstruir el consejo de Vigilantes—dice Spike, devolviendo un libro a su anaquel—Era un jodido club de ingleses reprimidos aburridos y con mala leche.
—Nadie te ha pedido opinión, Spike. Entre otras cosas, porque no eres Vigilante.
—Bueno, ya—murmura Spike, cogiendo otro libro—Eh, Ethan ven a ver éste. No se qué idioma es.
Giles abre la boca para decir algo, pero Ethan Rayne ya está bajando las escaleras. Giles lo ve acercarse a Spike, mirar los dos el libro, a la luz de la lámpara de mesa. Muy interesados, seguramente habrá fotos..eh...desagradables. Bien, Giles se ha jurado a sí mismo que los iba a poder manejar a los dos. Incluso juntos.
—Sí parece interesante, Rupert—dice al fin Ethan Rayne arqueando las cejas—Conjuros valglorianos, volumen íntegro. La versión original en valglor.
—Oh ¡Estupendo!—exclama Giles y se acerca a ellos, más animado. Spike le deja su sitio y se sienta en la mesa. Giles lo ve encenderse un cigarrillo en ese sitio cerrado, lleno de incunables y con prohibiciones de fumar en todas las paredes, pero no le dice nada. Tampoco le hace mucha gracia cómo mira  Ethan la...parte de los pantalones de Spike que le queda visible justo al lado, pero se obliga a centrarse en el libro. No es…asunto suyo con quién…intente intimar Ethan, si lo intenta. No lo es hace mucho años. Toma aliento de nuevo y pasa las páginas del volumen, cuidadosamente, comprobando que esté completo. Encuentra un pasaje largo en latín que Spike lee en voz alta y traduce, más o menos. Copia de un texto clásico que lista las tribus de demonios de la antigua y muy activa boca del infierno bajo el Vesubio. Ethan se queda mirando a Spike de nuevo, alza la cara hacia él.
—¿Qué…estudiaste antes de que te convirtieran?
—No me acuerdo—musita Spike, a la defensiva, Ethan entrecierra los ojos.
—Hablas un latín de… Eton. Mucho Catón, mucho Virgilio…y la pronunciación.
Spike baja la mirada, cruza los brazos, no contesta. Giles se encuentra avergonzándose de no haberse preocupado nunca de saber algo del pasado del vampiro. Cómo era Spike realmente, qué...hacía, dónde vivía, lo que estudió. Qué le ocurrió. Por qué terminó en brazos de Drusilla. Dios, si fue Drusilla o Angelus, ni siquiera está seguro de eso...aunque puede imaginarlo.
—Yo lo aprendí con las v mucho más diferenciadas, lo que…no es muy correcto claro. Y pronunciaba las æ de manera algo equivocada, también.
—¿Me vas a dar una conferencia Mary?—gruñe Spike, removiéndose sentado en la mesa, Ethan ríe por lo bajo.
—No tienes por que contármelo, compañero. Aquí todos tenemos secretos.
Spike lo mira, muy serio, no dice nada. Giles deja salir el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta.


El pub

Giles bebe otro sorbito de whisky que hace bajar con un trago de cerveza, deja la pinta en la mesita. Spike sigue jugando al billar con Ethan, va ganando y el ex –vigilante parece bastante contrariado con eso. Giles recuerda que a Ethan no le gustaba perder, aunque le ha tocado muchas veces en la vida. Enfrentándose con él en cosas más serias que un juego de salón, por ejemplo. Ethan hace un gesto cómico hacia Giles amenazando con darle a Spike con el palo de billar en la cabeza, Spike sonríe pero se encoge un poco y da un paso atrás. Spike es nervioso como un gato mojado. Juegan un rato más, Giles escuchando la música, Jethro Tull ni más ni menos...qué maravilla estar ahí, arrellanado en el banco de cuero de ese pub lleno de humo, mirando jugar a esos dos y escuchando buena música. La flauta de Ian Anderson. Y por favor...poder elegir entre 10 cervezas buenas...eso no se paga con dinero.
Giles está tarareando Cross-eyed Mary cuando ve que la partida ha terminado, Ethan intenta escabullirse pero Spike insiste en cobrar en el acto, se empujan un poco, bromeando, Ethan es bromista cuando toma unas copas. Spike algo cohibido, no parece acostumbrado a las bromas, ni al contacto físico, pero sonríe. Tiene una sonrisa muy hermosa. Se queda al fin con el dinero de Ethan, que mete en el bolsillo trasero del pantalón. El...jodido Ethan se queda mirándole el culo con todo el descaro del mundo. Luego suspira hondamente.
—Por favor que no se lo intente ligar—gime Giles, con la voz pastosa.
—¿A quién?—pregunta Spike, acercándose, Spike  y su maldito oído de vampiro.
—Oh. A nadie, hablaba...por hablar.—Giles se repone, mas o menos—¿Dónde está? ¿No estaba ahí hace un momento?
—Habrá ido al baño. Ya tendréis problemas de próstata, a vuestra edad
—Mocoso...impresentable—gruñe Giles, Spike se muerde la sonrisa, burlón, se mueve un poco con la música, va por más bebida. Giles intenta decir que ya han bebido demasiado pero maldita sea, se está tan bien ahí. Y hay...mujeres, guapas, arregladas, que le miran y le sonríen. Luego se comen con los ojos los brazos musculosos de Spike con esa camiseta sin mangas tan ajustada, claro pero...al menos lo miran también a él.
Ethan vuelve del baño, con bebidas, y se encuentra con las que ya ha traído Spike. Ríen los tres como tontos, Ethan muy erguido y elegante porque las mujeres de la mesa cercana se han vuelto a mirarlos al oírlos reír. Le quita el cigarrillo de la boca a Spike y da unas caladas.
—¿No tienes algo más...apetitoso para mí?
—Como qué—murmura Spike, ojos enormes, Ethan parpadea, disimula la sonrisa.
—Me refiero a algo de fumar.
—Ah. Oh—Spike encoge los hombros—Pídele a Giles.
—¡Yo no llevo...nada de eso!—jadea Giles— Por dios, Ethan.
—Bueno, sólo preguntaba, no pasa nada por preguntar. Relájate, Rupert.
Giles busca sus gafas por la mesa, por el asiento, las encuentra, las sostiene entre las manos.
—Tenemos que irnos, no se qué hacemos aquí—dice, Ethan Rayne se inclina hacia él, muy cerca.
—No seas aguafiestas—susurra.
—Tenemos un montón de trabajo, no podemos perder toda la noche.
—Vamos, un poco de diversión nunca ha hecho mal a nadie. Si no intervienen demonios sanguinarios y drogas duras, al menos.
—Oye, dijiste que te comportarías y me ayudarías y...
—¡Cuidado, Ethan!—susurra Spike, metiendo la cabeza entre ambos—No le provoques,  se ha puesto el pendiente.
—Oh por favor—gime Giles, mientras sus compañeros se doblan en dos de la risa. Al final claudica de intentar parecer el serio del grupo y elige al azar una de las muchas pintas de cerveza que se les han acumulado en la mesa.
A la mierda. Ya recogerán libros mañana. Auque sea con una jaqueca del tamaño de la Catedral de Exeter.


El hotel

Sentados en el agradable saloncito, en los sillones, frente a la mesita baja. Tomando los dos un buen whisky mientras repasan la lista de libros que serán enviados a casa de Giles. Hablan un poco de eso, cotejando las listas. Giles se lamenta de no poder llevarse todos…pero ya es bastante suerte que los nuevos propietarios del edificio le permitan llevarse unas cajas. Podían simplemente haberlos vendido al peso, o haberlos tirado con todo lo demás, cuando derriben el edificio. Ethan deja la lista un momento a un lado, se enciende un cigarrillo. Giles se quita las gafas.
—¿Dónde está Spike?—pregunta.
—Ha salido. Bueno, es una criatura de la noche ¿no?
—Sí, desde luego.
—Nosotros también lo fuimos, ¿eh, Ripper?
Giles lo mira, unos momentos.
—Sí.
Vuelven a los listados, de nuevo. Giles tacha un par de libros dudosos que al final serán dejados atrás, Ethan se lamenta de que la colección de referencias a conjuros Everett esté incompleta, se preguntan dónde andará el dichoso tomo quinto. Debajo de la pata de alguna mesa, seguro. Como tantos otros libros únicos e insustituibles.
Ethan Rayne baja la mirada, respira hondo y deja salir una bocanada de humo. Luego apaga el cigarrillo en el cenicero de cristal, a un lado de la mesita.
—Este…William el Sangriento…Spike—susurra—¿Cómo fue a parar con vosotros?
—Pues… en realidad fue algo parecido a lo que me ocurrió a mí. Lo…detuvieron de un mazazo. La Iniciativa. Y luego simplemente se quedó.
—Y ahora...tiene alma, como Angel.
—Sí, la tiene.
—Dios, qué disgusto para los seguidores de la profecía Shanshu ¿no?
Giles ríe, por lo bajo, asiente con la cabeza.
—Spike es...especialista en complicar las cosas.
—Ya lo veo. Y terminó cerrando la Hellmouth.
—Sí.
—Qué vueltas da la vida ¿verdad?
—Normalmente no quiero ni pensarlo.
—Y se acuesta con tu cazadora ¿no?
—Sí.
—Está...muy bien. Mucho mejor que el otro, el soldadito.
—Pues...sí.
—Y...¿os lleváis bien?
—Claro. Estupendamente. Somos...nos llevamos estupendamente.
Ethan se queda mirando a Giles, en silencio, largo rato. Estudiándolo. Giles se remueve nervioso, vuelve a ponerse las gafas, repasa la lista. Ethan sigue mirándolo, esa mirada penetrante, ojos oscuros, fijos en su persona.
—Qué le hiciste—pregunta al fin. Giles cierra los ojos, los abre.
—Intenté hacer que…intenté matarlo—susurra.
Ethan se queda unos momentos callado, bebiendo de su vaso. Luego menea la cabeza y en su mirada Giles casi cree ver piedad.
—Dios, Rupert. Siempre terminas haciendo lo mismo.


La  lucha

Giles lleva rato caminando por las oscuras calles, bordeando la cerca de piedra de uno de los cuidados parques de la ciudad. Camina ensimismado en sus pensamientos, despacio, disfrutando de la noche, del aire fresco, de la oscuridad. Siempre le ha gustado la oscuridad…aunque hace tiempo que gran parte de las noches se las pase trabajando. Piensa mucho en Spike, y en Ethan, pero más en Spike. Esos días, teniéndolo cerca, está pensando mucho en él. Siempre que vuelve la cabeza y lo pilla mirándolo Spike baja la mirada, escondiéndose de él. Es sumamente reservado, pese a que parece no ser capaz de callar jamás. Giles a veces daría muchas cosas por saber qué está pensando cuando lo mira con esos ojos tan grandes, serios, esos labios apretados. Aunque sabe que es inútil preguntarle, por supuesto.
Tampoco tiene derecho a…intimar con Spike. No después de lo que ocurrió entre ellos.
Giles considera que se han reconciliado, más o menos. Al menos se tratan con la cortesía elemental que les permite una convivencia normal. Spike le fastidia siempre que puede, y él de tanto en tanto le devuelve alguna puya. Pero…sigue habiendo algo, puede notarlo. Incluso Ethan lo ha notado. Una barrera que ninguno de los dos se atreve a cruzar.
Ensimismado en sus pensamientos, Giles no se da cuenta del demonio que lo va siguiendo, y cuando la mente le alerta de un ruidito, a sus espaldas, apenas tiene tiempo de echarse a un lado y esquivar al primero de sus ataques.
El segundo golpe, de lleno, lo lanza varios metros por los aires. Giles ya no es tan joven como antes, pero lleva muchos años de lucha a las espaldas y se levanta, ágilmente, y se prepara para defenderse mientras busca con la mirada algo contundente que pueda servirle de arma. No encuentra nada, y echa mano de su cuchillo. Recibe al demonio atacando él a la vez, rápido, lanzando cuchilladas. Cada golpe que le coloca el demonio lo hace caer a tierra, contra el muro, a golpes y patadas van entrando en el pequeño callejón, apartados de la vista. De todos modos no hay nadie, Giles sabe que está solo.
Resiste como puede mientras va cambiando el cuchillo de mano haciendo fintas y atacando bajo, el demonio lo acorrala y lo sujeta contra su cuerpo duro casi rompiéndole el espinazo y Giles aprovecha para clavar la hoja en sus riñones, profundamente, arrancándole un rugido de dolor. Giles mete el cuchillo y lo gira, una y otra vez, una maniobra sucia que espera que le salve la vida. El demonio afloja la presa, herido de muerte. Giles no deja de acuchillarlo y golpearlo, jadeando por el esfuerzo, hasta que ya no se mueve. Está muy cansado.
No se espera que el demonio aún esté vivo, que lo derribe a tierra y se le eche encima, inmovilizándolo con su peso. Escucha incrédulo el sonido de la hoja de metal rebotando en los adoquines, y se da cuenta de que ha perdido su arma. Intenta quitarse el demonio de encima con todas sus fuerzas, el cuerpo de piel verdosa, resbaladizo de sangre, pesa más del triple que él, el demonio ruge y apresa su cara con la mano de largas uñas y se la gira para degollarlo de un mordisco. 
Giles se da cuenta de que esa vez no lo va a conseguir, y en esos escasos latidos se dice que es extraño ir a morir en casa después de todo, y se encuentra lamentando no poder ver a Buffy una vez más, y se obliga a no cerrar los ojos mientras espera la dentellada mortal del demonio. El corazón le late desaforadamente, siente su aliento fétido, el roce frío de sus dientes en el cuello y entonces el demonio hace un quiebro extraño y echa la cabeza hacia atrás, exageradamente, de modo antinatural, y le llega el sonido atroz de crujido seco del hueso al romperse, y se da cuenta de que Spike lo ha agarrado y le ha partido el cuello justo cuando iba a acabar con él.
Spike aparta el cuerpo del demonio, arrojándolo a un lado, Giles se incorpora, aturdido por los golpes, mareado, escucha más o menos a Spike preguntar si está bien. Se encuentra mirando su mano, fuerte, de largos dedos, con esas uñas malpintadas de color negro. Lleva una pulsera plateada. Giles se coge a su mano y Spike lo levanta, tirando con fuerza de él.
—Dios mío—jadea Giles, tambaleándose, Spike lo sostiene, del codo—Creí que no lo contaba.
—Ya imagino—dice Spike, cabecea hacia atrás—¿Hay más?
—Creo que no.
—Joder, ¿echabas de menos una buena pelea en las calles de la vieja Inglaterra?
Giles cierra los ojos, toma aliento hondamente.
—¿De dónde demonios sales?—susurra.
—De...por ahí.
—¿Me estabas siguiendo?
—No. Bueno, sí—Spike se remueve, lo mira, de reojo, tiene unos ojos muy rasgados—No exactamente. Ethan nos espera en el pub de ahí detrás, salí a buscarte y olí a demonio y joder, era imposible que no te estuvieran atacando ¿no?
—Estadísticamente imposible, si—sonríe Giles, mareado aún. Spike le suelta el codo, mete las manos en los bolsillos del abrigo. Psicología elemental que dice a Giles que las esconde porque quiere tocarlo. Contacto físico. Da un paso dubitativo hacia él y le da una palmada suave en el brazo, Spike se encoge un poco.
—Gracias—susurra Giles, en voz baja, luego toma aliento—Yo...me alegro de tenerte, William. Con...nosotros. En casa— Spike lo mira, ojos enormes, baja la cabeza —Me alegro de que estés con Buffy y puedas...cuidar de ella.
Spike no contesta, se quedan los dos callados, un rato. Muy quietos. Giles de repente se encuentra recordando a Randy. Ese conjuro estúpido, imprudente, de Willow que los hizo a todos creer que eran...personas que no eran. Recuerda lo que creyó Spike y se le hace un nudo en la garganta. Y se da cuenta de que leva meses deseando si no estar...bien con él, al menos dejar de sentirse mal por lo que le hizo. No, desea que Spike deje de sentirse mal. Por eso, por primera vez en su vida tira de la manga del vampiro y lo abraza contra su pecho. Spike tarda unos segundos en reaccionar y luego le devuelve el abrazo, más o menos torpemente. Luego se abraza fuerte y Giles siente un calor extraño en ese corazón que intenta mantener frío desde hace tantos años.
—Oh Dios—susurra.
Se quedan un rato así, abrazados, Spike pegado a Giles y Giles manteniéndolo contra su cuerpo, la mano en su cuello. Luego se miran, de reojo, el uno al otro, y separan apresuradamente, horrorizados de haberse abrazado. Spike se remueve sobre las botas polvorientas, Giles busca sus gafas por el suelo, las limpia más o menos, se las pone.
—Creo que necesito un whisky—dice Giles.
—Dios, sí—asiente Spike.
—Incluso...me tomaría dos.
—Y yo.
Salen los dos hacia el pub donde los espera Ethan sin mirarse, deprisa, caminando todo lo separados que pueden, tan separados que casi van rozando las paredes opuestas del callejón.



FIN