La piedra

Hace una noche fría, con niebla, todo está muy silencioso. Spike se remueve en el callejón, nervioso, mira un poco hacia atrás, por encima de su hombro. Da una calada al cigarrillo y lo tira al suelo cuando ve acercarse a la figura femenina, delgada, vestida con un chaquetón negro.
—Hola, Spike—dice Willow, acercándose, Spike la mira, fijamente —¿Llevas…mucho esperando?
—Como media cajetilla—gruñe Spike, menea la cabeza—Dios, eres peor que Giles.
Willow suspira hondo.
—Lo siento, no estaba segura del último ingrediente, he tenido que consultar el códice sumerio de Astarté y a última hora, cuando ya estaba arreglada, me he acordado del Libro de la transformación de Maya y del problema de…
—A este paso va a amanecer, y entonces sí tendremos un problema—murmura el vampiro.
—Perdón—musita Willow, y a Spike le parece de repente tan joven e inocente…como lo era cuando la conoció y llevaba esos jersecitos infantiles rosas y esas medias de colores. Sonríe, para sí, echa a andar por el callejón. Willow lo alcanza, poniéndose a su lado. Caminan unos metros, hasta que el vampiro se detiene, frente al muro de ladrillos oscuros, sucio de verdín y contaminación.
—Es aquí—dice Willow, Spike asiente con la cabeza.
—¿Estás segura?—pregunta.
—¿No lo notas?
—Bueno…sí, claro—dice Spike—Quería decir si estás segura de querer entrar.
—Oh. Ya. Sí, necesito…—Willow lo mira, le hurta la mirada—No puedes comprármelo tú solo, Spike, necesito ver el talismán yo misma.
—Bien, de acuerdo. Es que es como estar a dieta y entrar a una pastelería. Sólo quería asegurarme de que no te va a dar una recaída. En eso de ponerte venosa y matar gente, ya sabes.
—¡Spike!—gime Willow, sofocada, el vampiro la mira, de reojo, se coge de su mano.
—Adentro—dice.


La tienda de está muy oscura, iluminada aquí y allá con gruesas velas medio consumidas que han dejado pequeños lagos de cera en las hornacinas y los estantes. Huele fuertemente a hierbas y a magia. Hay varias puertas disimuladas con cortinas, y aguzando el oído Spike puede escuchar voces, algún gemido espera que de placer y una suerte de música muy leve de algún instrumento de cuerda. Se queda apoyado contra la pared, en silencio, mientras Willow se adelanta y saluda con una inclinación de cabeza a las otras dos brujas. Ninguna de ellas es humana, la de la derecha parece más vieja, una demonio abatzaar de cabellos oscuros y piel muy pálida. Conversan con Willow mientras intentan venderle su mercancía, cristales tallados y en bruto que Willow rechaza una y otra vez, con amabilidad pero con firmeza. Spike sospecha que parte de la conversación tiene lugar entre sus mentes, o algo parecido, puede oler el chisporroteo como de fósforo de la magia alrededor de las tres brujas. Repasa de nuevo la habitación por el rabillo del ojo, los leves movimientos tras las cortinas, el olor de los demonios, el techo que no alcanza a vislumbrar bien. Medio en otra dimensión, como el resto de la tienda, se dice. No le gustan esos rollos de dimensiones, prefiere tener los pies en la tierra. En la tierra de la dimensión de siempre, quiere decir.
Willow ha levantado un poco la voz, haciendo alertar a Spike. El vampiro se remueve, avanzando un paso hacia ella, las demonios lo vigilan con disimulo. No pueden saber quién es, espera, salvo un simple vampiro. Pero sí saben quien es Willow, y enseguida le sacan lo que ha ido a buscar. Un talismán muy poderoso, ha dicho la bruja, nadie lo diría. Una piedrecita verde oscuro, no más llamativa que un trozo de vidrio moldeado por el mar. Spike entrecierra los ojos y puede ver que emite una leve aura más allá del negro, de ese color del que desconoce el nombre que tienen algunos objetos de poder muy fuerte, oscuro.
Willow asiente al fin, se guarda la cajita con la piedra en el bolsillo, se vuelve hacia Spike. Spike se acerca, mira a la bruja, ella le susurra la cantidad y Spike deposita un abultado fajo de billetes que se alegra muchísimo de gastar porque son de Giles sobre el mostrador de madera oscura, desgastada por el tiempo. La demonio más joven hace desaparecer el dinero bajo sus ropas. Willow murmura algo en la lengua de los demonios, ellas contestan en la misma. Spike no dice nada, inclina un poco la cabeza y salen los dos por la puerta, muy fría, que desaparece a sus espaldas.
—Todo ha ido bien—dice Willow.
—Sí pero corramos—dice Spike, Willow lo mira extrañada—Más vale prevenir—dice él a modo de explicación, echan los dos a correr saliendo del callejón.


Los demonios empiezan a perseguirlos cuando apenas han avanzado dos calles. Willow no sabe muy bien si estaban en la tienda de magia o simplemente se han visto atraídos por el poder de la pequeña piedra que guarda en su bolsillo. Spike murmura que le trae sin cuidado de dónde hayan salido mientras agarra a Willow de la mano y echa a correr más aprisa, arrastrándola tras de sí. Los demonios encapuchados los siguen, gritando cosas incomprensibles en su idioma aullante, ellos corren desesperadamente, siguiendo el río, entre los almacenes abandonados, internándose entre callejuelas industriales. Cuando les sacan un poco de ventaja Spike abre uno de los almacenes de una patada, entran a la carrera y cierran la puerta rápidamente. Entonces miran a su alrededor.
—¿Una puta funeraria?—grita Spike— ¡No me jodas!
Willow echa una ojead al local, viejo, gris, polvoriento, con mesas llenas de trastos viejos, paredes de madera desconchada, jirones de cortinas en las ventanas. Coronas fúnebres marchitas y polvorienta colgadas de ganchos en las paredes. Todavía queda un viejo ataúd, apoyado contra el muro.
—¡No pienso quedarme encerrado en una jodida funeraria!—protesta Spike, nervioso.
—¡Spike, no hay tiempo!—gime Willow, sombras de demonio cortan la luz de la luna, desde la ventana, Willow y Spike recorren a toda prisa los confines del sucio local buscando donde meterse.
—¡Haz un conjuro de algo, joder!—jadea Spike, oliendo ya los demonios al otro lado de la puerta, Willow niega con la cabeza.
—No puedo, no llevando el talismán, puede potenciar los efecto o incluso...
—¡Joder algo, lo que sea!
—Puedo...ocultarnos un poco  a demonios atacantes con un conjuro elemental—dice al fin.
—¿Cómo de poco?
—Poquito...—gime Willow—Tendremos que escondernos de todos modos
Realiza rápidamente, sin cerrar ni los ojos, un pase con las manos. Spike abre un armario, la puerta carcomida cae al suelo de sus manos, jura por lo bajo. Willow se queda mirando el ataúd.
—Ah, no, ni hablar—jadea Spike, siguiendo su mirada
—No hay otro sitio, Spike.
—¡No pienso meterme en un ataúd!
—Pues...dime si hay algo mejor.
—Es...ridículo. ¡Joder, es lo más cutre del mundo!
—¡¡¡Spike!!! ¡Están entrando!
—¡Joder!—ruñe Spike, abre el mohoso ataúd, con su interior de satén apolillado, Willow emite un gritito de miedo y se mete a toda prisa. Y mientras la puerta el almacén se abre con gran estruendo, Spike entra también, apretándose contra ella. Willow, tendiendo los brazos como si lo abrazara, tantea con el cerrojo y cierra la tapa el ataúd.


No sabe cuanto tiempo llevan ahí metidos, en el oscuro, claustrofóbico espacio diminuto del ataúd. En silencio, aunque Willow desde luego puede escuchar el latido de su propio corazón. El elemental hechizo de ocultamiento amortigua los sonidos, y los olores, y parece que entre el conjuro y el...escondite ha sido suficiente para que los demonios, que han revisado el almacén a toda prisa, los hayan perdido.
—Parece que se han ido—se atreve a murmurar al fin, hablando en susurros muy bajos, Spike asiente con la cabeza (puede sentir el movimiento de su cara casi contra la suya) y sigue con sus protestas.
—No me gustan los ataúdes—repite—No me gustan para  estar dentro.
—Yo nunca...había estado en uno.
—Yo si, tres días, no quiero más, gracias.
—Y por qué...les ponen cerrojo por dentro, no lo entiendo.
—Ni yo. Pero menos mal que el mío no tenía. Intenta abrirlo.
Willow mete las manos por detrás de Spike, conteniendo el aliento, no...recordaba tenerlo tan cerca, se sonroja, repentinamente consciente del cuerpo masculino de Spike bajo la camisa negra, siente su cuerpo delgado, muy duro contra el suyo, el contacto de sus costados en los brazos, el roce de su pecho desnudo bajo la camisa, de su espalda mientras tantea, buscando el cierre de la puerta, no sabe por que...de repente se pone nerviosa, quizás porque ahora ha vuelto a...interesarse por un hombre y eso la hace ser más consciente de la presencia física de Spike, de su aroma, por Dios ha repetido ser consciente dos veces en la misma frase, y lo de la...camisa, vale no esta hablando, solo pensando pero...qué vergüenza con las buenas notas que sacaba siempre en lengua y gramática. De todos modos cualquiera no es...consciente teniéndolo tan pegado y con ese...ese...ese...esos...pantalones, qué...barbaridad.
—¿Lo encuentras?—pregunta Spike, tan cerca de su cuello como aquella vez, en la vieja fábrica, o...aquella otra vez que intentó morderle, en su dormitorio del campus. Willow se sonroja más.
—Ya casi—murmura.
—Prueba a moverlo.
—Está muy duro—susurra.
—Ah—jadea Spike.
—El cerrojo—gime Willow,  y se sonroja, increíblemente, aun más porque para duro ese estómago que nota pegado a ella, y ese pecho masculino a través de la leve camisa...por favor, ha repetido una vez más lo de la camisa, Willow puede sentir la calidez tibia del cuerpo de Spike...o quizás sea ella, tan sofocada—Ya casi—alcanza a susurrar.
—Joder solo se nos ocurre a nosotros meternos aquí.
—Sí. Y cerrar la puerta.
—Eso se te ha ocurrido a ti sola—protesta Spike, intentando removerse, Willow consigue bajar el cerrojo rebelde exactamente hasta el duro trasero de Spike, que da un respigo y no dice nada. Willow traga saliva y se sonroja hasta la raíz del cabello.
—Ya está—gime Willow, la puerta se abre con un chasquido, cae un poco hacia atrás, separándose de Spike. Luego respira hondo, el vampiro al parecer no se ha percatado de su turbación...o quizás sí, porque la mira un momento, con unos ojos muy grandes y sale apresuradamente del estrecho ataúd. Willow no sale de la caja hasta que Spike le da la señal de que todo está despejado, luego se apresura a su lado.
—Esto es demasiado patético.—murmura Spike— Joder, ni en una peli de vampiros de los 50 se metería la gente en un ataúd. Sobre todo la chica pelirroja con el vampiro. Menuda cutrez.
—Sí. Casi me da vergüenza contárselo a Buffy.
—Bueno...ella y yo nos hemos metido en sitio raros, a veces. Y estrechos—dice Spike, se muerde el labio, soñador—En alguno tardamos bastante más rato en salir, claro.
—Oh—gime Willow, Spike aprieta los labios, la mira de reojo
—Vale, creo que podemos ir hacia casa sin peligro, no huelo nadie raro. O sea nadie vivo al menos.
—No se si eso da tanta seguridad como parece.
—Quiero decir...nadie vivo o que esté muerto pero se mueva.
—Ah, estupendo entonces.
Salen del polvoriento almacén mirando precavidamente a derecha e izquierda, luego se encaminan hacia casa, caminando deprisa.


Pero por supuesto sí, los han seguido de nuevo. Un grupo de los demonios encapuchados les salen al paso en el puente, por sorpresa, aullando y corriendo hacia ellos. Willow casi no se da cuenta de lo que ocurre hasta que ve a Spike empezar la pelea. Lo mira luchar mientras intenta escabullirse, ella no sabe luchar ni tiene fuerza como Buffy aunque consigue darle una dolorosa patada en la espinilla al demonio más cercano, ve a Spike acabar con dos de los demonios con el cuchillo, morderle transformado a otro, le están golpeando por todas partes, el demonio al que ella le ha dado la patada la ha ido alejando del vampiro en el tumulto, acorralándola contra el murete de piedra del viejo puente, y ahora se lanza contra ella armado de un enorme cuchillo. Willow grita, asustada, y hace un conjuro de protección que lanza hacia atrás al demonio varios metros. El conjuro es poderoso, y magnificado por el poder de la piedra en su bolsillo la lanza también a ella, violentamente. Justo cuando cae puente abajo, gritando, Willow se dice que tendría que haber recordado el maldito efecto de retroceso de ese conjuro, y cae hacia las frías aguas. Spike la ve caer mientras se deshace del demonio del cuchillo rompiéndole el cuello con un rugido, y salta también hacia el río.


Willow más aturdida por el golpe contra el agua que por el frío intenso, no sabe muy bien cómo consigue chapotear y respirar al fin, no encuentra a orilla en la oscuridad, el corazón palpitándole muy fuerte en el pecho, grita atragantándose cuando siente que la agarran y la empujan, pero es Spike, puede distinguir su llamativo pelo rubio pese a la poca luz. El vampiro le susurra algo, quizás la intenta tranquilizar, y sin separarse de ella va nadando hacia la orilla. Willow nada todo lo deprisa que puede porque el agua está aterradoramente fría, tanto que ya ni siente sus miembros, y es horrible y agotador nadar con la ropa puesta, con las botas. Cuando salen al fin a la orilla, medio a gatas, es aún peor porque el frío de la noche los congela más.
—Prefiero comprar en la gasolinera—tartamudea Spike, aterido—Aunque sean cosas de esas de tías.
—Dios mío, estoy helada.
—¿Tienes la piedra?
—S...sí, creo que sí—musita Willow, tiritando, rebusca en su bolsillo del pantalón, tanteando con dedos ateridos en la tela empapada, saca la cajita, mira la piedra, la guarda de nuevo—No tenia que haber hecho magia llevándola conmigo.
—Bueno, era una situación limite—Spike se estremece como un perro mojado, se mira el abrigo—Joder se va a estropear el cuero. ¿No puedes hacer un conjuro para secarnos o algo?
—No me atrevo—susurra Willow—Igual acabamos en llamas.
—Ya lo he probado, paso—se apresura Spike, Willow lo mira, hace un puchero.
—¿Podemos ir ya a casa?
Spike asiente con la cabeza, mirando de reojo al puente, que queda mucho más allá. Empiezan a caminar por la ribera, tropezando entre piedras, juncos y arbustos, mojados hasta los huesos. Al cabo de un rato Willow se coge de su brazo. Spike la mira de reojo, baja la mirada.
—Te dejaría el abrigo, pero iba a ser peor—murmura.
—Gra...cias—tirita Willow, siguen caminando en la oscuridad que precede al alba, todo lo rápido que pueden por el accidentado terreno, hasta que al fin salen al camino.


No ha entrado en calor, claro, pero...es agradable caminar cogida de Spike, de ese...brazo musculoso. Si alguien le hubiera dicho que estando con William el Sangriento se iba a sentir protegida, habría pensado que estaba loco. Claro que eso lo han tenido que pensar muchos de ellos, desde hace mucho tiempo, Dawn, Giles e incluso Buffy. Spike lleva con ellos...mucho tiempo. Se apoya contra él mientras camina con unos pies que ha dejado de sentir por el frío espantoso. Spike es mas alto de lo que siempre recuerda, y huele muy bien, bueno ahora también huele a cuero mojado y algas y un poco a aguas estancadas de la orilla pero...huele bien. Recuerda sentir su cuerpo en ese estrecho y penoso ataúd y parece que...entra en calor un poco. Spike la mira, de reojo, muy serio, Willow consigue recomponer una sonrisa, él se la devuelve, trabajosamente porque sigue helado, los labios azulados. Willow se pega más a él, buscando inútilmente calor, al menos protegerse del frío viento. Y se encuentra de nuevo pensando en Geofrey...tan solícito y correcto y con esos ojos castaños y...tiene unos buenos pectorales. Los jerséis le sientan muy bien, y...también parece interesado en ella.
—Que pasó con esa chica. La morena, la que...estaba contigo—pregunta Spike
—Oh—Willow se remueve, nerviosa—Me...dejó. Me dejó por otra, para ser exactos.
—Joder.
—Volvió a su casa. Con sus....dos alas y sus criados y todo eso.
Spike suelta una palabrota por lo bajo, encoge los hombros.
—Bueno, que le den—dice.
—No pasa nada, no me...importa.
—Ya pero es idiota. Joder, era idiota, estaba claro.
Willow sonríe, agradecida, se queda callada un rato. Luego mira al vampiro de reojo
—Qué...piensas de Geofrey—susurra, Spike la mira, parece que va a decir que es un jodido inglés marica, o una Mary Poppins ñoña, pero baja un poco la mirada y no dice nada de eso.
—Es amable—dice.
—Oh.
—Lo que es mucho más que el scoobie medio ¿no?
—Supongo que si. Pero...ya no somos scoobies.
—Bueno yo nunca lo he sido—dice Spike.
Willow se queda unos momentos callada, mientras caminan por los adoquines húmedos de niebla.
—Parece un buen tío—dice Spike, al fin, Willow siente con la cabeza—Joder me estoy helando y tengo hambre.
—Y yo—Willow parpadea entre el pelo mojado hacia la lejanía—¡Mira, ya llegamos, ahí está el cementerio!
—Dios, por fin—suspira Spike, chapoteando en las botas mojadas, Willow se estremece de nuevo, se mira a si misma.
—Oh Dios mío como vamos a entrar así, y a estas horas.
—¿Buffy se enfadará?
—Estaba pensando en la señora Marple—murmura Willow—Nos…mirará fijamente.
—Oh. Joder—Spike se remueve, nervioso—A mi me mira siempre ¿Qué he hecho? Si no hago nada.
—A mi me llama jovencita y me siento como…como…si estuviera en el examen final y no hubiera estudiado nada y…
—No te quejes, tu no te has tenido que bajar los pantalones delante de sus narices.
—Oh, Dios mío—gime Willow, lo mira—¿Cuándo ha sido eso? ¿Lo sabe Buffy?
—Si, no, es...olvídalo.
—No creo que pueda—Willow toma aliento, lo mira—Seguro que también nos ve Giles. O ese Ethan que tiene en casa, esta todo el día fisgando por la ventana.
—Dios, joder, nunca me había sentido tan vigilado, Angelus me vigilaba menos, me vigilaba menos Buffy cuando era malo en la Hellmouth.
—Oh.
Se quedan parados un rato, bajo la farola, mirando la calle, la casa, mirando al suelo, cohibidos. Luego Spike encoge los hombros y avanza un paso.
—Bueno, al infierno con los cobardes—dice.
—Eso. Vamos allá. —dice Willow—Pero a toda prisa ¿vale?
Spike asiente con la cabeza. Echan los dos a correr a toda velocidad hacia la casa, Spike buscando las llaves mientras corre, los dos intentando no hacer ruido con las botas llenas de agua.


Willow casi no se lo cree cuando al fin sale de la ducha caliente, reconfortada, y se pone el pijama y el albornoz. Pasa un rato intentando hacer algo con su pelo, que vuelve a llevar largo y que ha quedado hecho un desastre. Al final sólo lo seca, disfrutando del aire caliente del secador. Sale hacia la cocina y se sorprende un poco de ver ahí a Spike, preparando té.
—Oh...gracias—susurra.
—No lo he traído yo, debe de ser de Giles, lo llena todo de té, es un aburrido—murmura Spike, llenándole la taza., una taza preciosa con patas de vaca que ella misma encontró en una tienda del centro. La tetera también tiene patas, y echa el te por el hocico.
Willow mira de reojo a Spike, intentando no...pensar en el ataúd pero no es posible. El vampiro también se ha duchado, lleva el pelo húmedo, desordenado, un pantalón de pijama y nada más y está....por Dios, está tremendo. Con esos abdominales que deberían estar prohibidos y ese...ombliguito y más abajo ese....ese...Willow se sonroja violentamente mientras esconde su turbación y espera que casi toda su cara en la taza de té. Spike se da la vuelta y deja la tetera en la cocina, ofreciéndole de paso una buena visión de esas espaldas anchas, esa nuca perfecta, y ese...Willow es una señorita y no suele decir culo pero...qué...CULO, es increíble.
Decididamente va a llamar a Geofrey, mañana por la mañana. Le hablará y lo invitará a la biblioteca, y a un café y...bueno, no es que se vaya a enrollar con el...inmediatamente, pero tampoco pasa nada si le mete un poco de mano, quiere decir de prisa...¡por Dios ya no sabe ni lo que piensa!
Es culpa de Spike.
—¿El qué?—pregunta Spike, sorbiendo su taza, que huele sospechosamente a coñac.
—Nada. Pensaba en voz alta.
—A ver si vuelve ya Buffy, no la he visto desde por la mañana—suspira Spike, luego se muerde la sonrisa con ese gesto intolerablemente provocativo—Necesito entrar más en calor.
—Siempre estas...pensando en lo mismo, Spike.
—¿Ah, tú no?
—No—musita Willow, y se sonroja violentamente.
Vivir con Spike no es...difícil, una vez que te acostumbras a tener sangre en la nevera y ropa de chico en la lavadora y a no hacer ruido por la mañana porque está durmiendo. A La música a todo gas mientras intentas estudiar conjuros complicadísimos tampoco es para tanto, en realidad. Tenerlo...paseando medio desnudo por la casa como ahora, eso es un poco mas complicado, claro. La hace recordar las veces que los ha...oído a él y a Buffy, bueno las veces, en realidad todos los días a todas horas ¡es un maldito vampiro vicioso, qué barbaridad! Deberían insonorizar el dormitorio. Y el...salón, que la otra tarde estaban...en el sofá del salón, casi se muere cuando se le ocurrió bajar a por unas galletitas a la cocina por...Dios.
Willow se sonroja de nuevo, bebe otro sorbo. Luego toma aliento y mira a Spike.
—¿Es normal que ahora me...interese un chico?—pregunta—O sea...yo...ya tenía asumido todo eso de ser lesbiana en mis relaciones, bueno no he tenido muchas...en realidad dos...una y media,  pero mi madre me manda propaganda de la asociación gay y habla de ello con sus amigas  me hace jerséis de colores del arco iris...creo que piensa que ser lesbiana es una protesta política o algo parecido pero bueno, lo había asumido que me iban a gustar las...tías para siempre y ahora ¿qué pasa, veo unos ojos bonitos, castaños, sonrientes, con gafas y un buen...buen...cerebro y cambio de nuevo? ¿He cambiado de nuevo? ¿Esto es normal? Dios mío ¿soy una....voluble? ¿No se puede confiar en mi? ¿Si te gustan las chicas puedes estar pensando en hacer...cosas con un chico? ¡Estoy hecha un lío!
Spike la mira, con ojos enormes, abre la boca para decir algo, lo piensa mejor y bebe ostentosamente de su té. Willow duda un momento, luego lo mira muy seria.
—Angel y tú...
—Qué—gime Spike.
—Habéis...vivido más tiempo, tenéis experiencia de la...vida y esas cosas
—Ah. Sí, eso.
—¿Tú lo ves normal?
Spike la mira, con los ojos muy abiertos.
—¿El qué de todo el discurso?
—Perdona—murmura Willow—Yo no...suelo hacer esto, es que estoy nerviosa.
—No me había dado cuenta.
Willow se sirve otro té, pensativa, luego lo mira de reojo.
—¿Es normal que ahora me...guste un chico?
Spike la mira, unos instantes, luego sonríe un poco, esa sonrisa entre seductora y traviesa que Willow empieza a conocerle tan bien, luego encoge los hombros.
—Bueno pelirroja ¿y qué más da?
Willow sonríe también, asiente con la cabeza.
—Es verdad—susurra.
Se quedan un rato callados, escuchando los sonidos tenues de la noche, los crujidos de los viejos árboles, de la verja oxidada del cementerio. El silencio. Willow se termina el té.
—¿Tienes el número de Geofrey?—musita, en un hilo de voz. Spike niega con la cabeza.
—Ya no, se me ha ahogado el móvil.
—Oh.
—¿A lo mejor está en la agenda de la entrada?
—Gracias.
Willow asiente de nuevo, se queda mirando al vampiro. Mira un momento a su alrededor. Una ciudad llena de demonios, pequeña. Una vieja casa. Buffy, Giles, ella misma, haciendo su trabajo, como antes. Buffy saliendo a patrullar y ella estudiando libros de magia junto a Giles. Spike sentado en la cocina. Es...curioso que todo eso la haga sentirse tan bien.
—Parece que volvemos al principio ¿no?—susurra.
—Yo no—Spike baja la mirada, luego la cabeza, como con una repentina timidez—Bueno, a lo mejor sí.
Se quedan los dos callados de nuevo, mirándose de tanto en tanto. Willow intentando no mirar esos...pectorales y...más cosas. Spike mirando la mesa, la taza, el reloj de cocina en forma de cerdito. Al final Willow susurra que sube a acostarse. Spike murmura un buenas noches bajito y se queda a esperar a Buffy.



FIN