Four englishmen

Casa de Giles

Buffy se vuelve una vez más hacia la casa, hacia Spike parado en la entrada, manos en los bolsillos del abrigo de cuero, hacia Giles, un poco por detrás de Spike, con su jersey de cuello alto y esa chaqueta de tweed. Geofrey justo al lado de Giles, mirando todo el tiempo a Willow. Buffy sujeta nerviosamente su pequeño bolso de viaje, insegura
—¿Seguro que...estaréis bien?—pregunta, por innumera vez
—Claro—dice Giles, asintiendo con la cabeza—No te preocupes
Willow suspira y se vuelve también hacia ellos
—¿Incluso con...ese demonio carnicero que detectamos anoche?—pregunta
—Es pan comido—dice Spike
—Nos las podemos arreglar perfectamente sin mujeres—dice Geofrey, los otros lo miran de reojo, el joven parpadea, confuso—Quiero decir sin...cazadoras y brujas superpoderosas
Buffy asiente, removiéndose inquieta, no puede dejar de mirar a Spike, callado y con esa sonrisa tímida que ella sabe que intenta poner para tranquilizarla. Sube una vez más los escalones y le da un beso suave, en la boca, Spike se lo devuelve inclinándose hacia ella.
—Pásalo bien, pet—murmura
—Gracias—susurra Buffy, lo mira, a los ojos—¿Quieres que le...diga algo a Angel?
—Sí, que es subnormal—murmura Spike, hace un puchero, Buffy disimula la risa, le pone la mano en la mejilla en una caricia.
—Vamos a llegar tarde al aeropuerto—dice Willow, ya desde el taxi, Buffy mira una última vez a Spike, abrazado a sí mismo ante la puerta oscura, victoriana. Se marcha al fin y entra en el taxi.
—¿Seguro que estarán bien?—pregunta en voz baja, quizás para sí, Willow a su lado suspira hondamente.
—¿Quieres que te tranquilice o que te diga lo más probable?
—Oh Dios—suspira Buffy, mientras el taxi se pone en marcha a toda velocidad alejándolas de la casa.


Cena

Cenan someramente, Giles mirando a Spike de reojo y preguntándose, como tantas otras veces, por qué tiene que....comer, y sobre todo por qué tiene que robarle una patata de su plato o el último trocito de pan si se supone que...no come. Además, para qué le sirve, ni siquiera se engorda. Está tan delgado como cuando estaba en su casa, si no más...debe de hacer ejercicio. Palidece, se quita las gafas se las pone. No quiere pensar en el ...tipo de ejercicio que hace ese...condenado Spike son su...con Buffy. Mejor pensará en el saco de boxeo del sótano. Seguramente Spike estará haciendo puños en él continuamente. Sí, eso es más....tranquilizador.
—¿Te vas a comer eso?—pregunta Spike señalando el helado de chocolate que empieza a derretirse, Giles suspira, niega con la cabeza y le acerca el platito.


Spike fregando los vajillos que le va pasando a Geoffrey, el joven vigilante los seca hábilmente, mas habituado que él a las tareas domésticas.
—Se me esta jodiendo la laca de uñas—protesta Spike, Geoffrey lo mira, de reojo.
—Ponte guantes.
—No me valen, creo que son de chica.
—¿Quieres secar tú?
—No, es igual—Spike baja un poco la cabeza, como avergonzado de estar ahí lavando platos, el otro suspira hondo, de repente. Spike lo mira de soslayo.
—Estas tonto, por que suspiras tanto.
—Oh—murmura Geofrey, sonrojándose un poco—Por…Willow, claro. Es tan…—baja el tono de voz, a confidencia—Es tan maravilloso estar enamorado. ¿No?
—Sí—sonríe Spike, tímidamente, luego se da cuenta de que se ha quedado sonriendo con cara de gilipollas como el Percy ese y baja la cabeza removiéndose cohibido.
—Eres un raro, tío—murmura, Geofrey arquea las cejas, se sube las gafas
—Bueno, discúlpame, es que…bueno. Yo nunca me había enamorado—Spike lo mira, de soslayo, abre más el grifo—Tú…¿te habías enamorado antes? ¿Antes de Buffy?
—¿Que pasa, es una entrevista?
—Lo siento.
Spike termina de lavar una cacerola, la fuente del asado. Las pasa a Geofrey, que las seca con rápida eficacia y las deja en su sitio. Spike empieza a lavar tenedores y cucharitas de postre.
—S...sí—murmura al fin, sin mirarlo, luego encoge los hombros—Un par...de veces.
—El amor es algo increíble.
—Sí, es un infierno—suspira Spike, lo mira de reojo, Geofrey también lo está mirando, parpadeando—Bueno, a veces. Muchas. Casi todas.
—Oh.
Se quedan un rato silenciosos, escuchando el sonido del agua, el tintineo de los cubiertos. Los murmullos ocasionales de Giles y Ethan Rayne en el salón, donde ya han empezado con sus libros. El aroma del tabaco, y del whisky llega hasta Spike, que murmura algo por lo bajo acerca de los vigilantes vagos que no hacen nada de la casa. Geofrey termina de poner los cubiertos en su sitio, se seca las manos con el paño de cocina.
—¿Vas a patrullar esta noche ? –pregunta .
—No lo sé.— probablemente.
—Creía que esta noche salías conmigo.
Spike arquea las cejas, pestañea, varias veces, Geofrey se sonroja de nuevo, al final se ríe, nervioso.
—No me gusta salir con vigilantes sois unos degenerados—gruñe Spike
—Bueno yo no creo ser como… eh…Ethan Rayne.
—En realidad estaba pensando en Giles.
—Oh—Geofrey se sube de nuevo las gafas—¿Giles?
—Si tú supieras...Hay que ver a que garitos de pervertidos acaba llevándome.
—¿Giles va a…garitos pervertidos?
—De los peores.
—Oh.
—Y se entretiene mucho en los lavabos—Spike asiente, con la cabeza, baja la voz—Y creo que le pasan marihuana.
Geoffrey traga saliva. La puerta se abre y asoma la figura de Ethan Rayne
—¿Habéis terminado ya?—pregunta, Geofrey murmura que sí—¿Podéis hacer café? La noche va a ser larga, es un demonio muy difícil de catalogar.
Geofrey asiente, se pone manos a la obra en la cafetera, Spike medita medio segundo y decide que ya vale de tares domésticas por hoy, bueno por un mes, y se escabulle hacia la puerta de salida de la casa.
—¿A dónde vas, William?—pregunta Giles, desde el salón, sin volverse a mirarlo, Spike deja caer los hombros con abatimiento
—No me pienso quedar en este club de mariquitas—gruñe —Me voy a dar una vuelta.
—Tenemos que estudiar a ese demonio—dice Giles, con voz pausada, Spike se remueve nervioso.
—Tengo que comprar sangre
—Está bien, pero no vengas tarde.
—Joder.
—¿Quieres que te acompañe?—dice Geofrey saliendo desde la cocina
—¿Estás de broma, Mary?
—Si quieres ya saldré luego yo contigo un rato, Geofrey—se ofrece Giles sonriendo con amabilidad—Te enseñaré un par de sitios interesantes
Geofrey mira a Spike son los ojos muy abiertos, Spike hace una mueca ambigua, ese gesto vicioso con la lengua que a Geofrey siempre lo hace envararse, mira a Giles de nuevo, aterrado.
—Bueno, pues me largo—dice Spike.
—No vengas tarde—repite Giles.
—Pero si tengo que venir antes de que se haga de día, soy un vampiro—gruñe Spike por lo bajo poniéndose el abrigo de cuero, luego los mira de reojo—Ya he tenido bastante inglés de Oxford por una noche, me duele la cabeza.


Estudio

Spike no tarda demasiado en regresar, saluda con un gesto y desaparece en la cocina, Giles escucha el sonido de campanilla del microondas, y da por seguro que se estará calentando la sangre y alimentando. Al poco entra al salón y se sienta pesadamente en el sillón, sin hacer ni la más mínima intención de coger uno de los gruesos libros sobre la mesa. Enciende un cigarrillo en la habitación ya llena de humo del tabaco de Ethan...bueno y un cigarrito de Giles para acompañar los varios cafés.
Geofrey deja salir una exclamación de triunfo, y se levanta son un enorme volumen entre las manos, que tiende hacia los otros dos vigilantes.
—Bueno pues parece que con toda seguridad es un...demonio Thzorghian de la dimensión D`Ntrenbeer de...género indeterminado de los tres posibles, y probablemente por la luna en época de celo. Peligroso.
—Un bonito bicho—gruñe Ethan, mirando el libro que le tiende Geofrey, Giles asiente, llena de nuevo su taza de café.
—No ha aparecido a la luz...metafóricamente hablando puesto que son nocturnos, todavía. Pero está claro que ha cruzado la puerta—dice
—¿Deberíamos hacerlo salir? –pregunta Geofrey dejando el libro a Ethan—Rastrearlo y...pillarlo en su madriguera?
Giles asiente con la cabeza.
— Sí, habría que invocarlo para que salga ahora que aun esta débil. Si permanece escondido más tiempo nunca lo encontraremos antes de que haga...una masacre.
—Se puede hacer. –dice Ethan, levantándose a abrir la ventana y ventilar la habitación llena de humo—Podría hacer un conjuro de localización general...o más específicamente, el conjuro Thanchkar—Lorne de triple flecha, ese es muy certero. Valga el  juego de palabras.
Giles niega con la cabeza.
—Es un conjuro peligroso—dice, Ethan arquea las cejas con suficiencia.
—Puedo hacerlo con los ojos cerrados.
—Ya sé que puedes, me pregunto si debes
—Es tu brujita la que ha tenido problemas con el lado oscuro, no yo.
—No, tú estabas muy a gusto en él.
—Oh por favor, no seas cobardica...un poco de magia negra nunca ha hecho daño a nadie—Giles lo mira, fijamente, Ethan lo mira, de reojo—Bueno menos...esa vez, y esa otra. Y a la cultura de la Atlántida, claro. Pero...ninguna más. Apenas.
—Está bien—claudica Giles—Qué necesitamos.
—Zarza de Lethe.
—NI HABLAR.
—Bueno pues...¿qué tienes contra la zarza de Lethe? Es muy segura
—He dicho que no— gruñe Giles, se encara de nuevo con Ethan—Nada de zarza de Lethe...no quiero volver a ser el...padre de Spike.
—Oh. Eso me lo tienes que contar.
—¡Ni lo sueñes!—exclaman Spike y Giles a la vez, Ethan alza los ojos al cielo.
—Está bien. Necesitamos un amuleto khasvagoriano del siglo XII
—Vale ¿tendrán en la gasolinera?—gruñe Spike, Giles lo mira duramente
—Guárdate ese...humor sarcástico. Tengo uno.
—Y una hierba, loto de Bizantium, del macerado, no del seco.
—Hierba sí que tienes, seguro—murmura Spike, por lo bajo, Giles se quita las gafas.
—No seas...impertinente, William. No, eso habrá que comprarlo.
—Está bien. Y Musciaria negra. Imprescindible.
—Tampoco tengo.
—Joder si no tienes ni cereales decentes—murmura Spike, Giles se quita las gafas, las limpia nerviosamente.
—No es culpa mía, en esta ciudad no hay ni una tienda de magia...decente. —dice, luego se corrige—Adecuada.
Ethan alza los ojos al cielo.
—A lo mejor se puede comprar en el mercado negro. De eso sí tendréis en esta superciudad ¿no?
—¿Conocemos a algún proveedor de este...tipo de cosas?¿Spike?—pregunta Giles, Spike hace un puchero
—Joder—murmura.


Noche

Spike echa un trago, una ojeada al local, echa a andar decididamente hacia el fondo, desde luego es la prueba de que ve en la oscuridad porque Giles ya se ha tropezado con dos columnas y una persona...o quizás dos personas y una columna, no está muy seguro. Está muy oscuro. La música es buena, un rock duro clásico, denso, potente...Heaven and Hell de Black Sabbath. Giles se mueve un poco con la música, intentando no perder de vista a Spike, que le parece muy capaz de darles esquinazo por la puerta de atrás para irse de juega o algo parecido. Ethan está muy cerca de Giles, mirando con ojos muy abiertos la fauna del local...bueno, a Giles no le extraña. Se debate entre parecer hombre de mundo acostumbrado a ver de todo delante de Ethan...o a reconocer que por favor de dónde ha salido tanto cuero, cadenas y bíceps musculosos con tatuajes enormes.
Al final opta por un término medio.
—Bueno, es un bar de moteros gays y naturalmente,  está lleno de...moteros gays. No es...tan extraño.
—Qué barbaridad—susurra Ethan—Y la música es horrible.
—Pero qué dices, es lo único bueno del local, DIO es el mejor vocalista que ha tenido Black Sabbath jamás—Giles se gira hacia el camarero, que le llena el vaso, un escocés más que aceptable—Bueno, y el whisky también está muy bien.
El camarero, un hombre fornido con una barba cerrada, oscura, le guiña el ojo amistosamente. Giles consigue devolverle una sonrisa envarada.
—Qué...barbaridad—repite Ethan—¿Has visto el tamaño de los brazos de ese tío? Y menudas espaldas.
—No me he fijado—gruñe Giles, cuadrándose un poco y sacando pecho, Spike ha encontrado al fin lo que buscaba, parece, o eso o un amigo de la guardería correccional a juzgar por el rato que lleva hablando con él. Giles entrecierra los ojos intentando distinguirle al cara al tipo mientras se dice que no debería de haberse quitado las gafas para entrar al local. Parpadea sorprendido, reconociéndolo, aunque no lo ve con mucha nitidez recuerda haber visto a ese elemento en Sunnydale. Es...increíble, ¿todos los vampiros, demonios y pervertidos de California se han venido a la ciudad? Bueno, y...ellos también, claro. Algunos de los cuales no entran en esa categoría.
—Te has...puesto el pendiente—susurra Ethan, Giles echa un trago, largo.
—Oh ¿si? No me...he dado cuenta.
En los billares a la derecha de Spike ha estallado una tumultuosa bronca. Giles ve a Spike coger del brazo a su contacto, echarse un poco hacia un lado. Vuelan botellas y palos de billar, un tío que cae pesadamente al suelo, el griterío ahoga la potente voz de DIO, el enorme camarero se acerca al tumulto y le pone fin con rapidez de un par de golpes bien distribuidos, alguien se lleva a dos caídos a rastras hacia la puerta de atrás. Giles suspira, añorante. Ethan jura de nuevo por lo bajo, sigue la mirada de Giles y repara al fin en el tipo que habla con Spike. Giles menea la cabeza. Pelo largo, rubio, barba rubia bien recortada, una camiseta de cinco tallas menor que deja poco a la imaginación...de Ethan, no a suya porque a él no le interesan los rubios musculosos tatuados con piercings en los pezones. Por favor, espera que a Ethan tampoco.
—Qué barbaridad—repite el vigilante a su lado
—Tampoco es para tanto—dice Giles, molesto—Es...bastante normal. Para ser un licántropo degenerado, claro.
—¿Lo conoces?
—Pues eh...sí, de vista.
—¿Cómo de degenerado?
Giles no le contesta.
—¿Y qué esta haciendo tu chico? ¿Termina de una vez?
—No es...no lo sé, Ethan, —gime Giles, se bebe el trago de golpe, un poco más allá Spike sigue trapicheando con el licántropo rubio.
—¿Es muy amigo de Spike?
—No lo sé, Ethan. Se conocen, es evidente.
—Hay varias cosas evidentes—gruñe el otro, bebiendo de su vaso
—Bueno, depende de lo imaginativo que sea quien está mirando.
—Qué...relamido eres a veces, Rupert—suspira Ethan Rayne, Giles disimula la sonrisa, luego se acaba el vaso de un golpe.
—Siempre que salgo con este...maldito Spike acabo en sitios como éste.
—Oh—lo mira, baja prudentemente la voz—¿Y...sales mucho con él?
—Yo no...maldita sea. Bueno, ahí viene. Acompañado, parece.
—Good save the queen—murmura Ethan, Giles frunce el ceño, molesto, y no contesta.
—Dame pasta—dice Spike a Giles a modo de saludo.
—Cuánto.
—200.
—Joder—murmura Ethan.
—Si bueno, encuentra las jodidas hierbas ... marinadas o lo que sea tú mismo.
—No, no, está bien—Giles saca un fajo de billetes, separa la cantidad, se lo da a Spike. Spike se gira hacia su acompañante, paga, el otro le da una bolsa de hierbas purpúreas y un pequeño paquete de hongos que mete con descaro en el bolsillo delantero de los pantalones de Spike, el vampiro respinga sobresaltado.
—No te emociones, tío—se burla el licántropo, Spike lo mira torvamente, no dice nada.
—Creo que necesito otro trago.—susurra Ethan, por detrás, Giles sigue serio, muy erguido. Al menos es más...alto que ese...tipo espantoso lleno de tatuajes y...piercings y...músculos. Que por suerte ya se marcha, saludando con un gesto hosco y un puñetazo suave en el hombro a Spike, y desapareciendo en las oscuras sombras del local.
—Bueno pues ya está.—dice Spike—No se por qué habéis tenido que venir. Y no se por qué me tienes que estar vigilando a mi, Giles, es a Buffy a la que tendrías que vigilar más menudo vigilante no vigilas nada.
—Qué...frase de construcción más penosa, Spike.
—Bueno qué quieres, llevo cuatro whiskis por tu culpa.
—¿Cómo que por mi culpa?
—Y por qué se supone que conoces a tanta gente de esta ciudad?—pregunta Ethan, Spike encoge los hombros.
—Joder han hecho lo mismo que nosotros...irse bien lejos de donde estaba la Hellmouth.
—Vámonos a casa, tenemos trabajo—suspira Giles, dejando el dinero de las consumiciones en la barra. El camarero moreno y fornido le da las gracias, el cambio, y de paso le mete un papel con su teléfono entre los dedos.


Casa de Giles

Spike se queda un rato pensativo, apoyado contra la puerta blanca cerrada del salón. Geofrey esta apoyado también, a su lado, y también está callado. Permanecen así un rato, luego Spike se remueve, un poco.
—¿Por que estamos aquí fuera?—pregunta en voz baja, Geofrey se quita las gafas, se las pone.
—Es un conjuro muy peligroso, que hay que hacer con mucha calma, y sin ninguna distracción. Y bueno, Ethan tiene que hacerlo completamente desnudo.
—Oh. Vaya—Spike se remueve, nervioso…—¿Y por qué está Giles ahí dentro?
Geofrey medita unos momentos.
—A lo mejor está sujetándole el...el...el libro a Ethan.
—Oh—Spike asiente, se remueve de nuevo. Pude escuchar las palabras del invocación del brujo al otro lado de la puerta, amortiguadas como si la atmósfera de repente se hubiera espesado a su alrededor. El olor de las hierbas quemadas es acre, y pica en la garganta, con el regusto salado y nauseabundo de las algas. La voz de Ethan tiene un tono subyacente demasiado grave, como si estuviera utilizando un idioma en el que la palabras se cantan con dos tonos a la vez. Spike se estremece, inquieto. No le gustan los rollos...sobrenaturales ni mágicos. Vale, es un vampiro, sabe...algo de eso, y además se supone que el mismo se mueve por cosas...mágicas y...más cosas. Pero no por eso lo ponen menos nervioso.
Un par de veces escuchan golpes, un gemido ahogado de dolor, Ethan con los dientes apretados, una invocación en respuesta de Giles. Palabras atropelladas unas con otras, claramente imperativas, en un lenguaje que suena como salido de las profundidades marinas y a Spike le llena la mente de oscuros dioses pestilentes llenos de tentáculos. Una neblina verde se filtra por debajo de la puerta, Spike y Geofrey saltan a la vez, aprensivos, apartándose no a cada lado. Se quedan los dos mirando el vaho verdoso, que avanza decididamente hacia la calle.
—Joder.
—Sí.
Se escucha una ultima frase, como un cántico que muere medio quebrado, luego silencio. Una corriente de aire gélido atraviesa la puerta, empujando con fuerza la neblina verde delante de ella.  Geofrey y Spike se miran el uno al otro, se alejan a la vez de la puerta. Los dos vigilantes salen, Ethan muy pálido, con aire de cansancio, Giles sujetando entre los brazos el antiguo libro de invocaciones.
—Está hecho—dice, luego mira a Ethan—¿Te sientes bien?
—Sí...no te preocupes.¿Como te sientes tú, Ripper?—dice mirándolo de reojo, una sonrisa fugaz, casi una mueca, Giles toma aliento, lo deja salir.
—Como...haciendo algo muy arriesgado.
—Tan bien ¿eh?
Giles disimula la sonrisa, no contesta.


Vigilancia

Ethan duda un momento, luego se acerca a Spike, en la oscuridad. El vampiro está sentado en el porche trasero de la casa, mirando al frente. La noche es quieta y bastante fresca, y está arrebujado en el abrigo de cuero.
Acepta el cigarrillo que le tiende el vampiro, fuma en silencio. No hay nadie por la calle en esa ciudad tranquila que parece siempre otoñal. Ni rastro tampoco del demonio que están esperando. Ya llevan muchas horas de espera.
—Y te has...decidido a quedarte—dice Spike, sin mirarlo—De este lado, quiero decir.
—Creo que sí—susurra Ethan—Bueno, me cansé del otro
—Sí, yo también—dice Spike, el vigilante da una calada, deja salir el humo muy despacio
—Aunque...tenia cosas buenas.
—Dios, sí.
Permanecen callados, un rato. Mirando la calle vacía, silenciosa. Las luces de las casas que se van apagando poco a poco.
—No es fácil. Olvidarse de eso del mal—susurra, su voz es grave, educada, a Spike le recuerda el terciopelo negro.
—No, no lo es—dice, luego lo mira, de reojo.—Eh, que soy un vampiro. No me he olvidado de eso en absoluto.
Ethan Rayne sonríe, menea la cabeza. Da otra calada.
—Yo....no podía creer que Rupert se hubiera pasado al otro lado en serio. Había visto...lo había visto en tantas...cosas oscuras. Simplemente no lo podía creer, y también...creo que lo envidiaba por haberlo hecho, y lo odiaba un poco por no haberme llevado consigo. —Ethan mira a Spike, fijamente—¿No te pasó a ti algo parecido con...Angel?
Spike aprieta los labios, baja un poco la cabeza, la mirada, no contesta
—Vaya—susurra Ethan, casi con dulzura—Quién iba a decir que serías tan tímido.
Se quedan otro rato callados, escuchando a Giles pasar las páginas de un libro, caminar por la cocina, salir al fin donde están ellos. Rupert Giles se queda apoyado contra la barandilla del porche, mirando también a la calle totalmente libre de demonios.
—Joder que frío hace—murmura Spike, lo mira con reproche—Podías haber comprado la casa en otro sitio ¿Sabes lo que tengo que comer en esta jodida ciudad?
—Prefiero no saberlo—gruñe Giles.
—En California pasaba con una vez a la semana...vale, pasaba de puta pena pero ahora...joder, o me alimento dos veces al día o no consigo entrar en calor.
—A lo mejor alguien te mina las energías—dice Ethan.
—Sí...—Spike se muerde el labio, con su más genuina cara de vicioso—Eso también
Giles carraspea, mirándolo muy serio, Spike disimula la sonrisa.
—¿Has llamado a Buffy?—pregunta.
—Spike, se fue ayer.
—Bueno pero ¿la has llamado?
—No.
— Joder que clase de ...vigilante eres, vigila algo.
—¿La ha llamado tú?
—Es que no quiero...molestarla. Y que piense que soy un plasta.
Giles va a decir algo más, se queda mirando a Spike, con esos ojos enormes, labios apretados. A veces le parece una criatura.
—Luego la llamo—susurra, Spike asiente, con la cabeza, lo mira una vez más y no dice nada. Ethan se levanta, desaparece en el interior de la casa. Al cabo de un rato sale de nuevo, se agacha al lado de Spike en las escaleras, y le tiende un tazón de algo humeante.
—Nada de café, un buen chocolate te mantiene bien despierto...y calentito. Receta espacial de Ethan. Lleva...
—Ay Dios—murmura Spike.
—Cointreau. Y un poco de canela.
—Ah, bueno.
Spike se estremece, frío, Ethan lo mira de reojo y le acerca el chocolate de nuevo, Spike acepta la taza y la sostiene entre las manos, oliendo el delicioso aroma, luego lo mira sospechoso.
—¿No nos volveremos...macarras impresentables por tu chocolate?
—¿Quien te ha contado eso?—gime Giles, Spike arquea la cejas, vuelve la cabeza hacia él.
—Buffy—dice.
—No te preocupes. Tú ya eres un macarra impresentable.
—Vale... qué carácter—musita Spike, bebiendo un trago del espeso líquido—Está muy bueno.
—Gracias—sonríe Ethan Rayne, Giles resopla, molesto.
—¿Por qué tienes que mimarlo tanto? Es increíble—protesta.
—Calla, envidioso. Te haré trufas.
—Oh...vaya—Giles sonríe, se quita las gafas, se las pone. Spike se termina el chocolate de un trago, se lame los labios, devuelve a taza a Ethan. Luego vuelve la cara hacia Giles.
—Me aburro. ¿Me puedo ir ya a rastrear algo?
—No—dicen los dos vigilantes a la vez, Spike parpadea.
—Me canso de estar aquí viendo un remake de La extraña pareja.
—Esta bien, lárgate—gruñe Giles—Y ojalá te pateen el culo
—No seas rencoroso Rupert—dice Ethan Rayne, Spike saluda con la mano, sin volverse y echa a andar por la calle a buen paso, el abrigo de cuero ondeando a cada zancada.


Localización

Ethan lleva ya más de dos horas controlando el amuleto sobre el mapa, y no ha habido movimiento. Los ojos se le cierran, de aburrimiento y de sueño, por eso duda y tiene que restregárselos cuando el destello llama su atención desde un punto muy preciso del viejo plano.
— Creo que se esta moviendo...sí. –dice—¡Muchachos, esto se mueve! Y...viene hacia aquí.
—¡Estupendo!—exclama Giles, acercándose, Ethan señala con el dedo el mapa, un puntito de luz imprecisa en los bordes, muy brillante en el centro, deriva su fulgor violáceo desde el amuleto khasvagoriano hasta un punto exacto del mapa de la ciudad. Se mueve muy despacio, en dirección nordeste.
—Parte de los almacenes de puerto—dice Giles, en voz baja—Y sí...viene derecho hacia aquí.
—¡Yupi, una fiesta!—dice Spike, los otros dos los miran de reojo, Giles con dureza. Geofrey se acerca justo entonces, portando una abultada bolsa de cuero.
—He traído más armas. Por si acaso—dice animosamente—¿Pone en el libro cuál es el punto más débil de un demonio Thzorghian?
Ethan Rayne coge de nuevo el libro done encontraron las referencias al demonio, lee de nuevo el texto, duda un momento y saca unas gafas del bolsillo de la camisa, se las pone y se inclina sobre el libro.
—Bueno, yo prefiero llevar un hacha— está diciendo Giles—Y Ethan creo que..
—Giles, no se si es buena idea...—dice Ethan Rayne, tira de su brazo, para que se acerque, le señala la letra pequeña, casi diminuta, bajo la ilustración del demonio, Giles arquea las cejas, lo mira displicente.
—Bueno, tengo el tae kwon do un tanto olvidado pero...
—A mi no me mires, me chupaba todas las clases. Me escondía en la biblioteca—mira a los otros dos de reojo, baja la voz—Creo que...deberíamos dejar esto a los jóvenes.
—Oh— Giles se pone las gafas mira la letra pequeña que le señala Ethan, el demonio mide dos metros con treinta y pesa unos 350 kilos.
—Oh—susurra Giles—Bueno...sí, será mejor que lo hagan los...eh...jóvenes
Spike los mira, sospechando algo, se asoma al libro metiendo su cabeza rubia entre los dos
—¡Joder!—los mira, de reojo—Vale, técnicamente yo tampoco soy tan joven como parezco.
—Vamos ¿no puedes con él?—le provoca Ethan, Spike se remueve, nervioso.
—Claro que puedo—gruñe, se inclina de nuevo hacia el libro, lee la letra diminuta de nuevo—Incluso con las...garras emponzoñadas, las espinas venenosas, las placas de coraza y los...eh....¿colmillos de 15 centímetros?
—Dios mío—gime Geofrey, los mira a los tres aterrado, como dándose cuenta de repente de que acaba de sacar la pajita más corta. Ethan le mantiene la mirada con tranquilidad y olímpica indiferencia por parecer cobarde,  Giles se quita las gafas, se las pone. Spike alza los ojos al cielo y gruñe una palabrota, y da un paso al frente
—Vale, de acuerdo. Iremos los dos—suspira


Calles

Spike ha patrullado un par de veces con Geofrey, no se defiende mal. Más lento de reflejos que él mismo, un poco más reflexivo que Buffy. Bastante menos...sanguinario que Giles también aunque...joder Giles lo es mucho, a veces. Pero lo hace bien, y es valiente. Aunque joder, echa de menos a Buffy mientras rastrea en la oscuridad unas huellas de demonio del tamaño de tapas de alcantarilla. Bueno, la está echando de menos cada minuto desde que se ha ido...aunque intenta no pensar en ello. Pero en la lucha también.
Lo huele a bastante distancia, carne de demonio, piel de demonio marino, el olor acre de su metabolismo de celo, y ese aroma levemente picante, sinuoso, de la magia. No huele sangre, lo que es bueno. Todavía no se ha comido a nadie.
Salta ágilmente sobre la cerca de piedra, se pone en pie, oteando el parque oscuro y silencioso. Algunas luces amarillentas, aisladas de la farolas. Ya no hay murciélagos a esa hora y todo está quieto. No ve al demonio. Otea un rato, luego baja de la cerca de un salto, con el abrigo ondeando a sui alrededor y hace señas a Geofrey para que se embosque tras la cerca de piedra, el olor del demonio ha hecho un giro y viene hacia ellos, cada vez más fuerte, atraído por el conjuro de Ethan. Spike se agacha un poco alejado del vigilante, se preparan los dos para atacarle en cuando rebase la verja.
Saltan hacia él a la vez en cuanto lo tienen cerca, el demonio se queda quieto, confundido, y arbitrariamente ataca por al derecha, hacia Spike. Spike se trasforma de inmediato y comienza a golpearlo salvajemente, intentando esquivar sus fuertes garras que lo lanzan una y otra vez contra el muro, el suelo, los árboles, Geofrey le ataca cada vez que el demonio Thzorghian derriba a Spike, llevándose también atroces golpes. Spike golpea, patea, corta y finta con el cuchillo largo todo lo rápido que puede cada vez, en los escasos segundos que tiene entre un golpe del demonio y otro, porque es imposible de parar y menos de sujetar con su inmenso tamaño. Le grita a Geofrey que use la jodida hacha mientras él lo distrae presentándole pelea, el demonio también tiene cola, una larga y poderosa que utiliza para derribar a Geofrey cuando se le acerca desde atrás, el vigilante rueda por el suelo poniéndose a salvo del aguzado extremo óseo de la cola el demonio, se yergue y carga de nuevo, gritando, Spike no sabe si de furia guerrera o de simple terror, posiblemente las dos cosas. Ha perdido las gafas y cojea ostensiblemente. El demonio sacude a Spike un golpe formidable en el rostro que le parte el labio y lo lanza contra la cerca de piedra de nuevo, la cerca se desmorona por el brutal  impacto. Spike se levanta, tambaleante, se lanza contra su oponente de nuevo
—¡Jodido...bicho asqueroso!—grita Spike—¡Ahora me has cabreado, hijoputa!
Se lanza de nuevo hacia él, echando malditamente en falta de nuevo a Buffy y su fuerza de cazadora, se aferra el cuello del demonio mientras le patea las piernas, la ingle, mientras le clava el cuchillo en el vientre y el cuerpo hasta que la hoja se le parte contra una de las placas del pecho, el demonio ruge atronadoramente, lo abraza, lo gira y sujetándolo desde atrás, baja la cabeza y le muerde el hombro, el vampiro grita de dolor intentando soltarse de la presa, gira la cara a su vez dándole una feroz dentellada en la quijada, Geofrey ataca la espalda del demonio Thzorghian colocándole profundas cuchilladas entre las placas protectoras, hasta que suelta al fin a Spike dejándolo caer como un fardo a tierra. Con un violento movimiento se quita de encima al vigilante, que rueda varios metros por el suelo, hasta chocar dolorosamente contra uno de los bancos de piedra, luego huye hacia los árboles del parque. Spike puede ver que pese a la caída, el joven vigilante no ha soltado el cuchillo, y se incorpora ahora, medio gateando hasta levantarse. Titubea menos de un instante y entonces deja caer el arma el suelo y corre hacia él, agachándose a su lado.
—¡Dios mío!—jadea, al ver la intensa hemorragia, Spike intenta levantarse, sin conseguirlo, Geofrey agarra a Spike, la sangre a borbotones le mancha las ropas, las manos.
—¡Persíguelo, Geofrey, ve tras él!—jadea Spike, el vigilante no le hace caso, pasa el brazo del vampiro sobre sus hombros, se incorpora levantándolo y sujetándolo de la cintura echa a correr lo más deprisa que puede—¡Joder, eres idiota, mátalo!
El joven aprieta los labios y lo medio arrastra hacia la casa.
—¡Cierra la maldita boca, Spike!


Casa de Giles

Geofrey entra a toda prisa, casi arrastrando a Spike, Giles ya lo ha cogido aun antes de que el joven lo suelte, agotado por tener que cargarlo tanto rato. Spike ha perdido mucha sangre, casi no puede hablar, está helado, tiritando, Giles lo recuesta en el sofá, lleva la ropa empapada de sangre. Le rasga la camiseta, contiene el aliento al ver el  mordisco brutal, emponzoñado, de bordes cárdenos que le ha desgarrado la carne en el hombro y parte el pecho. El vampiro tiene la mirada perdida y oscuras ojeras, los labios muy pálidos, y se queja cuando lo tocan.
—¿Va a morirse?—susurra Geofrey.
—No, es...bueno técnicamente está...bueno. Muerto. O sea que no, no va a...no.—susurra Giles, girando la cara de Spike.
—Es el veneno—dice Ethan, acercándose también—Necesita una poción de antídoto.
—Pues...haz una.
—Vamos, Giles—suspira Ethan, ofendido—Parece que no me conozcas, ya la tengo hecha.
—Oh—susurra Giles, parpadeando—¿Cómo...?
—Yo sí os conozco a vosotros...era estadísticamente imposible que no os hiciera falta
—Oh. Vaya—susurra Giles, Spike se estremece de nuevo, tiembla violentamente y lo mira con los dientes apretados por el dolor.
—Hay que...curarle la herida. Parar...esa hemorragia, quizás coserle.
—Lo haré yo—dice Ethan, se vuelve interrogativamente hacia Geofrey—¿Habéis acabado con él?
El joven niega con la cabeza está jadeando aún, la manos apoyadas en lus rodillas.
—Ha escapado, pero iba malherido, no habrá ido lejos.
Giles todavía está mirando a Spike, preocupado. Ethan ya lleva entre las manos un tazón de algo oscuro que apesta endemoniadamente. Giles incorpora un poco a Spike y más o menos consiguen convencerlo de que se lo trague, Spike se atraganta, tose, sangra más por el movimiento, la sangre de la herida sale muy oscura, lo recuestan de nuevo.
—Hay que darle...Spike—le coge la cara para que lo mire—Spike ¿Tienes sangre en casa?
—No sé—murmura Spike, entorna los ojos hacia el vigilante mas joven—Geofrey, síguelo, que no se escape.
Ethan duda un momento, luego aparta un poco a Giles.
—Coge tu hacha—dice, empezando a remangarse la camisa—Yo lo haré
—Yo...—Giles le sujeta la muñeca, baja la mirada—Yo soy quien debería...creo que yo...
—Vamos, Ripper—dice Ethan, ojos intensos, oscuros, mirándolo de ese modo tan extraño, esa sonrisa marcada, fugaz en el rostro serio—Sal ahí fuera y patéale el culo a ese demonio
Giles lo mira también, un instante, luego asiente con la cabeza.
—De acuerdo—dice.
Giles y Geofrey salen a toda prisa. Ethan termina de subirse la manga de la camisa y se inclina hacia Spike.


Calles

Giles se encuentra sorprendiéndose de lo cabreado que está con ese demonio, y casi no se puede creer que no sea por ser un demonio enorme, sanguinario, carnicero, por ser un peligro, por haber venido a su ciudad, sino por el mordisco emponzoñado que le ha dado a Spike. Normalmente se mantiene frío como el hielo en las peleas, desde hace muchos años, pero deja ahora que la adrenalina le caliente la sangre y cuando ataca haciendo girar el hacha es su propio rugido el que rompe la noche. Geofrey esta cansado, pero es muy joven y tiene fuerzas para secundarle sin problemas. Giles se pregunta en esos escasos segundos mientras ataca al demonio, si Ethan estará mirándolo por la ventana. Se dice que no, que estará...alimentando a Spike, intentando pararle la hemorragia mientras deja que la sangre caliente de sus venas haga reaccionar a su metabolismo de vampiro. El demonio Thzorghian hace un quiebro y la pesada hacha de Giles no se clava en su cabeza inmensa, sino en su hombro, muy cerca del cuello, un tajo tan profundo que lo hace doblar las rodillas. Giles tiene que apoyar la bota contra el demonio para poder recuperar el arma, y recibe entonces un golpe de lleno que le desgarra la camisa, y abre su carne, y lo lanza varios metros hacia atrás. Pero Geofrey ya le está atacando con otra hacha, cercenándole el brazo extendido con el que ha golpeado a Giles. Giles se levanta, carga de nuevo, giran los dos en torno al demonio enfurecido, malherido, que se esta desangrando por numerosos tajos y ese brazo cortado, Giles clava de nuevo el hacha, en su cabeza al fin, y no puede recuperarla, hace aparecer por ensalmo el cuchillo de su bota y cuerpo con cuerpo lo acuchilla una y otra vez, buscando las partes vitales entre las escamas y la dura piel y la carne como de goma que le cuesta todas sus fuerzas penetrar con el arma. Geofrey sigue atacando desde atrás a hachazos feroces, su cara está casi completamente roja, el demonio tiene la sangre negra así que debe de ser de Spike, o quizás suya. A Giles hace rato que le zumban los oídos y no escucha mas que el rugir de su propia sangre, es Geofrey el que tiene que decirle que el demonio está muerto, y quien lo aparta con suavidad, y una cierta precaución, del cuerpo acribillado, inmenso del demonio muerto.
Giles se incorpora al fin, jadeando, empapado de sangre espesa de demonio, la camisa desgarrada, la mano derecha temblándole por el esfuerzo de las innumerables cuchilladas que ha conseguido colocar al monstruo. Parpadea intentando recuperar el resuello mientras mira con sorpresa que la durísima pelea los ha sacado del cementerio, de la calle, y se hallan en un jardincito descuidado, lleno de hierbas marrones, con una mesita de hierro blanca con sus sillas en la parte más cercana a la casa. Las sillas hace siglos que no son repintadas, y las hierbas marrones se agitan suave y sonoramente con la brisa nocturna. Hay una valla de madera que aluna vez fue blanca y ahora es de color gris rodeando el conjunto, y el demonio al caer ha destrozado una buena parte haciéndola astillas.
—Hagan el favor de sacar eso de mi césped.
Giles alza los ojos hacia la voz, palidece. Es la señora Marple, con una bolsa de papel de la compra, mirándolos fríamente. De la parte superior de la bolsa sobresalen un frasco de gel de baño y el gollete de una botella de bourbon. Giles se encuentra de repente recordando la institutriz que lo castigaba a los 6 años. Geofrey se remueve, cohibido mirando a la severa dama y baja la cabeza. Ella mira ostentosamente la valla rota, luego mira a Geoffrey.
—Puede venir a arreglarla por la mañana, joven—dice. El vigilante no atina a decir nada, asiente con un gesto—Pero procure no hacer mucho ruido, me levanto tarde.
—Descuide, Mrs. Marple—alcanza por fin a decir Giles, ella no se mueve, dispuesta a quedarse ahí hasta que saquen el enorme demonio de 350 kilos de su jardín, al final los vigilantes se disculpan de nuevo y tiran del enorme demonio como pueden, arrastrándolo centímetro a centímetro hacia el cementerio al otro lado de la calle. La señora Marple los sigue un rato con la mirada, meneando la cabeza con desaprobación, luego desaparece en el interior de su casa. Giles y Geofrey sueltan al fin al inmenso demonio, Giles se apoya pesadamente contra una lápida alta, intentando recuperar el aliento y el latido del corazón que amenaza con salírsele del pecho.
—Vé por una pala—jadea
—Sí, señor—murmura Geofrey, y se aleja tambaleante hacia la casa.


Casa de Giles

Giles entra en la casa, seguido por Geofrey. El joven vigilante deja caer la pala en la cocina, las hachas ensangrentadas. Giles solo alcanza a arrastrarse hasta el salón y sentarse en el brazo del sillón, al lado del sofá donde duerme Spike.
—Cómo está—pregunta.
—Tranquilo—dice Ethan—Le he metido una poción que tumbaría a un caballo. Bueno, y tres dedos de whisky de fondo.
—¿Y tu?
—Oh...bien—lo mira, de reojo—Un poco mareado. Ha tomado bastante.
Giles asiente con la cabeza, se queda mirando el brazo de Ethan, pero éste se ha bajado de nuevo la camisa, la manga pulcramente sujeta con el gemelo, y la mordedura de Spike no está a la vista.
—Hacía...años que no me mordía un vampiro—susurra Ethan, en voz baja, Giles cierra los ojos, los abre, despacio—¿El demonio está muerto?
—Y enterrado—dice Giles, Ethan lo mira de un modo que...hacía muchos años que Giles no veía. Como con...orgullo, y admiración. De su hombría y su valor y...no sabe muy bien expresarlo. No esperaba a estas alturas de su vida sentir esa mirada, y tampoco que le provocara ese calor en las mejillas, y baja los ojos, confundido. Luego se levanta y pasa por el lado de Ethan, que no se aparta, y se dirige a la ducha.
Por supuesto el maldito Geofrey que es mas joven  ha subido las escaleras más deprisa y ha llegado primero al baño. Giles gruñe entre dientes y espera a que el joven salga. Por suerte no tarda mucho. En cuanto sale lo manda abajo, a ver si Ethan necesita ayuda con Spike. Luego entra él y cierra la puerta y se queda mirándose a sí mismo en el espejo del baño. Un hombre maduro, con aspecto agotado, lleno de sangre roja y negra por todas partes, con la camisa hecha jirones y el pelo revuelto, sucio también de sangre medio coagulada. Un ojo morado, y seguro que varios moretones más para la colección en cuanto se desnude. Varios cortes en el pecho. Se da cuenta de que todavía lleva puesto el pendiente y de repente no puede parar de reír.
Giles se ducha sintiéndose mejor que en mucho tiempo, pese al maltrato sufrido por el demonio. Se seca más o menos y se da un par de puntos en uno de los cortes de garras más profundos, se pone el albornoz. Luego baja al salón.
La casa está oscura, hay aburrida música de jazz sonando muy bajita en el equipo de música. Ethan está sentado, con un batín de seda oscuro, leyendo plácidamente a la luz de la lámpara Tiffanys de la mesita. Geofrey duerme profundamente, con las gafas medio caídas, despatarrado en uno de los sillones. Spike está despierto, y mira a Giles con esos ojos azules, muy grandes, que pone a veces.
—Mejor no llames a Buffy—murmura, y vuelve a dormirse. Giles alza los ojos al cielo y lo tapa mejor con el edredón. Luego escucha el tintineo del hielo, y acepta el bourbon que le tiende Ethan Rayne.



FIN

 


 


Notas: los personajes de Geofrey y el licántropo Fenris son míos. Mrs. Marple es de Ehiztari, que me la cede para mi fanfiction.