Inconsolable


Inconsolable, de Jonatha Brooke


Buffy bailando con él, consolándolo. Pasándole la mano por el cuello, muy suavemente. Dejándolo que crea que no sabe que tiene los ojos llenos de lágrimas. El lo siente más que ella, posiblemente siente todo más que ella es tan...Spike. O quizás es que ella lleva más tiempo intentando ayudar, o quizás solo que él ha hecho tanto daño en el mundo y no puede olvidar eso. Buffy le remueve el pelo despacito mientras lo mantiene abrazado, estrechando su cuerpo delgado contra el suyo. Tibio y suave y delicioso de abrazar, de sentir. Spike se acurruca más contra ella, como escondiéndose de todo. Buffy le susurra mi niño al oído. No le dice que no podía hacer nada, ni que no volverá a pasar porque sabe que sí.
—Shhhhh— le susurra— Todo está bien. Tranquilo.
Buffy no lo lleva hacia la cama, como hacen otras veces, no se atreve a hacerlo. Sabe que él le diría que si, siempre dispuesto para ella. Pero Buffy imagina que se deja hacer, debajo de ella y tiene esos ojos tan tristes, ese puchero de crío pequeño y no puede soportar eso. No habrá sexo esa noche. Le besa la cara, suavemente, sin soltar su nuca. La mejilla angulosa de Spike contra la suya. Recuerda de repente una vez hace años, cuando todavía...se odiaban, y ella lo obligó a bailar para esconderse. Recuerda que Spike se quedó muy quieto bajo sus manos. Le besa la cara de nuevo, la sien, Spike no levanta la cabeza.
Recuerda cómo la intento consolar él cuando creyó haber matado a aquella chica, Katherina. Decía que no importaba. Buffy se sorprende ahora con el paso del tiempo, ella no es que crea que no importa pero...puede entenderlo. Spike lo entiende pero ya no pude soportarlo. O sí, lo hará, pero le duele. Buffy cree que entonces no le dolió. O quizás si y solo lo escondía, con la lógica de un animal hecho para la batalla. Siempre muere alguien.
En aquella casa abandonada ella también lamentaba que iban a morir chicas en la batalla final, y él...él le decía que en todas las guerras hay bajas. Bajas, sin ojos y sin nombre. ¿Fingía también entonces? Entonces ya tenía alma.
No, él no ha cambiado. Ha cambiado el mundo, se dice Buffy, mientras le acaricia la nuca despacio, el cuello, el corto pelo rubio, mientras lo mantiene abrazado contra su cuerpo. Afuera hace frío, humedad, la noche tiene un aroma delicioso, pero a ella le parece más delicioso aun el aroma de la piel de Spike, el de su pelo cuando gira de nuevo el rostro para besarle la sien. Ha cambiado el mundo y Spike ya no tiene que esconderse más, de nada ni de nadie. Tampoco de ella. Ahora no tiene que ser siempre fuerte para ella. A veces aún le cuesta un poco, con esa extraña timidez que le obliga ahora a estar escondido contra su cuello. Buffy lo quiere más que nunca por confiar en ella también de ese modo. Por tener miedo, por estar triste. Por necesitarla.
Lo amó quizás por primera vez con todas las consecuencias aquella última noche, cuando él...estaba tan asustado. Aterrado, sobrepasado. Buffy lo trataba con dulzura y él no sabía qué hacer con eso y tenía miedo. Buffy tomo conciencia real esa noche de que le había hecho tanto daño.
Mi vida—le susurra, como aquella vez, como tantas veces ahora, Spike no la mira, la cara contra su cuello, sólo se abraza más a ella.



FIN