El soufflé



Giles sale de la ducha donde ha pasado mas rato del acostumbrado porque está... un tanto confuso esa mañana. Se asea y se afeita cuidadosamente, disfrutando del silencio de la hora temprana. En esa ciudad se escuchan los pájaros, casi es como vivir en un cottage. Bueno, se escuchan porque el cementerio esta al otro lado de la calle y tiene jardines municipales, claro. Pero se escuchan.
Se pone una camisa, unos pantalones, se calza. Baja a la planta baja con intención de recoger el periódico de la puerta. Un muchacho de la librería de la esquina se lo deja en la entrada todos los días.
El diario no está.
Giles parpadea y va a gruñir una palabrota acerca de los ladrones de periódicos (sospecha de la señora Marple del otro lado de la calle, o de Spike) cuando se da cuenta de que no está solo. Ethan ya se ha levantado y anda trasteando por la cocina.
Bien, hoy va a ser uno de esos días donde nada sale como es debido.
Cambia de opinión al acercarse y oler el buen café, y ver las tostadas. La mermelada es de moras, su favorita. De la que venden en la tienda del gourmet, cerca de la Biblioteca. Giles es un goloso aunque intente disimularlo. Y...combatirlo, por la línea, pero eso no se lo dice a nadie por supuesto. El periódico, pulcramente doblado, esta al lado de su servicio de desayuno.
—¿A qué viene esto?—pregunta desconfiado, Ethan Rayne lo mira de reojo, un instante, luego saca diestramente otras dos tostadas de la tostadora y en un periquete las tiene listas, con mantequilla, mermelada y servidas cuidadosamente en un platito sobre el que hay una servilleta de papel doblada.
—No pienses cosas raras—gruñe, Giles abre la boca, la cierra—Me apetecía hacer unas tostadas, eso es todo.
—Es que me parece extraño.
—Das demasiadas vueltas a las cosas, Rupert.
Giles se quita las gafas, se las pone.
—No es...un día especial—gruñe. Se da cuenta de que sin querer ha manchado de mantequilla uno de los cristales de las gafas. Sintiendo una extraña sensación de dejà— vu vuelve a quitárselas, y esta a punto de buscar otra servilleta de papel para limpiarlas cuando Ethan ya le ha tendido una.
—Odio que hagas eso—murmura Giles.
—¿El que?
—Adelantarte.
—No tengo la culpa de que seas predecible—se burla Ethan, se sienta y toma un sorbo de café, negro y muy fuerte. Lleva un batín de seda oscuro, va aseado y peinado. Atildado, se dice malévolamente Giles, que con disimulo se saca la camisa por fuera para dar una apariencia mas... descuidada a su ropa en venganza.
—Bueno, gracias por el desayuno—dice al fin.
—No hay de qué—se miran, ojos verdes, fijos de Giles, oscuros y penetrantes de Ethan. Es Giles quien retira la mirada primero.
—Tampoco ha pasado... nada tan extraordinario—dice.
—Desde luego que no.
—Es... algo perfectamente normal.
—Sí
—Y no hay que... celebrarlo, desde luego
—Oh—dice Ethan—¿Estamos celebrando algo?
—Por supuesto que no.
—Sólo es un desayuno.
—Sí.
Giles termina el café, la tostada. Ethan no le da tiempo a retirar el plato que ya lo ha metido al lavavajillas. Giles se da por vencido. Coge el periódico y se dirige al sillón. Al menos leerá, como todas las mañanas, tranquilo y en silencio.
Ethan esta canturreando por lo bajo.
—Te...rogaría que no tararearas. Ya es bastante complicado para mi tener... compañía en casa.
—Si, ya lo vi anoche—dice Ethan, Giles cierra los ojos, los abre
—Anoche no... por favor.
—De acuerdo.
Giles pasa unos minutos de silencio leyendo la primera página. Un accidente de automóvil, varios heridos. Nada demoníaco, al parecer, salvo que los neumáticos gastados sean malignos. Politiqueo local, aburrido. Bueno, una nueva directora del instituto de secundaria de la ciudad que... a juzgar por la foto no está nada mal.
—Hola. ¡Eh, tostadas!
Giles toma aliento, lo deja salir, muy despacio. Spike ha entrado en la casa, caminando a largas zancadas, y se dirige enfilando directo a la barra de la cocina.
—Buenos días, Spike—dice Giles, en voz muy baja.
—Hola—repite el vampiro, con la boca completamente llena de tostadas con mermelada.
—¿Tú no dormías de...eh... día?
—Sí pero es que acabo de llegar ahora mismo—dice—Dios, Buffy me ha tenido la noche entera haciendo lo de siempre.
Giles lo mira fijamente, labios apretados, serio. Ethan Rayne carraspea, Spike se remueve, nervioso.
—Patrullando. Ya sabes.
Giles no contesta. Algo azorado pasa a la segunda página del periódico. Crónicas sociales, aburridas. Programación de cartelera, esas películas absurdas llenas de efectos especiales y fantasías increíbles... por Dios como si no tuviera bastante con las rarezas demoníacas de su vida. Deportes. Hace tiempo que no le interesan, se dice con cierta nostalgia. Ni siquiera sabe quién ganó el último Torneo de las Cinco Naciones.
—Y además a Willow le ha dado no se qué ataque de limpieza de otoño y está con la aspiradora revolviéndolo todo. Joder, era mejor cuando le daban ataques de ponerse maligna, hacía menos ruido, seguro. Y ese Geoffrey que es un mariquita, con el plumero dándoles a los libros—suspira Spike, sentándose más cómodamente en el taburete, frente a la pequeña barra de la cocina— Las mujeres de la casa se han vuelto locas. Incluyo a Geofrey.
—No se qué tiene de...raro o poco viril pasar el plumero—gruñe Giles, que acostumbra a desempolvar su biblioteca todos los jueves.
—Bueno puedes unirte a la fiesta limpiadora si tanto te gusta—dice Spike, chupándose los dedos sucios de mermelada.
—¿Quieres otra, William?—pregunta Ethan Rayne, Giles gruñe un improperio por lo bajo.
—No lo... mimes tanto—protesta.
—Aguafiestas—dice Spike, engullendo la segunda tostada, sonríe a Ethan—Están ricas.
—Gracias. Tienen su truco, ¿sabes? Como casi todo. Hay que hacerlas...con cariño.
Giles hace como que no lo oye, pasa la pagina del diario, un poco mas ruidosamente de lo que pretendía. Silencio.
Mucho, estando Spike en la casa. Levanta la mirada con disimulo por encima del diario. Spike esta mirándolo, fijamente. Muy serio. Tiene ese morrito apretado que pone a veces, cuando esta pensando algo. Ojos muy azules, muy grandes. Lo mira y luego, para horror de Giles vuelve la cara y mira a Ethan. A Giles de nuevo. A Ethan. Giles sube el periódico bruscamente, ocultando el rostro. No puede ser que ese maldito vampiro se haya dado cuenta de nada. Se ha...duchado tres veces.
—¿Puedo quedarme aquí a dormir?—pregunta Spike. Giles deja salir el aire que había estado conteniendo. Eso es lo que le hacía poner esa cara. No saber si le iba a dejar..quedarse. Está sospechando cosas raras donde no las hay. Y además... tampoco hay motivo para ello. No ha...sucedido nada tan raro.
—Por supuesto—dice Giles— En el cuarto de invitados aun hay latas tuyas de cerveza vacías de la última vez.
—Luego las cojo—musita Spike, da el último bocado a la tercera de las tostadas. Ethan ha recogido el servicio de desayuno y está trasteando por los armarios y los cajones, sacando cacerolas, moldes, vasos, artilugios varios que Giles está seguro de que no sabía que tenía. Bolsitas, botes, recipientes con huevos. Pequeños recipientes con hierbas. Se acerca a la librería, canturreando por lo bajo, y regresa con un grueso libro que abre por una página determinada. Spike se queda mirando el libro, los recipientes, las hierbas, sustancias y polvos.
—¡Giles, Ethan esta haciendo magia negra en la cocina!—avisa
—¿Cómo?—gime Giles, ceñudo
—Chivato...—susurra Ethan por lo bajo, amaga un capón que Spike esquiva nervioso, muestra la tapa del libro, un libro de cocina francesa. Giles gruñe y sigue leyendo su diario. Spike hace una mueca ambigua, entra en el espacio de la cocina y se asoma por encima de su hombro.
—¿Qué vas a hacer?
—Un soufflé.
—¿Sabes hacer eso?
—Sé hacer muchas cosas. Soy un mal ingles, me gusta comer bien.
—A mi también. Me gustaba quiero decir.
—Para hacer un buen soufflé hay que utilizar buenos ingredientes, y ser cuidadoso y tener la mano muy firme.
—Tienes anotaciones en el libro de cocina—dice Spike parpadeando—Eres un raro.
—Es una receta de la  Haute cuisine que me dio el gran Chef Dennis Lefevre en persona en Montmartre.
Giles pasa ruidosamente la hoja de su diario.
—¿En Montmartre?—pregunta sarcásticamente— Creía que era conocido por la vida golfa y bohemia,  no por la cocina.
—Bueno, Dennis vivía allí cuando no trabajaba. La receta me la dio allí.
—¿En su casa?—gruñe Giles, Ethan pone manteca a derretir en una cazuela pequeña, enciende el fuego y le va dando vueltas con una cuchara larga de madera.
—No lo recuerdo—dice—Podría ser.
Spike suspira hondamente.
—Me aburro de anécdotas aburridas ¿donde están los cereales?
—¡Por favor! Hablar de cereales, cuando yo hablo del arte hecho soufflé
Spike encuentra la caja de cereales, la abre, mete la mano y va comiendo, sentándose en el mueble de la cocina. Un poco demasiado cerca de Ethan para el gusto de Giles, se dice éste, pero bueno. Tampoco pasa nada si cada vez que Ethan necesita un jodido cacharro de cocina su mano tropieza con el...la...el.. la jodida pierna de Spike. A el no le incumbe en absoluto.
Ni siquiera después de lo...de anoche.
—Estás...desordenándolo todo —dice al fin, impertinente, Ethan sonríe, fugazmente. Lo mira un momento, mientras va espesando la manteca derretida echando cuidadosos golpes de harina con otra cuchara.
—Me he levantado creativo. Quiero hacer ese soufflé de Chez Dennis. ¿Qué prefieres, que me ponga a hacer pociones como dice tu...eh...Spike?
—Pues... no—dice Giles. Vuelve a meter las gafas en el diario, mientras escucha trajinar a Ethan por la pequeña cocina abierta. Páginas de economía que pasa sin prestarles atención. Sucesos. Nada paranormal, de nuevo. Un gato presuntamente no poseído movilizando un regimiento de bomberos para sacarlo de una vieja tubería abandonada. Una señora que ha traído quintillizos al mundo, Giles espera que menos feos que el marido que sale en la foto. El trajín de una ciudad pequeña que no está sobre una Hellmouth. Se quita las gafas, vuelve a ponérselas, mientras vigila a Ethan por el rabillo del ojo. ¿Tiene que tocar todos los tarros de la casa?¿Y por qué tiene que sonreírle tanto a ese...vampiro impresentable?
—¿De que es el soufflé?—pregunta al fin.
—De chocolate con guindas al kirsh—responde Ethan.
—Oh...vaya—Giles disimula su golosería volviendo a ocultarse tras el periódico. Ethan lo mira de reojo pero no dice nada. Añade diestramente chorritos de leche a la mezcla mientras sigue removiendo con la cuchara. Spike sigue devorando la caja de cereales, muy contento y al parecer sin ninguna intención de irse a dormir o al menos sentarse...en el sofá, como una persona.
—Iba a hacer un Plum cake pero no estaba seguro de si la fruta escarchada era eso u hongos alucinogenos. No quise correr el riesgo—dice Ethan, Giles se atraganta, carraspea.
—No se de que me hablas—dice.
—Ya claro—el otro lo mira, malévolamente—"Bloody hell, hay una bailarina de streptease en la lámpara del salon!"
—¡No me acuerdo de nada!—protesta Giles.
—Joder—dice Spike.
—¡Tú come y calla!—le gruñe Giles, sube de nuevo el periódico. Pasatiempos. Sopa de letras de postres y pastelería. Bloody hell.
—Es raro que te haya apetecido hacer ese soufflé—dice, sin bajar el diario
—No veo qué tiene de raro. Estaba pensando en Dennis, y recordé que tenía la receta.
—Y pensar en un tío que no ves desde hace ¿cuánto? ¿No es raro?
—Misterios de la mente y la memoria—dice Ethan, calentando en un segundo cazo gruesos trozos de chocolate negro, Spike olisquea hacia la cocina, deja los cereales a un lado—No sé que tiene de raro
—Parece un...postre de celebración—gruñe Giles—Un postre especial
—Bueno, será una pequeña obra de arte, si consigo que el horno no me lo estropee, sí. –admite Ethan—Pero no es...no estamos celebrando nada ¿no?
—Por supuesto que no.
—Bien.
—¿Y que tipo de soufflés te hacia ese Dennis exactamente?—pregunta Spike, Giles se atraganta y tose ruidosamente, Ethan mantiene la compostura, se gira hacia las cazuelas hurtándole la mirada
—De varios—dice—Era un virtuoso. De la...cocina.
—Ah—asiente Spike. Los mira de nuevo, fijamente, a Ethan con su batín de seda, a Giles vestido de un modo un poco extraño porque al parecer se ha metido solo media camisa por dentro de los pantalones, a Ethan de nuevo. Giles vuelve a parapetarse tras su diario, No recuerda muy bien lo que estaba leyendo...ah, sí, las necrológicas. Menos que en Sunnydale, para mayor población, se dice.
—Pásame la nuez moscada, Spike—dice Ethan.
—¿Eso lleva nuez moscada?—parpadea Giles desde su sillón, Ethan asiente con un gesto mientras empieza a preparar la batidora con el accesorio de montar claras.
—No hay—dice Spike, revolviendo en el armarito de las especias, luego saca una bolsa llena de hierbas pardas secas y la olisquea, se vuelve hacia Giles—¿Estás seguro de que esto es salvia?
—Absolutamente —dice Giles un poco azorado, Spike baja la cabeza y parpadea varias veces.
— Pues huele a maria que tira para atrás.
—Me la... prestó la señora Marple. Conoce una buena tienda. De... especias y condimentos.
—Desde luego la etiqueta que pone Salvia officinalis es un toque maestro—dice Spike, Giles baja el periódico.
—¡Deja eso en su sitio de una vez!
Spike vuelve a meter la sospechosa bolsita de hierbas en el armario. Al final rebuscando por el fondo encuentra la nuez moscada. Ethan la coge rápidamente y ralla un poco con un rallador, añadiéndolo a la mezcla de la primera cazuela, y acto seguido continúa incorporando ingredientes al chocolate fundido, entre ellos un poco de kirsh.
—¿Y los soufflés esos que te hacía ese tío francés te los hizo mucho tiempo?—pregunta Spike, malévolamente, Giles se atraganta de nuevo
—¿No tendrías que irte a tu casa?—gruñe mirando a Spike—¿A hacer algo?
—Si me has dicho que me puedo quedar a dormir
—Exacto, a dormir, callado y silencioso. Arriba. —Giles dobla el agotado (y aburrido) periódico, lo deja sobre la mesita auxiliar. Spike hace como que no lo ha oído, mira fijamente a Ethan esperando que le responda.
—Algún tiempo—dice éste—Y no seas cotilla.
Spike va a preguntar algo más pero Ethan le mete rápidamente en la boca un trozo de chocolate. El vampiro se sobresalta, nervioso, pero luego coge el chocolate y da un bocado, y esboza una de esas sonrisas tímidas que a Giles no sabe por qué le hacen caer el alma a los pies. Siempre le  parece un maldito crío. Ethan va abriendo una docena de huevos, y separando hábilmente las yemas, que añade a una mezcla con azúcar, y las claras que deposita en un bol de borde alto.
— Necesito una mano fuerte y diestra con la batidora—dice Ethan, mira de reojo a Spike, el vampiro, que no se ha quitado el abrigo, esconde las manos en los bolsillos. Giles se levanta del sillón, se acerca, coge el cuenco y la batidora.—A punto de nieve, por favor.
Spike se baja del mueble, abre la nevera, saca un batido de chocolate. Es de caja y lleva una pequeña pajita. Spike la suelta, la clava en la parte superior, sorbe ruidosamente. Giles no dice nada, comienza a batir el contenido del cuenco vigorosamente. Spike vuelve a sentarse. Ethan retira la mezcla de la cocción y vierte en ella el contenido de las cazuela del chocolate, y añade las yemas azucaradas, guindas y varios ingredientes más. Spike lo mira sospechoso, como si no se creyera en el fondo que no está haciendo una extraña y peligrosa poción.
Ethan deja todo reposando, se acerca a Giles y se inclina un poco hacia el cuenco. Giles sube y baja vigorosamente la batidora, removiendo las claras de huevo. Ethan sonríe, pícaramente, y pone la mano sobre la suya, ayudándolo a moverla.
—Dale duro Ripper... así, con ritmo.
Giles se sofoca, baja la mirada, sigue moviendo la mano. Ethan aparta la suya. Spike los mira a los dos. Mira el movimiento de la mano de Giles arriba y abajo con firmeza, rítmicamente. Mira  a Ethan, a Giles. A Ethan de nuevo.
—Vaya—dice Ethan— No lo haces nada mal.
—Mucho mejor que ese..imbécil de Dennis —gruñe Giles. Ethan cabecea, sonríe un poco.
—No tienes que estar celoso—le susurra.
Giles baja un poco la mirada, cabeceando. Mientras se dice que a lo mejor, después de todo, sí están celebrando algo, y se encuentra sonriendo como un tonto.
Luego cae en la cuenta de que Spike sigue en la cocina, sentado en el mueble con su batido. Giles lo mira horrorizado. El vampiro está mirándolos a los dos con unos ojos muy grandes.
—Oh. Joder—susurra, y sorbe ruidosamente con la pajita.
Luego se queda muy callado. Ethan se vuelve a revisar la mezcla del soufflé. Giles se gira de espaldas a Spike, batiendo las claras con concentración. La cocina se queda en silencio total, roto sólo por el zumbido eléctrico de la batidora.



FIN


 


Notas:
En coproducción con mi Sire Ehiztari, lo que quiere decir que le he birlado estupendas ideas o le he fusilado frases directamente, cosa que ella se deja, claro.
Mrs Marple es un personaje suyo, gracias como siempre por prestármelo.