Criaturas malignas

Un fic de Halloween


Las criaturas verdaderamente malignas nunca salen en Halloween. Eso lo sabe cualquiera.
Bueno, el año que llegó a Sunnydale Spike sí que salió pero sólo porque había una buena ocasión para matar a Buffy. Aunque cuando ya la tenía debajo se quedó mirándola como un tonto. Debió de ser porque la tenía...debajo.
Spike se remueve, nervioso.
Luego el siguiente año en Sunnydale ella no lo sabe pero la siguió, un rato. Pero fue por casualidad porque salió a comprar tabaco y la vio pasar. Iba vestida de caperucita, valiente disfraz para una cazadora. Aunque seguro que llevaba la cestita llena de cruces y estacas. Flipó bastante cuando la casa encantada cerró las ventanas, atrapándola en el interior, y estaba a punto de entrar cuando apareció Giles con la motosierra. Joder con el Ripper, casi lo mata del susto.
Luego el siguiente año no pensaba salir en absoluto y seguro que Buffy tampoco. Ella también sabe que las criaturas de la noche guardan fiesta en Halloween casi siempre. Y además él iba a verse una película de miedo y a beberse un buen trago de whisky tranquilamente en su cripta. Y a comerse una bolsa de gominolas en forma de calabaza, pero no porque fuera Halloween es que en la gasolinera no tenían de otras.
Pero ella pasó por la puerta y el aroma de su jodido pelo de anuncio de champú no le dejaba concentrarse en la sanguinolenta cinta, así que terminó saliendo, y acompañándola mientras paseaba. Patrullaba. Lo que sea.
Al otro año Dawn hizo una de las suyas y se lió con un vampiro novato, y Spike se encontró una vez mas saliendo en Halloween con la Cazadora. Y con el jodido Giles, lo que le impidió aprovechar la noche al menos para intentar discutir con ella o hacer manitas por entre los árboles o mejor aún las dos cosas. Tampoco se pudo ver la película La Calabaza Maldita.
El año siguiente no hubo Halloween, pero no lo hubo para nadie en realidad. Fue un año complicado. Aunque Buffy bajó al sótano con una velita en forma de calavera sobre un pequeño plato y la dejo ahí, en el escalón, con una sonrisa tímida. Una bolsa de chucherías que se comieron los dos, casi sin hablar, sentados en su cama. La luz titilante de la pequeña llamita hacía brillar los ojos de Buffy como si los tuviera llenos de lágrimas. Quizás los tenía, y él le pasó el brazo alrededor de los hombros, estrechándola, y apoyó la cara en su pelo.
Spike se remueve, inseguro sobre las botas polvorientas. Quizás...debería plantearse sus convicciones acerca de esto de Halloween y las criaturas de la noche. A lo mejor las criaturas malignas sí que salen en Halloween, en algunas ocasiones. Porque la otra opción es que él ya no sea una de ellas y POR AHÍ NO PASA. Él sigue siendo malo. Bueno, un poco. A veces. Algunas veces.
Así que puede ser que a lo mejor las criaturas verdaderamente malignas sí que salgan en Halloween, si tienen un buen motivo para ello.
Spike gruñe por lo bajo, mientras se pone el abrigo de cuero y coge una cestita en forma de calabaza llena del dulces y gatos de regaliz. Aprieta los labios en un puchero resentido. Todo es culpa de Buffy, como tantas otras cosas. Ha desbaratado muchas de sus creencias y actitudes y las ha vuelto del revés, pero eso no es porque él haya dejado de ser un vampiro maligno y oscuro y peligroso, no como otros que tienen el pelo de punta y van de héroes torturados, sino porque ella es un infierno de mujer.
Spike suspira hondamente. Dios, sigue teniéndolo colado.
Se apresura escaleras abajo cuando ella llama al timbre. Y está a punto de decirle todo eso de que no quiere salir y es ridículo y siempre acabo haciendo lo que no quiero por tu culpa, y yo tengo mi orgullo (maligno) y mi dignidad (vampírica), pero cuando abre la puerta de la casa no es Buffy la que espera en la entrada, sino Ethan Rayne.
Spike parpadea, mirándolo. Ethan va vestido completamente de negro, y en el cuello perfectamente almidonado de la camisa lleva un pequeño alzacuellos blanco.
—De qué se supone que vas—le pregunta.
—De clérigo hereje —gruñe Ethan, apartándose para dejarle salir, Spike lo mira con sus ojos amarillos y hace un puchero rencoroso.
—Yo voy de vampiro. O sea de nada. No me he disfrazado porque ya soy una criatura maligna de las que siempre salen en Halloween.
Ethan lo mira, un momento, con sus ojos oscuros, penetrantes. Luego tuerce la boca a modo de sonrisa.
—A mi también me han obligado—le dice.
Spike asiente con la cabeza, con gesto de pesadumbre y resignación. Buffy está al otro lado de la calle, espectacular en su traje de bruja sexy. Un poco demasiado sexy para el gusto de Spike porque joder, va a tener que acabar la noche sacudiéndole a algún subnormal que la mire demasiado. También parece ser demasiado escote para Giles, que le está insistiendo en que se ponga el chal de encaje tapándole bien el cuello y mientras le dice algo del frío y la gripe asiática.
El vigilante va vestido de demonio feoral.
—Joder—dice Spike.
Ethan gruñe por lo bajo, a su lado.
—Me lo va a recordar toda la vida—dice. Se miran un momento los dos, de reojo, como tomando fuerzas. Luego suspiran a la vez y echan a andar hacia la calle iluminada con luces anaranjadas.

 

 

FIN