Padres e hijos


Angel descuelga el teléfono, de nuevo. Es Lorne. Habla con él unos minutos, intentando tranquilizarlo. Los gemidos y gritos agudos del demonio se escuchan claramente fuera del teléfono. Angel habla unos minutos más. Luego cuelga. Se queda mirando de reojo el salón, limpio, ordenado, impoluto. Todo en sus sitio. Sobre la mesa baja (zen) unas revistas de arqueología. No las de cine palomitero y playboys de Spike, que arden alegremente en la chimenea. Sobre el sofá un par de cómodos cojines de diseño, que armonizan perfectamente con la tapicería. Que...muestra algunas marcas de las suelas de las botas de militar de Spike. Parece mentira con lo caro que le costó el maldito sofá, parecería que iba a aguantar los empujones y patadas más desafo... un poco de movimiento. Se remueve, nervioso, revisando todo por innumera vez. No es que vayan a pasar mucho tiempo en la casa, casi enseguida lo llevará a comer al restaurante de lujo de la avenida, pero...quiere que lo vea todo perfecto.
—¿Y desde cuándo tienes ese hijo?—pregunta Spike, cambiando de sitio el jarrón oscuro de la entrada, Angel aprieta los labios.
—Ya te lo dije. Desde hace un par de años.
—Y tiene como veinte.
—Sí.
—Es raro.
—No es raro. Es...interdimensional.
—Joder—resopla Spike, cruza los brazos.
—No es culpa suya—dice Angel, de nuevo, Spike arquea las cejas. Ha vuelto a ponerse un piercing como el que llevaba en New York cuando se encontraron hace tantos años y a Angel eso lo pone...incómodo. Y...otras cosas que va atener que disimular.
—Vale, la culpa es de Wesley—asevera Spike.
—No... nadie tiene la culpa, Spike.
Spike se apoya contra el muro, enciende un cigarrillo. Angel se sobresalta, corre hacia él y se lo quita.
—¿Estás loco? ¿Quieres que mi hijo te vea fumando y aprenda malas costumbres?
Spike le quita a su vez el cigarrillo, da una calada y se la echa a la cara
—¿Cuántos jodidos años has dicho que tenía? ¡Seguro que se mata a porros!
—¡¡¡Pero qué dices!!!—exclama Angel, la imagen de la indignación maternal— ¡Es un chico estupendo y saludable, no fuma porquerías!
Spike  hace un puchero enfurruñado, luego se dedica a tomar humo y expelerlo a toda velocidad, como una cafetera, llenando el salón de olor a tabaco. Angel abre la ventana mientras cuenta hasta 20.
Spike se acaba el cigarro, lo apaga en el cenicero, sobre la mesa. Angel corre a lavar el cenicero a la cocina, mientras Spike lo jalea con una colección de palabrotas murmuradas entre dientes.
Cuado Angel regresa al salón, Spike está ojeando los libros de la estantería
—¿Y dices que está en la universidad?—pregunta.
—Sí—Angel saca pecho, orgullosos— Está entre los seis primeros de la clase.
—Genial—dice Spike—¿Y qué estudia?
—Ciencias económicas y de la información—dice Angel—Ha elegido bien, no iba a perder el tiempo estudiando cualquier estupidez sin futuro, como historia, o literatura.
—Joder—gruñe Spike, empuja una hilera de libros, que caen estrepitosamente, ladeados. Mientras se aleja de la estantería Angel corre a enderezarlos, y de paso los ordena alfabéticamente. El teléfono suena, sobresaltándolo, es Lorne.
—No...gracias, Lorne. Lo tendré en cuenta, Lorne. Sí. Gracias de nuevo.—Angel se vuelve hacia Spike—Era Lorne—le dice—Para volver a decir que no está teniendo visiones malignas acerca de Connor.
Spike lo mira, muy serio.
—¿Y se parece a ti?—pregunta, entrecerrando los ojos, Angel se remueve, molesto
—Bueno, tiene superfuerza.
—Ya pero ¿se parece?
—Mmmm...un poco, apenas nada. O sea, no.
—Ahhhh...
Angel entrecierra los ojos.
—¿Qué quiere cdecir ese “aaahhh”?
—Nada.
—Spike..
—Que nada, joder.
—Está bien.
Spike se deja caer sentado e el sofá, sobre uno de los mullidos cojines. Nerviosamente le retuerce una esquina con la mano.
—¿Y se parece a Darla?
Angel toma aliento, lo deja salir.
—En realidad... creo que no.
—Oh.—Spike lo mira, de reojo—Y a quién se parece entonces?
—No lo...sé. Los niños a veces no se parecen a ninguno de sus padres
—Si bueno, cuando son del cartero.
—¿Qué insinúas?
—Nada joder pero ¿estás seguro de que es tuyo? Mira que Darla era un poco casquivana
—¡No digas eso, subnormal!—jadea Angel—Claro que es mío.
—No es como si Darla nunca te hubiera intentado colar algo.
—Darla no...
—Engañarte, dejarte tirado, liarse con otros en tus narices, conmigo por ejemplo, y...
—¡Connor—es—hijo—mío!—brama Angel, Spike lo mira, con los ojos muy grandes.
—Vale—dice.
Angel camina por la habitación, cada vez más nervioso.
Suena el teléfono, de nuevo. Angel duda si cogerlo o no, pero el timbre sigue insistentemente y al final lo hace.
—Sí...no, aun no...gracias, Lorne. Me alegro, Lorne. No te preocupes, si te equivocas casi seguro que irá a por ti y te enterarás.
Ángel cuelga, un poco violentamente, mascullando algo ininteligible por lo bajo acerca de demonios verdes histéricos con sus visiones. Spike se acerca a él, contoneante, de ese modo en el que Angel nunca sabe si e acerca para pelear o para follar. O para las dos cosas.
—Y cómo exactamente acabó teniendo Lorne TUS visiones?—pregunta
—Eh...oh...mmm...bueno...—se remueve Angel, molesto—No lo recuerdo muy bien.
—Eres un cabrón putero y siempre lo serás—gruñe Spike, dando una patada a la mesa. Las dos bolas de ónice decorativas ruedan en protesta y antes de que Angel las coja caen al suelo. La más pesada hace una marca redonda en el pulido parqué.
—Ya lo hablaremos más tarde ¿de acuerdo?—se escabulle Angel, con toda la intención de no hablarlo NUNCA. Tampoco se enorgullece de haber engañado vilmente a un Lorne borracho y romántico tras el visionado de seis películas de Rod Hudson para pasarle el poder de Cordelia. Pero bueno, es un demonio, a él no le hace daño, en todo caso lo pone un poco...como en esos días del mes. Lo cual realmente le pega.
—Putero—murmura Spike por lo bajo, Angel toma aliento, lo deja ir.
—Va a llegar de un momento a otro. ¿por qué no te estás quieto y sentado sin moverte?
Spike le da la espalda se agacha frente al equipo de música.
—Pues tiene que ser un coñazo tener un hijo adolescente—gruñe, resentidamente.
—No está tan mal.
—Seguro que te revuelve todos los discos—dice revolviéndole todos los discos del pequeño estante, dos o tres caen al suelo, Spike los mete de cualquier manera en un anárquico montón. Angel cuanta de nuevo, esta vez hasta 30.
—Y seguro que te lleva la contraria en todo—dice Spike, levantándose—¿Dónde vamos a comer?
—En El Angel Azul.
—¡Vaya mierda, es aburrido y estirado!—protesta Spike.
—Es elegante y tenían mesa y ya la he reservado
—Pues no me gusta.
—Si nosotros no comemos.
—Bueno ya pero bebemos. No beberé a gusto en ese sitio de mariquitas
—Spike...basta—suspira Angel—Tenemos mesa y vamos a ir
—Jodido tirano—gruñe Spike por lo bajo, Angel cierra los ojos de nuevo. Spike camina por el cuarto, cambiando todo de sitio con descuido, los labios apretados en un puchero enfurruñado.
—De todos modos no se por qué querías un hijo—dice al fin, Angel alza los ojos al cielo.
—Yo no lo...quería. No fue eso. Simplemente ocurrió.
—Pues ya podías haber tomado precauciones, se supone que un tío de 250 años sabe lo que hace.
—No...yo...¡Soy un jodido vampiro!—grita Angel, harto—¡Se supone que no puedo tener hijos!
—Ya, pues bien que le hiciste el bombo a Darla—refunfuña Spike—Y si no podías tener por qué lo tuviste.
—Que no lo sé—Angel suspira de nuevo—Tengo alguna sospecha de que... de algún modo lo...gané. En una ocasión
—Joder, no puedes jugar al poker con gatos como todo el mundo?
Angel se lleva las manos a la frente, desesperado. La charla pueril e incordiante de Spike le está haciendo acelerar la sangre, y eso que no le funciona el corazón.
—Seguro que te critica la música que escuchas—dice volviendo a la carga junto al equipo musical, coge un disco—¿Escuchas a Barbra Streisand? ¡Tu hijo va a decir que eres un pervertido!
—¡Maldición!—grita Angel, las manos en la cabeza—¿Quieres callarte y sentarte de una vez?
Spike respinga, sobresaltado por su grito, hace otro puchero. Se sienta en el sofá de nuevo. Luego lo mira de reojo.
—Te has despeinado—dice, malévolamente. Angel e apresura al cuarto de baño y se arregla el pelo a toda prisa en su espejo de cristal de Pylea.
Cuando sale, Spike está al teléfono.
—Gracias, Lorne—está diciendo—¿Y no te podías dejar meter la jodida lengua por otro jodido vampiro? ¿Uno que no estuviera con alguien? No, no te estoy llamando nada, PEDAZO DE ZORRA, sólo...¿Dos botellas de whisky? ¿Sabes dónde te las tenías que haber metido, Mary?
Angel le arrebata el teléfono de las manos, escucha los quejidos indignados y llorosos de Lorne clamando por su inocencia y echando la culpa al alcohol. Cuelga cuidadosamente. Spike no lo mira, brazos cruzados, arrellanado en el sofá.
—Por favor, Spike—suspira, al final. Por favor. Tranquilízate. No pasa nada. No va a pasar nada Todo va a salir bien.
—Sí, eso dijiste la última vez y nos atacó un dragón.
—Sólo es...un chico. Amable y educado. Estudioso. Que viene a cenar con su padre. Y es un detalle, porque tiene otra familia. No. Pasa. Nada.
—Vale.
—¿Vale?
—Sí—musita Spike, con puchero todavía. Luego lo mira fijamente— Y no te paree raro eso de tener un hijo?
—Raro en qué sentido.
—No sé. ¿Te manejas bien? Debe ser algo nuevo ¿no?
—El qué.
—Tener alguien que te molesta, te persigue, te intenta estacar, se folla a tu mujer, te insulta, te persigue más, y cuando deja de perseguirte te desordena los discos y los libros y está siempre compitiendo contigo y metiéndose con tu aspecto y exigiendo cosas y desordenándote la vida y...
—Tengo sobrada experiencia créeme—dice Angel, en un susurro. Spike se remueve, nervioso.
—Ah—dice—¿No es el primer hijo que tienes?
—¡Dios mío!—Angel cierra los ojos, los abre, se inclina y lo agarra de las solapas del abrigo, levantándolo— ¡¡¡TE HE AGUANTADO A TI CIEN AÑOS MALDITO MOCOSO IMPERTINENTE!!!
Spike se queda muy quieto, ojos enormes. A Angel le tiembla un tic en un lado de la boca. El timbre de la puerta suena, dos veces. Angel mira fijamente a Spike, que no se mueve, casi colgando de sus manos. Luego Angel se inclina y le besa la frente, suavemente.
—Todo va a salir bien—le dice. Lo suelta y va a abrir. Spike se queda muy quieto, mirando la puerta. El teléfono suena de nuevo, insistentemente. Spike lo estampa contra la pared rompiéndolo en pedazos justo cuando Connor entra en la casa.

 

 

FIN