Imagen de la genial artista VamptasticA

 

El árbol

 

Un fic de Navidad



Angel se queda mirando de reojo el árbol. Es...grande. Artificial, verde oscuro, de ramas y hojas bien conseguidas. Incluso huele a abeto. También es muy caro. Lo ha encargado ex profeso en la tienda de decoración neo—zen de la quinta avenida. El nunca había comprado un árbol de Navidad. Es culpa de Spike que se ha empeñado en tener uno.
Lo mira caminar por la sala silbando algo entre dientes alguna canción punk espantosa. Angel da vueltas entre las manos al CD de grandes clásicos de Navidad de Frank Sinatra y Dean Martin pero no se decide a ponerlo. Le da mas vueltas y al final lo deja sobre la mesa.
Es estúpido poner un árbol de Navidad. Y hacer una cena de Navidad cuando ninguno de los únicos dos comensales come otra cosa que sangre. Pero no ha dicho nada porque Spike es muy capaz de engullir las varias toneladas de dulces, pastas y chocolatinas que ha traído en una gran bolsa.
Bien, él se beberá esa botella de Tullamore Dew de 12 años que tiene guardada por ahí en el mueble bar.
Mira de reojo el salón que Spike recorre una y otra vez sin dejar de silbar, entretenido con los adornos navideños. Hay varios en las paredes, un par tapando los cuadros carísimos de la galería de Arte de la plaza, y unas velitas en el mueble zen de la entrada. Tienen hojitas de muérdago y bayas blancas y doradas en la base. Quedan muy...navideñas. El salón es acogedor, cálido. Angel ha encendido la chimenea, uno de los pocos lujos que especificó al buscar el apartamento. A Angel le gusta mirar las llamas, aunque a veces le traigan imágenes del pasado que no quiere recordar. Pero le gusta el fuego, la luz ambarina que desprende, el calor. Nunca se entra del todo en calor alimentándose con sangre de cerdo, ni siquiera en Los Angeles. Angel suele tener frío.
No como ahora, que está hace rato un poco...sofocado.
Pero eso también es culpa de Spike.
Lo mira colgar pequeñas bolitas de chocolate envueltas en papel de colores en el árbol  de Navidad. Más o menos sujetas con algo parecido a un lazo. Algunas de ellas, otras decididamente con un cacho de cinta apretujada e informe. Spike ha llegado de la tienda de golosinas navideñas muy contento, con una bolsa enorme, y completamente empapado por el aguanieve de la tarde. Se ha quitado el jersey oscuro, tirándolo de cualquier manera “para que se seque” frente a la chimenea. Bueno, casi a la chimenea, Angel lo ha salvado por los pelos.
Sigue sin nada encima, salvo los vaqueros y las botas.
Angel mira de reojo la luz de las llamas resbalando como aceite caliente por su cuerpo perfecto, por ese torso de escultura griega. Tonos dorados y sombras en los huecos de esos abdominales que hacen que se le seque la boca. Los pantalones vaqueros han resbalado muy por debajo de su ombligo incitante, mostrando el comienzo de una cadera delgada, increíblemente provocativa. Los abdominales bajan suavemente marcados hasta desaparecer tras la hebilla del cinturón. Las ramas medias del árbol de Navidad acarician el vientre perfecto de Spike y Angel se encuentra deseando pegarles fuego.
Mientras Angel esta mirando, Spike se mete en la cinturilla un adorno navideño luminoso en forma de acebo, suave, provocativamente, en tanto arregla las lucecitas de colores para que no queden tan amontonadas. Tienen las dos manos ocupadas con más adornos y un Papa Noel de trapo en la boca, cogido del gorrito.
Spike se gira hacia él y lo mira con esos ojos grandes, rasgados, provocativos, oscurecidos por la luz cambiante de las llamas. El adorno de acebo se mueve un poquito, rozándose contra su vientre duro, masculino, perfecto.
Angel no puede más. No se puede estar tan bueno sin pagar las consecuencias.
Con un mugido de toro se lanza sobre Spike, empotrándolo contra el sofá. El vampiro rubio emite un jadeo ahogado al sentir su peso sobre él, Angel le quita de un manotazo el Santa Claus de trapo de la boca, estampándolo contra la pared casi con furia. Empujándose con los fornidos brazos desciende ansiosamente a besos por su pecho, sus tetillas, su duro estómago,  y gruñendo en gaélico le arranca el acebo de los pantalones
—¡¡¡Angel joder que todavia está...
de un bocado rabioso.
—...conectado a la corriente!!!
Angel pega un grito atronador mientras chispitas anaranjadas empiezan a saltar desde su boca. Inmediatamente Spike tira del cable con fuerza arrebatándole el adorno navideño, Angel cae al suelo de madera.
Pasan unos segundos de silencio. Angel se pone a cuatro patas, luego se levanta, sin mirarlo. Muy serio. Se remueve, un poco, poniéndose bien la carísima camisa de raso oscura. Por detrás de él, las lucecitas del árbol se funden con un plofff apagado. Spike sigue en el sofá, despatarrado y mirándolo con los ojos muy grandes.
—Has fundido el árbol—dice
—Spike, cállate.
Spike aprieta los labios en un pucherete serio.
—Tienes el pelo más de punta.—dice rencorosamente. Angel cierra los ojos, los abre.
—CÁLLATE.
Spike no dice nada más. Observa a Angel caminar, un tanto envaradamente, hacia el mueble bar. Angel saca una botella de whisky, la abre, echa un trago del gollete sin molestarse ni en sacar un vaso. Luego regresa frente al sofá donde Spike sigue recostado, con su pecho musculoso, la mano de uñas malpintadas sobre el estómago, los pantalones bajos dejando a la vista esa tripita perfecta, dura, esas caderas delgadas, intolerablemente provocativas.
Es todo culpa de Spike.
—Tu pantalón tiene un bulto raro, mate—dice Spike. Angel se remueve nervioso—¿Ha sido la electricidad?
—¡¡¡Has sido tu, vicioso!!!—ruge Angel, mientras se lanza sobre él de nuevo en una melée digna del campeonato de las Cinco Naciones. Spike sólo alcanza a echarle los brazos al cuello antes de que Angel le baje los pantalones de un brusco y urgente tirón y la lengua de su Sire, un tanto chamuscada, se meta ansiosamente en su boca. En el suelo, frente a ellos, el adorno de acebo reluce a la luz de las llamas como si aun estuviera funcionando. Los pantalones de Spike vuelan por los aires y terminan colgados muy gallardamente en lo alto del árbol de Navidad.

 

 

FIN