Una noche especial


Un fic coral en Navidad



Salón


Giles se queda mirando a Buffy, fijamente, se quita las gafas. La joven sigue hablando aceleradamente de lo maravilloso que sería tener una cena de Navidad en condiciones, todos juntos, la primera Navidad que pueden estar juntos y tranquilos, eso es muy especial, qué importa que algunos estén bueno, muertos, o sean vampiros, o...ex— brujos malignos, es una noche para estar en familia, la verdadera familia, una noche especial y con un poco de suerte en esa fría ciudad igual hasta les nieva, sería maravilloso estar todos juntos y compartir una cena especial, con velas y adornos, y que a lo mejor podían incluso invitar a algunos amigos que no tienen dónde pasar esta noche especial. Giles abre la boca para decirle que si escucha otra vez la palabra especial le va a entrar ardor de estómago, cuando Buffy une las manos nerviosamente en el pecho y lo mira con candor:
—Es que me da pena que alguien se quede sin cena de Navidad. Es una noche tan especial, una noche para estar en familia.
A Giles de repente le recuerda el atontamiento terminal que Buffy sufrió en aquel día de acción de gracias por culpa del cual terminaron teniendo sentado a la mesa a Spike. Y... Spike sigue estando ahí, porque ya nunca se lo pudieron quitar de encima. Así que seguro que hace bien en ser...desconfiado frente a las ilusiones “familiares” de de celebración de Buffy. Pero ella lo está mirando con esos grandes ojos verdes esperanzados y si lo piensa es tan...enternecedor que le haya pedido “permiso” a él, como sui fuera su...padre. Giles siente un nudo en la garganta que disimula dando vueltas a las gafas entre los dedos. Al final se las pone y asiente, con una mezcla de emoción, resignación y mareo mental. Buffy salta como una niña ilusionada y le da un abrazo que deja a Giles con las rodillas flojas. Luego se apresura con su block de notas hacia la cocina, donde la espera Willow.
—Maldición—gruñe Giles, por lo bajo.



Cocina

Al principio Ethan y Willow se han mirado con desconfianza. Ethan con su sobrio, profesional delantal blanco almidonado, Willow con uno de dibujos de gallinas, orlado de bordados suizos. Pero una vez establecidos sus limites territoriales en la pequeña cocina, están trabajando bastante en consonancia, sin molestarse en exceso. Tratándose con envarada cortesía al principio, con mas sonrisas después. Además Ethan se ha traído sus propios cacharros, desconfiado de los peroles que puedan tener en casa alguien como Buffy y Willow.
Giles suspira hondamente por enésima vez mientras comprueba de pasada que no les falta nada de añadir a la lista de compra de última hora, y disimula cuando Ethan le guiña el ojo. Giles ha decidido ocuparse de la intendencia y el orden porque realmente juntar dos casas de locos nunca es tarea fácil. Hay demasiada gente, todos caminando demasiado deprisa, y algunos intentando escurrir el bulto como Spike, a quien no ve por ninguna parte. Está muy nublado y atardeciendo así que incluso puede haberse escabullido de la casa. Giles toma nota mental de salir a buscarlo en cuanto termine con la lista de...cosas raras que le está pidiendo Ethan. Willow parece ocuparse de los entrantes, los canapés y una sopa que hierve en su olla y que se parece poderosamente a una poción brujeril, y que Giles espera que no lo sea. También está haciendo galletitas de jengibre. Giles se da cuenta de que algunas tienen pequeños colmillos, y otras, gafas. Rumia por lo bajo una palabrota británica. Ethan se ocupa del asado y del...soufflé navideño. Que por cierto qué...bien le salen los soufllés al maldito. Aunque no le gusta pensar que los aprendió con ese..estúpido chef francés. Giles se remueve nervioso, y lo disimula limpiándose las gafas de nuevo con una de las servilletas pulcramente apiladas en una bandejita. Tienen dibujos de orondos Santa Claus sonrientes.
—Por favor, no uses esas servilletas—pide Geofrey detrás de él, Giles deja el papelito coloreado—Son para la cena de Navidad. Usa de las normales.
—Oh—murmura Giles—Lo...siento.
El joven vigilante le sonríe afablemente, mostrando su espíritu navideño, y saca de una bolsa varias toneladas de posavasos, centros, velitas y adornos para la mesa llenos de colores rojos y purpurina. Giles abre la boca para decir algo pero lo piensa mejor y sale de la cocina.


Porche

Giles localiza a Spike, en el exterior de la casa. Más o menos escondido entre los arbustos secos y amarronados, apoyado contra el porche de madera, fumando un cigarrillo.
—Spike, qué haces aquí fuera, hay mucho que hacer—le recrimina, Spike se remueve, inquieto
—Ethan y Willow me han echado de la cocina. Son unas mandonas.
Giles cierra los ojos, los abre
—¿Y no puedes hacer otra cosa?
—Celebrar la Navidad es un asco, no quiero— gruñe Spike, dando una calada al cigarrillo
—Yo...tampoco, pero los demás sí quieren
—Pues que hagan todo ellos
—Spike...—Giles lo mira, fijamente, odiándose porque le ha tocado el papel de defensor de la Navidad, siendo que le repatea—Es una fecha importante, una cena eh....especial, y a Buffy le hace mucha ilusión. Todos hemos dicho que sí así que ahora tenemos que contribuir
—Ya, vale, ¿y tú que haces?
—Estoy a cargo de la...intendencia
—Joder qué cara.—gruñe Spike—¿No tendrías que estar dando le a la eh...batidora con Ethan o algo?
—¡Entra adentro y haz algo útil!—gruñe Giles, Spike se remueve nervioso, da unos pasos acercándose a él. Tiene los ojos muy azules a la luz del farolito de la pared—Van a venir invitados y ya somos muchos así que hay mucho que preparar.
—Vale, no hace falta que me grites—protesta Spike, luego lo mira inquisitivamente—¿Va a venir Dawn?
—Sí, ya está de camino. Viene con una amiga de la universidad.
—¿Y Faith y Zombiwesley?
—¡Por el amor de dios Spike, no lo llames así!
—Qué, si es verdad, nadie se esta quieto en su tumba en este mundo.
—Mira quién fue a hablar—exclama Giles, se quita las gafas, se las pone. Odia perder los nervios pero es que busca otro más impertinente que Spike—No sé si acudirán, si pueden sí. Casi seguro que sí que vienen.
—Vale, ¿le pondremos sesos a Wesley para comer?
—Los zombis en realidad no comen...¡SPIKE!!—Giles le laza un capón, Spike lo esquiva ágilmente dando un paso atrás y lo mira luego con una sonrisa burlona. Giles cuenta hasta diez, luego se frota la frente, agotado.
—Ve a decorar el árbol—dice.
—¡Bollocks! No pienso poner jodidas bolitas en un jodido árbol.
—Spike...William....por favor. La caja esta en el armario del pasillo, en el altillo.
Spike lo mira rencorosamente con su mejor cara de big bad pero Giles no se arredra. Al final Spike hace un puchero, tira el cigarrillo y entra en la casa.


Árbol

Buffy se queda mirando embelesada el alto árbol de Navidad que Spike está decorando. Más o menos hábilmente va colocando guirnaldas y bolas de colores, o pequeños Papa Noeles y hombrecitos de nieve. Con...algo parecido a lazos. Pero bueno el caso es que queden sujetos para que no se caigan del árbol encima de alguien, o contra el suelo rompiéndose. Buffy suspira, emocionada, mientras se dice que es una noche especial, romántica y familiar, y que por dios que bueno está ese condenado con esos brazos. La Navidad debe ser feliz, acogedora y hogareña, y nadie debe quedarse sin celebrarla, y desde luego no es normal estar tan bueno y tener esa nuca perfecta, con ese pelito corto, tan rubio... Buffy se acerca un poco más al árbol para tener una mejor visión de Spike, bueno, del conjunto. El vampiro ha dejado el jersey sobre uno de los sofás mientras trastea con las cajas de adornos, y es realmente increíble cómo marca ese cuerpo musculoso, duro, delgado con esa camiseta ajustada. Buffy se queda mirando dos angelitos de color dorado que Spike saca de la caja con una mueca de resignación y esas manos varoniles fuertes, de largos dedos. De uñas pitadas de cualquier manera. Se remueve, nerviosa. Es Navidad y todo es cálido y lleno de emoción y de buenos deseos ... y de algunos no tan buenos, o si, buenísimos, pero quizás no muy adecuados para la celebración, no esta muy segura. Pero es culpa de Spike, que por qué tiene que tener esos...pantalones. ¡Qué barbaridad! Buffy agita el cuello del jersey, sofocada, mientras se dice que se alegra mucho de haber tenido la idea de celebrar una gran fiesta, y de haber invitado a tanta gente, algunos de los cuales no han tenido una Navidad decente en toda su vida, y otros que probablemente ni saben como se escribe: nadie debe quedarse fuera una noche como esta. Se queda mirando fijamente a Spike de nuevo. Qué culito tan...redondito marca con esos vaqueros desgastados. Y esa miradita de reojo, por encima del hombro, como cuando era malo y quería matarla y no era navideño.
Buffy no puede más. Gime ahogadamente mientras aferra con fuerza la muñeca de Spike con la mano. Murmurando una excusa cualquiera dirigida a Geofrey, tira de Spike con urgencia, escaleras arriba, hacia el dormitorio.


Salón

Giles decide echarse también él un cigarrillo, cuando se queda solo. Se apoya en la baranda de madera del porche, mirando el atardecer. Las nubes muy oscuras, hinchadas de humedad, ocultan el sol desde hace horas. Quizás Buffy tenga razón en eso y al final caiga una nevada. Ha nevado un poco ya, días atrás. Da unas caladas que le calman un poco los nervios del bullicio, la celebración, tanto que preparar y Spike. Y... por Dios que espera que no hayan invitado a ninguno de los amigos de Spike, porque sería horrible. Se queda un rato ahí, remoloneando e intentado serenarse, hasta que empieza a tener frío de veras. Luego entra también en la casa.
En el rato que ha estado fuera la sala ha sufrido una pavorosa transformación: hay guirnaldas y mesas auxiliares llenas de cajas con adornos, los sofás han cambiado de sitio y en su lugar está la mesa redonda de la cocina, con sus sillas, un mantel rojo y blanco y Geofrey revoloteando al rededor del mismo mientras va colocando velas, centros, vasos, servilletas PapaNoelescas, sujetaservilletas dorados y rojos y varias toneladas de quincalla más. Giles cruza el salón esquivando cuidadosamente esa zona de combate, hasta la chimenea. Está encendida y las llamas llenan de calidez la estancia. Giles no puede evitar sonreír, tiende las manos para calentárselas mientras escucha los ásperos gritos de Willow y Ethan en la cocina. De repente, una pequeña nube de plasma luminoso sale disparada de la puerta de la cocina, estallando en un humo acre y verdoso. Giles contiene el aliento mientras siente que se le acelera el corazón. Pero no hay más arrebatos mágicos, y Ethan y Willow parecen llegar a un acuerdo porque se callan enseguida, contra un fondo de sonidos de carrillón de vasos, cazuelas y sartenes. Giles suspira hondamente, vuelve la cara hacia Geofrey, que lo mira muy sonriente con un manojo de adornos navideños entre las manos.
—¿Donde demonios esta Spike?—pregunta Giles— ¿No estaba decorando el árbol? ¿Y Buffy?
—Se han...están...se han ido arriba un..momento—murmura Geofrey, subiéndose las gafas. Giles suspira hondamente.
—¡Por el amor de dios! No me lo puedo creer.
Giles decide montar guardia muy serio frente al árbol de Navidad a medio decorar. Tiene que esperar bastante rato que ocupa en tomarse otro vasito de whisky. Bueno, dos. Al final Spike baja del dormitorio con cara de culpable absoluto, mirándolo con unos ojos enormes, el pelo revuelto y dos botones de la bragueta desabrochados, como si se hubiera puesto los pantalones muy apresuradamente. Cosa que sin duda ha hecho. A Giles se le revuelven los whiskis que se ha tomado
—Esto es increíble— le dice, en voz baja, Spike se encoge un poco.
—No he hecho nada. Sólo ha sido una...parada técnica.
—Termina de decorar el maldito árbol de una vez.
Spike aprieta los labios, y coge de nuevo la caja con espumillones, cintas y adornos de Navidad . Va colgando cosas en las ramas, de espaldas a Giles. El vigilante lo observa un momento, mientras se toma un tercer vasito de whisky y repasa la lista de las últimas compras que tiene que hacer, en las tiendas del centro. Una última salida, espera que no se les olvide nada. Echa una mirada crítica al árbol antes de salir por el coche.
—¡Oh, por favor! — gime, incrédulo—Que alguien quite los esqueletos de Halloween del árbol.
—Quedan monos—dice Buffy, apareciendo a su lado, Giles la mira, muy serio.
—POR FAVOR.
—Qué pasa, no es culpa mía, estaban en la misma caja—protesta Spike, Buffy pasa por su lado y retira los esqueletos de las ramas del árbol.
Giles sale de la casa hacia donde tiene aparcado el coche para traer las últimas compras.


Música

Giles deja el vaso vació sobre una de las mesitas, mientras observa a Geofrey trasteando con los discos y el aparato de música. Empiezan a sonar unas voces blancas, angelicales, de cadencia lenta y melodiosa.
—Dios joder, qué es ese horror —protesta Spike.
—Son villancicos noruegos, son muy bonitos—se defiende Geofrey.
—Apestan y tu eres una nenaza.
—¡Son tradicionales y es lo que hay que poner en Navidad!—gruñe Geofrey, poniéndose delante del equipo de música, Spike aprieta los labios rencorosamente.
—¡Giles, Geofrey está poniendo música pastelona!—protesta. El vigilante se acerca con aire cansado, y pasa los siguientes diez minutos intentando que Geofrey y Spike lleguen a un acuerdo musical. No lo consigue, y termina mandando a uno a la cocina y a otro a terminar la mesa del salón de nuevo. Luego localiza un disco de Willow de villancicos clásicos de cantantes americanos y lo deja puesto. Lo que más le molesta es que él también habría preferido el White Christmas de los Sex Pistols.


Porche

Ethan enciende dos cigarrillos con el encendedor de Spike, le pone uno entre los labios a Giles. El vigilante fuma en silencio, en el frío húmedo de la noche. Spike sigue enfurruñado porque se ha quemado la mano al poner la estrella del árbol ¿por qué tiene que tener una jodida cruz la jodida estrella?. Hay movimiento en la calle, gente caminado alegremente de casa a casa, cargada de bolsas y de paquetes para la Navidad. Del fondo de la calle les llegan las voces afinadas, cálidas, de un grupo de cantores de villancicos. Spike se asoma, al lado de Ethan.
—Hay...gente cantando—dice éste. Spike gruñe por lo bajo
—Si, me gustaría morderles—dice
—Spike...—dice Giles
—¿Has visto Addams family?—pregunta Ethan
—¡Ethan!—Giles lo mira horrorizado, el ex vigilante encoge los hombros, cruzando una mirada cómplice con Spike.
—A mi me gustan las Navidades, me parecen tan románticas y dickensianas—suspira Geofrey.
—¡Mariquita!—exclaman Ethan y Spike a la vez. Giles abre la boca para meterles un grito, harto, pero justo entonces se abre la puerta de la casa y una sonriente Willow asoma la cabeza.
—¡Ya esta el ponche!—dice, salvando a todos de discutir y al parecer a los cantores de varias desgracias navideñas.


Salón

Entran todos de nuevo en la casa, al salón iluminado por las velas y las llamas de la chimenea. Willow coloca ceremoniosamente el bol de ponche adornado con rodajas de naranja en el centro de una de las pequeñas mesas auxiliares. Al lado pulcramente se apilan los vasos de cristal. Giles suspira hondamente. Sólo falta la anfitriona.
Buffy baja por las escaleras, muy despacio. Siente una emoción profunda cuando ve el árbol, las luces y las velas. A su verdadera familia esperándola en el salón. Se ha cambiado para la cena, lleva un jersey blanco y el cabello suelto. El camafeo que le regaló Spike colgado de una cadenita de plata.
Él la está esperando al pie de las escaleras mirándola con la misma carita emocionada, casi incrédula, que puso aquella vez, hace tanto tiempo, cuando ella volvió de la muerte. Con esos ojos azules donde ella podría perderse toda la vida. Casi temerosamente Spike tiende la mano hacia ella, y Buffy se la coge con suavidad, descendiendo el último escalón. A Buffy por un momento le parece que no hay nadie más en el salón, sólo ella y Spike, que no hay nadie más en el mundo.
—Pareces un ángel—susurra Spike, en voz muy bajita, Buffy se sonroja violentamente y los ojos se le llenan de nuevo de lágrimas.
—Oh, por favor—gruñe Ethan pasando por su lado— No empecemos como siempre. Giles se pone imposible si se da cuenta de que os habéis escapado a echar un polvo.
—¡Joder!—jadea Spike.
—Dios mio—gime Buffy.
—Así que andando, a sentarse—dice Ethan, y los precede hacia la mesa. Buffy y Spike se apresuran detrás de él.


Cena

Buffy suspira feliz, mirando a su alrededor. En las dos mesas que han tenido que unir para darles cabida a todos brillan los adornos navideños, iluminados por las velas. La casa está llena de guirnaldas y el precioso árbol (una vez retiradas varias calabazas de Halloween que tenía camufladas entre las ramas) reluce como cuajado de estrellas. Todo está en paz y todos están felices, y los dulces y las golosinas llenan la mesita auxiliar, y el asado que está sacando Willow huele maravillosamente. Junto a las botellas de champán y de otras bebidas hay dos de sangre, pero a Buffy no le importa. Y además el color rojo pega perfectamente con la decoración de la mesa, y con las servilletas bordadas de pequeños acebos. Buffy suspira de nuevo, arrobada, mientras recuerda el...polvo navideño tan rico le ha echado Spike, hace un rato y se sonroja. Suspira de nuevo, en voz alta. Mira a Giles, con los ojos húmedos por la emoción, arrebolado el rostro por la calidez del ambiente (y dos traguitos del ponche de Willow, claro). El vigilante le devuelve la mirada, y le sonríe.
Han venido todos, y es maravilloso. Wesley y Faith, felices, serenos, sonrientes. Encantados de haber escapado por un par de días del bullicio de la Hellmouth, extrañamente en tregua de Navidad. Wesley menos sonriente que Faith porque es un hombre muy serio, y al fin y al cabo casi acaba de volver de la tumba, pero está tan guapo con ese jersey de cuello alto claro. Dawn hecha toda una mujer, que ha traído regalos para todos, y sentada al lado de su simpática amiga que parece llevarse bien con todo el mundo. Y como por suerte la Navidad no ha caído en luna llena, también han venido esos dos licántropos amigos de Spike que miran a su alrededor con ojos aterrorizados y que han traído, acertadamente, una caja del whisky que le gusta a Giles para la celebración. Y que están sentados muy juntos hombro contra hombro como intentando protegerse de las cosas desacostumbradas que hay a su alrededor. No pasa nada porque lleven piercings y esas cazadoras y muñequeras repletas de tachuelas, si lo miras asi con los ojos entrecerrados, anegados de lágrimas de emoción, casi parecen lucecitas de Navidad. Buffy no había tenido unas Navidades tan perfectas como esas desde que era una niña muy pequeña. Está tan feliz. Siente que Spike le coge la mano por debajo de la mesa y se estremece, apretando los fuertes dedos ente los suyos.
—Feliz Navidad, princesa—le susurra Spike, Buffy a duras penas puede contener las lágrimas. Le susurra un feliz Navidad muy bajito y le da un beso suave en la boca. Otro más.
Llaman a la puerta, una vez, suavemente. Giles se levanta y va a abrir. Es la señora Marple, que permanece depié en la entrada, muy tiesa, con una bandeja cubierta entre las manos.
—Buffy fue tan amable de invitarme a la cena de Navidad. Dije que pasaría, si podía. He traído una tarta
Todos los presentes la miran muy callados, con desconfianza. Al final Giles la hace entrar, saludándola amablemente. La dama entra al fin en el cálido salón, mirando la decoración navideña con ojo crítico.
—Espero que les guste el pastel –dice—No hacía esta receta desde los 60, la aprendí en una comuna de Nuevo México.—sonríe, un poco ladinamente—Lleva salvia.
—¿De esa que le pasa a Giles?—pregunta Spike.
—No sea impertinente, joven.
—Esto va a ser interesante—suspira Ethan Rayne.
Mrs. Marple deja el plato esmeradamente decorado en la mesa, junto al resto de los dulces. Luego espera muy tiesa a que Giles le saque una silla y le ayude a sentarse, al lado de Willow. Giles está seguro de que ni en sus mas desaforadas pesadillas con la...eh...salvia habría imaginado que iba a estar en una cena de Navidad ni remotamente parecida a ésa. Al final, intentando olvidar el elenco asistente a la cena, y sus respectivos historiales (incluido el suyo propio), Giles hace sonar suavemente un tenedor contra su copa de champán y comienza su pequeño discurso de Navidad.
—Giles ha preparado unas palabras ¿No es una noche especial?—suspira Buffy, emocionada. Spike se queda mirando de reojo a Mrs. Marple, sentada muy tiesa a la mesa. A Giles, algo contento ya por los chupitos de whisky, leyendo un papel doblado con su discurso de Navidad. Toma aliento y lo deja ir muy despacio.
—Sí. Sólo me faltaba ver entrar a Angel vestido de Santa Claus.
Justo en ese momento llaman a la puerta. Dos llamadas firmes, directas, que resuenan en el silencio de los comensales escuchando a Giles. En el equipo de música empieza a sonar Santa Claus Is Coming To Town, de Dean Martin. Buffy se queda mirando a Spike, con los ojos muy abiertos. Spike traga saliva.
Desde luego, va a ser una Navidad para recordar.

 

FIN