Viejos Hábitos



Salón


Giles no va a hacerlo. Ya no tiene edad para esas tonterías. Además, no va a hacerlo porque no le apetece. Porque podría, si quisiera. Aunque NO quiere, no es la cuestión. Tampoco va a hacerlo porque es lo que sí quiere Ethan. Y Giles no hace lo que quiere Ethan y nunca lo ha hecho ni lo hará jamás. Bueno, aquella vez, y esa otra, y esa…pero ninguna más. Que tampoco le importa la opinión de un….impresentable ex brujo demoníaco adorador del Caos como Ethan Rayne. Los tipos como él nunca han influido en su comportamiento. Giles hace lo que quiere. No tiene nada que ver con que Ethan lo quiera o no.
Se quita las gafas, nervioso, y mira fijamente la figura delgada de Spike, parado ante él con los brazos cruzados.
—¡Giles, Ethan me esta persiguiendo para grabarme!—protesta, escondiéndose a su espalda, Ethan Rayne llega por el pasillo con la pequeña grabadora apuntando a ellos, la baja.
—¿Qué demonios ocurre?—gruñe Giles.
—Nada—se excusa Ethan— Sólo quería hacerle unas preguntas.
—No concedo entrevistas, capullo—gruñe Spike desde detrás de Giles, el vigilante lo mira por encima del hombro.
—Sal de ahí y no te pegues tanto.
—Sí, qué más quisieras.
—Sólo quería tomar unas notas para el Anexo a la Tesis de Lydia Chalmers, ya sabes que ando trabajando en eso—se excusa Ethan.
—No te la van a publicar jamás—gruñe Giles, malévolo— Te echaron del Consejo.
—El Consejo voló por los aires, ¿recuerdas? Somos todo lo que queda.
—Está Wesley—apunta Spike, desde detrás— Pero seguro que tampoco te la publica.
Giles se pone de nuevo las gafas, molesto.
—Iros a discutir a otro lado, estoy ocupado—intenta.
—Bueno me da igual si me la publican o no, voy a escribir ese anexo—dice Ethan, guardándose la grabadora en el bolsillo— Es una oportunidad única, el estudio cotidiano de una...eh…criatura como William the Bloody pudiendo observar de primera mano..
—¿Oportunidad única?—gruñe Giles ácidamente—  Cómo no lo pensé cuando empezó a darme la paliza todos los días desde hace años.
—¡Vaya mierda de tesis!—dice Spike asomando desde detrás de Giles— Me aburre ya y aun no la has escrito.
Giles echa la mano hacia atrás, agarra a Spike del brazo, lo saca empujándolo bruscamente hacia Ethan.
—Largo. Los dos. Tengo trabajo—dice, en voz muy baja, amenazante. Ethan y Spike lo miran, con los ojos muy abiertos ambos, luego desaparecen, Ethan hacia la cocina, Spike por las escaleras.


Estudio

Giles sabe que siempre ha tenido vocación de soltero solitario. Le gusta estar solo, le gustaba ya cuando era más joven, correr por el mundo... no, mejor olvidemos lo de ir corriendo. Estar solo. Tranquilo, en silencio, con sus libros y sus discos y una buena taza de té. Con su guitarra, algunas noches, también. Es complicado para él tener la casa de repente llena de…gente. Bueno, si lo piensa, siempre ha vivido solo y curiosamente siempre la ha tenido llena. Llena de scoobies de diálogos incomprensibles y ruidosas y pestilentes bolsas de patatas fritas, por ejemplo. Pero ahora se supone que ya es mayor para aguantar tanta…gente. Bueno en realidad solo uno, Ethan, pero está en...todas partes. En la cocina, en el estudio, en la biblioteca revolviéndolo todo. Y Spike, Spike vive en la otra casa, la de enfrente ¿qué hace todo el día ahí metido? ¿No se supone además que duerme de día? De verdad que no lo entiende.
—¿Tienes el libro de conjuros de invocación a Crem Croich al lado del de Cocina para solteros?—exclama Ethan Rayne, escandalizado— ¿Te parece normal?
Giles lo mira por encima de las gafas molesto.
—Es el orden alfabético—dice, Ethan menea la cabeza.
—Has sido demasiado tiempo bibliotecario Rupert.
—¿Y qué tiene de malo? Se pueden ser cosas peores. Adorador del Caos, por ejemplo.
—Tu intolerancia religiosa es muy molesta.
—No se qué tiene de malo ser bibliotecario—repite Giles, subiendo el periódico protectoramente. Ethan sonríe torcidamente, con incredulidad.
—Vamos, Ripper…—susurra.
—¡No me llames Ripper! –gruñe Giles— Eso pasó hace mil años.
Ethan lo mira, de reojo, ojos intensos, muy oscuros. Giles se remueve, nervioso, se quita las gafas, se las pone.
—Y no hay más que hablar—dice, zanjando el tema.


Cocina


A veces simplemente le entra vértigo. Una sensación como el vértigo, es todo tan...distinto ahora, aunque tan igual en tantas cosas. Está la relativa tranquilidad de que ahora de la Hellmouth se ocupan otros, casi todo el tiempo. De que Wesley y Faith se estén comportando tan...bien. Haciendo un buen equipo, allá en Cleveland. La tranquilidad de saber que después de todo Angel no se ha pasado al lado del mal. De que las dichosas potenciales hayan perdido sus poderes y vuelto a sus estudios, sus casas o donde sea pero...bloody hell, bien lejos de ellos. Ver a Willow de nuevo retomando sus estudios de magia, tranquila, atemperada, madura, y con ese Geoffrey que desde luego es una buena persona, y va a ser un estupendo vigilante.

Otras cosas son tan parecidas.

Quizás lo que más le sigue...afectando es tener a Spike por la casa. De nuevo. Verlo de la mano de Buffy... saber que duerme con ella a la vista de todos. Bueno, no a la vista de todos ¡por Dios espera que ese vampiro pervertido cierre la puerta del dormitorio! La de la ducha de arriba no la cierra, desde luego, y más de una vez ha tenido que cerrarla él mismo, de un portazo, a la vez que apartaba a Ethan Rayne casualmente limpiando el polvo del radiador, justo enfrente.
¿Y por qué tuvo que acoger a Ethan, después de tantos años?. Después de tantas maldades. No aparecía en Sunnydale más que para joderlo a él. Y a los que estaba a su alrededor, de paso.
Sí, sabe que le debía cosas. Varias deudas importantes. De las que no se pagan dejando que te conviertan en demonio feoral aunque NO SE LO PERDONARÁ MIENTRAS VIVA. De todos que le deba...algunas cosas no significa que tenga que hacer lo que él quiere. Ni por asomo. No a estas alturas. Ese tiempo pasó.
Además Giles no hace lo que quiere Ethan y nunca lo ha hecho ni lo hará jamás. Bueno, aquella vez, y esa otra, y esa de más allá…pero ninguna más.
No lo va a hacer nunca más.
—¡Giles dile que me deje en paz!
Giles cierra los ojos, los abre, echa flemáticamente una cucharadita de azúcar en la taza de té. La mitad se le cae fuera, en el platito.
—Ahora qué pasa—suspira, Spike se cuela en la estrecha cocina abierta, pegándose contra la nevera.
—Ethan me está persiguiendo con un termómetro—dice.
Giles toma aliento, echa de nuevo azúcar a su té, le da vueltas. Luego lleva el servicio hasta el salón, dejándolo en la mesita auxiliar, junto a su sillón de lectura. Ethan aparece a la carrera, con una libreta en la mano, y en la otra un termómetro de mercurio.
—Se acaba de alimentar, solo quería hacer unas anotaciones de temperatura—explica Spike lo señala con el dedo, agresivamente.
—¿Sabes donde te puedes meter esa cosa, Mary?
—Spike, no seas crío deja que te lo ponga—dice Giles, Spike aprieta los labios.
—¡Y una mierda!–se encara hacia Ethan Rayne—¡No me vas a meter nada en ningún sitio, jodido inglés marica!
—Solo quiero ver lo caliente que…
—¿Quieres verme caliente?—pregunta Spike, inclinándose hacia él, hace un gesto obsceno con la lengua— Pues espera a que venga Buffy.
Giles jura, le sacude un sonoro capón a Spike, Spike grita, respinga, se escabulle de un salto, alejándose.
—¡Joder!—gruñe, con los ojos enormes.
—Qué mala leche tienes Rupert—protesta Ethan Rayne—¿Por qué le pegas?
—Porque me tiene harto— susurra Giles, dejándose caer en el sillón—Me tenéis harto los dos.
Ethan se acerca un poco, con una sonrisa torcida.
—Vaya. Y luego dices que no…
—¡¡NO VOY A HACERLO!!—grita Giles
—¿El qué? –pregunta Spike
—¡Tú calla!—le gritan los dos a la vez


Estudio


Giles está muy contento con su decisión. Que no es una decisión, porque no había nada que decidir. Tenía muy claro que no iba a hacerlo, y no lo va a hacer. Aparte de lo de la edad y de lo... ridículo que es pensar e esas cosas tras tantos años. Además no tenía que decidir nada en realidad porque en ningún momento ha pensado que existiera la posibilidad. No porque Ethan sí que quiera, que ya sería bastante motivo. Es que no le importa lo que quiera Ethan. No  hace lo que quiere Ethan y nunca lo ha hecho ni lo hará jamás. Bueno, excepto... aquella... vez...
Se remueve, con una inquietante sensación de dejà—vu rondandole la consciencia.
Está casi seguro de que todo esto ya lo ha... pensado antes.
Se pone otro dedito de whisky, distraídamente. Mirando de reojo a Ethan Rayne pasar de la cocina a la sala, a la cocina de nuevo. Delgado, con su impecable camisa rojo oscuro, algo desabrochada.
A veces tiene la fatigosa, aterradora sensación de que su vida de repente se ha vuelto muy complicada. Y mas vertiginosa aun que antes.
Giles no-va-a-hacerlo.

—Giles, Ethan me quiere hacer rellenar un jodido cuestionario.
—Es un documento científico de valía demostrada para el estudio de hábitos y comportamiento de…
—No pienso rellenar un jodido cuestionario de nada.
—Es útil para la investigación.

Spike se pone delante de Giles.

—¡No pienso escribir en nada que me de éste, seguro que acabo vendiendo mi alma!
—Pero qué dices, yo ya no hago esas cosas.
—Me costó conseguirla, no como Angel que le toco en una tómbola.
—Que no se trata de eso, es sólo un cuestionario...No se por que no te fías de mí.
—Porque adoras al jodido caos—interviene Giles, Ethan arquea las cejas
—Ya estamos con lo mismo, qué pesado te pones con eso, Rupert.
—¡Tiene cuarenta paginas! Me aburro y sólo he visto la portada—Spike shace un puchero, Giles se quita las gafas, lo mira, fijamente.
—Spike…rellena el bloody cuestionario—dice.
—No quiero, rellénaselo tú—protesta Spike—O mejor, que se lo mande a Angel, seguro que se lo devuelve relleno y por triplicado. Es su tipo de lectura, le entusiasmará.
—Mi anexo es a la tesis de Wiliam the Bloody, no a la de Angelus.
—¡Giles…!
—¡Oh por el amor de dios!—suspira Giles.

—Por lo menos cuéntame lo de Lydia Chalmers—intenta Ethan Rayne—Vamos, tengo entendido que la conociste en persona.

Spike se cruza de brazos, apoyado contra la mesa del estudio.
—No te voy a hablar de eso—dice.
—¿Por qué no? Seria muy interesante para el capítulo de interacciones del objeto de la investigación y el...
—Yo no soy un jodido objeto, tío raro—gruñe Spike, mira de reojo hacia Giles—Además, no quiero hablar de eso. Soy un caballero ¿sabes lo que es eso?
—Me estáis dando dolor de cabeza, Spike cuéntale lo que sea de la Chalmers, Ethan, que te lo cuente en otra habitación, estoy intentando leer.
—Que no voy a contarle nada—Spike hace un puchero resentido, luego se remueve sobre las polvorientas botas, nervioso—Además, si Buffy se entera de cuando ella volvió esa noche a la cripta me clavará una estaca.
—¡Oh Dios mío!—gime Giles, se lleva las manos a la frente, súbitamente agotado—No me lo puedo creer.
Spike se muerde el labio con gesto vicioso, suelta una risita tonta.
—Si... ella tampoco podía—susurra.
—¿Puedo anotar al menos eso?—pregunta Ethan.
—¡NO!—jadea Spike, Ethan lo mira y acto seguido echa a correr hacia el salón, garrapateando furiosamente en su libreta. Spike suelta un juramento y sale tras él.


Salón


Ethan se deja caer pesadamente en el sillón de al lado del de Giles. Lleva un fajo de papeles bajo el brazo, en las mano un par de vasos de cristal, bajos, con dos hielos, y una botella de whisky. Sirve dos tragos en la mesita entre ambos sillones, coge el suyo y bebe, despacio. Acomoda los papeles sobre sus rodillas. Es de noche, y todo está tranquilo. La lámpara de la mesita los ilumina a ambos, Giles bebe de su vaso, en silencio. Luego mira a Ethan.
—Y qué tal, has conseguido algo—pregunta. Ethan sonríe, un poco.
—Bueno he conseguido que tu Buffy le ponga el termómetro en la boca mientras duerme.
—Oh.
—No creas, al principio cuando le dije que quería medir lo caliente que estaba Spike en la cama, me miró raro. A lo mejor no me entendió.
—A lo mejor sí.
—Oh, vamos, no estés celoso.
—No estoy...—Giles mete la nariz en el libro—...celoso.
—Algo más de treinta y siete grados... calentito. Se acababa de...eh...alimentar, claro. Me gustaría tomársela muerto de hambre.
Giles lo mira, a los ojos, sonríe malévolamente.
—Inténtalo. Aunque te recomiendo que de lejos.
—Oh...claro, sí.
—Átalo en el sótano una semana sin comer, y luego acércale el termómetro con un palo largo.
—Está bien, lo he pillado, no te burles.
Ethan sirve otros dos vasos cortos de whisky, le acerca el suyo a Giles. Sus dedos se rozan unos segundos, sobre el vidrio. Se miran, un momento. Luego siguen los dos leyendo en silencio, Giles un libro de demonios, Ethan los apuntes en papel de su tesis, que de algún modo se las ha ingeniado para que sea ya bastante abultada. Se escucha el tic—tac del reloj de la sala. Siguen leyendo.
—¿No me merezco algún capricho?— pregunta Ethan al fin, sin levantar la vista de sus papeles
—Cómprate otra camisa—gruñe Giles
—Algo que me guste mucho—susurra Ethan
—¿Más que volverme loco en Halloween, atacar a mi Cazavampiros y hacerle un tatuaje, y convertirme en demonio feoral? No se si eso se puede superar.
Ethan alza los ojos, sonríe, de través.
—Rencoroso—susurra.
—Traidor—gruñe Giles.
—Aburrido.
Pervertido.
Ethan abre la boca para replicar a eso, pero no lo hace.
—No voy a hacerlo—dice Giles, categóricamente.
—Está bien. Como tú quieras—dice Ethan.


Dormitorio


Giles sube las escaleras, despacio, se detiene ante la puerta del dormitorio mientras toma fuerzas por dentro. Inspira hondo, deja salir el aire. Luego abre la puerta, de golpe.

Ethan está de pie, metiendo algo al armario. Se vuelve hacia Giles, abriendo mucho los ojos. Giles lo mira, torvamente. Se acerca a él, despacio, enciende dos cigarrillos y le coloca uno a Ethan entre los labios, con brusquedad. Giles lleva una camiseta blanca, remangada, con el paquete de tabaco guardado en la manga, unos vaqueros, unas botas camperas. Los ojos agresivamente pintados.
—Tú lo has querido, Ethan—susurra Giles, en voz baja, provocativa—Y ahora vas a pagar por ello.

Echa la mano atrás y saca del bolsillo del pantalón unas esposas. A Ethan se le cae el cigarrillo de la boca.
Good save the Queen—susurra.


 

FIN