Carta a Bridget

 

Enero, año 200x




Querida Bridget:


Como ves, te escribo desde esta nueva ciudad, donde llevo instalada cierto tiempo. He estado muy ocupada entre organizarme, hacerme cargo de nuevo de la Asociación de no-muertos por la Dignidad, la Igualdad y la Integración Democrática y al mismo tiempo intentando encontrar un lugar adecuado donde vivir. No ha sido fácil con toda esa gente huyendo de la actividad (y posterior derrumbe) de la Hellmouth buscando viviendas cerca del cementerio. Pero finalmente conseguí una casa en lo que se suponía iba a ser el barrio más tranquilo. Bien, o cualquiera habría dicho que iba a serlo, con esas condiciones de cercanía al camposanto, pero ha resultado que tengo unos vecinos un tanto peculiares.

Resulta que mi vecina de enfrente es nada menos que Buffy Summers. ¿La recuerdas? La hermana mayor de esa jovencita de las redacciones tan confusas. Esa que tenía ese problemilla de ser la Cazadora. No se ha deshecho de ello pero al menos creo que lo ha superado, de algún modo. Se la ve bastante feliz. Un tanto despistada, debe ser cosa de familia. Y con esa tendencia casi maníaca hacia las celebraciones tradicionales y familiares que yo personalmente odio, aborrezco, no celebro desde los 60 y aboliría si pudiera pero... todo sea por la convivencia entre vecinos. Y tengo que dar ejemplo, tampoco le puedo morder porque me invite a una cena de acción de gracias, a la pobre. Qué iban a decir en la Asociación de no-muertos americanos por la igualdad de oportunidades.
Además, en fin, a veces noblesse oblige. Su novio es William the Bloody, como te comenté hace ya un par de años, y le hace salir a tender la ropa. Tendrías que verle la cara cuando le toca tender ropa interior de mujer toda rizada. Llevar una tarta de manzana a una cena después de todo no es tan grave.

Con ellos vive la joven que te comenté el año pasado, Willow Rosenberg, la bruja que casi destruye el mundo. Ha mejorado mucho, ahora parece que ya no quiere destruir nada, como no sea cuando me pisa las petunias porque se pone nerviosa cuando le hablo. Es que es un poco tímida. Se pasa el día yendo y viniendo con sus libros, y creo que anda con un simpático joven que estudia para Vigilante del Consejo. Sí, como lo oyes, parece que no todos volaron por los aires. Realmente fue una chapuza ese trabajo, oí que justo después de la explosión comenzaron a aparecer vigilantes hasta debajo de las piedras.
En fin sea como sea el joven es amable. Una noche acompañado de ese peculiar aunque atractivo Rupert Giles me mataron un enorme demonio en mi césped, pero lo retiraron enseguida, y luego el chico (Geoffrey) me vino a arreglar la valla. Le hice arreglarme también la pajarera. Total, ya que cogía la herramienta... se le veía bien sin camisa. A lo mejor Miss Rosenberg no es tan mosquita muerta como parece.

En fin, que como te puedes imaginar, Buffy Summers, como sigue siendo Cazadora, sigue ejerciendo su vocación, o sea cazando, persiguiendo y matando todo lo del inframundo que se mueva con malas intenciones por las noches, y todos los demás se dedican a secundarla, ayudarla, arroparla, e imagino que entorpecerla algunas veces, o lo que sea. Armando un alboroto de mil pares de demonios. Casi literalmente.
Las cosas incluso empeoran cuando llegan a veces visitas, como esa descarada chica Faith que al parecer también es Cazadora (sí, si, ya sé que se supone que Sólo Puede Haber Una. En fin, quién demonios se cree esas pamplinas metafísicas) que tiene un lenguaje que sonrojaría a un estibador del puerto. Menos mal que  su novio es otro de esos ingleses caballerosos y educados. Y con unos buenos hombros, dicho sea de paso.
Pero la verdad, cuando el que llega ese al que llaman Angel, no hay motivo para quejarse, porque el tipo es menos expresivo y habla menos que un adoquín de cemento. Aunque todavía no me he recuperado de las últimas navidades, cuando apareció vestido nada menos que de Santa Claus. Bueno, creo que nadie se ha recuperado de eso.

Luego justo frente a ellos, al lado de mi casa, está la extraña pareja. Ese Giles que te comento con pinta de varias cosas sospechosas, que desde que me equivoqué al prestarle salvia para una ensalada ahora me pide a todas horas...es una larga historia. El caso es que le da a la marihuana a placer. Y bien sabes tú que yo no tengo nada en contra de un poco de honrada hierba, pero siempre he luchado por los espacios libres de humo y la naturaleza incontaminada desde aquellos tiempos del 68, y es que lo de Giles es demasiado, las nubes tóxicas cruzan de su casa a la mía cada vez que abro la ventana del mirador.
Y su...lo que sea que vive con él creo que hace magia negra. O alta cocina, o ambas cosas. Bueno seguramente llegados a cierto punto es lo mismo. Desde luego coincido con él tanto en la tienda de magia de la señora Hope como en la Boutique del Gourmet. Es...de esos que nunca te miran el escote, ya sabes. Aunque si son felices juntos no les voy a criticar por eso. Realmente Giles está muy bien. A veces me recuerda al bibliotecario de mi antiguo instituto de Sunnydale, aquel inglés despistado del que te comenté que había causado estragos en la sala de profesores cuando llegó. Quizás hasta sea la misma persona, ya sabes que soy bastante despistada para las caras, pero, la verdad, no creo porque no me imagino que aquel estirado tartamudo que iba tropezando contra las esquinas tenga nada que ver con este vecino tan aficionado...a la salvia y su “atildado” compañero.

Todos estos vecinos además de dedicarse a todo tipo de extrañas y ruidosas actividades nocturnas creo que me vigilan. Piensan que no me doy cuenta, pero cuando los miro, indefectiblemente todos ellos ponen cara de culpables. También creo que piensan que soy ciega y sorda, al menos la chica Summers y su novio, a juzgar por el polvo que se estaba echando la otra noche en el columpio del jardín. ¿O a lo mejor es que creen que con esos espantosos hierbajos de dos metros ya no los va a ver nadie? De verdad es increíble. Aunque, hay que decirlo, el muchacho está más que bien. Muy bien. Requetebién. Muy superior a la media, y te aseguro que lo sé a ciencia cierta. Casi me dieron ganas de tomarme un whiskicito mirando el espectáculo. No digo que lo hiciera...bueno, tú ya me conoces.

Más les valía causar menos molestias y cortar más el césped. Que es verdad que algunas cosas no se veían nada satisfactoriamente. Creo que tendré que sugerirle a ese amable joven, Geoffrey, que lo recorte, y ya que se pone, que se pase una mañana a segarme a mí el jardín.


En fin, a veces entre tanta gente extraña, ruidosa, que me espía, tanta magia, alborotos a altas horas, caza de demonios, persecución de zombies y vampiros no integrados en la sociedad y nubes de vapores extraños, me pregunto si después de todo no vivía más tranquila en la maldita Hellmouth.

Bueno, esperando que tú también te encuentres bien, te mando un abrazo.


Hellen

 

 


 


Notas:
Mrs Marple pertenece a Ehiztari. Gracias de nuevo por cedérmela para mi "octava" temporada.