Heridas

 

A veces Angel pasa horas intentando recomponer los trozos de su corazón roto, los pedazos de William en Spike, los de Spike tantas veces deshecho, es tan difícil. Se le escapan de entre los dedos como cenizas y no consigue pegarlos.

A veces Angel pasa horas intentando curar a besos una a una las plumas rotas de sus alas de ángel caído.


A veces pasa horas acariciando con las grandes manos sus rostro delgado, su pelo imposible, mirando esos ojos azules tan tristes, los labios apretados en ese gesto de crío pequeño que le encoge el alma. Horas intentando cerrarle las heridas.


A veces ni siquiera tiene fuerzas para eso y se queda, como ahora, sentado en el sillón frente a la ventana con él a horcajadas sobre las rodillas, la cara contra el hombro. Spike derrotado contra su cuerpo, muy callado. Angel sólo puede mirar la luz de la luna derramándose por su espalda desnuda, sin acariciarlo, sólo abrazándolo, tan quieto como él, quietos los dos, muy quietos. Como estatuas de mármol, como ángeles de piedra, blancos, quietos y callados, anclados los dos para siempre en un mundo de sombras.

 



FIN