Cumpleaños Feliz


Casa Summers

Mañana


—No sé, Buffy—dice Geofrey, dubitativamente.—Yo no he estado presente en las ocasiones anteriores, y me consta que el Sr. Giles tampoco lo estuvo en una de las últimas, pero las anotaciones en su diario son realmente preocupantes: es una fecha de muy alto riesgo.
—Estoy de acuerdo—asiente Giles, quitándose las gafas—Uno de los momentos más peligrosos del calendario demonológico, sin ninguna duda.
—Pero...pero...—murmura Buffy, en voz baja, quejosa.
—Escúchalos, pet—interviene Spike—Son un par de ingleses estirados, pero creo que tienen razón. De verdad es muy arriesgado.
—Todo apunta a que puede pasar algo aterrador—dice Willow, asintiendo seriamente con la cabeza—El historial de últimos acontecimientos así lo demuestra. Sería más seguro...posponerlo.
—Pero no se puede...posponer—murmura Buffy, la cara hecha un mar de confusión, Giles le pone la mano cuidadosamente sobre el hombro.
—Vamos, no es tan grave...otras cosas...eh...importantes se posponen.
Buffy toma aliento, lo deja salir en un gemido.
—¡Voy a celebrar mi cumpleaños!—exclama
—O se...¿sobreseen?—intenta Geofrey
—¡No pienso sobreseer mi cumpleaños!—gime Buffy, a punto de gritar, los demás la miran, removiéndose inquietos, Buffy saca del bolsillo de su chaqueta una libretita donde ha escrito una larga hilera de anotaciones.
—Además—dice, nerviosamente—Mirad, ya he hecho la lista de compras y he encargado los adornos y he llamado a Xander ¡Si hasta va a venir Dawn!
—¡Dios mío!—exclama Giles llevándose la mano a la frente—Otro factor de riesgo añadido.
—Eso sí que es tentar a la suerte, Buffy—dice Spike, muy serio—¿Estás segura?
—Por lo que yo sé, si añadimos esa variable a la ecuación—dice Geofrey garrapateando rápidamente en el block de notas de Buffy—resulta que...
Buffy gime, le arrebata el bolígrafo al joven de un manotazo, sobresaltándolo, su libreta, los tira sobre la mesa de la cocina.
—¡No es una...ecuación rara de vigilante, es mi hermana pequeña!—grita, los demás respingan a la vez, los cuatro—¡Ya está bien! ¡Lo voy a celebrar y va a ser el mejor cumpleaños de mi vida!
Se quedan todos en silencio, unos instantes. Finalmente Spike encoge los hombros, con un hondo suspiro.
—Está bien, pet. Yo con que sea el más tranquilo me conformo—dice
—¿Qué...quieres decir?—pregunta Buffy.
—Nada. No estoy haciendo ningún tipo de crítica, que quede claro. En ningún caso es culpa tuya.
—¿El qué?—pregunta Buffy, con un puchero de angustia.
—Ya..sabes—acude en su ayuda Willow, ojos muy grandes—Los ataques demoníacos, conjuros, vampiros que....esto...pierden el alma y se vuelven malvados y pervertidos o... los monstruos con enorme espada que se meten en las paredes causando heridos o los demonios que nos impiden abandonar la casa nunca más.
Oh.
—No fue culpa tuya, de verdad ¡Ninguna de las veces!—dice la bruja
—A mi la del demonio ése me gustó—dice Spike, mordiéndose el labio—Sobre todo cuando me subiste al dormitorio.
—¡Spike!—jadea Buffy.
—¿Te subiste a este...degenerado a tu habitación estando los demás en la casa?—gruñe Giles.
—Dios, sí—Spike suspira, hondamente, soñador, Buffy le da una patada por lo bajo—¿Qué? Si es verdad.
—¡Va a ser un cumpleaños estupendo y no va a pasar nada!—dice Buffy. Los demás la miran, conmiserativamente. Buffy abre la boca para añadir algo más, pero finalmente no lo hace, sólo se da la vuelta y sale de la habitación, los pequeños puños apretados muy firmemente.


Casa Summers

Tarde


Dawn termina de desempacar su bolsa de viaje, metiendo todo de cualquier manera en los cajones, mientras se dice que se alegra realmente de haber venido, que echaba de menos a todo el mundo, que le vendrá bien pasar unos días con su hermana, y que qué barbaridad, ese Spike está más bueno que nunca. Parece que finalmente Buffy ha resultado ser menos tonta de lo que todos pensaban y se lo ha quedado a tiempo completo. Vaya, súper completo a—todas—horas por lo que dice Willow, que dice también que se tiene que poner tapones para no oírlos. ¡Qué barbaridad!
Le gusta el pequeño cuartito que le han preparado, lo que parece ser el estudio de Willow, o lo que sea, una mezcla de estudio y trastero de libros y...trastos y cosas. Bueno, y ahora ella. Bueno, si piensa un poco en ello a lo mejor no es muy halagüeño, pero ¡está genial, tiene esa ventanita redonda, como de casa de película de terror, con esos vidrios algo ondulados, victorianos, y el empapelado antiguo que se cae a jirones por alguna esquina. La cama plegable servirá por unos días, y una vez apartada la mesa de dibujo y unas cuantas cosas inútiles (o sea de brujería o algo) de Willow para poner su ropa, se ve genial. El espejo es un poco sospechoso pero con que no aparezca una cara como en el de Blancanieves, Dawn ya se conforma.
La casa entera no está nada mal, es mucho más pequeña que la que tenían en Sunnydale, pero es muy bonita. Hay dos dormitorios uno frente a otro en ese segundo piso, y el cuarto trastero—estudio (ahora provisionalmente suyo) y arriba una especie de desván. Abajo salón y cocina, y un porche, y una cosa que a lo mejor podría pasar por un jardincillo. Sí, está realmente bien, se repite acodándose en la ventanita redonda, salvo por lo de algunos vecinos, como Giles que está ahí cerca con ese tío raro rarísimo y estar también al lado del cementerio (jo, qué tétrico, en fin, bueno, Spike es un vampiro, a él le gustará, claro).
Aunque de lo que Dawn todavía no se ha recuperado del susto de ver quién vive enfrente ¡¡¡LA SEÑORA MARPLE!!! La que la estuvo atormentando durante tres cursos con las reglas gramaticales, la ortografía y todas esas cosas espantosas a la salida de clase todos los jueves por la tarde y decía que sus redacciones eran confusas. Casi le han dado tres infartos cuando se ha equivocado de puerta y le ha abierto ella, Dawn se quedado ahí parada sin saber qué decir.
Lo que no entiende es por qué Mrs. Marple parecía aún más horrorizada que ella.


Buffy abre la puerta, sonríe ampliamente, emocionada: ahí está Xander, también él con una gran sonrisa. Tiene buen aspecto, el pelo más corto, una cazadora roja de cuero y bajo ella un jersey marrón con rayas de no demasiados colores para ser Xander. Abre los brazos y su ancho corpachón cubre todo el hueco de la puerta, pero no como si quisiera abrazarla, sino más bien como si no quisiera dejar pasar a alguien.
—Antes de los saludos tengo que deciros algo—dice, un poco dubitativamente, pero no puede seguir porque casi enseguida es empujado bruscamente a un lado, como si no pesase más que una pluma, y Harmony Kendall se planta en el umbral.
—¡Heeeeyyyy!—exclama, dando varios saltitos emocionados—¡Que alguien me invite a entrar!
—Era eso—gime Xander desde detrás de ella, recomponiéndose, y cogiendo las dos maletas, la pequeña obviamente suya y una enorme y con dibujos de brillitos, también obviamente de ella—He venido acompañado.
—Adelante...supongo...Harmony —murmura Buffy, y la vampiro entra en la casa, toda ella abrigo de peluche rosa y sombra de ojos nacarada.
—¡Dios mío!—gime Willow, desde la parte de atrás del hall, Xander abraza a Buffy, estrechamente, luego se dirige a Willow y la abraza también, levantándola en el aire
—¡Holaaaaaaa a todo el mundo!—está exclamando Harmony, mientras reparte sonoros besos a diestro y siniestro, a Buffy, a Willow cuando la suelta Xander, a Geofrey aunque no lo conoce de nada, y luego descubre a Spike que ha salido de la cocina.
—¡¡¡SPIKEY!!!—grita agudamente, el vampiro respinga sobresaltado y se pega a Giles, como buscando protección. El vigilante carraspea y lo empuja apartándolo, incómodo, no sin cierta dosis de malvado regocijo, hacia los brazos de la vampiro rubia, que lo abraza efusivamente. Spike permanece muy quieto, tieso y envarado, mirando de reojo a Buffy.
—¿Ha llegado ya Dawn?—pregunta Xander, dejando la chaqueta en el perchero de la entrada, Willow le informa de que sí, que llegó la noche pasada—¡Bien! ¡Pues ya estamos todos!
Buffy asiente con la cabeza. Harmony sigue aferrada a Spike como una lapa. Willow coge a Buffy de la mano y cuidadosamente la arrastra hacia la cocina murmurando algo acerca de preparar el té de la tarde.


Casa Summers

Noche

Desván

Xander da una vuelta por el espacioso aunque un tanto polvoriento desván, satisfecho. Hay un gran sofá cama doble donde cabrán perfectamente, han apañado un par de trastos como mesillas y subido unas lámparas, una cómoda, un sillón y un par de cosillas más, y hay que reconocer que al menos la fuerza vampírica de ese atontado de Spike viene bien en los casos de mudanza de muebles. Su cuchipú estará cómoda y satisfecha con la suite, que hay que decirlo, se ve bastante vampiresca con tan pocas ventanas y tanto polvo y tantas tablas grises sin empapelar.
—¿Ya estás instalada mi pequeña brochette?—le dice Xander, cariñosamente, Harmony suspira, amorosa.
—Ainsss... mi Spikey también me decía esas cosas en italiano. Las cariñosas, claro, no las otras de las guarras, esas eran en inglés. Como las de “dime que eres la Cazadora”. Jo, qué harta me tenía de esas.
—Dios mío.
—De todos modos...hay que ver cómo se ponía, qué bárbaro. Se le podía perdonar todo— Harmony se muerde el labio, sonrojándose un poco, Xander palidece
—No quiero saberlo—gime.


Dormitorio de abajo

—¿Les hemos dicho que hay una claraboya en el tejado?—pregunta Buffy, en voz baja
—Espero que no—gruñe Spike—Y que salga un día soleado.


Desván


—No entiendo qué le veías, de verdad, qué le veis todas, es un jodido muerto maligno.
—Jo, Xander—resopla Harmony—La criticona de tu ex Cordelia decía que yo era la más tonta del Sunnydale High, pero está claro que se equivocaba—lo mira conmiserativamente—O sea...¡por favor! Es guapísimo, tiene esos ojos azules, esos pómulos, esa boca, no puede estar más bueno, tiene los abdominales como una tableta de chocolate, aguanta como un semental y encima tiene una po...
—¡HARM!—gime Xander.
—¡Qué, si es verdad!—suspira la joven—La tiene realmente enorme.


Dormitorio de abajo

—Vámonos a casa de Giles—murmura Spike.
—Yo que tú estaría MUY callado—gruñe Buffy.
Spike hace un puchero, no dice nada.


Desván

—¿Crees que deberíamos decirles lo de Riley?—pregunta Harmony, muy seria, Xander duda un momento.
—No se, Harmony...no creo que Buffy lo entendiera.
—Le sabría mal, seguro.—dice ella, Xander niega vigorosamente con la cabeza
—Pues no veo por qué—dice.—Si Riley quiere servir a su Excelencia el Príncipe de las Tinieblas, es muy libre de hacerlo. Y suerte que tiene además—añade.
—Sí, Dracula es tan atractivo...—suspira Harmony.


Dormitorio de abajo

—NO PUEDE SER—gime Buffy—¡Dios mío!
—¡Joder!—jadea Spike.
—¿Y su...mujer?
—Bueno...—Spike se queda un momento pensativo—Técnicamente tiene tres, pero no creo que les importe, ya tienen que estar acostumbradas. O sea, míralo, está bastante claro que Vlad es marica. ¡Si se encargaba las camisas en la misma sastrería de Londres que Angelus!
Buffy cierra los ojos, unos segundos, los abre.
—La mujer de Riley—susurra.
—Ah. Oh. Ah. Pues... no sé.
Silencio.


Desván

—¡Ay mi osito morenito!—dice Harmony, melosa, tirándole a Xander del moflete— No te pongas celoso y dame un masaje con aceite de canela, tengo la espalda deshecha de cargar con las maletas.
—Harmony—dice Xander—Eres un vampiro, tienes fuerza de vampiro y además tu monstruosa maleta la he llevado yo todo el tiempo.
—Qué cortito eres Xander, querido—suspira ella, mientras se quita el suéter y se lo tira a la cara, rosa, de angora y perfumado hasta lo intoxicante. El jersey se le queda enganchado en el parche del ojo. Xander lo retira, buscando oxígeno, Harmony se echa boca abajo en la cama, mirándolo por encima del hombro, seductora, mientras se aparta el largo pelo rubio de la espalda—¿No quieres darme ese masaje de todos modos?
—Buenoooo... si te pones así...
—Spike me daba unos masajes estupendos—suspira.
—¡Harmony!
—Aunque el muy canalla se aprovechaba de la postura y siempre terminaba haciéndome otra cosa por detrás—dice, haciendo un mohín, Xander cierra el ojo.
Ahhhhgggg—gime.


Dormitorio de abajo

*¡PLAF!*

Buffy le sacude a Spike un sonoro capón en la cabeza
—¡Auh! ¿qué he hecho?
—¡Calla!—gruñe Buffy, rabiosa.


Desván

—Mi osito morenito, no te pongas celoso.
—Si me acabas de decir que ese asqueroso de Spike tiene un pedazo de tranca que no se qué inolvidable y ahora me das detalles escabrosos ¿qué quieres?
—Eres demasiado sensible—sentencia Harmony, asintiendo con la cabeza—Además ¿Prefieres que te engañe? Dijiste que valorabas la sinceridad en una mujer por encima de todo.
—Mentí—dice Xander, dejándose caer sentado en la cama, cabizbajo. Harmony se incorpora, se sienta a su lado, le coge la mano, consoladoramente. Xander suspira, deprimido. Y...odiando bastante (o sea, más que de costumbre) a ese hijo de veinte vampiros de Spike con sus abdominales de vértigo, sus sexys pómulos y su prieto culito redondo. Vale, eso no lo ha nombrado Harmony pero hay que estar ciego para no verlo. Luego mira de reojo hacia el sostén de fantasía, de satén y florecitas bordadas de color rosa y champagne de Harmony y la vida empieza a parecerle de otro color. Rosa y champagne, precisamente. O sea, mucho mejor. Su visión binocular se supone que desapareció junto a su ojo izquierdo, hace tiempo atrás pero para no ver esas prominentes e invitadoras redondeces también habría que estar absolutamente ciego.
—Mmmmm—susurra, con voz temblorosa—¿Y exactamente cómo hacías eso de imitar a Buffy para ese...asqueroso pervertido degenerado pero...espléndidamente dotado de Spike?
—Espera, te lo mostraré— dice ella, cogiéndolo al vuelo— Pásame ese jersey azul de ahí. Chico malo.


Dormitorio de abajo

—Está bien—gime Buffy—Vámonos de aquí. YA.
Spike se levanta, a la velocidad de la luz.
—Sí, por favor—dice.


Estudio

Dawn da la última vuelta en la cama, saca la cabeza de debajo de la almohada, se sienta en el colchón. No puede soportar ni un minuto más la estúpida cháchara de Harmony, los detalles procaces de su vida con Spike, los gruñidos de Buffy en el otro cuarto y mucho menos a Xander poniéndose caliente ¡eso es tortura psicológica! Se pregunta cómo conseguirá Willow conciliar el sueño en esa casa que se oye todo, imagina que poniendo alguna barrera mágica de silencio en su dormitorio, otra cosa es imposible. Porque cuando no haya visitas tiene que ser aún peor, eso lo tiene claro por cómo se miran su hermana y Spike. Seguro que hasta Giles los oye al otro lado de la calle. ¡Qué suerte tienen de que los vecinos del cementerio estén muertos si no seguro que les ponían una protesta en el ayuntamiento!
Bien, necesita tomar un poco de aire fresco, en ese columpio del jardín, por ejemplo. Dawn sale de la cama y se enfunda los vaqueros, un jersey, un anorak, las botas y se dirige a la ventana.
—Casi como en los viejos tiempos—sonríe, cogiendo el bolso de pasada. Se asoma calculando la situación y enseguida encuentra la manera de saltar del alféizar al tejadillo del porche, y de ahí a la baranda, y al jardín, donde amortigua su caída el espeso colchón de hierbajos marrones que no han sido segados desde que se construyó la casa allá por el XIX. El columpio del jardín es tentador, pero ha lloviznado un poco por la tarde y el asiento está húmedo. Dawn decide mejor dar un corto paseo para templar los nervios.


Casa de Giles

Ethan baja las escaleras, mirando la hora de pasada en el reloj de pared de la sala: las dos de la mañana. Preocupado por que ocurra algo se abrocha el batín de seda y se acerca a la puerta. Parpadea, extrañado. A través de los cristalitos coloreados de la ventana decorativa puede ver el cabello inconfundiblemente radiactivo de Spike, y, bastante más abajo, algo del rubio de Buffy.
—Joder—murmura, abriendo la puerta. La pareja William the Bloody—Cazadora The One se le quedan mirando muy serios, Spike con el abrigo de cuero por encima de un pantalón de pijama, Buffy con una chaqueta de lana sobre un exiguo camisón rosa, los dos con los ojos muy grandes y dos pucheritos dignos de una ilustración de huerfanitos de Dickens.
—¡Oh, por el amor del Caos!—gruñe Ethan—. Iros a toma viento por ahí—dice, y hace gesto de cerrar la puerta.
—¡Ethan!—gime Buffy.
—¡Eh, bromeaba!—ríe él, encantado de haberla asustado, y abre para dejarlos pasar. Spike se aparta un poco para que entre Buffy, luego entra él, cierra tras de sí, le murmura una palabrota a Ethan al pasar a su lado que el ex vigilante hace como que no oye.
—De todos modos me preguntaba cuánto tardaríais en venir—dice, comprensivo—Esa especie de Barbie—Vampiro—Malibú es realmente insoportable
—No me la recuerdes—murmura Spike, lo mira de reojo—Y sobre todo no se la recuerdes a Buffy ¿ok?
Ethan sonríe de través, no dice nada a eso.
—Ya sabes dónde está el cuarto de invitados—dice—Me vuelvo a la cama


Spike baja a toda prisa por las escaleras, hace un gesto a un muy malhumorado Giles que asoma la despeinada cabeza en la habitación de enfrente para indicarle que ya va él, y mientras escucha su gruñido ininteligible en respuesta y que cierra el dormitorio, llega hasta la entrada. Abre la puerta para encontrarse a una triste y pucherosa Willow vestida con un pijama rosa de manchas de vaca, envuelta en una mantita, y a su lado a Geofrey con uno más decente de rayas y un batín, el brazo pasado protectoramente por los hombros de la joven. Lleva una bolsita neceser con los cepillos de dientes de ambos.
—Oh—gime Willow— Spike. ¿Qué haces...aquí?
—¿Bromeas?—dice Spike, encogiendo los hombros desnudos. Los teníamos justo encima. Hemos huido antes. Aparte de la cosa esa de que...bueno. Buffy se pone un poco nerviosa por lo de que Harmony era mi... ex o lo que sea
—Oh, claro. Comprensible. –dice Geofrey, amablemente, subiéndose las gafas con el gesto exacto que ha debido de copiar a Giles o bien viene en el manual del perfecto vigilante— De todos modos habla muy bien de tu po...er... ¿tencia intelectual?
—Joder, serás capullo—Spike baja la cabeza, apartándose para dejarles pasar, entran los dos, Geofrey ríe por lo bajo, Willow le da unas palmaditas consoladoras en el hombro cuando pasa por su lado.
—¿Hay sitio para nosotros?—pregunta Willow con ojos esperanzados, Spike mira de reojo hacia Geofrey.
—Claro, puedes dormir con Buffy y conmigo—dice—Me van los tríos, ya habéis oído a Harmony.
Geofrey parpadea, se sube las gafas de nuevo, se remueve incómodo. Willow mira a Spike con los ojos muy grandes, retorciéndose la tripa abotonada de su pijama vacuno. Spike alza los ojos al cielo.
—Está bien, sube a la cama con Buffy, ya nos apañaremos nosotros en el sofá—suspira, y agarra su mantita—Pero déjanos la manta.
—De acuerdo—la bruja asiente con la cabeza, da un beso a Geofrey y sube por las escaleras.

 


Calles


Dawn rebusca en su bolso y saca una barrita de chocolate, que se come felizmente, y un paquete de cigarrillos que si ve Buffy se muere directamente (porque aunque está claro que ha mejorado en varias cosas, sigue siendo un poco sosa aburrida y petarda, no como Spike que es mucho más guay), y se enciende uno. Da un par de caladas y cruza la calle, paseando bajo las farolas decimonónicas, de ambarina luz.
Todo está tranquilo, qué bonita, tranquila ciudad. Qué ganas tenía de estar un poco tranquila.
Vale, decir la palabra tranquilidad tres veces ya tenía que saber que es tentar a la suerte, y a la siguiente manzana un enorme demonio le sale al paso con un gruñido y salta hacia ella. Dawn grita con todas sus fuerza, le sacude una soberana patada en donde más o menos tiene la espinilla, y echa a correr como alma que lleva el diablo.
El demonio la persigue dando trancos torcidos y jadeantes, Dawn corre aterrorizada mientras el monstruo la va acorralando haciéndola alejarse de la casa y enfilar hacia el cementerio. La joven salta ágilmente la cerca baja de piedra y corre entre las viejas tumbas intentando esquivarlo, pero el demonio, aunque se le ve algo patoso, es muy grande y la alcanza al doblar un viejo panteón. Dawn grita de nuevo esperando que la oiga alguien, mientras el demonio la aferra por la cintura, levantándola en vilo.
—¡Yo ya no trabajo en esto! ¡Sólo he venido de jodida visita! ¡¡¡Buffy!!! –grita Dawn, histérica, propinando al demonio una andanada de inútiles puñetazos en el pecho, varios bolsazos en la cabeza y un tremendo y certero rodillazo entre las piernas que lo hace exhalar un quejido y soltarla de inmediato. La joven echa a correr de nuevo como una bala, el demonio tarda un momento en recomponer su maltrecha entereza y sale tras de ella, agarrándola de nuevo. Esta vez pone buen cuidado en mantener sus partes no cubiertas con placas óseas fuera del alcance de la golpeante e hiperactiva joven.
Dawn sin dejar de lanzar gritos de terror rebusca en su maltrecho bolso y le vacía en los ojos todo el contenido de su spray de pimienta anti atracadores. El demonio aúlla en la noche llevándose las zarpas a la cara, soltando su presa una vez más, Dawn cae al suelo y remata la faena sacudiéndole al demonio tres buenos bolsazos, el demonio agarra rabioso el bolso y ella aprovecha para escabullirse arrastrándose por el suelo, en la oscuridad del cementerio. Alcanza a ver al demonio destrozando el bolso a dentelladas, y aullando de nuevo cuando al hacerlo se clava la estaca anti vampiros que había dentro en un carrillo.
—Ya imaginaba yo que me iba a hacer falta todo el maldito arsenal—jadea Dawn, corriendo ahora entre las tumbas. Escucha los resoplidos furiosos del demonio buscándola en la oscuridad, medio a tientas pero cada vez más cerca, y con la velocidad que da el más absoluto terror, consigue escurrirse dentro de uno de los viejos panteones por la rendija de una puerta entreabierta. Se acurruca al fondo de la tumba, muy callada, intentando aquietar su desbocado corazón, el único sonido que podría delatarle.



Casa Summers

Mañana

 

Xander y Harmony caminan cuidadosamente por el salón desierto, por la silenciosa cocina. Todo esto es muy extraño, ya lo era que no se oyera ni un ruido en una casa con tantas personas, de hecho han dormido de maravilla, sin escuchar ni una mosca, y eso que se temían que las conversaciones y molestias de los demás no les iban a dejar pegar ojo, pero no se esperaban no ver a nadie cuando se han levantado. Al menos habría sido esperable algún tipo de lío matinal en los baños, una fila o algo a la hora de la ducha, en cambio han tenido para ellos solos el baño de la habitación de Buffy, y ahora... no hay nadie a la vista.
—¡Eoooooo! ¿Hay alguien?—canturrea Harmony, cogida de la mano de Xander—Esto es muy raro, Xander. ¡Han desaparecido! ¿Será algún conjuro? ¿Habrá ocurrido alguna desgracia?
—Dios mío, no me asustes Harmony. Porque mira la fecha que es, ¡el cumpleaños de Buffy! No hay momento más peligroso en el calendario, desde que la conozco. No se lo digas a la pobre, pero es algo matemático.
—¿Crees que deberíamos... no sé, llamar a alguien?
—Quizás deberíamos esperar aquí. ¿En la calle hay gente?
—Soy un vampiro ¿Quieres que salga a mirar y me convierta en polvo?
—Oh...claro. Ya voy yo—dice Xander—Tu mientras...¿qué tal unas tortitas?
—¡Buena idea!—Harmony palmotea encantada—¡Me encantan los desayunos tradicionales, verás que ricos me salen!
Xander suspira emocionado ante las muchas virtudes de su novia y sale hacia la puerta. Por si acaso, con los reflejos de un genuino habitante de Sunnydale, cuando pasa por el salón agarra un hacha del arcón de las armas y la sujeta fuertemente.
—Voy a mirar, cuchipú—le dice a Harmony, luego se cuadra heroicamente—Si no he vuelto en quince minutos, intenta localizar a Buffy o a Willow por teléfono pero tú no salgas de aquí, no te arriesgues por mí
—No pensaba—dice Harmony, sin apreciar ni lo más mínimo su heroica valentía, y luego añade—¿Quieres caramelo o chocolate con las tortas?
—Er.... chocolate—dice Xander, y sale no muy gallardamente de la casa.


Casa de Giles


Giles parpadea, se frota los ojos un par de veces, se queda mirando la barra de su pequeña cocina, totalmente abarrotada de gente tragando a dos carrillos, vuelve a frotarse los ojos.
—Es una pesadilla—gruñe, con voz ronca.
—Buenos días, Rupert—dice Spike, dando un bocado a su tercera tostada, Giles lo mira de reojo con una de las miradas que en los 70 habrían hecho palidecer a hordas enteras de vampiros, demonios y macarras delincuentes de bandas enemigas.
—Joooder—murmura Geofrey, admirado.
—Tiene mal despertar—dice Ethan, le pone las manos en los hombros y más o menos lo conduce hasta un taburete libre, frente a un té cargado y solo. Le pone una tostada a un lado.
—Gzs—murmura Giles.
—Joder—repite Geofrey.
—Te la estás jugando, tío—dice Spike—No se le puede hablar hasta el segundo té
Buffy menea la cabeza, más que harta de toda la situación. De haber tenido que dormir fuera de su cama, con una pesada de amiga que la ha confundido media noche con un almohadón y llenado de babas y la otra media con Geofrey y estrujado a conciencia. No quiere más que terminar ese horrendo desayuno e ir a su casa. Y luego ducharse, arreglarse, hablar con su hermana, ir al centro y pasar la mañana de compras, y la tarde preparándolo todo y decorando su casa para la fiesta de cumpleaños.
Cuando ha tomado ya un par de sorbos de su desayuno recuerda el motivo por el que ha tenido que pasar esa noche espantosa y suspira hondamente.
—¿No deberíamos llamar a Xander?—pregunta—A lo mejor se levanta y piensa que ha ocurrido algo.
—¿Qué puede pensar que ha ocurrido?—dice Spike, haciendo crujir los músculos de la espalda castigados por el sofá de Giles, vengativo—Es sólo tu cumpleaños
Buffy hace un puchero y se bebe el tazón de chocolate de golpe. Spike alza los ojos al cielo, se inclina y le besa la frente a modo de disculpa.



Casa Summers

Tarde

La mesa de la cocina ha sido dividida entre la sección de guirnaldas, velitas y cartulinas recortadas y en el otro extremo, la de canapés, bocadillos y dulces. En la primera de las mitades se afana unas muy concentradas Harmony y Willow más o menos ayudadas por Geofrey, en la segunda Ethan intenta que Buffy, Spike y Xander hagan algo útil, y que este último no se coma la mitad de lo que va poniendo en los platitos. Giles ha ido a buscar la tarta a una pastelería del centro, aquejado de un grave caso de insociabilidad.
—Eh, ¿queréis escuchar algo interesante?—pregunta Geofrey, asomando la cara entre las guirnaldas enormes que Willow está preparando y que componen la frase Happy Birthday—Lo leí anoche.
—Es que no paras un momento de estudiar, vicioso de los libros—bromea Willow
—La verdad—suspira el joven—compartir un sofá con Spike te acaba decidiendo a repasar la biblioteca de Giles.
—A Buffy no le pasa—dice Spike.
Buffy sonríe, sofocada, lo empuja, Geofrey menea la cabeza. Spike se termina la cerveza para dejar claro que él está ahí por la cerveza. Que a la vez esté poniendo canapés es algo puramente casual, por tener las manos ocupadas.
—Bueno, yo paso de rollos de vigilantes —dice, y se sale afuera a fumarse un cigarrillo. Geofrey lo mira salir de la cocina, cerrar la puerta. Escucha el inconfundible sonido de su encendedor metálico de gasolina. Luego toma aliento y dice, triunfantemente:
—La verdadera, genuina y auténtica Cazadora, es ha sido y siempre ha sido Faith Lehane. ¡Desde 1997!
Se escucha a Spike toser afuera, probablemente atragantándose con el cigarrillo. Ethan le responde desde la cocina, con los mismos síntomas aunque él no está fumando.
—Cariño ¿quiere un té?—interrumpe Willow a Geofrey.
—No, gracias, Willow—sonríe Geofrey.
—Cariño, ¿quieres un té?—intenta Ethan Rayne, el joven lo mira muy extrañado, pero sigue hablando.
—Está clarísimo, fue todo un...extraño error. Cuando el Maestro la mató en el 97 Buffy permanecido clínicamente muerta el tiempo suficiente como para que se activara una segunda Cazadora, Kendra (perdona que te recuerde tu primera muerte, Buffy) y entonces la línea siguió, ininterrumpida y de la manera habitual, hacia Faith, olvidando a Buffy vuelta a la vida en el tiempo como una reliquia, una laguna olvidada, un imposible para el submundo y la línea mágico—mística de las Cazadoras y...Pero vamos, qué os voy a decir, un niño puede verlo. Me extraña que Giles no se diera cuenta.
—A lo mejor sí se dio y no quiso decir nada—intenta Willow, en voz muy baja
—¿Y por que no?
—Porque no es un bocazas—gruñe Spike, entrando en la cocina, brazos cruzados. Xander deja su canapé la mesa. Willow su cadeneta. Geofrey los mira, sin comprender, luego lo hace y abre la boca en forma de letra “O”. Buffy baja la cabeza muy lentamente.
—¿Alguien quiere un té?—pregunta Harmony, esperanzadamente. Nadie contesta.


Buffy realmente se está hartando de esperar a la pesadita de Dawn, bueno se están hartando todos, por muy ejemplar juvenil lleno de hormonas compradoras en una ciudad nueva llena de tiendas desconocidas que sea, como ha dicho Ethan Rayne. Vale que se haya escabullido ya desde por la mañana para ahorrarse todo el trabajo, que es típico de ella y es lo que siempre ha hecho (si lo sabrá Buffy) pero en fin, al menos podría hacer un esfuerzo y acudir al cumpleaños en sí. Todos los demás también se están cansando de esperarla. La tarta también se está hartando de esperar a Dawn, centrada en la preciosa mesa decorada y llena de ricos canapés más o menos reconocibles los que ha hecho Spike. Bueno, el pobre es un vampiro y además odia todo eso de que le obliguen a hacer cosas de la cocina, no han quedado tan mal, tan sólo un poco contrahechos. Los de Xander también están bastante aplastados y pringosos y no tiene la excusa de ser una criatura de la noche, se dice Buffy. Pero en conjunto la mesa está preciosísima de—lo—más, y qué decir de la decoración del salón, con sus cadenetas de feliz cumpleaños, y esa...cadeneta de esqueletos de Halloween que cruza el salón de punta a punta y que...no pega ni con cola. Pero bueno, Spike tampoco tiene muy claro eso de las celebraciones, es que es una...criatura de la...noche que... eso ya lo había dicho, le parece.
Se está empezando a poner muy nerviosa.
—Queda bien, es...muy mona—dice Harmony, siguiendo su mirada hasta la cadeneta de calaveras—Además, como eres la Cazadora auténtica y siempre lo has sido y lo serás, pega que tengas esqueletos. Como matas cosas en plan profesional.
—Gracias Harmony—suspira Buffy.
—De nada—sonríe la vampiro rubia. Buffy se siente muy deprimida, y se pregunta de nuevo dónde diantres andará su hermana.
—Bueno ya llegará—dice Willow, com leyéndole la mente—¿Por qué no nos sentamos a esta estupenda mesa y vamos tomando los refrescos?
—Buena idea—dice Giles, aceptando el que le tiende Ethan Rayne, una naranjada que huele sospechosamente a whisky escocés. Spike los mira de reojo y se pide uno de esos mientras Geofrey pone la música y todos van ocupando alrededor de la mesa sus puestos señalados por coquetas tarjetitas de cumpleaños donde Willow ha escrito sus nombres con rotuladores de varios colores.


La piedra que atraviesa la ventana es redonda, muy grande, lleva atado un papel blanco con un trozo cuerda, y va a caer justo encima de la tarta de cumpleaños. La tarta pega una especie de estallido explosivo por el impacto, y la mayoría de ella salta por los aires salpicando la mesa, el mantel, el salón, y las caras atónitas de los comensales.
Primero hay un coro de gritos sobresaltados. Luego se hace un silencio espeso.
—Bueno, un trozo se me ha metido en la boca—dice Geofrey, animoso—Está muy buena. Me gusta el chocolate.
—Sí, es verdad—intenta Willow—Y lleva trocitos de frambuesa.
—A mi se me ha metido uno en la nariz—ayuda Xander—Huele bien.
Giles alarga la mano y recoge el papel de la piedra, abriéndolo. Harmony, sentada a su lado, se inclina para leerla.
—Uf vaya birria de nota, no tiene ningún estilo—critica—Yo las hacía muchísimo mejor.
Giles la mira de reojo, luego suspira hondo.
—Esto es increíble—dice, tendiendo el papel manchado de tarta a Spike, que la lee en voz alta.
—Unos vampiros han secuestrado a Dawn. Quieren que vaya Buffy. Para matarla, es de suponer.
Todas las caras (manchadas de tarta) se vuelven hacia la Cazadora.
—Odio esta ciudad—murmura Buffy.
—No, Buffy no—dice Harmony, palmeándole la mano, consoladoramente.— La que odiabas era Sunnydale ¿recuerdas? Todos la odiábamos, sobre todo el instituto. Pero nuestro Spikey la hundió en los infiernos. ¡Bien por él!
Buffy hace un puchero tembloroso, y por unos momentos realmente parece que va a echarse a llorar.
—Odio a todo el mundo—dice.


Casa de Giles

Noche

Ethan menea la cabeza mientras repasa por innumera vez la escueta nota que ha llegado con la tarta, con la dirección garrapateada de cualquier manera que apunta a los almacenes de la vieja zona industrial.
—No me lo puedo creer—suspira.
—Ni yo ¡maldita mocosa!—gruñe Giles—¿Tiene que venir de propio a que la secuestren?
—Rupert...
—Está bien...me he dejado llevar. Es que no me gusta ver disgustada a Buffy
—Vaya, no me había dado cuenta—Ethan toma aliento, le tiende la vieja chupa de cuero, Giles se la pone, el hacha, Giles la coge, el pendiente, Giles lo coge, lo deja en la mesilla, lo fulmina con la mirada.
—¿Qué?—pregunta Ethan, arqueando las cejas, Giles menea la cabeza
—No seas canalla—protesta, Ethan sonríe, una sonrisa fugaz, algo burlona.
—¿Quieres algo de refuerzo?—le pregunta, Giles niega con la cabeza
—Sólo es una misión de...rescate de Dawn en apuros. Ni te imaginas la de veces que la hemos hecho. Es pura rutina.
—Está bien, como tú digas. ¿Seguro que no quieres algún hechizo sólo por si acaso?
—No me fío de ti.
—Vamos... sabes que me he reformado.
Giles lo mira, de reojo.
—Anoche no lo parecía...pervertido.
—Por...Dios, Rupert. Que te van a oír—dice Ethan, mirando hacia la puerta del dormitorio, luego alza los ojos al cielo—Llévate el localizador de Jarndarer por lo menos, o un hechizo de ocultación sencillo. Sólo hacen falta un par de hierbas y un palo. Cualquiera lleva eso en el bolsillo. Vamos, tú hierba, seguro.
—Impertinente—gruñe Giles—Está bien.—concede, dejando las gafas en la mesilla de noche—Sólo por que dejes de darme el coñazo.
—¡Yo también quiero un hechizo de esos!—grita Spike, desde el salón de abajo—Pero sin perversiones gays raras.
Giles suelta un juramento, apretando el hacha entre las manos. Ethan lo empuja para que se quede sentado en la cama mientras va por los ingredientes para el conjuro.

 


Almacén industrial

La puerta de la antigua nave salta por los aires, hecha pedazos de una formidable patada de la Cazadora, aún no se han posado todos los trozos cuando la figura menuda, rubia y muy cabreada aparece en el hueco, con los brazos en jarras.
—¡Bien, aquí estoy!— exclama Buffy —¿Dónde está mi hermana?
Un grupo de unos siete vampiros se vuelven hacia ella, mirándola nerviosos
—Pues... la verdad—dice uno de ellos—No ha...llegado todavía
—¿Qué?—parpadea Buffy, incrédula.
—Es que...—dice otro, acercándose muy pegado al anterior, mientras vigila preocupado a un Spike con cara de muy malas pulgas y a Giles y Xander con expresión aun peor que entran por detrás ellos— No nos la han traído, no sabemos qué ha podido pasar.
—¿Por qué no esperamos un rato?—intenta un tercero— Y podremos completar nuestra maléfica transacción como mandan los cánones. Seguramente se trata de un retraso circunstancial.

—El demonio que la tiene que traer vendrá—dice el primer vampiro

—Sí, es cierto—añade el tercero, muy seguro de sí mismo—Ya le hemos pagado

—Tú eres tonto—dice Spike desde detrás de Buffy.
—Tampoco hay que entrar en descalificaciones personales—protesta el vampiro
Buffy se lleva las manos a la cabeza, lanza un grito de rabia contenida.
—¡Esto es increíble ¡O sea, me amargáis el cumpleaños, me chafáis la JODIDA tarta! ¡Y no me secuestráis a la hermana! ¡Os vais a enterar pandilla de incompetentes!
—¡¡A por ellos!!—grita Xander desde atrás, y se lanzan todos contra el grupo de torpes y bastante aterrorizados vampiros, que contraatacan como pueden lanzando espantosos alaridos más bien de terror que de furia.
La pelea no dura mucho, y Buffy está tan enfadada que ni Giles ni Spike ni Xander tienen apenas ocasión de utilizar sus estacas y sólo consiguen colocar unos cuantos puñetazos de desahogo antes de que una rabiosa furia rubia, largando improperios acerca de cumpleaños estropeados, tartas aplastadas y salones que hay que limpiar, amén de incompetencias secuestradoras, les arrebate las presas y las empale con certeros estacazos. Ellos se apartan con rapidez de su camino, por si acaso en el fragor de la batalla acaban cobrando también, porque Buffy está realmente fuera de sí. De hecho cuando todo termina Spike está casi seguro de que un par de las hostias se las ha metido Buffy, y Xander casi seguro de que al menos tres han sido de Spike pero bueno, tampoco podría jurarlo. Spike por otra parte casi siempre sospecha que en las peleas tumultuosas le pega Giles.
Mientras se sacuden el polvo de vampiro, Buffy sigue seria, enfurruñada y preocupada por Dawn, y no despega la boca durante el camino de vuelta, mientras los cuatro caminan hacia la casa. Aunque por fin se tranquiliza cuando, al llegar a su calle, Spike le dice que puede oler a Dawn y que casi con seguridad la joven ha vuelto a la casa Summers.


Casa Summers


—¿Qué te creías?—dice Dawn, encarándose con Buffy y poniendo los brazos en jarras con el mismo gesto exacto de ella— Ya no soy una mocosa indefensa— Luego medita un momento—Bueno, gran parte del mérito es del spray de pimienta. La otra parte de las botas con punta de acero ¡qué gran invento!
Buffy se queda un instante callada, mirando de reojo el salón, que ya parece de nuevo habitable con la limpieza de urgencia de Willow y el batallón de intendencia, aunque las cadenetas festivas no se han podido salvar, y tampoco la tarta. Pero puede oler que en su lugar en la cocina se está horneando una casera, de manzanas.
—¿Me has traído al menos un regalo?—pregunta, Dawn suspira tristemente

—Se lo ha comido el demonio, lo siento.—le dice— Era un conjunto monísimo de lencería, me costó una pasta. Lo llevaba en el bolso y se ha comido el bolso, no habrá dejado ni la etiqueta el muy asqueroso.
Buffy baja la cabeza.
—No podemos dejar a ese demonio suelto por ahí, Buffy—dice Giles —Aunque no se haya comido a Dawn. Puede atacar a alguna otra persona.
—De hecho probablemente lo hará porque no se ha comido a Dawn.—dice Geofrey—. Estará hambriento.
—Si claro, echadme a mí la culpa—resopla Dawn, cruzando los brazos molesta—Algunas cosas nunca cambian.
Buffy suspira honda, resignadamente.
—Bueno, ¿cuánto le falta a ese bizcocho de manzana?—pregunta.
—Media hora—responde Willow desde la cocina.
—Volveré a tiempo—dice Buffy.
Buffy se pone el abriguito corto, un gorro. Coge una espada del armero y a Spike de la manga. Luego sale de la casa.
—No, algunas no cambian nada—dice Dawn.


Cementerio


Buffy camina nerviosamente por el cementerio mientras Spike rastrea al demonio valiéndose del jersey de Dawn. De tanto en tanto, cuando el vampiro se para a ventear el aire, ella se detiene también y patea alguna piedra que sale despedida hasta la estratosfera propulsada por su fuerza de Cazadora. El demonio parece haber dado bastantes vueltas en círculo en torno a la casa Summers y por el cementerio eh general, probablemente siguiendo a Dawn en su loca carrera de huida, o quizás dando tumbos a causa del spray de pimienta que lo ha desconcertado. Y es de suponer que dejado temporalmente sin vista ni olfato, claro.
No obstante, al cabo de no mucho rato Spike encuentra el rastro fresco y acelera el paso y Buffy enseguida se encuentra corriendo tras de él.
—¡Ya lo tenemos, pet—dice Spike, señalando el enorme demonio, una cosa contrahecha, azul y de gruesos brazos—. Ahí está.
—Una vez, ¡una! sólo cumplo años una vez al año—contesta Buffy— y me tienen que fastidiar siempre en ese día ¡pues menos mal que no soy la JODIDA Cazadora!
Spike la mira, de reojo, no le contesta. Buffy aferra fuerte su espada y enfila decidida hacia el demonio, que se inclina hacia ella y le ruge amenazadoramente. Al abrir las fauces Buffy puede ver claramente que el muy maldito aún lleva, enganchado en uno de los enormes colmillos, un trocito de papel de brillantes colores y medio metro de cinta de su regalo de cumpleaños. También lleva bastante maltrecha la cara, y los ojos hinchados por culpa de spray de de Dawn, lo que lo pone casi de tan mal humor como a Buffy, y cuando Buffy le ataca se defiende rabiosamente.
—¿Te parece que no a lo mejor debería dejarte marchar hasta que Faith tenga un rato libre para venir a patearte el culo, bicho inmundo? —le grita Buffy, sacudiéndole una andanada de golpes, patadas y dos tremendos mandobles—¿Para que le puedas fastidiar SU cazadoresco cumpleaños y secuestrarle... el gato o lo que demonios tenga?
El demonio la golpea, lanzándola contra una cripta, Buffy cae a tierra mientras Spike ataca al demonio, golpeándolo con saña. El demonio está furioso de veras y Spike se transforma y le golpea con más fuerza, acuchillándolo entre las duras placas óseas del cuepo. El monstruo ruge y aúlla, lanzándolo luego casi encima de Buffy, contra la misma cripta. Buffy y Spike se levantan del suelo al tiempo, la Cazadora vuelve a la carga con un aterrador grito de guerra:
—¡¡¡¡Te has comido mi regalooooo!!!!
y salta sobre su dorso, intentando romperle el enorme cuello. Spike ataca desde el otro lado y terminan los tres dando topetazos entra las tumbas, a puñetazo y patada limpia, el demonio intentando esquivar los golpes y las armas, y Buffy y Spike los golpes, las garras y los feroces dientes del demonio. Finalmente Spike derriba al demonio clavándole el cuchillo en la cruz y el monstruo se desploma de rodillas con un bramido de dolor. Buffy se encara con él, furiosa, dispuesta a terminar de una vez el asunto.
—¿Y ahora me dice este...este...Mary Poppins que todo fue un pequeño error. Oh, lo sentimos, las fuerzas místicas también nos equivocamos, a veces. Y a propósito, oye ¿no querrías mejor seguir ahogada y muerta para no estropearnos las estadísticas? ¡Maldita sea!
Buffy le corta la cabeza con su espada, con un grito de rabia y frustración contenida que resuena en el cementerio como el de otro demonio. El enorme corpachón decapitado del demonio cae hacia delante derribando a Buffy en su caída. La Cazadora deja salir el aire en un jadeo sobresaltado mientras el peso del monstruo la aplasta contra la tierra húmeda del cementerio.


Buffy sale de debajo del apestoso demonio chorreando sangre de un rojo amoratado. Spike la ayuda a levantarse.

—Yo no me creo esa mierda—dice poniéndose a su lado. Buffy no contesta—Vamos, nena. Eres la Número Uno.
Buffy baja la mirada. Spike se inclina hacia ella.
—Te lo dije ¿recuerdas?
—S...sí—Buffy lo mira, arrobada por unos momentos, luego hace un puchero—Pero tú me habrías dicho cualquier cosa...eres un enamoradizo y un romántico.
—Yo no soy...vale, sí, lo soy. Es cierto. Pero era verdad. Buffy, cada palabra, en serio.
Buffy lo mira, ojos agradecidos, Spike se encoge de hombros.
—Además ¿qué estaba haciendo la Faith esa por ahí todo este tiempo? ¿Eh? ¿Bailar moviendo el culo y enseñando las eh... tetas?
—Spike...no sigas por ahí.
—Oh. Vale. O sea...¿bailar y no dar palo al agua?
—Estaba en la cárcel.
—Eso no es excusa.
Buffy hace más puchero.
—Eh...luv—Spike le pone las manos en torno a la cintura, la atrae hacia su cuerpo, con firmeza. El cuerpo menudo y lleno de sangre de demonio de Buffy se pega al de Spike, firme y duro—Vamos. La prueba de fuego, irrefutable. ¿A quién he estado yo intentado matar todos estos años? ¿A esa... tonta de Faith?
Buffy lo mira, de reojo, algo sonrojada.
—No... a mí.
—Pues ahí lo tienes. William the Bloody no mata segundonas. Sólo Cazadoras. Es la marca de la casa.
Buffy suspira, hondamente, asiente. Spike le sonríe mordiéndose el labio, una sonrisa provocativa, medio burlona. Buffy se da cuenta de que por Dios, se lo tiraría ahí mismo, encima de los despojos de ese demonio repugnante, y se sonroja hasta la raíz del cabello.
—A lo mejor me querías matar sólo porque te gustaban las rubias—le dice mimosa, con la boca pequeña, Spike alza los ojos al cielo.
—Qué va, las morenas, estuve 100 años con una morena. Es al idiota de Angel al que le gustaban las rubias. Las rubias y las monjas, todo el mundo sabe eso.
—Es verdad.–asiente Buffy con la cabeza—Una vez estuve a punto de meterme monja ¿sabes?
Spike la mira, de reojo, luego la estrecha un poco más contra su cuerpo.
—Feliz cumpleaños, Buffy—susurra, roncamente, y se inclina para besarla. Buffy le devuelve el dulce, apasionado, caliente beso, estrechándolo fuerte, enredando los dedos en su pelo.
Luego lo coge de la mano y tira de él hacia casa.
Pero cuando llevan dados unos pasos lo piensa mejor y se dice que después de todo también pueden hacer esperar a los invitados un poquito más, y también al bizcocho de manzana, y cuando pasan por una cripta abierta lo empuja dentro.



FIN