La excursión

 

Hace bastante frío en Cleveland, y debe de ser una ciudad grande, y a lo mejor bonita, aunque no ven mucho de ella porque llegan de noche, a causa de Spike, claro. Buffy está un poco... nerviosa de reencontrarse de nuevo con Faith, después de tanto tiempo. Han hablado algunas veces por teléfono, desde la Hellmouth... bueno una o dos, y luego estuvo la visita de las Navidades. Pero nada más.
—Debe de ser un maldito montón de demonios, para que Faith te haya pedido ayuda—dice Spike, como leyéndole los pensamientos— Dejando a un lado que creo que le gusta ver cómo te zurran
—¡Spike!—protesta Buffy, aunque no muy convencida—Cómo le va a...gustar eso
—A mi me gusta que ver cómo le sacuden a Angel.
—Dios mío—suspira Buffy, a su lado Willow saca de nuevo el callejero y comprueba la dirección, luego señala con la cabeza un poco más adelante, una calle residencial, tranquila, con arbolado. Algunas de las casas tienen pequeños jardines ornamentales.
—Bueno, parece que a zombi—Wesley le van bien las cosas —dice Spike
—No lo llames así—dice Buffy, Spike resopla, por lo bajo
—Es al final—indica Willow, echando a andar más deprisa. Los demás la siguen, en silencio.
La casa tiene sólo tres pisos, una construcción de aire art deco de color blanco y tejado azul oscuro, restaurada para darle las comodidades de la vida moderna, con una verja de hierro ornamentada y escaleras de entrada con una elegante balaustrada curva. Suben los cuatro hasta donde están los timbres. En el de Wesley pone un discreto Mr. W.P. Dudan un momento y finalmente Willow llama, un par de veces. La voz suave, de tono pausado de Wes contesta enseguida, franqueándoles la entrada.
Entran a un patio débilmente iluminado con lámparas doradas, suben en el ascensor hasta el ático del tercero. Se quedan los cuatro más o menos amontonados frente a una puerta de madera clara, con adornos curvados de los que se llevaban en los años treinta. Willow llama de nuevo.
La puerta se abre de golpe. Buffy se sobresalta, tropieza con la alfombrilla de la entrada y se agarra fuerte a Spike.
—Vaya, B.—dice Faith, arqueando las cejas— No lo sueltas ni un minuto ¿eh?
Buffy se sonroja violentamente, incorporándose. Faith se aparta un poco, dejando paso a Wesley, que los mira y dedica al grupo una leve sonrisa.
—Bienvenidos—dice, luego mira a Geofrey— No te esperaba. Geofrey Eccleston ¿no?
—Sí.—dice el joven, estrechando la mano de Wesley— He pensado que sería de utilidad. Me estoy preparando como Vigilante con el señor Giles y su...su...esto...su...
—Mujer—apunta Spike, desde atrás, Wes parpadea
—Compañero—dice Geofrey, mirando a Spike de reojo— Ethan Rayne. Creo que también fue Vigilante.
—Oh—Wesley miradita unos momentos —Me suena de... la lista los más buscados por el Consejo que tenía mi padre en la pared del despacho. Entre los que había varios ex —vigilantes, de hecho. ¿No adoraba al Caos?
—Creo que lo sigue haciendo—musita Geoffrey.
—Si eso y otras cosas, con Giles—dice Spike.
—¡Spike!—gruñe Buffy, empujándolo hacia adentro, Spike choca contra una barrera invisible, dolorosamente.
—¡Auh!—se queja—¡Que me tienen que invitar!—protesta.
—Oh, claro...disculpa—dice Wesley, echándose a un lado—Lo siento. Adelante, Spike. Y...los demás, por supuesto.
—Gracias—gruñe Spike, haciendo un puchero resentido, y se aparta para dejar pasar a Buffy y a Willow, luego entra él cortándole el paso a Geofrey limpiamente. El joven menea la cabeza. Luego se da cuenta de que Spike le ha dejado todas las bolsas y maletas a él en la entrada, y las entra como puede con un suspiro de resignación.

 

El apartamento de Wesley es...muy de Wesley, se dice Buffy. Austero, masculino, decorado con una mezcla entre moderno y clásicamente inglés. O lo que a ella le parece..inglés. O de Giles, realmente. Hay muchos libros, muchísimos, en el salón, abarrotando estanterías de obra que llegan hasta el techo a ambos lados de una pequeña chimenea de mármol blanco, y que llenan también unos estantes claros, de corte moderno, en otra de las paredes. Mesas de escritorio, ordenadores, un tablero como los que se usan a dibujar donde hay un mapa antiguo sobre el que se inclina una lámpara flexo, ahora apagada. Un lugar obviamente de trabajo. Bueno, al menos hay televisor, uno muy moderno de pantalla plana frente a uno de los sofás, y sobre la mesa baja de cristal algunas revistas que no parecen de arqueología, ciencias ni otros rollos espantosos. Sin duda deben de ser de Faith.
Faith no parece haber contribuido mucho a la decoración del lugar, pero Buffy realmente no sabe los gustos que puede tener la otra Cazadora en ese sentido, o si...tendrá alguno. Tampoco sabe si nunca ha tenido una casa que pueda llamar suya. Excepto aquel apartamento que le puso...el alcalde, hace toda una vida, cuando eran las dos tan...jóvenes. Y se odiaban. O no, no está muy segura. Buffy cree que nunca han sido amigas, pero tampoco está segura de que se hayan odiado. Ella al menos no ha odiado a Faith. Cree que no.
Hay una bonita terraza, ahora cerrada porque hace mucho frío, un cuarto de invitados, que Wesley les enseña, austero pero funcional, con un armario empotrado y una cama grande. Les dice que uno de los sofás de la sala es convertible en una cama doble también. Que echen a suertes quién se queda el cuarto, si les parece, de los cuatro.
Spike bromea con quedárselo él con las dos chicas, pero Geofrey echa una moneda al aire y les toca a él y a Willow. Spike le hace jurar a la bruja que no ha usado magia para hacer trampas, y ella se sonroja, aturullada, hasta que se da cuenta de que el vampiro le está tomando el pelo y entonces aprieta los labios y le da un palmetazo en el hombro, más indignada aún.
Buffy deja de todos modos la ropa en el armario del cuarto de invitados, y sus cosas de aseo en el baño a compartir.
Faith está casi todo el tiempo callada, a su aire, sin hacerles mucho caso. De tanto en tanto mira a Geofrey, aunque mira mucho más a Spike. Cosa que a Buffy no le extraña nada, claro, y que le gusta aún menos. Porque vale, está casi segura de que nunca ha odiado a Faith, y desde luego ahora que las dos son personas más o menos adultas sería estúpido guardarse viejos rencores.
Pero es que hay cosas que de ninguna de las maneras se pueden olvidar, y que la muy zorra se le haya tirado a todos los novios es una de ellas.

 

Al parecer Faith y Wesley llevan más o menos la misma rutina que Buffy ha llevado siempre, cuando vivía en una Hellmouth, la que ha retomado ahora en su nueva casa. Ella sale a patrullar casi todas las noches, da vuelta por los cementerios de la ciudad, por las inmediaciones de la boca del infierno, patea unos cuantos traseros demoníacos, saca alguna información a sus contactos, impide la actividad paranormal de tanto en tanto, mata unos cuantos vampiros, a veces sale con Wes, otras patrulla ella sola mientras él y ocasionalmente algunos de sus colaboradores hacen investigación. O sea Wes hace el papel de Giles, salvo en lo de...acostarse con su Cazadora, claro, que pese a las murmuraciones que había en el instituto acerca de ella y el bibliotecario, no era verdad.
Buffy se remueve, un poco incómoda todavía por esa cuestión. Y por lo de...Faith y Wesley, que le sigue pareciendo una pareja bastante extraña, la verdad.
Ahora parece que se prepara una de esas noches cotidianas, la rutina de la vida de las Cazadoras a la que ella está tan habituada. Una noche cualquiera, se dice, como la de otras personas es una infusión con tarta de arándanos y una peli en la televisión, después de la cena. La mesa central del salón se ha llenado de libros, casi todos abiertos, hay pilas de más libros en las mesas auxiliares, el ordenador muestra coloridos dibujos de demonios repugnantes, y ha aparecido Faith trayendo, de manera absolutamente increíble para Buffy, una cafetera llena de humeante café que huele deliciosamente, seguida de Willow con un montón de tazas en una bandejita de madera de aire retro.
Bien, según su experiencia, la investigación va a comenzar en serio: ese es el momento de salir huyendo.
Buffy se gira hacia el cuarto de invitados, para recoger su abrigo y las estacas que se ha traído de casa porque no se fía de las penosas estacas que pueda tener esa descuidada de Faith, cuando Wesley se dirige a ella.
—Buffy, necesito que te quedes para comentar esos últimos trabajos de Giles acerca de la actividad demoníaca de los m´gruslnak en ciclos de bajas temperaturas.
—¿A mí? ¿m´grunak? ¿Bajas temperaturas? ¿O sea, yo?—gime Buffy, ojos muy abiertos—Es...Spike el que habla con Giles de esas cosas... aburridas...temperaturales.
—¿Yo? ¿Hablar con Giles? Qué va, a mi solo me mira mal —dice Spike, ojos muy grandes—es...¡Geofrey! el que habla con Giles
Geofrey y Willow se le quedan mirando, el joven se sube las gafas. Wes carraspea levemente.
—Realmente...—insiste Wesley, disimulando la sonrisa—Preferiría que te quedases, Buffy. Mr. Giles me dijo que estabas muy al tanto de su investigación. Dijo que te la había leído entera.
—Dios mío, sí—gime Buffy, parpadeando, luego se inclina hacia Wes, e intenta a la desesperada—Pero...¿Te dijo si parecí enterarme de algo ¿Eh? ¿Eh?
— Yo aquí no voy a servir de nada. En serio —dice Spike
—De hecho...insistió en que no te habías dormido—dice Wes mirando a Buffy, la joven  cambia de color, un par de veces.
— Además...fumo. Os voy a estar molestando—dice Spike.
Buffy se muerde el labio, luego toma aliento.
—Y con toda esta actividad demoníaca temperaturosa invernal lo—que—sea, ¿es seguro que Faith salga sola? ¿Y si le pasa algo? ¿No te preocupa eso?
—Puedo salir yo de patrulla—dice Spike, al quite, Buffy aprieta los labios, lo fulmina con la mirada. Wes disimula la sonrisa.
—Lo solucionamos con Spike, que parece muy bien dispuesto.—dice—Que salga él con Faith.
—¿Dispuesto? ¿A qué exactamente?—gime Buffy
—Así me quedo yo también más tranquilo—dice Wesley—Los dos estaremos más tranquilos ¿no?
Buffy lo mira, fijamente.
—¿Es una broma?— pregunta.
Spike tose, tras de ella, Faith ríe por lo bajo.
—Vamos, B—dice, mordiéndose el labio provocativamente mientras se coge del brazo de Spike—Te lo devolveré enterito.
—No es eso lo que me preocupa—murmura Buffy, mira de reojo a Spike, muy seria, el vampiro se remueve, nervioso, como esperando su permiso, al final Buffy mira el enorme montón de libros sobre la mesa, la cara aterrada con la que los mira Spike, suspira—No vengas tarde, aquí amanece más pronto—le dice
Spike se suelta del brazo de Faith como puede, se inclina hacia Buffy y le besa los labios, suavemente.
—Vendré antes de que te duermas—susurra.
—¿Prometido?
—Prometido, pet.
—Promesas, promesas, promesas que no pueden cumplir—dice Faith, agarrando a Spike de la manga y tirando de él hacia la salida—Todos los hombres son iguales.
—Y sabes algo de...la gente conocida—pregunta Spike—. De alguno.
—De quién.
—No sé. Andrew.
—¿Quién?
—El chico ese tonto perdido, el que estaba en casa de Buffy.
—Ah, ése—Faith se encoge de hombros bajo la cazadora de cuero rojo brillante—. No. Qué pardillo era, tenía obsesión por que me le comía los rollitos de primavera—hace una mueca—. Será lo único que le haya comido nunca una tía
—Puedes jurarlo—asiente Spike.
Caminan unos pasos, se detienen, escuchan. Los sonidos normales de una ciudad grande, coches, ambulancias sirenas de policía, sonidos de claxon, voces, risas, música. Las hojas de los árboles, el viento. Perros a lo lejos, nada extraño.
—Yo lo vi en L.A.—dice Spike—Iba contando películas extrañas, creo que debían de formar parte de algún tipo de terapia psicológica o algo. Nos lió bastante, bueno, sobre todo a Angel, que se cree todo. Antes de que las aprendizas de Cazadoras perdieran los poderes.
—¡Dios! Cómo me alegré de eso—suspira Faith.
—Y yo. O sea, no como vampiro... bueno, qué joder, también. Aún soy un poco malo.
—Claro, se te nota.
—Gracias.
—Yo también soy un poco mala todavía.
—No lo dudaba.
—Gracias—Faith sonríe, se detiene, tantea en el pecho de Spike, hasta dar con el bolsillo donde lleva los cigarrillos. Mete la mano por su abrigo y saca el paquete, coge dos, que se pone en la boca. Spike saca el encendedor, le da fuego. Cuando los cigarrillos prenden, la joven le pone uno a Spike en los labios. Siguen caminando.
—¿Y el director ese idiota? Wood—pregunta Spike.
—Ni idea.
—Le di una buena paliza—rememora Spike, con una sonrisa de satisfacción
—Yo también—dice Faith—Aunque de otro tipo, creo.
Spike asiente, con complicidad. Doblan la esquina del cementerio, entrando hacia las tumbas. Hace más frío ahí, casi campo abierto, y hay muy poca luz. También hay más silencio, el arbolado hace de pantalla contra los ruidos de la ciudad. Patrullan un rato, comprobando que todo está tranquilo, y que al parecer las temperaturas invernales del estudio de Giles sólo les gustan a los demonios m´gruslnak, porque nadie más está a la vista en una noche tan fría.
—¿Y cómo has acabado con Wesley?—pregunta Spike. Faith mete las manos en los bolsillos, alza los ojos al cielo, teatralmente.
—Dios, no lo sé. Un día vino a buscarme. Simplemente llamaron a la puerta, abrí, y ahí estaba él, con una mochila y su barba de dos días.
—¿Sabías que había muerto?
—Joder, y tanto, casi me caigo larga del susto.
Spike cabecea en la oscuridad.
—Y qué te dijo —pregunta.
—Ya lo conoces. Se quedó mirándome y dijo: Buenas tardes.
—Jodidos ingleses—Spike patea una lata
—Sip—dice Faith, empujándolo un poco, ríen los dos. Siguen caminando por el cementerio, atravesándolo, en dirección a lo que Faith identifica como la zona de más conflictos. Ella dice algo de echar una cerveza antes de regresar. Spike asiente, varias veces.
—Como somos aún un poco malos—dice—. Estaría bien.
—Pues eso—dice Faith—Incluso...un par.
—Bloody hell, sí—dice Spike.
Caminan los dos, con andares rebeldes, hacia los garitos llenos de demonios y vampiros.

 

Buffy permanece al lado de Spike, mientras se miran todos unos a otros, un poco envarados. Estar en una casa extraña siempre es...complicado, claro. Al menos cuando ya es media tarde y hay que levantarse de la cama aunque seas un vampiro. Y ellos no es que sean el grupo más amistosamente alegre del mundo, además. Wesley lo ha solucionado largándose a la cocina a preparar el tentempié de la tarde, antes de la sesión de estudio, y ha dejado a Faith ahí parada, apoyada en la pared, mirándolos fijamente a todos. Sobre todo a Spike.
—¿Y cómo fue lo de quemarte en la Hellmouth?—pregunta Faith
—Ya sabes—dice Spike, sacando un poco la lengua, provocativamente—Caliente
—¡Spike!—de Buffy, tirando de su manga, Spike trastabilla hacia ella, Buffy se remueve, nerviosa—Hay que... ayudar a Wes con el té.
—Oh. Vaya, pues que le ayude el otro Percy vigilante.
—Es que a ti te sale mejor.
—Que va.
—Y te irá bien para la resaca—gruñe, y lo empuja hacia la cocina, con determinación. Spike aparece en el cuarto, dando unos cuantos tumbos por el impulso de la fuerza de Cazadora de Buffy, Luego se incorpora y se recompone, poniéndose bien la camisa oscura.
—Hey—dice—¿Te hace falta ayuda con el té?
Wes disimula la sorpresa, no dice nada. Luego se aparta a un lado, señalándole la vajilla. Spike se acerca a la bandeja y va poniendo pulcras torrecitas de tazones, platos, servilletas y más o menos grupos de cucharitas a un lado. Spike sonríe cuando el vigilante le deja a la derecha un vasito con un corto de whisky, que se bebe de un trago. Calienta más que el jodido té, desde luego.
—Hoy terminamos la investigación, espero—dice Wes—¿Te quedas?
—A la fuerza—murmura Spike, lo mira, de reojo—. O sea, sí.
—Bien.
—No se por qué no puedo salir de patrulla otra vez. O sea... sólo fueron unas cervezas.
—Sí.... ya os oí llegar—dice Wesley, con absoluta flema, llenando la tetera y poniéndola al fuego. Spike lo mira, de reojo.
—Es que Buffy se pone un poco celosa, no se por qué.
—Yo tampoco me lo puedo imaginar—dice Wes.
Spike lo mira, muy serio. Wes deambula por la cocina, abriendo y cerrando cajones, puertas, de los que saca utensilios, platitos, cajas o bolsas con comestibles. Pasan largos minutos preparando comida, tazas, emparedados, leche, azucarillos. Se escucha el silbido de que el agua está caliente.
—¿Sabes que Faith una vez me metió mano? –pregunta Spike, de repente—Bueno, iba en el cuerpo de Buffy. O sea, me metieron mano las dos—sonríe con suficiencia— Las Cazadoras no se pueden resistir a mi siniestra atracc...—mira a Wes de reojo. Wes lo está mirando también, por encima de la tetera que tiene cogida con un paño de cocina.
—Fue un hechizo—añade.
—Oh—murmura Wesley.
Se quedan los dos callados, mientras Wesley localiza una caja de pastas de té en la despensa,  y se la da al vampiro. Spike la abre y se afana en colocarlas en otra bandejita, muy concentrado. Wes por su parte parece absolutamente ensimismado en la preparación de emparedados partidos en forma de triángulo.
Al cabo de un rato Spike se vuelve hacia él.
—La vida es...rara. ¿no?—dice—. No te imaginábamos con Faith.
Wesley termina de untar mantequilla en uno de los trozos de pan de molde, lo coloca en su sitio.
—Realmente prefiero no pensar mucho en ello —susurra con su tono bajo, pausado—Quiero decir... Faith me... atacó, me torturó, intentó matarme, me...
—Sí, esas relaciones son las mejores—suspira Spike—. Yo a Buffy la intente matar tres veces. Y ella me tiró encima una iglesia. —suspira—Qué tiempos.
—Oh—susurra Wesley. Luego se queda mirando la botella de bourbon, con un suspiro—. Creo que me tomaré...otro trago antes de salir.
—Yo también—dice Spike.
—Estupendo.

 

—Esta boca del Infierno es menos activa que la de Sunnydale—dice Faith, señalando con la cabeza el edificio abandonado—Joder, no hay más que verla. O sea ¿Una funeraria abandonada? ¿Quién pondría ahí una boca del infierno?
—Bueno...—dice Buffy—Creo que en realidad es al contrario. O sea alguien puso la funeraria encima de la Hellmouth, en su día.
—Bueno, sí, lo que sea. –Faith encoge los hombros, contoneándose un poco— Pero un instituto daba como más marcha ¿no? Y más víctimas sobre todo. Al menos vivas, quiero decir.
—Eso es verdad.
—Y...bueno, es bastante más fácil volver malos a unos cuantos adolescentes con ganas de drogas y sexo que a...familiares y amigos de un difunto que están todos tristes y pensando en la muerte, y en las herencias y eso ¿no?
—Pues...sí, te entiendo.
—¿Ves lo que quiero decir?
—Más o... menos.
—Bueno que es un rollo de Hellmouth—dice Faith—Si yo tuviera que poner una, la pondría... no se. Debajo de un local de conciertos de rock, o algo. ¿Me sigues?
—Más o menos—repite Buffy, mareada por la lógica inversa y absolutamente confusa de Faith—Aunque repito que... la Hellmouth la ponen antes de que... se construya nada.
—Ya. Sí. Buen punto—Faith la señala con el pulgar, lleva las uñas pintadas de un azul eléctrico. Se queda un momento pensativa— Creo que me falla algo en el razonamiento, sí.
—Bueno...qué mas da—le ayuda Buffy, aunque no sabe por qué, porque aún no le ha perdonado lo borracho que le trajo a Spike la noche anterior
Se detienen las dos, un momento, a la escucha. A lo lejos se oyen sonidos leves como de arañazos que las alertan, y las hacen avanzar de repente en silencio, y caminando muy aprisa. Sus sentidos de Cazadoras no las han engañado y efectivamente es un vampiro, justo saliendo de la tierra en la parte más antigua del cementerio. Uno con muy mala suerte, se dice Buffy, porque no va a tener ninguna oportunidad. Se encuentra pensando, no sin remordimientos, en que a lo mejor es uno que podría viajar un poco al sur y terminar en las listas de la Asociación No Muertos por la Igualdad de Oportunidades de Mrs Marple. Pero ellas no le van a dar tiempo. Últimamente está pensando demasiado en esas cosas, y realmente no es bueno para su trabajo... aunque si es sincera lleva pensando en ese tipo de cosas desde que el...borracho de Spike apareció en Sunnydale en su propia cocina contándole sus penas a su madre.
Qué complicado es todo a veces, se dice, mientras aprieta la estaca en la mano.
—No has pensado en...dejar ir a alguno, Faith—pregunta, en un susurro muy bajito—Alguna vez.
—Claro—dice Faith—A alguno que esté tan bueno como el tuyo o como Angel, no te fastidia.
El vampiro ha terminado de salir de su encierro, y se ha incorporado. Es un hombre de mediana edad, fuerte, que se sacude la tierra húmeda del traje oscuro. Justo cuando Faith va a avanzar hacia él Buffy la detiene, agarrándola del brazo.
—Vamos, B, no te pongas...metafísica ahora— gruñe la Cazadora morena, pero Buffy le señala con la cabeza más allá de la tumba, entre los árboles, de donde han aparecido ahora otros dos vampiros, un varón y una hembra, que se acercan al vampiro recién nacido con pasos decididos.
—Sus Sires—dice Buffy—Uno de ellos, al menos.
—Genial, lo han venido a esperar. No es común—dice Faith, tuerce la boca a modo de sonrisa descreída—Las familias felices no lo son, ni entre los vampiros
Buffy toma aliento, lo deja salir despacio. Cruza una mirada con Faith, luego sin más palabras ya se lanzan las dos contra los tres vampiros, a toda velocidad, y la noche se llena del fragor de la pelea.
Termina enseguida, habría terminado enseguida sólo con una de ellas, y son dos. Buffy se sorprende de comprobar que siguen luchando tan bien juntas como en Sunnydale cuando se conocieron. No, mejor, como en Sunnydale cuando estaban preparándose para la batalla contra el Primero. Faith es tan fuerte como ella, es ágil, veloz, letal, y puede ver las enseñanzas de un buen maestro en la lucha en muchos de sus movimientos nuevos. Además disfruta luchando, eso siempre lo ha hecho, disfruta con los puñetazos, las patadas, la sensación de poder, la fuerza desatada, con poder golpear, cortar, rugir y derramar sangre. O polvo, polvo que se lleva la noche, dejándolas jadeando, dos figuras menudas, alerta, posición de ataque, armas en alto.
—Joder—susurra Faith—Qué buena ha sido.
Buffy asiente con la cabeza, mientras mira a su alrededor para asegurarse de que no hay más vampiros, luego baja la estaca.
Bien, ella también hace ya un tiempo que ha dejado de mentirse. Le gusta la caza, la violencia que conlleva, sentir la adrenalina, el poder por las venas, dejarlo salir en esa explosión de rabia asesina. Todo lo que ser la Cazadora le hace sentir.
Dios mío, echa de menos a Spike en ese mismo momento.
Faith se está sacudiendo la ropa, a su lado, del polvo de vampiro que le ha llevado el viento, con un gesto casi idéntico al que ha hecho él al salir de la tumba. Buffy suspira, se pone bien el abrigo, el pelo más o menos. Guarda la estaca en el bolsillo.
—Spike tenía razón, has cambiado, B. Ya no eres tan estrecha—dice, como leyéndole la mente—Te has soltado peleando. Aunque bueno, ya te soltaste con él en...todo lo demás en su día, claro.
Buffy se sonroja bajo su gorrito de lana, luego palidece. Maldito...Spike traidor borracho... cuando llegue a casa le va a echar un buen polvo. ¡Rapapolvo!. Ya no sabe ni lo que dice, es todo culpa suya y de sus brazos musculosos.  ¿Por qué tiene que estar tan bueno y tener esos pómulos?. Y...todo lo demás.
—Tú...también has cambiado, Faith—dice, en voz baja—Ya no pareces una maldita psicópata.
—Vaya...—Faith la mira, parpadea—¿A lo mejor te has soltado demasiado?
Buffy se azora un poco, baja la cabeza. Pro Faith le da una palmada en el hombro, y le sonríe.
—Estoy bien. En serio—le dice—A veces creo que Wesley me pone algo en el té porque estoy demasiado relajada.
—Oh. ¿Te has aficionado al té?
—Es que lo prepara con tanto... estilo. Me pone una galletita en el plato
—Oh.
—Me encantan las galletitas esas con trocitos de chocolate.
—Oh.
—Aunque también puedo estar relajada de los pedazo de polvazos que me echa claro—suspira—Dios mío, si llego a saber cómo follaba me lo tiro antes
—¡Faith!—gime Buffy, sonrojándose, la Cazadora morena la mira de reojo, satisfecha de haberla escandalizado— Vamos, B... no tienes a ese sexy vampiro rubio para jugar al póquer.
—A veces sí—gime Buffy, luego niega, con firmeza—Pero sin gatitos.
Faith la mira, sin comprender.
—¿Es algún lenguaje en clave del Sunnydale High?
—No—Buffy sonríe, por lo bajo— Bueno, me alegro de que estés...bien.
—Satisfecha—dice Faith, mordiéndose el labio inferior— Esto de ser Cazadora después de todo no está tan mal. Lleva...algunas recompensas. Masculinas. Que podríamos ir a...recoger ¿no?
Faith la mira, de reojo, Buffy se remueve incómoda y al final asiente, varias veces. Ríen las dos divertidas mientras echan a andar hacia casa, a toda prisa.

 

—Pues la última vez que realizamos un... estudio visual de la cueva parecían...algunos menos de...cien.
—Dios mío—susurra Geofrey, Willow se remueve nerviosa.
—¿Cuántos menos de cien?
—¿Dos?—musita Wesley, en voz muy baja, luego se quita las gafas— Es que se reproducen a una velocidad vertiginosa.
—Si, eso ya lo veo—dice Buffy.
—Es por lo de las temperaturas frías, que les estimulan la producción de hormona tiroidea.—dice Wesley
— Y la de la glándula uropigial—apunta Geofrey.
—Genial— dice Buffy.
—Y el aire frío lleva más lejos las notas agudas de su canto de apareamiento, facilitándoles el encontrar pareja. Bueno, trío –aporta Willow
— De verdad ¿le importa a alguien cómo se lo monten para follar? Nos van a machacar—gruñe Spike.
—Es que ha sido muy útil el estudio de Giles—dice Wes.
—Le alegrará saberlo cuando recoja nuestros restos—dice Buffy.
—Bien—dice Wesley finalmente—No seamos tan eh...pesimistas. Al menos ya tenemos claro que hay que matarlos de herida de arma blanca, a poder ser en pecho o cabeza. El corazón está en el medio, tras la placa ósea protectora, y el cuello se puede cortar. Bueno, trabajosamente. Y que son grandes, fuertes, de mordedura peligrosa, garras y crestas afiladas, se coordinan en grupo y además son muchísimos.
—Y los huevos, cuidado al acabar con ellos, su interior desprende gas tóxico al contacto con el aire—dice Geofrey, señalando un montón de papeles mecanografiados—Pero solo a bajas temperaturas. Lo que...es el caso en esta época del año, claro, como muy bien explica Giles en su estudio.
Wesley asiente con la cabeza, luego los mira a todos.
—¿Alguien tiene algo más que aportar?
—¿Aparte de Giles que se ha quedado en casita bien a resguardo, quieres decir?— gruñe Spike,  Geofrey lo mira parpadeando.
—Su tesis ha sido de mucha ayuda— dice— A mi me ha encantado, especialmente la parte de las diferencias morfológicas de las dentaduras y de las crestas macho/neutro/hembra.
—Los anexos del estudio son de Ethan—ayuda Willow con una sonrisita tímida, inocente —Eso hay que reconocerlo. Y sus anotaciones de resistencia a diversos conjuros a temperaturas inferiores a cinco grados son realmente detalladas.
—Joder—murmura Spike, con abatimiento, Wesley se levanta, los mira a todos, coge una enorme hacha del muestrario de armas que tiene en una de las paredes.
—Bien pues...¿vamos allá, señoras y caballeros?
—Dios, me pone cuando me dice señora—suspira Faith. Wesley se sonroja un poco. Van cogiendo los abrigos, las armas, todas las que pueden transportar, Willow una bolsa con ingredientes de magia que se cuelga al hombro, algunos libros, mientras se dirigen hacia la salida de la casa.
—Joder, ¿cien? O sea ¿cien?—va gruñendo Spike, hecho un manojo de nervios—¿Tenemos un tanque?
—Sólo espero que lleguemos antes de que sean doscientos—le dice Geofrey, saliendo con aire abatido.
—Si, bueno, es que es la temporada de reproducción, no se si lo había recalcado lo suficiente—dice Wes, en el ascensor— Y la misma hormona que los hace fértiles los pone...bueno. Están además francamente irritables.
—Brillante—gruñe Spike. Salen a la fría noche, y echan a andar hacia la cueva de los demonios.



Los demonios son realmente aterradores, y ya desde donde están escondidos pueden ver que están coordinados en grupos de unos veinte, quizás clanes familiares. Llenan todo el suelo de la cueva, y los trocitos que no están ocupados por unas extrañas construcciones parecidas a nidos donde sin duda se ocultan sus huevos. Spike se queda mirando la masa ingente de demonios, luego se vuelve hacia el grupo de humanos y los señala acusadoramente.
— Que quede claro que no me voy a poner ningún medallón, medalla, colgante, collar, anillo, pulsera ni jodido pendiente. Y menos si os lo ha dado Angel.
—Esta bien, Spike...—dice Buffy, intentando disimular la risa— Tranquilo
—Estoy muy tranquilo.
—Creo que sí necesitamos un tanque— insiste Spike—O varios O una bomba atómica.
—Me voy a arriesgar con algo parecido—suspira Willow, asomando la cabeza pelirroja a un lado del vampiro— Necesitaré asistencia, pero creo que puedo lanzar un conjuro de alteración temporal
—Qué poco me gusta cómo suena eso, pelirroja—susurra Faith— ¿O vas a volverlos viejecitos con muletas?
—Los volveré lentos, o a nosotros rápidos.
— Muy efectivo —dice Spike, asintiendo— Illyria podía hacer eso por su natural
—Bueno pues eso no tiene tanto mérito como haberlo estudiado durante dos años—dice Willow, con un pucherito infantil—Además mi conjuro deja un agradable olor a melocotón.
—Yo...—Spike la mira, de reojo—Bah, Illyria es un petardo. Seguro que tu conjuro es mucho mejor.
—Y seguro que no puede fallar—dice Buffy— ¿verdad?
—No. Bueno, no creo. No si alguien me...asiste—dice Willow, bajando un poco la cabeza—¿Wesley?
—Por supuesto—dice Wes, dejando a un lado el hacha con una mirad de añoranza, luego se la da a Faith—Decapita a un par por mí, pequeña.
—Cuenta con ello, jefe.
Buffy se queda mirando la electricidad que cruza entre los ojos de ambos, la evidente tensión sexual, complicidad, deseo.
—Oh, venga, no es momento de ponernos románticos —gruñe Spike, irreverente. Para diversión y placer de Buffy, Wesley se sonroja un poco bajo su barba de tres días, casi como cuando llegó a Sunnydale y era un vigilante novato. Esperan a un lado de la cueva mientras él y Willow trazan un pentagrama en el suelo, al abrigo de un reborde rocoso, y comienzan el conjuro. El mundo se detiene, por un momento, y luego comienza a discurrir de nuevo, con una lentitud pasmosa. Buffy se queda mirando, boquiabierta, las gotas de agua que caen de las estalactitas techo de la cueva, esferas perfectas suspendidas entre el techo y el suelo, Geofrey y Faith las enormes figuras de los demonios que de repente se han detenido a mitad de movimiento, como gigantescas figuras de un museo de ciencias naturales del horror. Spike se queda muy quieto mientras un aroma dulzón, penetrante, fortísimo y mareante a melocotón lo impregna todo desde el epicentro del conjuro, y le viene a la memoria, inevitablemente, la vela monstruosa que una Willow algo más joven le regaló, hace ya años, cuando se estaba preparando la cripta en Sunnydale.
Dios, suspira, comenzando a desenfundar el largo cuchillo. Casi lloró de alegría cuando el demonio Clem, que era un poco hortera con la decoración, se enamoró de esa vela y le pidió que si se la podía regalar. Estuvo a punto de besarlo.
Mientras Willow y Wes se afanan en mantener el conjuro en funcionamiento, Buffy, Spike, Faith y Geofrey avanzan entre los demonios comenzando una matanza sistemática y concienzuda todo lo deprisa que pueden. Las heridas de los demonios ni siquiera sangran en tiempo lento, aunque serán mortales cuando el conjuro termine. O eso esperan, porque si no lo van a tener muy claro cuando el tiempo vuelva a su discurrir normal y puedan verlos.


Lo primero que se encuentran los cuatro al llegar a casa de Giles  y llamar a la puerta es la cara francamente esperanzada del vigilante, que se quita las gafas y les sonríe ampliamente.
—¿Ha ido todo bien?—pregunta, apartándose, y casi sin descanso—¿Os sirvió mi estudio sobre los demonios ....?
—Sí—dice Geofrey—Y si, mucho.
—Oh... bueno, genial.
Van entrando a la casa, los cuatro, cabizbajos. Se quedan muy quietos, en el salón de Giles. A lo pocos segundos un intenso y extremadamente empalagoso aroma a melocotón se extiende como una nube por toda la habitación.
—¿Qué es ese...olor espantoso?—pregunta Ethan, parpadeando. Buffy, Spike y Geofrey se vuelven hacia Willow. La bruja baja la cabeza, hace un puchero.
—Es...melocotón—dice, en voz muy bajita. No es muy grave Se irá en...más o menos una semana..
—¡Es horrendo!—dice Ethan de nuevo.
—Espantoso—gime Buffy.
—Una pesadilla—gruñe Spike.
—Pues a mí me gusta—dice Geofrey, solícito. Spike lo mira, torvamente, y le da una patada en el tobillo.
Se quedan de nuevo muy callados. Luego Willow dice:
—Aunque siempre podemos mirarlo por el lado bueno.
—Sí—dice Spike—Hemos matado a los demonios.
—Y lo que es mejor —dice Buffy— La casa de Faith también apesta.
Lentamente, comienza a sonreír.



FIN