Christmas Rebel Yell

 

¡Un fic spiles de Navidad!

 

Giles abre el tarro de cristal de paté, lo deja sobre la encimera de baldosas de la cocina. Atardece, y del exterior le llega el aroma frío, algo picante, de la nieve recién caída. Es domingo por la tarde y hay mucho silencio. Bueno, frente a la casa que compró para Buffy hay un viejo cementerio, no es que se espere mucho alboroto pero de todos modos hay... silencio.
A su lado Spike está abriendo un paquete de tostadas, de esas muy pequeñas tan engorrosas de untar con grandes manos de hombre.
—Jodidas...cosas pequeñas—dice Spike, como leyéndole el pensamiento, mientras deja a un lado la primera tostadita que ya se le ha roto— Siempre se me despanzurran.
—Déjame  mí— dice Giles, pacientemente, y le coge el paquete de tostadas— Ve abriendo esas latas.
Spike obedece, en silencio. Desde el salón pueden escuchar, de tanto en tanto, las voces femeninas de Buffy y Willow, y las más graves de Geofrey y Ethan Rayne. Llevan rato hablando de los preparativos para la cena de navidad, un tema absolutamente aterrador para Giles, con todas esas... listas de comestibles, dulces y adornos e importantísimas discusiones acerca del color de los manteles. De todos modos Giles no está muy seguro de cómo ha terminado en la cocina, con Spike, preparando canapés para la merienda.
—¿No tienes a veces la sensación de que estás haciendo el gilipollas?—pregunta Spike
—Eh... bueno, sí. Alguna vez—dice Giles, dejando otra tostada con paté en el plato— Generalmente ocurre cuando lo haces.
—No, no es eso, es...— Spike parece luchar por encontrar palabras, desiste meneando la cabeza. Pone un trocito de pepinillo en la tostada que acaba de dejar Giles, con un suspiro— Da igual
—Sólo son... unos canapés, Spike—susurra Giles. Spike suspira de nuevo, asintiendo con la cabeza. Lleva una camiseta de algún grupo punk, una camisa oscura, unos vaqueros desteñidos, las botas militares que lleva siempre. El pelo platino, agresivamente rubio. Giles se queda mirando su perfil aristocrático, con ese gesto concentrado de la boca mientras va colocando cucharaditas de huevo hilado sobre otra tanda de canapés.
—Pero está bien ¿no?—pregunta Giles— A mí me gusta la... vida hogareña.
Spike asiente, sin levantar la vista de lo que está haciendo.
—Y a mí.—dice, en voz baja— Nunca he tenido. O sea... sí tuve pero...joder. Hacía tanto tiempo. Ni siquiera había lavadoras.
Giles sonríe, cabecea. Spike encoge los hombros.
—Aunque por otra parte no me habrían hecho ponerlas, claro. Las mujeres de ahora son la hostia.
—Si...¡malditas sufragistas mandonas!—dice Giles, irónicamente— Les das el derecho al voto y ya ves lo que acaba pasando.
Spike ríe, divertido. Giles también. Llenan el primer plato de canapés y lo dejan a un lado, empiezan con un segundo. Los platos son los especiales de Navidad que ya ha sacado Willow de los armarios, y llevan una decoración de hojitas de acebo. Spike va haciendo pequeños rollitos de jamón cocido que va dejando a un lado, para que Giles los termine ensartándoles varias cosas caprichosas encima con un palillo.
La puerta de la cocina se abre, casi sobresaltándolos. Entra Ethan Rayne, que echa una ojeada crítica al trabajo de Giles y Spike, arquea un poco las cejas y luego deja una botella de coñac a un lado de la encimera.
—No lo toquéis, es para las trufas—les dice—Voy a hacer trufas para la cena de navidad.
—Oh—dice Giles, mal disimulando la golosería— Estupendo.
—A mi no me gustan—dice Spike, rebelde.
—Tú no tienes que comer nada que no venga en una bolsa de plasma—gruñe Ethan, ácidamente, y se marcha muy erguido. Spike aprieta los labios en un puchero resentido.
—Joder qué genio—murmura
—Se pone así cuando le tocan los...eh...postres—dice Giles.
Spike vuelve a sus rollitos de jamón de York. Cuando termina se lava las manos y comienza a decorar las tostadas con cuadraditos de salmón que Giles va dejando en un tercer platito. Ya ha anochecido y las farolas iluminan la calle blanca por la suave nevada invernal. El vampiro se detiene un momento y se queda mirando a Giles.
—Esta bien la vida tranquila—dice
—Claro que sí—asiente Giles
—Estamos mejor aquí que por ejemplo...cazando unos demonios por la calle, con el frío que hace.
—Sí...por ejemplo.—Giles menea la cabeza—Además los demonios no salen en Navidad.
—Qué va, claro que salen,—dice Spike—Cuando no salen es en Halloween, todo el mundo sabe eso.
Giles va a decir algo al respecto, no lo hace.
—Estamos mejor aquí.—dice finalmente
—Sí—dice Spike, con un suspiro de resignación.
El vigilante le hace una seña para que acerque algunos platos más, un par de bandejas que están sobre la mesa. También tienen alegres y cálidos dibujos navideños. Hojas de acebo y pequeñas piñas. Del salón les llegan de tanto en tanto, entre las voces de los demás, retazos de discos de música festiva y, por debajo de la puerta, los destellos de las luces de colores que están probando para la decoración.
—No tengo nada en contra de la Navidad.—dice Giles—Es una celebración paneuropea muy antigua. 
—En mi época se celebraba mucho—dice Spike, y comienza a cortar cuidadosamente unas guindas de lata en mitades, Giles lo mira, fijamente— Quiero decir que la celebraba antes de convertirme en...vampiro. O sea, no estoy hablando de comerme a la gente mientras trinchaban el asado.
—Bien.— Giles se quita las gafas, las deja a un lado, sobre la encimera— Me alegro.
—Aunque también hubo algunas de esas que...—murmura, mirando de reojo a Giles, el vigilante le mantiene la mirada, con dureza.
—Spike... ya hay suficientes medias guindas.
—Oh...vale. Sí.—Spike deja el cuchillo a un lado—Me he...distraído.
Van colocado los adornos rojos y verdes en los canapés, en silencio, mirándose de soslayo el uno al otro.
—Qué, tú no tuviste algunas navidades salvajes, Ripper—murmura Spike.
—Bueno, sí—admite Giles— Pero no maté a nadie.—se seca las manos con un paño de cocina. Luego suspira—Bueno, no...creo.
La puerta de la cocina se abre de nuevo. Buffy asoma la cabeza , sonriente.
—Chicos, no os olvidéis de hacer algunos canapés de paté al oporto y guindas, son los que más me gustan—les dice. Giles y Spike se quedan mirándola los dos —¿Qué?
—Ya... los ha hecho Spike— dice Giles
—¡Estupendo!— dice Buffy, sonriendo ampliamente—¡Pero qué bien os apañáis en la cocina!—y desaparece hacia el salón.
Spike se queda mirando la puerta fijamente. Luego coge la botella de coñac de Ethan, la descorcha y le echa un largo trago directamente del gollete. Se la pasa a Giles mientras se limpia los labios con la mano.
—O sea lo de las Navidades y eso no es tan malo ¿no? Hemos hecho cosas peores.
—Bien, eso es cierto—Giles mira de reojo hacia la puerta y echa con disimulo un trago también él—No tengo nada en contra, mientras sean otros los que se ocupen de los preparativos.
—Bueno, ya se están ocupando las mujeres— dice Spike. Del salón les llega la voz grave de Ethan Rayne. Giles carraspea.—Bueno...las...los...lo que sea.—matiza— Los...demás que no somos nosotros.
—Pues perfecto—dice Giles.
—No estaríamos mejor en ningún otro sitio—dice Spike
—Cazando demonios no, desde luego.
—Aunque a lo mejor no te vendría mal un poco de ejercicio, Rupert—murmura Spike
—¿Qué...quieres decir?
—Nada, no he dicho nada.
—Pon el jodido caviar con más cuidado, se te está derramando todo.
—Vale. Joder.
Spike recompone los últimos canapés que ha preparado bajo la mirada ceñuda de Giles. La puerta de la cocina se abre una vez más. Se asoma Geofrey, sonriente y algo sonrojado por el calor del fuego en la chimenea del salón.
—Dice Willow que no os olvidéis de sacar las pastas de jengibre, que ya deben de estar listas.
—Bien—asiente Giles.
—Jodido...mariquita vendido—gruñe Spike.
Giles busca por la cocina hasta dar con un paño grueso, con el que procede a sacar la bandeja que hay en el horno. Con cuidado deja la bandeja en la encimera, el paño a un lado. Una veintena de hombrecitos de jengibre se enfrían alegremente, tostados y aromáticos. Algunas de las figuras, como los del año anterior, tienen pequeños colmillos. Otras gafas. Giles las mira torvamente. Spike entrecerrando los ojos, con la misma cara de odio que era capaz de poner hace muchos años, cuando era malo. Bueno, aún es un poco malo, puede mirar mal a una estúpida pasta si quiere.
—Ese se parece a ti—dice señalando un hombrecito con gafas, malévolamente.
—Está...un poco redondo—protesta Giles
—Bueno, tú vas a acabar echando tripa con tanta vida tranquila.
Giles no contesta, agarra de nuevo la botella de coñac y bebe un trago. Se la pasa a Spike, que hace lo mismo.
—No nos estamos volviendo blandos..¿verdad?—pregunta Spike.
Giles se queda mirando las figuritas navideñas de jengibre, meditativamente.
—Necesito un cigarrillo—dice.
—Yo también—asiente Spike—Incluso me fumaría uno de los tuyos.
Giles va a replicar algo cuando les llega la vocecita aguda de Buffy desde la sala.
—¡Nada de fumar en la cocina, que coge todo olor a tabaco!
Bloody hell—murmura Giles, luego suspira hondo— Voy a echarme el pitillo al porche.
Spike asiente con la cabeza. Mira al vigilante salir por la puerta que da al exterior.

 

Giles regresa enseguida, abrazándose a sí mismo por el frío que hace afuera, oliendo a los sospechosos cigarrillos de los que se lía a escondidas y a noche invernal. Spike le tiende la botella de coñac de Ethan (que ya va por la mitad) cuando pasa por su lado, Giles le echa un buen trago, lo piensa un momento y le echa un segundo.
—Está helando—dice—Van a ser unas navidades blancas, como mandan los cánones.
Spike lo mira, de reojo.
—Te has puesto el pendiente—dice.
—Ya lo...llevaba antes—disimula Giles.
—No te lo había visto.
—Porque no te enteras de nada. Y pon bien esa bandeja, parece un desastre aéreo.
Spike vuelve a su puesto en la encimera, arregla la bandeja de canapés que le ha señalado Giles. Giles se queda apoyado contra la cocina.
—A tu pregunta de antes... no sé qué decirte.
Spike se remueve sobre las botas, inseguro. Mira hacia la puerta que da al salón, donde Buffy, Willow, Ethan y Geofrey siguen con los preparativos de la cena de navidad, la comida, las bebidas, el ponche, los adornos navideños para decorar la casa y el árbol, los regalos... todo lo necesario para esa celebración entrañable, cálida, familiar, tranquila. Luego mira a su alrededor, hacia los platos pulcramente colocados. Giles sigue su mirada, suspira hondamente.
—Tú necesitabas esto más que nadie en el mundo, Spike—dice con suavidad.
—Bueno... ya. A lo mejor.
—Claro que sí, por Dios—murmura Giles, mirándolo muy serio— Si eras un desastre.
—¿Qué hay de malo en vivir en una cripta? O... no—vivir.¡Joder, soy un vampiro!
—Tú ya sabes a lo que me refiero.
—Bueno, vale, a lo mejor. Pero... ¿nos hemos ablandado, Giles?
—No. Claro que... ¡No!—exclama Giles, sosteniendo entre las manos una primorosa caja de galletas de mantequilla con el dibujo de unos tiernos angelitos en la tapa— ¡Qué va!
—Bueno...—dice Spike, mirando la caja de galletas— Si tú lo dices.
Spike se queda un momento en silencio, mirándose sus propias botas con aire abatido.
—Y no estaríamos mejor por ahí pateando unos culos demoníacos para entrar en calor.—dice. Giles niega con la cabeza, enfáticamente.
—¡Claro que...no!
—Porque tenemos que poner...canapés y galletas...navideñas.
—Bueno, dicho así...
—A lo mejor alguno de nosotros se está volviendo demasiado comodón para esas cosas.

Giles le da vueltas a la romántica, navideña y ñoña caja entre los dedos. La deja en la encimera.
—Pon la jodida tetera.—dice
Spike resopla con aire de hastío, llena la tetera y la pone a calentar en la cocina. Cuando lo hace la manga de la camisa se le sube, y deja ver una tira oscura de cuero, llena de remaches metálicos..
—¿Y esa muñequera? –inquiere Giles.
Spike alza la mirada, un momento, ojos muy grandes.
—Es que la llevaba en el bolsillo y se me estaba clavando. Me la he puesto hace mucho.
—Oh. Qué cosas. Pues no me he dado cuenta de que la llevabas.
—Estarías distraído poniéndote el pendiente.
—Ya te he dicho que lo llevaba de antes.
—Si ya, y además vas sin gafas, no ves tres en un burro.
—Escucha, mocoso vampírico...
Del exterior les llega el sonido cálido de voces infantiles, un grupo de niños que pasan por la calle volviendo de su ensayo de villancicos para la noche de navidad. Giles y Spike se quedan muy callados. Giles mirando hacia la ventana. Spike al vigilante.
—¿Me...pasas las pastas de té?— pregunta Spike.
Giles coge la caja de las pastas, se la da. Spike la abre y comienza a colocarlas en una bandeja alargada, iniciando una esmerada espiral.
—O sea, que me entere yo bien—dice, sin levantar la cabeza— No pasa nada por celebrar la Navidad.
—Exacto—dice Giles
—No nos estamos ablandando.
—No, en absoluto.
—Y... esto es lo que necesitábamos. Yo.—lo mira—Los dos.
Giles suspira hondo.
—Desde luego que sí.
—La vida hogareña es lo mejor.
—Sí.
—Mucho mejor que estar por ahí sacudiendo demonios y poniéndonos en peligro y esas cosas. Recibiendo hostias y... llevando armas, gritando y corriendo por ahí a altas horas de la noche.
—Dónde vas a parar.
Spike alza los ojos hacia Giles. Lo mira, muy serio.
—Y no es verdad que estemos domesticados—dice.

Giles le mantiene la mirada.
—Por supuesto que no.—dice.
—Bien. Vale. De acuerdo.—Spike asiente con la cabeza. Termina la pulcra espiral decorativa de pastas en la bandeja, hasta colocar la última, en el centro. Luego mira a Giles por encima del hombro.
—O sea... no lo estamos ¿no?
La puerta de la cocina se abre una vez más. Es Willow, toda sonriente, con los ojos brillantes y un gracioso jersey con el dibujo de un muñeco de nieve. Lleva en los brazos una caja de espumillones y adornos de navidad.
—¡Espero que no falte mucho, nos morimos de hambre!—dice— Y no os olvidéis de poner debajo de las galletas de jengibre las servilletas de papa noeles con puntillitas doradas que he comprado ¿de acuerdo?
Giles y Spike se miran el uno al otro, de reojo. No le contestan.


La cocina está silenciosa. Realmente demasiado, no se escucha ni el más mínimo sonido de cacharros, vasos o platitos. Es eso, más que el mucho tiempo que están tardando, lo que alerta a Buffy y a Willow de que ocurre algo extraño.
De todos modos no se esperaban de ningún modo que al asomarse la habitación estuviera vacía.
Buffy y Willow miran a su alrededor.
—¿Qué ha...?—murmura Buffy
—¿Pero dónde han ido?—pregunta Willow, alucinada.
Los canapés están puestos en sus platos, pero la tetera está sólo tibia y los hombrecitos de jengibre siguen en su bandeja, las pastas de mantequilla siguen en la caja sin abrir y las de té están amontonadas de cualquier manera.
A su lado, en una pulcra pila, las primorosas servilletas navideñas y papanoelescas permanecen intocadas.
Es Geofrey el que se da cuenta de que faltan armas del arcón de la entrada, pero Ethan el que se percata de que la botella de coñac sólo-para-las-trufas también ha desaparecido.




FIN

 


 


Notas:
El título, obviously, es un homenaje a la conocida canción de Billy Idol "Grito rebelde".