Noche de estudio

Después de los capítulos Lineage y Destiny.


Wes se lleva los dedos a la frente, cierra unos momentos los ojos, cansado. Son más de las dos de la mañana y lleva tantas horas sentado al escritorio, buscando, estudiando, sin encontrar nada. Hay una considerable pila de libros a su izquierda, otra casi tan grande de anotaciones con su letra menuda, apretada, a veces tan indescifrable como los extraños códigos de los demonios con los que lleva horas luchando sin resultado. Sube un poco la luz de la lámpara de mesa, ese volumen de mitología blatchiana que ha llamado con el códice plantilla ha aparecido un tanto borroso, los caracteres cuneiformes le parecen diluidos en los contornos. Se masajea las sienes, suspira hondamente. También puede ser que se niega a ponerse las gafas, claro.
Las tiene en la mano cuando llaman a la puerta, infantilmente las guarda de nuevo en el cajón porque piensa que puede ser Fred, que también se queda a veces hasta muy tarde. Pero es Spike. Wesley tarda un momento en reaccionar y hacerle gesto para que entre. El vampiro en esos cortos segundos es capaz de expresar tantas emociones contradictorias con la mirada, entre ellas miedo a que le digan que se marche. Spike a veces es tan desconcertante.
Wes le susurra que pase, él entra al fin, cierra tras de sí. El abrigo de cuero, el pelo rubio platino, manos que mete de nuevo en los bolsillos. La cara llena de magulladuras y cortes todavía de esa increíble, alucinante pelea con Angel que ha tenido que ser espantosa.
Lo mira buscar una silla, sentarse al fin frente a él, en la mesa abarrotada.
—Qué haces— pregunta, innecesariamente, Wes señala el libro que tiene delante.
—Leer—dice.
—Ah. ¿Algo interesante?
—Más bien no—dice Wes—¿Ocurre algo?
Spike niega con la cabeza, baja un poco la mirada. A Wes Spike lo pone bastante nervioso aunque intenta disimularlo gracias a su famoso temple británico. No sabe si eso sirve para engañar a Spike, vampiro, tantos años al lado de Drusilla, y también inglés. Probablemente no.
Lo mira rozar un libro con los dedos, la manga del abrigo demasiado grande le cubre a medias la mano, Spike retira los dedos. Wes sigue leyendo. Pasa la hoja, Spike lo intenta de nuevo, rozando la cubierta del libro una vez más. Al final se decide.
—¿Te ayudo?—pregunta, Wes lo mira, con interés, el vampiro tiene los ojos muy claros a la luz de la lámpara de mesa.
—Por supuesto—dice Wes, coge el volumen y se lo pone delante—Estaba... intentando averiguar algo sobre quién puso el... cáliz. Busco alguna referencia a la profecía Shanshu, por ejemplo escrita por los Groxlar.
—Ah, eso—dice Spike, como si fuera lo mas normal del mundo, Wes arquea las cejas, levemente. El vampiro abre el volumen, echa una ojeada— No entiendo el groxlar—musita.
—Oh. Claro. Lo siento—dice Wes, duda un momento, saca otro libro de la pila— Este está traducido al inglés, más o menos.
—Genial—dice Spike, se pone a leer, muy callado.
Pasan unos minutos, cuando el vampiro se mueve en la silla a Wes le llega el aroma a cuero de su abrigo, están muy cerca los dos, con la cabeza baja, leyendo. Spike se remueve de nuevo, lo mira.
—¿Y te quedas siempre por la noche, qué pasa, no duermes?
—Tengo mucho trabajo—dice Wes.
—¿No te habrás hecho quitar el sueño como ese mariquita de Lorne?
—No—susurra Wes—Te aseguro que tengo sueño.
—Yo no. No me acostumbro a eso de vivir de día, es antinatural. Soy una criatura de la noche, Angel también pero claro tiene que dar la nota.
Wes abre la boca para decirle que de verdad tiene trabajo, que necesita silencio, pero no logra hacerlo. Le sonríe, levemente. Vuelve a la lectura. Pasa un par de páginas, concentrado en el texto, hace unas anotaciones sin mirar al papel que espera ser capaz de entender luego. Necesita silencio porque la lengua de esos demonios es muy complicada y su escritura todavía más y sigue viendo borrosos los caracteres. La tinta de sangre aguada tampoco ayuda a su cansada vista. Intenta no mirar a Spike, que sigue removiéndose cada pocos minutos porque no puede estarse quieto.
Naturalmente tampoco callado.
—¿Y tienes alguna idea de quién puso esa copa?—pregunta Spike.
—No, Spike, ya te he dicho que estoy intentado averiguar algo al respecto.
—Bueno, está claro que la puso alguien que sabe que somos gilipollas—dice Spike— Eso reduce la búsqueda a…¿todo el mundo?
Wes suspira hondo, no contesta.
—Joder, estaba cantado que era un truco—gruñe Spike, en voz baja, Wes levanta la vista del libro, Spike encoge los hombros— Si hubiera sido algo bueno se lo habría llevado el cabeza de yunque gilipollas.
—Eso tampoco lo... sabemos, Spike
—Ya bueno, pues es verdad. Se lo habría llevado Angel, como todo. Para eso es un héroe ¿no?
Wes abre la boca para decir algo a eso, no encuentra el qué. Spike cierra el libro, murmura que ahí no hay nada. Revuelve la pila de libros sin revisar, hojeándolos, coge uno al fin. Leen en silencio, otro rato. Wesley inmóvil, salvo cuando toma notas sin mirar lo que escribe, los ojos fijos en el texto del códice. Spike removiéndose de tanto en tanto, la cara angulosa apoyada en el puño.
—Esto es un rollo—gruñe Spike al fin, Wes lo mira— Joder, ¿y quién lo ha escrito, una pulga?
—Es...—Wesley se inclina un poco más hacia Spike, mirando el libro, vuelve a su sitio— Es el Codex Tumargii. Parece que lo dejó escrito el demonio Tumarg-kett antes de regresar a su dimensión y...
—Hey, yo conocí a ese demonio cuando estaba con Angelus. Era un patán sin educación—lo interrumpe Spike, frunce el ceño— Y desde luego no hablaba latín clásico. Para nada. Como mucho...una versión altomedieval corrupta—el vampiro resopla, despectivo— Y lleno de germanismos.
—Oh—gime Wes, mirándolo alucinado, Spike cambia de postura, removiéndose nervioso.
—Además era tonto de la polla—murmura, y baja la mirada apresuradamente. Wes toma aliento hondamente, lo deja ir.
—O sea que opinas que es una profecía ¿falsa?—pregunta.
—Por lo menos apócrifa—bromea Spike, cabecea— Bueno ¿no lo son todas?
—¿Apócrifas?
—Falsas.
—Yo no creo que...
Spike arquea las cejas, lo mira, fugazmente.
—Como eso del Shanshu. Igual es mentira, o tiene un puto truco, joder, seguro que lo tiene—hace una mueca—“Vampiros, léanse la letra pequeña microscópica”
—Bueno...
—Seguro que  te vuelves humano y ¡joder, tienes 300 años! Y te conviertes en polvo más rápido que si te clavaran una jodida estaca.
—Oh—susurra Wes
—Y además, ¿para qué coño sirve ser humano? ¿Para ser débil y tener reuma? No te ofendas, Percy, pero yo estoy mejor así
—Claro, lo... entiendo.
Spike asiente firmemente, con la cabeza, vuelve a apoyar la cara en el puño, sumergiéndose en la lectura. Wes abre un nuevo volumen, llama con el códice plantilla un poema religioso extremadamente aburrido cuya lectura había pospuesto una y otra vez pero que recuerda que contenía unos cuantos pasajes proféticos. Permanecen en silencio unos minutos, quizás cinco o seis. Spike  lo mira, de soslayo.
—¿Tu crees que es verdad, eso del Shanshu?—pregunta.
—No lo sé , Spike.
—Angel cree que no, pero supongo que desea que sí.
Wesley asiente con la cabeza, estudia a Spike unos segundos.
—¿Y tú?—le pregunta, suavemente, Spike vuelve a bajar los ojos hacia la lectura.
—Yo ya te he dicho que...—dice, sin mirarlo— A mi me importa una mierda.
Permanecen otro rato callados, Spike cambia de libro, Wes también, se lleva los dedos a la frente, masajeando suavemente. Está muy cansado. Spike suspira, aburrido, pasa de página. Está leyendo en inglés de nuevo, una más que dudosa traducción de los cantos fúnebres tenevrianos. Bueno, Wes la considera más que dudosa.
Wesley mira al vampiro, concentrado de nuevo en la lectura, con ese corte en un lado del rostro, hacia el pómulo. Tiende los dedos y le palpa suavemente la cara, Spike se queda absolutamente quieto, la mirada baja en el libro, Wes le pasa los dedos cuidadosamente, parece estar curando rápido, Spike es un vampiro, aunque la herida está caliente al tacto y no le vendría mal algún antiinflamatorio. Algo adecuado a vampiros de lo que tienen arriba, en la planta de hospital. Repara entonces en la mirada absolutamente aterrada de Spike encogido en la silla, retira la mano con suavidad. Spike se remueve, nervioso, luego entrecierra los ojos hacia él, ladeando la cara.
—¿Qué pasa, me estas metiendo mano?—pregunta, Wes parpadea.
—Spike, por Dios—suspira.
—No salgo con gente con tanto pelo en el pecho —dice Spike.
—No es… eso, Spike.
—Ya, seguro que estas fantaseando con tumbarme en ese sofá, pues lo tienes claro
—Spike…por favor, yo no...
—¿Sueñas con bajarme los pantalones? ¿Con jugar a profesores? Ya sabes, darme unos azotes. ¿O prefieres que te los dé yo?—Spike se inclina hacia él sobre la mesa, muy cerca, le susurra, provocador, con esa voz como terciopelo oscuro— Has sido un chico muy malo, Wesley.
—¡¡¡Spike!!—gime Wes, y en ese momento repara en el gesto burlón de Spike y se da cuenta de que le ha tomado el pelo, y se siente confuso y estúpido por caer tan torpemente en la provocación del vampiro. Spike lo mira, sonríe mordiéndose el labio, divertido de la reacción del ex-vigilante, que aparece tan tímido e inocente como un colegial a pesar de su rudeza.
—Cuando yo estaba vivo y era un capullo  también caía cada vez que alguien me tomaba el pelo— dice Spike, asintiendo con la cabeza, Wesley suspira hondamente, cabecea.
—Está bien—susurra —Por qué no subes a la enfermería y que te pongan algo en esos golpes.
—No hace falta—niega Spike.
—Como quieras—Wes lo mira, un momento— ¿Quieres que te acompañe cuando abran?
Spike se remueve, nervioso, no contesta. Wes decide que eso quizás es un sí.
—Bien, sigamos con esto—dice, Spike asiente, vuelven los dos a sumergirse en la lectura. Un rato. Porque enseguida Spike alza los ojos de las páginas para dirigirse a él de nuevo.
—¿Ha estado Angel?— pregunta, y mira al sofá donde Angel se ha sentado horas antes. Wes respira hondo, el olfato de los vampiros, todavía le cuesta un poco acostumbrarse. Recuerda de repente a Angel oliendo a Lilah en su piel, se entristece.
—Si, ha estado antes—dice.
—Te ha dicho si…—Spike se muerde el labio—¿Crees que está enfadado conmigo?
—Spike, os habéis dado una soberana paliza.
—Bueno ya pero ¿estaba enfadado?
—No— suspira Wes, niega con la cabeza—Sorprendido, creo y… algo confuso pero no, no está enfadado.
—Ah—susurra Spike, baja la mirada con celeridad, Spike nervioso, pasando los dedos por el canto de la mesa, una y otra vez. Y Wes se da cuenta de que en realidad no ha venido porque estuviera aburrido, ni por ayudarle en la tediosa tarea de revisar viejos libros uno tras otro, sino porque necesita estar con alguien y él siempre lo ha tratado con amabilidad. Siente piedad por Spike muchas veces, desde que llegó a Wolfram y Hart saliendo de ese amuleto que lo había deshecho en llamas en la boca del infierno. Quizás porque lo ve tan perdido, sin encontrar su sitio en un mundo en el que posiblemente no quería estar.
—¿Estás mejor?—pregunta Spike, en voz muy baja—Por lo de tu padre.
Wesley lo mira, fijamente. Aprieta los labios. Spike que tiene la decencia de no decirle que ése no era su padre sino un muñeco. Wes asiente, en un susurro, mientras lo estudia en silencio y puede adivinar cómo se siente después de su pelea con Angel: vacío. Quizás porque él siente lo mismo.
Wes sabe qué sabor a derrota puede tener una victoria. Vencer por una vez a...un enemigo, a alguien de quien llevas tanto tiempo queriéndote deshacer y que, en el fondo, nunca podrás arrancar de tu vida. Porque lo necesitas tanto a pesar de todo. Y le parece tan terrible que la victoria de Spike le haya dejado la misma sensación angustiosa que a él su fracaso. Un vacío que sólo puede llenarse  de tristeza.
Se da cuenta entonces con extrañeza de que él, Wesley Wyndam-Pryce ex Vigilante del Consejo, y esa criatura que tiene delante, antes William el Sangriento, tienen mucho en común. Que los dos se han levantado contra quien deberían respetar y que ambos... tenían buenos motivos para hacerlo. Y que ninguno de los dos ha logrado lo que realmente necesitaba. Y que son dos solitarios, que no tienen a nadie en realidad. Que ése es el verdadero motivo por el que están los dos ahí sentados esa noche entre los códices polvorientos.
—Angel no está, ha ido a cenar con no se quién—murmura Spike, sin mirarlo— Bueno, seguro que no come nada porque es un aburrido y un plasta. Se ha puesto una camisa horrorosa de marica.
—Oh—susurra Wes, parpadea, duda un momento, luego cierra el libro con un movimiento pausado de la mano— ¿Quieres que vayamos nosotros a tomar un café?
Spike alza la cara del libro, lo mira, un momento. Luego sonríe un poco, como con timidez, y asiente con la cabeza. Se levantan los dos, Wes estirando los músculos entumecidos, Spike a su lado, sin decir nada.

 



FIN