El silencio

Inmediatamente al final del episodio Damage


Angel escucha los ruidos leves del hospital, los pasos de las enfermeras por el pasillo,  el goteo rítmico de los aparatos. Spike se ha quedado muy callado, callado por primera vez desde ¿cuándo? Es todo tan vertiginoso, últimamente, más aún desde que ha aparecido, en su vida de nuevo, de nuevo sin preguntar, de nuevo como un maldito ciclón. El Spike de siempre. Y sin embargo tan cambiado. Está...tan extraño. Lo mira, de reojo. A lo mejor por esa cosa del alma, que tiene que dolerle como el infierno. Dios, espera que lo haga. Se remueve, nervioso. No, no es verdad. Angel no quiere más dolor para Spike, él que sabe cuánto quema sentirla en el pecho.
—Hace tanto tiempo— susurra Spike en voz muy baja, sin levantar la cabeza— Y si lo piensas, Angelus...Esa...maldita chica no pidió volverse loca, pero...¿Y tú? ¿Qué hiciste, en realidad?
Angel alza la mirada, sorprendido, parpadea.
—Yo ....—susurra, dubitativamente — Mi padre...yo era....yo...
—¿Qué eras, un juerguista mujeriego?—susurra Spike, encoge los hombros, con aire abatido— Vaya cosa. O sea...¿mataste a alguien? ¿Qué...hiciste? ¿Irte tras una hermosa mujer que te dijo que te llevaría a sitios? Joder ¿por qué te condena eso?
Angel aprieta los labios, lo mira un momento, a los ojos.
—Y tú, William—pregunta.
—Yo era un gilipollas —gruñe Spike.
—No es...verdad—susurra Angel, en voz muy baja—Tú eras...solo eras un buen chico.
—Yo quería...algo—susurra Spike, en voz muy baja, muy seria—Encontrar algo. Creí que Dru me lo...daría. Pero ella no podía dármelo, claro.
La habitación está casi en penumbra, una habitación cualquiera en la última planta de laboratorios de Wolfram y Hart. Silenciosa salvo por el murmullo tenue de las máquinas, las voces susurradas ahí afuera, en los pasillos. Angel en silencio, escuchando el ir y venir el personal médico. Intentando con todas sus fuerzas no recordar. No recordar a Darla,  a Dru, la sangre, la matanza, los gritos. No recordar a Spike, los ojos con que lo miraba. Es tan difícil mirarlo y no recordar.
—Era una vida brutal—susurra Spike, como dándose cuenta de repente, Angel lo mira, no dice nada, luego asiente con la cabeza.
Spike se remueve en la pequeña cama y encaja un poco los dientes.
—¿Te duele?—pregunta Angel, educadamente, Spike lo mira de reojo y por un momento parece ir a decir alguna inconveniencia, pero no lo hace.
—Sí—susurra.
Angel avanza hasta la cama y aprieta el pequeño botón del comunicador, llama a la enfermera. Es una mujer joven, delgada, posiblemente con sangre de demonio, por el olor de su piel. Angel espera un poco a un lado mientras ella revisa las bolsas con inscripciones incomprensibles de los goteros y luego inyecta un analgésico en el brazo de Spike. El vampiro rubio no se mueve, pero respira hondo cuando la enfermera retira la aguja. Esperan los dos a que la mujer se marche, silenciosa, eficiente, impersonal.
—Maldito brujo, puede volver a colocarme las jodidas manos y no puede quitar un jodido dolor—murmura Spike entre dientes en cuanto la enfermera sale de la vista, Angel no dice nada, muy serio, Spike se remueve, como preocupado por la expresión de su rostro —Eh, tipo duro...—susurra— pero nos...divertíamos ¿no?
Angel alza la cara al cielo, suspira.
—Dios, sí...que borracheras infernales—dice.
Spike ríe un poco, tímidamente, Angel se separa del muro, acercándose unos pasos.
—¿Mejor?—susurra, Spike asiente con la cabeza
—S...sí—dice, alza la mirada —Te...quedas conmigo un rato—musita, y tiene esos ojos inseguros que duelen a Angel tan adentro.
—Claro.
Angel se queda junto a la cama, en silencio. Spike tan callado, tan serio. Tan triste. Con ese gesto abatido de los hombros, con las manos vendadas muy quietas sobre las sábanas, la mirada baja. Spike que es capaz de hablar y hablar sin parar hasta volverlo loco, hasta sacarlo de sus casillas y conseguir que acabe gritándole y agarrándolo de la camisa y que todo el jodido edificio pueda oír que están discutiendo. Spike físicamente incapaz de callarse. Y a él también le cuesta tanto hablar de lo que importa.
—Tú crees que Buffy...sabe que..estoy aquí—musita Spike al fin, Angel suspira hondamente.
—No—dice.
—Pero ese Andrew dijo...
—No—gruñe Angel.
—Y esas...cazadoras, te han dicho que ella...
—No—dice Angel—Era un farol.
—Oh.
—Vamos—Angel se remueve, masculla una palabrota por lo bajo—¿Crees que no reconozco un farol con la de veces que hemos jugado al póquer? Buffy no lo sabe.
—Ah—Spike aprieta los labios, lo mira—Y por qué...has dejado que...
—Veinte cazadoras armadas—gruñe Angel, encoge los anchos hombros—Bueno, a veces hay que retirarse.
—Ah—susurra Spike, lo mira un instante y tiene esa mirada profunda, tan herida.
—Buffy no lo sabe, Spike—dice Angel pacientemente, Spike sigue con los ojos fijos en los suyos, tan grandes, y el vampiro moreno se da cuenta de que es la mirada de un niño pequeño que busca que su padre le mienta, que le diga que todo está bien y nadie le va a hacer daño y siente un dolor antiguo muy adentro—Es imposible que Buffy lo sepa y no haya...venido a  verte.
—Sí—musita Spike, traga saliva. Angel respira hondo, alza los ojos al cielo.
—Aparte...es...Buffy, y...los dos la queremos, pero...¿cuándo demonios se ha enterado de algo?
Spike sonríe un poco, agradecidamente, asiente con la cabeza, tiene una sonrisa tan hermosa.
—Ahora bien—dice Angel—La patada en el culo que te va a dar cuando se entere...Dios, creo que podría pagar por verla.
Spike sonríe de nuevo, un momento, luego baja más la cabeza. Y Angel lo mira y sabe que sigue creyendo que merecía lo que le han hecho...y qué demonios puede decirle él ¿que sí? ¿Que mil veces? ¿Que sólo le espera el infierno? Como si no hubiera pasado toda la vida caminando por él. Bordeándolo y cayendo y levantándose y volviendo a caer. Dolor. Qué sabe nadie de ese dolor. Salvo quizás él mismo. Lo mira y Dios, qué puede decirle. No sabe ni cómo empezar a decirle...cuesta tanto hacerlo.
—No has merecido muchas de las cosas que te han...pasado, Spike—susurra Angel al fin, en voz muy baja—No te merecías que yo...
Spike lo mira, a los ojos, solo un momento, aprieta los labios y niega con la cabeza, despacio.
—No quiero hablar...de eso—musita, Angel baja la mirada.
—Está bien.
Spike se queda callado de nuevo. Es tan sobrecogedor para Angel ese Spike silencioso, tan triste. Lo mira largo rato, los ojos bajos, rasgados, el corte anguloso de la cara magullada, la curva de la boca, la de la barbilla. Ese pelo tan extraño. Las manos, vendadas, los largos, fuertes dedos. Spike alza los ojos.
—Te vas a ir—musita.
—No.
—Bueno.
Angel mira a Spike ahí hecho polvo con esa carita triste, tan cansado. Duda un momento, luego se quita la chaqueta y la deja doblada en el respaldo de una de las sillas, se acerca despacio a la cama, se sienta, a su lado. Spike no se mueve. Angel le pasa el brazo por los hombros, suavemente, y  Spike se inclina hacia él y apoya la cabeza contra su pecho. Angel respira hondo y lo estrecha contra él, alza la otra mano hasta su cara, manteniéndolo muy cerca, abrazado. Le acaricia el pelo suavemente, entre los dedos. Se quedan así un rato, en silencio.
—Eh, estoy drogado—murmura Spike, lo mira de reojo—Mañana no me acordaré de nada.
—Está bien, Spike—susurra Angel, lo acaricia de nuevo, despacio.  Se quedan callados otro rato, escuchando el plic plic de la medicación del gotero.
—¿Sabes? Pienso mucho en esas...chicas—murmura Spike—En aquella de...y en esa chica que te quité en Paris. ¿Te acuerdas?—alza los ojos hacia él un momento, Angel asiente, apenas un movimiento—¿Crees que alguna...que ella podría haberme querido?
—No lo se, Spike.
—Yo quería...creo que quería que me quisiera alguien. Que me...quisieras tú— musita en tono apenas audible, y Angel se estremece, impresionado.
—Yo...no sé si podía querer, Spike—susurra, trabajosamente—Pero sentía...algo por ti.
—Bueno, yo si te quería, irlandés asqueroso.
—Lo...sé—susurra Angel en voz muy baja, toma aliento—¿Y...aún...
Spike lo mira, tiene esos labios apretados, esos ojos heridos que le conoce tan bien.
—No se te ocurra preguntármelo, cabrón—dice.
Angel baja la mirada, no añade nada. Vuelven a quedarse en silencio, Angel muy quieto, salvo los dedos que acarician el rostro magullado de Spike muy suavemente, la curva de la boca, el marcado pómulo, la sien, el pelo. Angel manteniéndolo abrazado. Mirando al frente, perdido en sus pensamientos. Spike muy pegado a su cuerpo, la cara contra su pecho, como si pudiera escuchar su corazón.

 

 

FIN