La sombra


Tras el capítulo de Angel 2X11 Redefinition

Ese no era Angel. Ese no era Angelus. ¿Quién era?
No puede sacarse esa pregunta de la mente.
Drusilla vio el fuego antes de que Angel las prendiera en llamas. Ella no la escuchó.
Al entrar en el viejo garaje lo llamó una sombra.
El dolor de las quemaduras se ha atenuado al fin, misericordiosamente. Aunque no sabe si es justo que alguien como ella reciba misericordia.
No debería pensar esas tonterías. ¿Son los restos de su reciente, repugnante, retorcida conciencia humana? Que se ha alejado de ella, al fin, como un mal sueño. Junto con la enfermedad y la cercanía de la muerte. Gracias a Drusilla.
Mira  a Drusilla, de reojo. No puede pensar en ella como en su Sire. La muchacha loca de la que se encaprichó Angelus, que convirtió contra el deseo de Darla.
Echa de menos al Maestro. Su voz susurrante, culta, sus ojos. Rojos o negros. Las caricias de sus manos en su cuerpo.
Recuerda, nebulosamente, haberlo llamado en su delirio.
Hay cosas que deberían ser para siempre.
Recuerda la mirada fría, intensa de Angel cuando las ha quemado. Respira entrecortadamente. Siente rabia. La rabia es una constante en su interior desde que se ha despertado en esa cuidad vertiginosa.
Se debate entre sentimientos encontrados. No reconoce a Angel. Ese no era Angel. Tampoco era el Angelus que ella conoció. No sabe quién era. Si no fuera porque Drusilla ha sentido lo mismo, dudaría de su propia cordura.
Sigue estando tan débil, tirada en el frío, húmedo suelo pestilente de la alcantarilla. Tan helada que hasta las ratas rehuyen pasar por su lado. O quizás es que, alimañas inteligentes, intuyen el peligro.

Un atisbo de su antiguo y descreído sentido del humor le hace pensar que ha estado en sitios peores y más sucios. Cuando era humana, la primera vez, y prostituta. Y de todos acabó saliendo.
Ladea la cabeza violentamente, como alejando una nueva andanada de dolor, o recuerdos que no quiere ver de nuevo ante los ojos.
Echa de menos al Maestro. No puede creer que esta vez él... no sea su Sire.
—Era para siempre—susurra en voz baja.
—Para siempre jamás—dice Drusilla, confundiendo sus palabras con el final de algún cuento. Uno sangriento, terrible, lleno de bosques tenebrosos, de abandono, miedo y ogros que devoran a los niños. Lleno de sangre y de muerte.
O quizás está pensando lo mismo que ella, a su distorsionado modo. Angel no quiere volver a su lado. No quiere que vuelvan a ser una familia.

Aunque Darla puede sentir la desesperación absoluta de su soledad. La desesperación puede llevarte a la muerte, al suicidio o al asesinato. También al sexo, sexo apasionado, sucio, enloquecido, que no arregla nada, que no calma el dolor. Pero sexo.
Darla valora sus posibilidades, en silencio. Mientras Drusilla gira a su alrededor, lamentando no poder ver las estrellas en los oscuros pozos donde están escondidas.
No van a poder atraer a Angel ellas solas. Angel ya no siente nada por Darla. Ella no lo reconoce. Ante su rostro hay una sombra.

La rabia tiene el sabor amargo de la derrota.
Darla cierra los ojos, aún febril. Sombras de fuego, sombras de llamas. Sombras contra las paredes de una mansión. Recuerda a William sentado en las rodillas de Angelus, él acariciándolo indolentemente, frente a la chimenea. La cara del chico contra su hombro.
Echa aun lado los celos, todavía más amargos. Todavía punzantes después de tantos años. La furia por tener que rebajarse hasta ese punto para tentar a Angel a volver a su lado.
Se gira hacia Drusilla, apenas mirándola.
—Ve a buscar a Spike—susurra.

 



FIN