Dioses y otras criaturas

Después de Blood ties

Spike mira a su alrededor, una noche tranquila, es bastante tarde ya. Sentado en las escaleras traseras de la casa Summers se arrebuja un poco más en el abrigo de cuero. Nunca consigue del todo entrar en calor desde que pasa tanto jodido hambre por culpa de esos cabrones de la Iniciativa. Se queda mirando la bolsa de chucherías que le tiende Dawn, sentada a su lado. Mete la mano en la bolsa y saca un dulce, que se mete en la boca. Está rico.
Ella está muy callada, y su silencio triste descoloca a Spike, que no sabe muy bien qué hacer. Antes -no hace tanto tiempo- habría sabido perfectamente qué hacer con una muchachita de catorce años que se sentase a su lado, de noche en un jardín solitario. Pero ahora...
Está bien, algunas veces, en el pasado, también sintió esa confusión extraña, y no hizo lo que se supone que debía hacer un vampiro sanguinario. Pero tenía motivos para ello, por supuesto. Aburrimiento, rebeldía, fastidiar a Angel. Lo que fuera.

Realmente lo de tratar con niños (o con adolescentes) lo pilla totalmente fuera de juego.
— Entonces... –susurra Dawn al fin, cogiendo otra golosina— ¿Cuánto tengo en realidad? ¿Unos meses? ¿Un año?
— Técnicamente... – dice Spike, se queda un momento pensativo—. Pero también tienes miles ¿no? Depende de cómo lo mires.
—Oh—murmura ella.
—Yo tengo más de cien, pero ya ves que no se me nota en absoluto.
—Es verdad.
Dawn se queda un momento pensativa, mientras mastica trabajosamente una gominola especialmente pétrea. Traga con dificultad.
—Recuerdo a Riley—dice—. Quiero decir, lo recuerdo desde el principio... desde antes de estar yo aquí.
Spike resopla despectivamente mientras rebusca otro dulce en la bolsa.
—Pues vaya aburrimiento, casi era mejor que no lo recordases—dice.
—Y recuerdo cuando Buffy salía con Angel.
—Pues eso sí que no merece la pena recordarlo, pet.
Dawn disimula la sonrisa.
—También te recuerdo a ti.
—Oh—parpadea Spike, se vuelve a mirarla—Y ... ¿te acuerdas de algo en especial de mí?
— Bueno, sí—dice Dawn asintiendo con la cabeza—. Recuerdo a Buffy diciendo que habías atacado su instituto, y que mamá te había golpeado con un hacha, y también que al otro año secuestraste a Willow y a Xander.
—Oh... vaya. Pues casi es mejor olvidar también todo eso.
Dawn sonríe un poco, se sacude de las manos los restos de azúcar de una gominola de fresa.
—Yo te recuerdo... o sea, tengo vagos recuerdos. Y recuerdo cada uno de mis cumpleaños, desde que tenía... cinco. Aunque sé que nunca tuve cinco, claro. – baja un poco la cabeza—. Pero no lo... recuerdo todo. Algunas partes están como borrosas. Intento recordar y no lo consigo del todo.
—Bueno a mi también me ocurre eso, sobre todo cuando me pasaba con las drogas, en los 70.
Oh.
—Y en los 80 y 90,  y... mejor cambiemos de tema. — Spike mira a la muchacha, de reojo—. No tomes drogas—le dice. Dawn hace un gesto despectivo.
—Sólo los perdedores las toman—dice, con la seguridad de una consigna aprendida en el colegio. Spike menea la cabeza.
—Es mejor dejar estos rollos para la gente aburrida y sin vida propia como... Giles.
Dawn lo mira, fijamente
—¿Lo de las drogas?—murmura.
—¡No! O sea, bueno, segurísimo que ese tío iba bien cargado en sus tiempos, y todavía... ¡no! Quiero decir las cosas de dioses, criaturas, llaves místicas y todo ese rollo. Mejor que se ocupen Giles y esos vigilantes con sus libracos.
Dawn no dice nada a eso. Mete la mano en la bolsa y rebusca los dos últimos caramelos. Los saca, le da uno a Spike. Se los meten en la boca a la vez. Son de regaliz.
—De todos modos ¿no habría sido más sencillo simplemente dejarte en la puerta de Buffy?—pregunta el vampiro.
—¿Quieres decir... en un cesto o algo? ¿Como... un cachorrito o un bebé abandonado?—parpadea Dawn.
—Bueno... o llamar a la puerta y explicar las cosas un poco. No sé. Buffy es... la Cazadora, es de los buenos ¿no? Es lo que hace. Ayuda a la gente.
Dawn se le queda mirando. Spike se echa un poco hacia atrás.
—Yo no ayudo a la gente. Es que me pagan—dice.
Terminan de comer sus regalices. Spike se arrebuja más en el abrigo.
—O sea, podrían haberle dicho simplemente: mira, hay que proteger a esta chica—insiste.

La joven asiente tristemente con la cabeza.
—En vez de montar este inmenso lío de cambiarlo todo ¿no? —pergunta.
—Pfffff... monjes—resopla Spike despectivamente— Más les valía tomar más el aire fresco. Y un poco más de foll... quiero decir, un poco más de vida social.
—¡Eso!—asiente Dawn.
—Sí.
Spike rebusca por el abrigo. Saca un paquete de tabaco y una bolsa de marihuana que mira un momento, como no situándola, y luego hace desaparecer a toda prisa de nuevo en el bolsillo. Dawn hace un gesto con la cabeza.
—¿Esas son las hierbas que cogiste en la tienda de magia?—pregunta,
—Si, ese Giles las tenía escondidas con la... bueno, son sólo... er... especias y hierbas para dar sabor a la sangre.
—Puaj.
—Bueno, no se si te acuerdas de que soy un vampiro.
Dawn suspira hondamente.
—Yo soy una bola de energía.
Spike la mira, fijamente, unos momentos. Enciende un cigarrillo con el mechero zippo, da unas caladas. Luego asiente varias veces, con la cabeza.
—De acuerdo. Eres una bola de energía—le dice— Pero se pueden ser cosas mucho peores en la vida. O sea, mira a Xander por ejemplo, es imbécil.
—Pero es... una persona.
—Ya pues mira... a Angel. No es una persona, técnicamente hablando, y además es un fracaso de vampiro.
Dawn se queda un raro meditando la lógica de Spike. Hasta ella, que es consciente de ser –al menos técnicamente- una adolescente la encuentra incomprensible. Pero el vampiro está ahí acompañándola, intentando hacer que se sienta mejor, y de manera algo nebulosa Dawn entiende que no es que esté muy preparado para ello. Y realmente, y de nuevo contra toda la lógica del mundo y del submundo, ella siente que él la comprende, o al menos que la escucha de verdad. Y que puede contarle como se siente.
—¿Crees que Glory... crees que Buffy podrá con ella? —susurra en voz baja—. Esos hombres del Consejo dijeron que era... un dios.

Spike parece meditar el asunto unos instantes. Luego niega con la cabeza.
—Si pero ¿qué tipo de dios? ¿De las permanentes? ¿De los Manolo Blahnik? ¡Vaya cosa! — Spike arquea las cejas afectadamente mientras habla con voz de falsete—“Hola soy el dios de los vestidos horteras. Con mis superpoderes conseguiré que las rebajas de Harrods duren todo el año”—da una calada rápida mientras retoma su voz normal—. Seguro que hasta hay un dios de la ensaladilla rusa. Y ¿qué podría hacer? ¿Enfadarse terriblemente y... cortar la mayonesa?
Dawn ríe sin poder evitarlo, reconfortada. Spike sonríe también.
—Todo saldrá bien, luv—le dice— Buffy acabará con ella. Hallará el modo.
Dawn frunce el ceño.
—Pues a ti esa Glory ti te derribó.
—Fue culpa del suelo, estaba resbaladizo. Enceran mucho los hospitales. Es por eso de la desinfección—dice Spike rápidamente. Dawn lo  mira entre el largo cabello con cara de no creerse absolutamente nada. Spike se inclina un poco hacia ella—Yo cuid... todos cuidaremos de ti, pet. No te preocupes. Y entra ya en casa, que tu hermana me va a matar si nos ve aquí a estas horas.

Dawn suspira hondamente. Se levanta.
—Eso también lo recuerdo. Buffy lleva diciendo que va a matarte desde hace montón de años, pero nunca lo hace.

Spike menea la cabeza, se levanta también. Echa una última calada al cigarrillo y lo lanza lejos.
—Ya bueno... yo también lo he intentado, no te vayas a creer. Es lo que hago, porque soy un vampiro peligroso, no como otros que se han pasado al ejército de salvación o a chupasangres anónimos. Lo que ocurre es que he tenido mala suerte.
Dawn sube los escalones que llevan a la cocina de la casa. Antes de entrar lo mira de nuevo.
—¿Pero tu de verdad quieres matarla?—le pregunta.
—¡Claro!—exclama Spike— Soy un vampiro. Sueño con tener a la Cazadora de rodillas delante de mí y... y... —Spike se queda de repente muy callado, incómodo. Dawn malinterpreta su azoramiento y le sonríe con amabilidad.
—No te preocupes, Spike... seguro que algún día matas a mi hermana— le dice—O ella a ti—Dawn parpadea, algo confundida—. U os matáis los dos.
—Yeah—asiente Spike.
—Buenas noches.
La muchacha agita la mano, entrando en la casa. Spike inclina un poco la cabeza. Luego da media vuelta y se encamina hacia el cementerio.


 

FIN