La actuación

Después de Crush



Giles continúa cantando, sin mirarlos. Le produce una gran desazón que los chicos estén ahí, escuchando su voz, su rasguear leve de guitarra. Quizás el que más le alucina sea Spike, tan callado, mirándolo fijamente con esos ojos tan grandes. Se le hace tan...extraño Spike a veces. Giles antes lo tenía todo tan claro, cuando era un Vigilante recién salido de la escuela, en Inglaterra. Los vampiros estaban muertos y debían seguir estándolo, las personas estaban vivas y debían seguir estándolo también, en lo posible. Un mundo en blanco y negro, asfixiante pero a la vez tan...confortable. Un mundo sin dudas.
Las tuvo después, claro, en esos años...perdidos. Quizás experimentó demasiado. Con las drogas, como todo el mundo y...bueno, con la magia también.
Recuerda de repente a Ethan Rayne. Lo recuerda muchas veces, en realidad. Ethan y sus...extrañas aficiones. Giles se detiene un momento tomando aliento, sigue cantando. A Ethan le habría gustado Spike. Un ser...inmoral, oportunista, pendenciero, fuera de las normas. Tan sorprendente. Bueno, le habría gustado por más cosas también, se dice, con ese...cuerpo atlético y esos ojos azules y esas pintas peligrosas. Giles no le reprocha a Ethan...nada de eso, claro, en ese tiempo él también quería probarlo todo. Lo probó con él. Y bueno, también lo de la magia. Quizás Ethan lo ayudó un poquito a pasarse al otro lado, quizás no se habría lanzado solo.
Se estaba tan bien ahí. Tan...poderoso. Se sentía invencible, inmortal.
Peligroso, muy peligroso.
Unos meses en el Consejo de nuevo donde lo llevaron a rastras una noche volvieron a ponerle los pies en el suelo. Un suelo duro, cortante, rayando en la inmoralidad, pero firme y seguro a la vez. O al menos tan conocido.
No quiere pensar mucho en ese tiempo.
Giles mira a Buffy mientras canta, mira su pelo rubio, su cuerpo menudo. Giles echa de menos a veces tener familia, una esposa, hijos. Sabe que no habría podido darles nada, no teniendo que llevar una vida oculta de Vigilante. La alternativa era quedarse en casa, tras el escritorio, como Wyndam—Pryce. Cierra los ojos, estremecido. No por favor, no como ese...maldito dictador. Pero bueno, algo parecido.
Mira de nuevo a Buffy. Quizás nunca ha querido a nadie como a ella. Ella es la causa de que fallara por segunda vez. No las ansias de vivir, ni las ansias de jugar duro, ni el hambre de conocimiento oscuro, demasiado alcohol, demasiadas drogas, malas compañías. No él mismo, sino ella. Después de tantos años pensando que a veces hay que hacer lo que es necesario, por doloroso que sea, de años sometiendo el corazón a la mente, Giles no pudo soportar pensar que Buffy fuera prescindible.
Hace una pausa, recibe sonriendo los aplausos. Spike no aplaude, sigue mirándolo con esos ojos tan extraños. Giles piensa mucho en Spike también. Spike intentando...intentando...realmente no sabe lo que intenta Spike. Por qué se encoge un poco, como con miedo cuando Giles no se da cuenta y lo llama William. Por qué entra en su apartamento y le revuelve los discos y se le bebe las cervezas. Por qué demonios sigue pegado a Buffy como si fueran mellizos siameses pese a que ella lo ha echado de su casa. 
Spike a veces le hace pensar en Angelus. No el Angelus que él estudió en los libros e interrogando dudosos demonios y hablando con los muertos, sino el que asesinó a la única mujer que había amado desde hacía tanto, tanto tiempo. A esa que quizás sí habría soportado vivir con un Vigilante. A Jenny.
Giles no quiere decir su nombre en voz alta porque no pudo salvarla. Nunca lo pronuncia, no se lo permite a sí mismo. Tampoco quiere recordar las rosas, el aroma de su perfume. Cómo lo esperaba en el lecho con el cuello roto.
Mira a Spike y piensa en Angelus y no sabe...por qué de algún modo recuerda a Jenny siempre. Y no quiere...preguntarle acerca de su pasado, porque imagina cosas de las que prefiere no tener conocimiento. Recuerda a Angelus torturándolo, disfrutando con su dolor. Casi con sensualidad. Giles puede imaginar cosas de Angelus y Spike que decididamente no quiere saber.
Le debilita pensar en eso.
Ese condenado Spike. Es...una criatura ajena, maligna y sin alma. Aunque les ayude. Aunque ponga esos ojos enormes cuando le pone un café entre las manos o de toda la maldita casa tenga que ir a sentarse con su libro precisamente en el sofá en que está él, tan cerca. Es un vampiro, debería matarlo y ya está, no hay más. Auque esté...indefenso, qué demonios importa eso. Aunque...esté cuidando de Dawn. Aunque Buffy parezca...encaprichada de él. ¿Y no se supone que no lo iba a dejar...acercarse más? A ver por qué tiene que estar tan...pegada a él. El local no esta tan lleno como para eso, demonios. Giles no pierde de vista nunca lo que Spike es. Bueno, a veces lo olvida un poco, pero lo recuerda enseguida. Lo intenta, al menos.
A veces esta tan cansado de ser tan indulgente con ellos, con todos ellos.
Bebe otro sorbo de whisky, esa noche se está pasando un poco, quizás por la impresión de haber visto entrar a los chicos en el local. El local más oscuro, oculto y poco frecuentado de la ciudad, por Dios, casi está fuera de la ciudad y además ¿cómo han dejado entrar los guardas de la puerta a un elemento como Spike? Seguro que habrá hecho pasar un apuro a Buffy mientras lo cacheaban. Da otro sorbo, no se ha bajado del pequeño escenario, quizás porque no quiere que Buffy y Willow se le acerquen todavía.
Espera a que las luces lo enfoquen, no son demasiado molestas. Sonríe, da las gracias de nuevo y comienza a cantar. Los focos vienen bien porque no le dejan ver demasiado de las cosas que tiene delante. Excepto ese pelo radiactivo tan rubio del maldito Spike, depié apoyado contra el muro, cerca de la mesa donde se sientan ahora las chicas. Giles sigue serio con él por esa...desastrosa declaración a Buffy. Aunque le avergüenza un poco que de todo ese asunto lo que más le ha molestado no haya sido...el caos que organizó sino que le haya dicho a Buffy que la quería.
Spike mirándolo mientras canta. Tan delgado con ese abrigo demasiado grande, una camisa algo desabrochada, oscura, el pelo revuelto. Se arregla más desde que...va con Buffy. Es tan obvio que está colado por ella. A Giles también le parece tan triste. Su fuerte, luminosa Buffy, cómo va a pensar siquiera en un elemento como Spike. Se pregunta si él será de algún modo consciente de eso. De que no tiene ninguna posibilidad con ella.
Recuerda...haberse preguntado eso de sí mismo, hace tanto, tanto tiempo. Pero Buffy era una niña entonces y ahora...ahora es diferente. Giles hace mucho que ya no la mira de ese modo. Realmente no sabe por qué lo ha recordado ahora, mientras acaricia suavemente el traste de su guitarra buscando el acorde y canta de nuevo.
Buffy estuvo enamorada de Angel, otro vampiro, y acabó matándolo. Giles se pregunta si ella sería capaz...de matar a éste. De algún extraño modo le parece que no y eso lo perturba profundamente.
Por qué tiene que ser tan jodidamente raro ese maldito Spike, qué demonios hace ahí bebiendo whisky y escuchándolo cantar.
Ha tenido que rastrearlo él y llevarlas hasta el local, el muy canalla.
Giles carraspea aclarándose la garganta mientras inicia la última canción, mirando a Buffy. Mira a Buffy mientras canta acerca de volver a casa y de la soledad y  recuerda la ultima prueba del Vigilante. La última para ser digno, para no ser un traidor, para no sentirse un fracasado. Giles sabia que era una realidad inducida por drogas y conjuros, un viaje por la magia, por un mundo virtual como tantos otros. Un vigilante debe de ser capaz de todo. Absolutamente. De morir y matar y dejar que mueran...sus seres más queridos. Si el mundo dependiera de ello ¿dejarías morir a tus padres? ¿A tu mujer? ¿A tus...hijos? Claro que sí, él pasó la prueba.
Sabía que era un truco dentro de su mente pero Dios, era tan real.
Era real cuando dijo que sí.
Luego se sintió sucio durante semanas. Quizás nunca ha dejado de sentirlo.
Salvo cuando la mira a ella y se desgarra por dentro por estar tan orgulloso de haberles fallado a todos. De que ella viva.
Termina por fin la actuación, saluda amablemente a la gente que aplaude y que se levanta, baja del pequeño escenario. Recibe un par de apretones de manos y de cumplidos mientras deja la guitarra a un lado y recoge un nuevo vaso de whisky.
Se acerca a ellos al fin y Buffy lo mira con esos ojos brillantes, tan hermosos. Orgullosa de que su padre pueda merecer esos aplausos. Giles le devuelve la sonrisa sintiendo esa extraña calidez muy adentro. Deliberadamente distante, él casi nunca la toca. Pero esa noche la abraza, no sabe por qué. Sonríe a Willow y se sienta con ellas, escuchando sus palabras conmovedoramente admirativas. Spike lo vigila por al rabillo del ojo, no dice nada. Como no queriendo interrumpir...esa suerte de vida familiar de Giles y Buffy. Tampoco se sienta con ellos. Giles se encuentra lamentándolo, pero no le dice que se acerque.

 

 

FIN