El reconocimiento

Unos días después de Intervention



Buffy camina despacio por la cripta, dubitativamente, mirando a su alrededor. Spike está tumbado de lado en el desvencijado sofá, con las piernas dobladas, y va todavía hecho un desastre por la paliza de Glory. Buffy no tiene tiempo de decirle que no se levante porque él ya lo ha hecho, trabajosamente, en uno de esos gestos tan alucinantes de educación victoriana que tiene a veces. Buffy lo saluda con un leve inclinar de cabeza, él se lo devuelve, despacio, la inclinación de cabeza de un maldito príncipe.
Buffy mira a su alrededor, ha estado dentro de esa estancia en penumbra muchas veces, algunas ha entrado airadamente, dispuesta a golpear a Spike y estamparlo contra el muro mientras intentaba sacarle cualquier información. Algunas lo ha hecho. En una ocasión entró a dejar ahí a su madre y a su hermana, y realmente qué tontería estar tan cerca de Spike y darse esos manotacitos estúpidos con él delante de su madre como si fueran novios mientras él se burlaba de su desconcierto con esa sonrisa de chico malo. Una vez...no, más, ha entrado buscándolo porque no lo había visto en un par de días y...bueno, es culpa suya porque es un plasta que anda molestándola a todas horas y ha hecho que se acostumbre a verlo, y ella...ha entrado en la cripta en varias ocasiones, sólo buscándolo, sin saber muy bien la razón. Molestándose si no lo encontraba. Pensando...dónde estaría. Con quién.
Spike anda en su vida desde hace...cuánto. Desde que la Iniciativa lo detuvo de un mazazo y el hambre y el miedo a que lo cogieran de nuevo lo llevó a casa de Giles. Y si lo piensa es tan...irracional, tan increíble, tan...sorprendente. Sólo Spike se habría metido de cabeza en casa de sus enemigos, como sabiendo...que ella iba a protegerlo de los soldados. ¿Cómo demonios sabía eso? Quizás con esa extraña percepción demoníaca que tiene, vampírica...no, es algo más. Spike siente las cosas con el corazón de un modo tan extraño...igual que siempre acierta con las palabras precisas. Las más hirientes. Todos tus hombres se largan. Y a veces con las más consoladoras. Es tan raro todo lo concerniente a él...verlo tomar chocolate con su madre. Aquella ocasión alucinante en que entró en casa y él estaba enseñando a Dawn a bailar el vals. Que se aliara con ella contra Angelus. Que haya protegido a Dawn y aguantado esa paliza de Glory que aún lo tiene baldado.
—Dawn está bien?—pregunta Spike, su voz suena algo distinta porque lleva los labios tan magullados.
—Sí—dice Buffy —Sí, todo está tranquilo, está con Xander.
—Xander es idiota—murmura Spike, Buffy no dice nada a eso. No se sorprende de que él le haya preguntado por la muchacha justo cuando estaba pensando en ella, ya no. Lo mira de nuevo, con interés. Lleva unos vaqueros oscuros, una camiseta de tirantes de algún grupo punk que le viene holgada y deja sus costados al descubierto, y Buffy puede ver que lleva también golpes atroces por el cuerpo.
Lo mira y se da cuenta de que está en su vida desde antes de la Iniciativa, desde que llegó borracho como una cuba buscando a Drusilla  y ella empezó a sospechar que Angel y Spike tenían historia juntos. Que no eran simples enemigos. Que eran...familia. O desde antes, desde el Manchester United, desde que encendió ese cigarrillo y soltó ese estúpido rollo de las hamburguesas con piernas.
Recuerda verlo leyendo junto a Giles, pasando la página a la vez que el vigilante. Luego inclinándose hacia el libro de Giles y diciendo que su libro es más grande y más bonito y tiene ilustraciones, claro, pero leyendo con él, concentrado, en algún idioma europeo que jamás habrías pensado que un tío con esas pintas iba a saber ni que existiera. Buffy aprieta los labios, suspira hondo. Por qué piensa tanto en Spike últimamente. Cuándo ha pasado a pensar en él como parte del grupo. A reconocerlo...como uno de los suyos.
Menea la cabeza, lo mira de nuevo, Spike apoyado contra una tumba alta, mirándola también él y bajando la cabeza porque lo ha pillado mirándola. Con la cara llena de magulladuras y moretones. Intentando que no se le note que cojea cuando se mueve por la cripta. Con ese pelo revuelto, tan extraño, las uñas negras, descuidadas. Tan guapo pese al maltrato. Tan atrayente. Es muy atrayente.
Buffy suspira y deja al fin la chaqueta sobre una pequeña mesilla destartalada, camina acercándose, coge un bombón de la caja cuadrada que hay sobre uno de los ataúdes, se lo come. Es de licor de naranja.
—Bueno, esta caja no está...despachurrada como aquélla—murmura, Spike baja la cabeza.
—Ouh—musita, aprieta los labios.
—Ouh—repite Buffy, Spike se remueve con ese gesto tan suyo cuando está nervioso y Buffy se sorprende por conocerle los gestos, incluso ése. El modo como aprieta los labios y baja la cabeza. Los pucheros de crío pequeño. Los ojos que pone cuando lo ha pillado haciendo algo que no debería. Ese contoneo de los hombros, preludio de una chulería, de alguna palabra sucia que la hace sonrojar, mientras él se muerde la maldita sonrisa. Ahora sólo la mira, fugazmente, y se remueve de nuevo.
—Me la...dejé en la maldita tienda de magia—murmura, como para sí, Buffy lo mira de reojo.
—Era para mi—pregunta.
—S...sí—Spike la mira, fugazmente, él parece ir a decir algo, entreabre los labios, los cierra, no lo hace.
—Qué.
Spike niega con la cabeza. Buffy se queda mirando las cristaleras verdosas, empañadas por el tiempo. Es de día, la luz dibuja líneas polvorientas en el aire de la cripta. Ese aire que se supone que Spike no necesita y con el que fuma, jadea y gruñe palabrotas y dice cosas...tan conmovedoras a veces. Menea la cabeza...Giles y sus libros sobre los vampiros, quién demonios los escribe. Alguien que sólo los ha visto de lejos antes de convertirse en polvo, alguien que nunca imaginó cómo podía abrazarla Angel contra su pecho tan grande, haciendo latir su corazón tan fuerte que casi le parecía que oía el de los dos. Alguien que no podía imaginar a Spike.
—No...bueno, pensé que no los...habrías querido porque eran...míos y eso—dice Spike, quizás...por decir algo, quizás porque le ha olido a Angel en la memoria. Buffy lo mira, de reojo
—Me...gusta el chocolate—dice—Y comer. A lo mejor...me los habría quedado.
—Dawn dijo que no los querrías—musita Spike, parpadeando, Buffy alza los ojos al cielo.
—Dios mío, Spike, ¿haces caso de una cría de catorce años?
—Pues...¿sí?—musita Spike, sonríe un poco, baja la cabeza—Bueno, me los comí yo casi todos. Estaban ricos—musita, Buffy suspira hondo.
—Estás...¿bien?—pregunta al fin.
—Sí.
—¿Ha venido Giles?
—Sí, esta mañana —Spike suspira hondamente—Joder soy un vampiro, por qué tiene que venir tan temprano, es un sádico.
Buffy ríe un poco, cabecea.
—¿Te ha dado esa poción de Willow? No sabíamos si funcionaría en un vampiro.
—Bueno, el whisky me funciona—murmura Spike, encoge los hombros—Sí, creo que ha funcionado
—¿Te quita el dolor?
—Sí.
—Bien. Me alegro.
El aprieta los labios, la mira con esos ojos grandes y Buffy se olvida por un instante de todo, de esas increíbles, penosas ocasiones en que han intentado matarse, de las luchas, los golpes, de esa desastrosa vez en que Spike le dijo que la quería armando tal desbarajuste con Harmony y con Drusilla que sólo le quedaba matarlo...y no lo hizo. Se sorprende a si misma porque ni siquiera lo pensó. Intenta no recordar en que le cerró la puerta de su casa con ese hechizo y él ya no pudo entrar. En el extraño, amargo, asfixiante dolor que le produjo pensar luego en ello. Los ojos con los que la miró.
Spike camina hacia el muro, pone música, baja. Enciende un cigarrillo que fuma pausadamente, apoyado en la pared. Buffy lo mira y Spike la mira y Buffy sabe que si a la noche siguiente Spike se hubiera acercado a su puerta ella le habría dicho que entrara. Pero él ya no ha ido a casa desde entonces. Spike termina de fumar, apaga la colilla en el suelo, cruza los brazos en torno a su cuerpo delgado como si de repente tuviera frío.
—Tú no...no venías a...buscarme ¿verdad?—susurra, en voz muy baja—No venías a...le dije a Glory que tú...—baja la cabeza—pero era un farol, no lo...creía en realidad.
Buffy lo mira y recuerda...besar sus labios magullados, recuerda sentir agradecimiento, admiración y orgullo, recuerda mirarlo como a un hombre. Sentir ese algo tan cálido, tan adentro, hacía tanto que no lo sentía. No lo sintió con Riley. Y el tacto de sus labios tan suaves, el roce de su piel. Buffy no quiere recordar que iba a matarlo antes de que Glory le hiciera hablar. Que dijo a todos que tenían que matarlo. Que seguía pensando en matarlo cuando Giles y Xander volvieron y le dijeron que estaba destrozado. Quiere mentirse y creer que no habría podido hacerlo. Se avergüenza tanto de eso.
—Claro que iba a buscarte —susurra.
El la mira, unos largos instantes, tiene unos ojos rasgados, azules, expresivos. Muy serios. Tristes. Buffy siente un dolor extraño en el pecho porque nunca ha podido mentirle, tampoco esta vez, y puede sentir que él sabe que no es cierto y Buffy aprieta los labios y tiene que tomar aliento, muy adentro.
Spike al fin asiente un poco, con la cabeza, camina despacio hasta la nevera y saca dos cervezas. Las abre y le tiende una de lejos, como si no se atreviera a acercarse más a ella, con un extraño respeto. Buffy la acepta mientras siente el frío del cuello de la botella y el tacto más cálido de sus dedos fuertes, apenas un roce.
—No sé si deberías mezclar la poción de Willow con alcohol—susurra, Spike arquea las cejas.
—Oh, vamos, qué puede pasarme—encoge los hombros y vuelve a ser el Spike de siempre, descarado, provocador, tan pasado de todo—¿Una borrachera prodigiosa? Dios, creo que me gustaría.
Buffy sonríe un poco, asiente, se sienta sobre un viejo ataúd. Spike duda, camina unos pasos, se sienta a su lado, sin rozarla. Sentados mirando al frente, uno junto al otro. Buffy recuerda estar así, sentada con Spike en las escaleras de atrás de su casa, aquella noche terrible. La noche en que él la asustó, fue a besarla, ella lo empujó al suelo y fue tan cruel con él. Siempre se ha preguntado por qué fue tan cruel con Spike en aquel callejón. Ahora lo sabe. No fue por sus baladronadas, por burlarse de su herida, por el modo como alardeaba de haber matado dos Cazadoras. No fue por provocarla a pelear ni por sus palabras duras, tan verdaderas. Fue porque lo deseó como a nadie en el mundo y él se dio cuenta de que quería bailar.
Recuerda cuando se sentó luego a su lado, en las escaleras. Esas palmaditas torpes, consoladoras en la espalda. Su imprevisible ternura la descolocó por completo. Y Buffy se encontró deseando que se quedara a su lado toda la noche.
Lo mira, de reojo, la curva del pómulo, la fuerte magulladura junto a la boca, el morado atroz del pómulo, el perfil de la nariz, el de la frente. Es tan vertiginoso todo lo que ocurre, tan incontrolable y tan amenazador y tiene tanto miedo esta vez. Quizás eso sea ser adulta, se dice Buffy, empezar a tener miedo. Pasea la mirada por la polvorienta, extraña cripta de Spike, por las paredes de piedra, la revuelta pila de discos en la hornacina del muro, la desvencijada nevera, las velas, los ataúdes donde guarda la ropa. No quiere pensar en Glory. En que no va a poder vencer esta vez, no quiere pensar en perder a Dawn.
—Eh, preciosa—susurra Spike, en voz baja—No te...preocupes. Esa Glory no podrá contigo—Buffy parpadea, vuelve la cara hacia él, Spike alza los ojos al cielo—Vamos, es una birria de dios, y es una jodida hortera. No podrá contigo ¿de acuerdo?
Buffy sonríe un poco, no se mueve, Spike tampoco. Sentados uno al lado del otro como aquella vez. Por qué de entre todas las personas de su vida en quien más confía es en ese vampiro hecho un desastre. Vuelven a mirar al frente y beben los dos, en silencio.

 

 

FIN