Interrupción

 

Buffy está agotada, ha sido una noche espantosa, ha tenido que luchar con montones de vampiros que parecían haberse puesto de acuerdo para ir de picnic por toda Sunnydale, ha llovido, se le ha llenado el pantalón de barro por culpa de esos dos últimos vampiros esmirriados porque ¡uno la ha hecho caer a un charco! ¿Y quién estaba justo ahí, animando a los vampiros, fumándose un cigarrillo y riéndose al verla besar el suelo... bueno, caer al suelo de culo? ¡Ese asqueroso de Spike! Pero ahora que ha acabado con esos dos pardillos novatos se va enterar de quién es ella ¡la tiene harta! Después de la que armó en el instituto, ahora va a ver muy claro quién es la Cazadora.
Perdida en sus pensamientos justicieros, Buffy no ve venir el golpe de Spike, que le da de lleno en el hombro. Buffy se queja y contraataca con una fuerte patada que arranca un grito de dolor y sobresalto a Spike. El vampiro trastabilla por el impacto y Buffy carga contra él, estaca en ristre, pero Spike la ve venir y de un certero manotazo hace salir despedida la estaca de la mano de Buffy. El arma rebota contra el suelo húmedo, alejándose de la Cazadora. Ella empuja contra él, intentando desestabilizarlo para golpearlo, lo agarra de la camiseta, se enzarzan los dos en una lucha cuerpo a cuerpo que apenas les deja espacio para maniobrar, se atacan, derriban y golpean durante largo rato sin que ninguno de los dos logre dominar al otro, luchan entre gritos de rabia y juramentos, dando tumbos contra el sucio, mojado muro más cercano hasta dar contra la vieja puerta de madera que resuena sordamente por el impacto.
De la ventana justo encima de la puerta asoma un demonio. Es de color oliváceo, tiene unos pequeños cuernos y lleva un pijama rojo de franela.
—¿Podeis ir a pelearos a otro lado? ¡Despertáis a las larvas!—exclama.
Buffy y Spike se apartan unos pasos de la puerta, trastabillando sobresaltados. Se quedan muy quietos, mirando hacia arriba, Spike detrás, Buffy delante la espalda pegada contra su pecho, agarrados aún firmemente el uno a la otra.
—Calla, Herbert—dice otro demonio más bajo que asoma a su lado en la ventana—. A lo mejor es un apareamiento.
—No nos... estamos apareando—murmura Buffy.
—¡Ella intenta matarme!—explica Spike.
—Bueno, a lo mejor son como las mantis esas—dice el segundo de los demonios— Creo que la hembra mata al macho al aparearse.
El demonio alto se queda mirando a Spike.
—Lástima, un chico tan guapo—dice conmiserativamente.
—Que no es un apareamiento—insiste Buffy.
—¡Jodidamente no!—dice Spike.
—Por favor, esas palabrotas—dice el demonio bajito— Cualquier cosa de ese tipo deja una impronta a las larvas en esta etapa tan delicada.
Buffy aprieta los puños, alucinada y más que molesta. Porque no es verdad... que esto tenga nada que ver con... apareamientos. Aunque por culpa de las tonterías que han dicho esos demonios horribles, de repente es consciente de Spike apretado contra su espalda en ese callejón mojado. De su aroma masculino, de su respiración agitada por la pelea, tan cerca de su cuello, de su cuerpo duro, musculoso, caliente, con esa tripita tan dura y esos... esos.... pantalones. Buffy parpadea confusa mientras se sonroja violentamente, gira la cara para mirar a Spike de reojo llena de indignación y puede ver que el vampiro, curiosamente, también parece sonrojado y como con dificultades para respirar.
Los demonios siguen en la ventana, haciendo comentarios malintencionados por lo bajo. Spike aprieta las mandíbulas con rabia porque digan lo que digan esos demonios criticones, esto es una cosa absoluta y totalmente sanguinaria. Nada que ver con ninguna atracción. O sea, él iba a matar a esa... estúpida Buffy con su pelo estúpido de estúpido anuncio de champú. Para eso la ha seguido. Sanguinaria y predadoramente, no con ningún tipo de intenciones... apareatorias.
Siente que se le seca la boca y apenas logra tragar aire, pero es por culpa del perfume odioso, cálido, fragante, tentador, de esa maldita Buffy de rubios cabellos y palpitante cuello tan cerca de su boca ahora mismo, que curiosamente está provocando claras tensiones en sus pantalones.
—A lo mejor sólo están bailando—dice el demonio más bajo a su compañero.
—Bueno, si, en cierto modo— murmura Spike, poniendo cara de culpabilidad— ¡Pero con propósitos mortales! ¿Es que no veis que es la Cazadora?
El primero de los demonios estudia a Buffy críticamente, y luego niega con la cabeza.
—Qué va, tío, La Cazadora es mucho más grande. Por lo menos mide dos metros.
—Y echa rayos láser por los ojos, me lo ha dicho un demonio de la zona del acantilado.
—¡Yo no echo...! — protesta Buffy —¡Ya está bien, malditos demonios metomentodo!
Spike parece darse cuenta de repente de que siguen los dos pegados, la Cazadora aún agarrando su camiseta, él rodeando su cintura. Aparta con rapidez las manos, echándose un poco hacia atrás
—¡Quita tu maldito pelo de mi cara!—le gruñe. Buffy suelta la camiseta oscura sobresaltada, se gira y con la mano ya libre empuja a Spike para apartarlo bien lejos. El vampiro jura por lo bajo y le devuelve el empujón. Se empujan los dos un par de veces, y están a punto de comenzar de nuevo la pelea en serio cuando el demonio alto les chista llamando su atención y extiende el brazo con un movimiento imperativo.
—¡Hale, ya está bien! Id a asesinaros y aparearos (o viceversa) a otra parte—les dice.
—¡¡QUE NO NOS ESTAMOS APAREANDO!!—grita Buffy. Del interior de la ventana les llegan los airados lloros de lo que parecen media docena de bebés furiosos. Aparece un tercer demonio, que se asoma señalándolos acusadoramente.
—¡Ya habéis hecho llorar a las larvas!—les dice.
—¿Y a quién queréis engañar? –exclama el segundo demonio— A mí me han despertado vuestras feromonas antes que los golpes.
—¡Yo no tengo de de eso!—gime Buffy.
—¡Y yo muchísimo menos!—gesticula Spike nerviosamente— ¡Y vosotros sois los que nos habéis interrumpido!
El demonio llamado Herbert menea la cabeza con desaprobación.
—Pfff... pues menos mal tío, porque estaba muy clarito lo que iba a ocurrir.
—¡Y en plena calle, qué vergüenza!—asiente el demonio de en medio. El de la derecha agita el puño amenazadoramente.
—¡Largaos de una vez, pervertidos incívicos!
—¡Y no os dejéis vuestro palo!—exclama Herbert.
Spike recoge la estaca del suelo, se la tiende a Buffy. Ella la coge, sonrojada, se la guarda en el bolsillo de la chaqueta. Caminan unos pasos, hasta la acera de enfrente. Los demonios dicen algo airadamente en su lengua y cierran con un golpe los contraventanos. Tras un par de minutos, los berridos de las larvas van decreciendo, y se hace el silencio.
Buffy y Spike se miran de reojo. En un momento dado Buffy parece ir a decir alguna cosa, y Spike también, pero finalmente ninguno de los dos dice nada. Sólo se dan media vuelta y se marchan apresuradamente uno en cada dirección, sin mirar atrás.



FIN