Amor sobre el infierno

 

para Sweety


Su amor se ha convertido en un amor decimonónico, hecho de miradas, susurros, roces, paseos románticos por el cementerio (siempre con carabina) y citas donde otra gente los vigila. De besos suaves a escondidas en la penumbra de las escaleras, mientras lo demás esperan para cenar, o roces cariñosos de la frente, en el porche, unos instantes a solas antes de que aparezca alguna de las chicas como hermanas pequeñas inoportunas.
Se han convertido en dos novios tímidos, que se miran y se sonríen como tontos mientras ella se sonroja y a él se le doblan las rodillas. Que se rozan los dedos bajo la mesa, casi sin atreverse a cogerse de la mano.
Spike lo vive así, como el amor de su tiempo que nunca tuvo, está cortejando a Buffy como nunca pensó que tendría que hacerlo. Cuando lo piensa, entre la tristeza de tantas cosas amargas se le pone una sonrisa. Porque después de tanto correr ha terminado en el mismo sitio. Quien se lo habría podido decir... y precisamente con ella, con la que ha traspasado todos los límites.

A veces tiene que contenerse para no pedir su mano de rodillas, mientras un alucinado Giles se quita las gafas. Joder, tiene que contenerse para no pedirle la mano de Buffy a Giles.
El mundo a su alrededor se está desmoronando y él sólo logra pensar en ella. Su amor es un amor entregado, romántico, victoriano, encima de la Boca del Infierno.
Pero de todos modos ¿no ha sido ése siempre su problema?
—¿De qué te ríes?—le pregunta ella.
—De nada, preciosa—susurra Spike, mira hacia atrás, hacia la casa, para asegurarse de que no sale nadie e inclinándose, le besa suavemente la punta de los dedos. Buffy sonríe tímida, casi ruborizada. Luego se sientan los dos en las escaleras del porche.

 

FIN


 


Nota: este es un pequeño drabble, muy cortito, que se me ha ocurrido mientras dormía y he transrito casi tal cual. Y que curiosamente y a estas alturas, me ha hecho plantearme otra forma de ver, desde el punto de vista de Spike, el spuffy en la séptima temporada.