La nota

Al final del capítulo Touched.


No recuerda que nadie le hubiera dejado una nota, nunca. Tampoco Buffy.  Spike casi es la primera vez que ve su letra. La lee despacio, en silencio, ojos bajos. Luego la lee de nuevo.
La cama está fría en su lado, auque conserva su aroma. El de su cuerpo y el de su pelo, el de su aliento. Spike cierra los ojos y casi le parece tener a su fantasma. Los abre de nuevo, intentando que no se le humedezcan porque se ha ido. Sabe que es infantil, y además  jodidamente cursi pero quiere que ella no se haya ido.
Spike quería decirle anoche tantas cosas, quería pedirle perdón, decirle que nunca ha dejado de quererla. Y por encima de todo decirle que todo va a salir bien, y que estaría con ella.
Anoche la miró y las palabras se le secaron en la boca y no pudo pronunciarlas. Le entró miedo, también, miedo de que ella saliera huyendo de nuevo de su lado como cada vez que sentía que la quería...como cuando quererlo se le escapaba a ella y luego se lo hacía pagar a golpes, puñetazos, gritos y desprecio contra ese enemigo que la obligaba a amar. Buffy no quería amarlo.
Spike nunca ha sabido muy bien por qué. A veces piensa que es por él, porque es un vampiro y ha hecho tanto daño. Ha matado a tanta gente, ha bebido la sangre de chicas como ella mientras las follaba y las sentía morir debajo de su cuerpo, ha hecho tantas cosas...esas que le dijo anoche que no quería que ella ni imaginara. Buffy...ya había amado a un vampiro antes, y eso le confunde su razonamiento, por eso nunca está seguro del todo del por qué. Spike de todos modos no cree merecerla, nunca lo ha creído. Es todo tan malditamente complicado. Repasa la nota con la mirada,  esa caligrafía moderna, redondeada.
El le ha escrito muchas cosas, pero nunca se lo ha dicho.
Tampoco nunca había simplemente abrazado a Buffy. Recuerda nebulosamente haberlo deseado, protegerla, confortarla, besarle el pelo, la frente como anoche. Pero quizás es solo el recuerdo de un sueño, no lo sabe.
Sí recordaba el tacto de sus labios, cálidos y suaves, su aroma, el roce dulce de su lengua. Los recordaba anoche, mientras cerraba los ojos porque no podía soportar mirarla mientras ella lo besaba, muy suavemente, casi tan temerosa como él mismo. Spike que quería confortarla y darle valor y terminó ocultando la cara en su cuello, intentando que ella no viera su mirada porque tenía tanto miedo. Buffy lo estrechó entre los brazos, lo besó de nuevo, la cara, la frente, la boca, besos tan suaves como susurros. A Spike le quemaban en la piel de tanto que los había deseado.
No se atrevía a mirarla aunque finalmente se forzó a hacerlo. Ella no sonreía, seria, madura, y a la vez tan joven. Se besaron despacio, un rato, cuidadosamente. Luego ella lo atrajo de nuevo contra su cuerpo para que volviera a  recostarse y Spike apoyó la cabeza en su hombro. Cerró los ojos sintiendo su cara contra la suya y se dio cuenta de que después de todo, no le había dicho nada de lo que quería decirle. Tampoco ella había hablado. Spike sintiendo que le besaba la frente una vez más, el roce de sus dedos en su muñeca, en su mano, es lo último que sintió antes de caer dormido.
Lee de nuevo la nota, en silencio. Se ha despertado a veces con Buffy, en su cripta, ya amaneciendo. Agotados de sexo y de caricias, ahítos de besos, ella pensando que lo odiaba, él amándola tanto. Un par de veces en su casa, entre sus brazos. Spike baja la cabeza mientras acaricia sin darse cuenta el trozo de papel entre las manos. Le habría gustado...despertar esa mañana con ella, pero lo comprende. Buffy tiene una misión y la misión es lo primero.
Bien, él también tiene la suya, y a la mierda si decirlo suena tan penoso. Su misión es estar a su lado, pase lo que pase, hasta el fin del mundo. Auque tenga lugar esa noche.
Se levanta al fin, con una extraña sensación de dejà-vu rondando su espinazo, que cristaliza al fin en una imagen, muy nítida. Se ve a sí mismo al pie de unas escaleras, y ella, subiendo, deteniéndose, volviéndose a mirarlo. Mirándolo.
“Me tratas como a un hombre, y eso es....”
—Joder—murmura, con amargura, luego mira de reojo a su alrededor, hacia las ventanas. Sabe que hay sitios a los que nunca podrá seguir a Buffy. Todos los que estén al alcance del jodido sol, por ejemplo. Pero ahora ya ha atardecido.
Recoge la nota de encima de la cama, la lee una vez más, la dobla, la mete en el bolsillo de atrás de los vaqueros. Luego se pone el abrigo y sale de la casa.



FIN