alt


Sad witch de Hefner


Sad Witch

 


En algún momento después de Conversations


Spike no esperaba encontrarla tan de noche y en ese garito de vampiros, apenas iluminado, con esa música siniestra, deprimente. Aunque pensándolo bien tampoco le extraña tanto. El mismo suele ir por ahí, y se le ocurren muchos motivos para que la bruja pelirroja comparta su estado de ánimo.
La observa un rato, mientras le ponen la cerveza. Recordando sin poder evitarlo aquella vez en la que entró a moder a Buffy y la encontró a ella, hundida en su tristeza. También entonces estaba escuchando música triste. Mira a Willow sola en el sofá de brocado oscuro, frente a lo que parece un capuchino, codos apoyados en la mesita redonda, mirada baja. Una única vela dentro de un vaso de cristal arranca reflejos de fuego y oro de su pelo.
Spike coge la cerveza y camina por el local medio vacío, hasta llegar frente a Willow.
—¿Escondiéndote?—pregunta a modo de saludo. Ella se sobresalta un poco porque no lo ha visto acercarse, sumida en sus pensamientos.
—Bueno... sí, imagino que un poco—dice al fin. Spike asiente con la cabeza. Willow toma aliento, y se dice que es así. Escondiéndose de esa casa Summers demasiado llena de adolescentes absurdas. Y del miedo, de la soledad, de la vorágine, del vértigo, de tantas cosas. Spike sigue ahí parado, como dudando. Luego se sienta frente a ella, en el asiento tapizado de terciopelo negro. Da un trago a la cerveza y luego deja la botella en la mesa.
—¿Prefieres estar sola?—pregunta.
Ya estoy sola, piensa ella. Pero no lo dice, sino que niega con la cabeza.
—Puedo estar sola... contigo aquí.
—Una vez me dijo eso mismo otra persona.
Willow arquea las cejas, pero Spike no dice nada más. Sólo bebe de nuevo. Willow lo imita, tomando un sorbo pequeño de su taza de café.
—Estaba pensando. No te has... preguntado, Spike—susurra—. Se supone que... soy una bruja muy poderosa ¿no? Creo que más incluso de lo que puedo imaginar yo misma, o de lo que temen... Giles, y los demás. Podría... podría... desear algo ¿no? Algo bueno. O podría... cumplir los deseos. Los míos, o cumplir los de alguien.
Spike esboza una media sonrisa.
—No te veo con una varita mágica—bromea. Willow sonríe también, bebe otro sorbo.
—Ya bueno, yo tampoco. No en realidad. Pero...podría hacerlo ¿no? Podría si... quisiera.
Spike se queda un momento pensando antes de asentir con la cabeza.
—Supongo que sí.
Willow asiente, en silencio. Podría desear... no estar tan triste. Dejar de estar triste. Podría desear que no hubiera más dolor, en el mundo, en todas partes. Dentro de ella misma, donde late sin descanso, sordo y negro, un animal amargo agazapado en sus entrañas que no logra detener. Niega con la cabeza, al hilo de sus propios pensamientos.
—Pero no lo hago ¿no? —murmura—. Ya, lo sé, hay... razones para no hacerlo, morales, éticas, de esas cosas, del bien y del mal y del albedrío de la gente y... ¿ni siquiera para salvar el mundo? ¿No podría desear que todo esto del Primer mal simplemente no estuviera pasando? ¿O desear... un arma poderosa o quizás...—se queda un momento callada, suspira hondo— O quizás mis motivos son simplemente miedo. Miedo a lo que pueda pasar, en lo que pueda convertirme de nuevo.
Willow se queda callada.
—No pasa nada por tener miedo—dice Spike. Luego intenta una sonrisa—. O sea, yo no tengo miedo a nada, porque soy una criatura de la noche y además aún soy un poco malo. Pero no pasa nada por tenerlo.
Willow ríe un poco, cabecea. Se termina la taza de café. Spike la está mirando, ojos muy rasgados, fijos, iluminados por la vela sobre la mesa.
—Podría cumplir... los deseos de alguien ¿no? —insiste Willow—. O sea, hasta la tonta de Anya podía hacerlo, no puede ser tan difícil Aunque... ¿y si no puedo parar? ¿Y si... la oscuridad me arrastra de nuevo? ¿Y si no logro salir?
Spike la mira, atentamente.
—Sé algo de oscuridad, preciosa. Sé que una vez dentro ya nunca puedes salir. Aunque creas que lo has hecho.
—Sí—susurra Willow, bajando un poco la cabeza. Da vueltas a la taza vacía entre las manos. Lentamente. Dentro de ella, muy profundamente, donde anida la tristeza, puede ver los ojos grandes y claros de Tara—. Ella me dijo que lo destruiría todo de nuevo ¿sabes? Que... haría daño a la gente que quiero.
Spike asiente varias veces con la cabeza, se inclina un poco hacia ella y Willow piensa que va a decirle que eso no va a pasar, o que quien le dio ese mensaje estaba mintiendo y sólo quería asustarla más, pero en lugar de eso dice:
—Bueno, no hace falta ser una bruja para hacer eso. Un día un tipo cualquiera coge un fusil, se carga a su familia y otro tipo entra a su instituto y se carga a veinte personas.
—Bueno, ya pero...
—No pienses en eso, Willow—susurra Spike, bebiendo otro trago—. No lleva más que a venir a sitios deprimentes como éste.
—¿Y tú qué haces aquí?—sonríe ella, Spike se muerde el labio, y por un momento es el mismo Spike de antes, tan sexy y peligroso.
—Es que yo también pienso cosas de esas—dice. Willow ríe por lo bajo.
—Pero si... no pensara en nada de eso, hipotéticamente, y tampoco tuviera... miedo de la oscuridad ni en lo que... podría hacer sin poder evitarlo. Yo podría... cumplir deseos. Por ejemplo los tuyos. Si no eran... muy sanguinarios, claro.
Spike intenta una sonrisa. Tiende la mano hacia ella. Parece dudar por un instante, la extiende más y le aprieta suavemente el brazo. Luego se retira. Willow se queda mirándolo y puede sentir, casi físicamente, la sombra de tristeza que también rodea al vampiro.
—Yo sólo tengo un deseo, Red—susurra Spike, en voz muy baja—. Y ni siquiera tú puedes dármelo.
Willow asiente con un gesto. Se quedan los dos cabizbajos, en silencio, escuchando la música.

 

FIN