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Tristeza


El parque parece lóbrego, demasiado quieto y oscuro. Ha anochecido y ya no se ve a nadie. Dawn y Spike llevan rato sentados en un banco, en silencio. Mirando el estanque en la oscuridad. De tanto en tanto los árboles susurran con la brisa. Dibujos de ondas en el agua, luego la quietud de nuevo.
—¿Te has comido el bocadillo?—pregunta Spike.
—Sí—contesta Dawn.
—¿No les has guardado a los patos?—intenta él. Dawn tarda un poco en responder.
—Los patos están durmiendo—murmura. Spike mira a su alrededor.
—Bueno. Hay búhos.
Dawn no dice nada. Silencio. Antes la jodida mocosa hablaba todo el tiempo, del colegio, de los chicos, de sus horrendos grupos musicales, de sus tonterías banales de adolescente. Ahora no comparten más que silencio.
El le dijo... le dijo... que cuidaría de ella.
Le cuesta tanto hacerlo.
Pero le debemos vivir, se dice. A Buffy. No sabe si se lo ha dicho a Dawn. Quizás lo ha hecho. Le cuesta centrarse desde... Le cuesta centrarse más de lo habitual.
—No hace falta que me saques a pasear de noche—dice Dawn.
—No puedo salir de día.
—No hace falta que me saques a pasear, Spike—suspira Dawn, arrebujándose en la chaqueta.
—Bueno, ya—murmura él.
Silencio. No pasa nadie por el parque a esas horas. Las farolas amarillentas dibujan charcos de luz en el pavimento.
Es extraño. El siempre ha estado solo, no importa con quién anduviera. Pero ahora...
La soledad y la tristeza son una carga tan pesada que no consigue tragar, que le impide respirar, que apenas le deja ver lo que tiene delante.
Se fuerza a fijar la vista en la penumbra delante de él. Arboles, hierba, el borde del estanque. Más allá el lago. Agua. Un nombre escrito en el agua.
Encaja las mandíbulas mientras lucha por tomar ese aire que no necesita. Los humanos olvidan, o mueren. Pero él la recordará para siempre.
Sigue el silencio. Apenas el susurro de las hojas de los árboles. Hay tanto silencio ahora.
Dawn le pone la mano suavemente en el hombro. Spike baja la cabeza.
Ninguno dice nada.



FIN