Ausencia


Poco antes del inicio de la sexta temporada



Giles deja el vaso de whisky sobre la mesa, se queda mirando unos momentos las escaleras por las que Dawn ha subido a dormir, a su habitación. La casa está en silencio, Willow y Tara aún no han regresado. Nada se mueve. Da unos pasos por la sala, cruza la cocina. A través del cristal de la puerta puede ver que Spike está fuera, en el porche. El vigilante duda un momento, luego sale. Spike está sentado en las escaleras, fumando un cigarrillo. No lo mira, ni le dice nada. Giles también está callado. Pensativo. Hay tanto silencio en su vida últimamente, pese al bullicio de los scoobies, o tener que cuidar de Dawn como esa noche.
—No sabía que venías tú—dice al fin Spike, a modo de explicación, Giles deja salir el aliento que había estado conteniendo, se sienta al fin en los escalones, junto al vampiro.
—Me avisaron en la tienda y no tenía nada mejor que hacer, supongo.
Spike lo mira, fugazmente, pero no le dice no me extraña o tomar otro té o ninguna de las puyas que acostumbra. En otro tiempo no habría perdido la ocasión de burlarse de la aburrida vida del vigilante. Lo mira él, el perfil aristocrático, ese pelo imposible, revuelto. Los ojos bajos, la curva de los labios, apretados, el modo como expele el humo del cigarrillo que termina y tira lejos. Cómo se abraza a sí mismo sobre el abrigo de cuero, como si tuviera frío. Giles sabe que no se alimenta muy bien, y que apenas duerme.
Los ha ayudado a cazar todo el verano. Ha cuidado de Dawn casi cada noche, y ha estado a su lado. Ha sido un verano muy largo, el más largo que Giles puede recordar. Porque Buffy ya no está. Lo mira de nuevo, intrigado. Ha estado más junto a Spike ese verano que en todos los años que lleva rondándolos por Sunnydale. Rondando a Buffy.
Giles lo mira y de repente siente lástima por él. Porque se ha quedado tan solo sin la Cazadora. Quizás de algún modo se identifica con el vampiro. El tampoco tenía a nadie más en realidad. No quiere pensar mucho en la extraña relación que fue creciendo entre ellos, casi sin darse cuenta. En que realmente era casi imposible encontrar a Spike sin Buffy, o a Buffy sin Spike. No cree que Buffy se estuviera acostando con él, aunque tampoco está seguro. Spike es...muy atractivo. Y está enamorado de Buffy. Giles se pregunta si habrá algo más triste en el mundo que un vampiro enamorado. Enamorado de alguien como Buffy. Quizás...¿un viejo vigilante? Sonríe un poco, con amargura. No, decididamente lo de Spike es peor.
—Y tú qué haces aquí, Spike—susurra, el vampiro lo mira, con los ojos muy grandes, luego baja la cabeza.
—Nada—dice.
—No, quiero decir...en Sunnydale. ¿Por qué no te marchas?
Spike se remueve, nervioso. Lo mira fugazmente, con esos ojos tan tristes.
—Yo... se lo prometí. Le prometí que cuidaría de ella—musita —¿Y tú?
Giles suspira, hondamente
—No lo sé—susurra
Se quedan largo rato callados, el vigilante y el vampiro, mirando la noche al otro lado de la calle. Sintiendo la ausencia de Buffy en su pequeño mundo. Luego Spike habla, sin mirarlo. Con la cabeza mas baja todavía.
—Yo le...fallé. Le dije que la...salvaría. A Dawn. Le fallé y ella tuvo que...—aprieta los labios, como intentando decir las palabras—S...saltar.
Giles se quita las gafas, se las pone. Niega levemente, con la cabeza.
—Yo soy el que le ha fallado, Spike. Sabía lo que tenía que hacer y no lo hice. Debí haberla matado sin decirle nada.
Spike respinga, sobresaltado, vuelve la cara hacia el vigilante.
—Sí, lo sé—susurra Giles—Es repugnante. Miserable. Innoble. Traidor. Pero soy su vigilante y debí haberlo hecho.
Spike sigue mirándolo, con los ojos muy grandes, infinitamente tristes.
—No sé si quiero saber eso, Giles—susurra, en voz muy baja, rota. Giles cierra los ojos, los abre. Asiente tristemente con la cabeza.
—Ojalá yo tampoco lo supiera—murmura.
Silencio, mientras las luces de las casas se van apagando, una a una. El aire de la noche les trae un matiz mas fresco, aroma de los árboles de los jardines. Giles mira de nuevo a Spike, abrazado a si mismo en ese porche de madera. Cabizbajo. Torturándose por dentro por no haber podido salvarla. William el Sangriento, vampiro depravado y asesino, mano derecha de Angelus, rebelde, canalla, incontrolable, impredecible. Corriendo tan deprisa. Quizás lo más impredecible que ha hecho es estar esa noche ahí, sentado a su lado, en ese porche, echándola de menos.
Sabe tan poco de él en realidad.
Debería haber mirado un poco más por él, se dice. Por todos, pero sobre todo por él. Ha estado con ellos todo el verano, contra toda lógica, contra toda cordura, y Giles de repente se da cuenta de que lleva semanas temiendo encontrar que una noche Spike no aparece, y que sólo es polvo. Pero es todo tan difícil sin ella. El mismo no sabe dónde se encuentra.
—Han pasado 139 días—susurra Spike, en voz muy baja—140 cuando amanezca.
Giles no dice nada a eso. Sólo tiende la mano muy despacio hacia Spike y le aprieta el hombro, suavemente. Spike se encoge un poco, pero no se aparta. Sólo baja más la cabeza.


 

FIN