Compras nocturnas


La noche del cumpleaños de Buffy de Older and far Away

La tienda está escasamente iluminada, velas agrupadas como con descuido sobre el mostrador, algo de iluminación eléctrica robada del tendido municipal, más una cueva que un local. Las cortinas de entrada, negras y deshilachadas, se mueven de tanto en tanto dejando entrar algún cliente de aspecto furtivo. Spike mira a su alrededor, hacia el espejo rajado que no lo refleja y le devuelve la figura de Clem, multiplicada y dividida.
—Éstas no están mal—dice el demonio, girando un expositor de camisas, Spike resopla despectivamente
—Dios, eres un raro—le gruñe, Clem sorbe de la pajita de su refresco, no le contesta, caminan por la tienda haciendo crujir el suelo de piedra y hojas secas. Alguien ha tenido la estúpida idea de que poner esqueletos con las ropas de muestrario como maniquís debía ser divertido. Spike respira hondo, lleva dos minutos ahí y ya está harto.
—Joder —murmura, Clem gira otro expositor
—Hemos venido aquí por ti así que no fastidies y pruébate algo.
Spike se acerca, a regañadientes. No se pregunta de donde sacan la ropa las dos vampiras que llevan el local. La ropa está limpia, al menos, lo que ya es algo.
—¿Y seguro que nos han invitado?—pregunta Clem, Spike se remueve, no contesta—¡Spike, tío! ¿Nos han invitado o no?
—Bueno no—murmura el vampiro, mira al demonio de soslayo, el demonio le devuelve la mirada con sus ojos rojizos—Bueno, casi ¿qué mas da? Me dijeron…Willow me dijo que había una fiesta.
—¿Y si te dice que hay una en la torre Eiffel nos vamos a París?
Spike ríe, por lo bajo, niega con la cabeza.
—Es…fue su forma de decirme que acudiera.
—¿Y no puede decir oye vente como todo el mundo?
—No. Es…complicado.
—Willow es la bruja ¿no?
—Sí.
—Vas con una gente muy rara, tío—dice Clem, echando el refresco vacío en la caja que hace las veces de papelera, luego saca otra camisa del montón—Eh, ¿qué te parece ésta?
—Venenosa—gruñe Spike, Clem suspira pacientemente.
—Bueno es algo floreada, sí—coge otra, de brillantes rayas rojas, Spike lo fulmina con la mirada y Clem vuelve a dejarla en su lugar apresuradamente—Últimamente prefieres las camisas ¿qué ha pasado con las camisetas que—son—punks?
—Nada—murmura Spike, se remueve—Me gusta…ya sabes. Que me la desabroche
—Por favor—suspira Clem –Siempre pensando en lo mismo
—¿Qué, que tú no?
—No. Pienso también en otras cosas. En las noticias de la tele. En el cine, y en comer.
—Ya, yo intento no pensar precisamente en eso.
—Bien…sí—suspira Clem, añorante—Qué… duro es a veces ser civilizado
—Yo no soy eso, es que llevo un chip—gruñe Spike, mira a la luz una pulsera plateada, tipo cadena—Me gusta.
—Eres un macarra
—Y tú un marica ¿no te irás a comprar eso rosa?
Clem se quita apresuradamente el foulard, lo compara en la mano con uno negro lleno de telarañas y calaveras, suspira y se decide al fin por el rosa, que cuelga en su brazo.
—O sea que de verdad ya no comes gente—pregunta Spike, el demonio niega con la cabeza, enfáticamente.
—No. Sólo gatitos. Pocos. Apenas uno de vez en cuando. Alguno que se haya…muerto solo, de viejo—mira al vampiro, de reojo—Lo hago por el…colesterol. Y ¡joder, con la Cazadora en la ciudad, hay que estar loco!
—Sí, esta mujer es un demonio—suspira Spike.
—No estoy seguro—dice Clem—…aunque a veces huele un poco como uno
—Bueno pueden ser la tripas de alguno que le hayan salpicado.
—No…por favor, que desagradable te pones—gruñe Clem—No, quiero decir…como uno. ¿No lo has notado?
—No, la huelo y se me pone dura, joder, y ya no puedo pensar en nada
—Te pierde el corazón, amigo.
—Si, y la polla—murmura Spike, Clem asiente, comprensivo, se pone un sombrero oscuro, de ala ladeada
—Me encantan los sombreros…¿por qué no viví los años 40?
Revuelven un poco más, Spike mirando de soslayo la tienda, muros negros desconchados, esas luces robadas de algún viejo almacén. Estantes con baratijas, incensarios, pulseras…un poco de todo. Algunos discos. El olfato de Spike le dice que también algunas otras cosas de las de fumar en la trastienda. Suspira hondamente. Dios, hacía mil años que no olía a opio. Sacude la cabeza para alejar los recuerdos mientras Clem sigue revolviendo entre las prendas y hablando sin parar.
—No sé, Spike—está diciendo —Cuando no te jode Drusilla es esa Cazadora, no tienes remedio.
—No es asunto de nadie—murmura Spike, Clem lo ignora mientras hace a un lado un par de gabardinas, encoge los anchos hombros.
—No me malinterpretes, la chica es un encanto. Y guapa, aunque esté demasiado delgada—dice, Spike no contesta, mirándolo de reojo —Pero tiene problemas, Spike
—Ya, y quién no. Seguro que tú también.
—Bueno, sí, los tengo,  pero yo no le sacudo a mi novio.
—No me…No quiero hablar de eso ¿vale?
—Esta bien. Lo siento.
Clem se gira, deriva caminando hacia el siguiente expositor. Spike aburrido, escuchando la música. Marilyn Manson, Cry for you, joder lo que le faltaba. Suspira hondo, de nuevo.
—No te gusta no sé, esa vampira de la calle Centro, la de la whiskería, si es un encanto—intenta Clem—Y la llevas de calle, hombre
—No. O sea sí, esta buena. Bastante.
—Pero estas enamorado de la Cazadora.
—Dios, sí –susurra Spike—Me tiene colado.
—Y ella de ti no.
—Dice que soy una cosa asquerosa—murmura Spike, aprieta los labios, resentido— Ja, no se lo cree ni ella. Vale, a lo mejor…lo soy. Pero me da lo mismo, bien que le gusto.
—Uffff. Es ese rollo de ser la Elegida—dictamina Clem, alzando los ojos al cielorraso—Demasiada presión. ¡Amigo, menudo problema!
Spike sonríe, un poco, Clem se distrae flirteando con un par de chicas bajitas que acaban de entrar a la tienda, tatuadas, vampiros las dos. Charla un rato con ellas, haciéndolas reír, luego ellas se marchan y Clem regresa a su lado. Le da un codazo cómplice que empuja a Spike haciéndolo trastabillar de lado.
—¿Y qué le has comprado?—pregunta. Spike se remueve, nervioso.
—Un libro—dice al fin, Clem se echa un poco para atrás.
—¿Un libro?
—Sí.
—¿Un…libro normal?
—Sí, joder, un maldito libro.
—No me malinterpretes, pero no tiene pinta de gustarle mucho leer. Sacudir sí, claro.
—Vete a la mierda—gruñe Spike con el ojo morado.
—Era broma, era broma. Mira que eres gruñón—Clem menea la cabeza, saca otra camisa.
—¿Y ésta?—el demonio se pone por encima la prenda, una camisa brillante, de raso negro, Spike lo fulmina de nuevo con la mirada.
—NO—gruñe.
Mira de reojo por la tienda, apenas hay nadie ahora, un par de vampiros mirando botas, una chica licántropo. Clem hace girar otro de los expositores, saca una camisa, oscura, sobria, con dibujos apenas visibles en la misma tela, la agita delante de Spike. Spike la mira un momento, se quita la camiseta, se pone la camisa, se la abotona.
—Vale, ésta—dice.
—Espera—dice Clem, le corta la etiqueta en forma de pequeño murciélago de un tirón, lo mira, asiente apreciativamente con la cabeza—Estás muy guapo.
—No me jodas—gruñe Spike, Clem cabecea mientras le pone bien el cuello de la camisa.
—Vas a llamar la atención en la fiesta.
—Ya, por el ojo morado.
—Sí…por eso también—Clem encoge los hombros—Y por tu alegre y encantador acompañante.
Spike ríe, asiente, se dirigen a pagar las prendas. Spike pensando en Buffy, en sus ojos, en el pelo dorado que lo vuelve loco, en su boca,  en ese modo salvaje de follarlo…y en cuando terminan y le da besos y lo acaricia pasándole los dedos por la nuca, cuando le susurra cosas que luego no quiere reconocer que le ha dicho. Fóllame, métemela más. Vida mía.
—¿Crees que le gustará el libro?—pregunta, en voz muy baja
—Seguro, le encantará, a las tías les gusta leer y esas cosas
—A mi también me gusta.
—A las tías y a los tíos…a los…vampiros…a la gente…A todo el mundo.
—Idiota.
Clem ríe, lo mira.
—Claro que le gustará, Don Inseguro. Se pondrá romántica.
—Dios sí, espero que me folle en su puto dormitorio.
Clem ríe de nuevo, asiente, Spike baja la cabeza, sonriendo también. Salen de la tienda y caminan los dos hacia la noche, hacia la casa Summers.

 

 

FIN